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| Edna O'Brien, 1971 Foto de John Minihan |
Un extraño entre nosotros
James Wood
18 de abril de 2016
La gente habla de “estilo tardío” en la música clásica, pero ¿cómo podría ser ese “estilo tardío” en la ficción contemporánea? En las últimas obras de Muriel Spark, Philip Roth, Saul Bellow, William Golding y ahora Edna O’Brien, se puede detectar cierta impaciencia con las convenciones formales o genéricas; un humor negro y salvaje; una audacia en la afirmación y la argumentación; una prisa tónica en la narración, de modo que el proceso habitual de limpieza del terreno, ritmo y evidencia se acelera o se descarta por completo, como si fuera (como suele ser) mera palabrería narrativa que nos impide hablar de lo que realmente importa. En gran parte de esa obra tardía, hay una atmósfera ligeramente enrarecida, la prosa un poco menos rica y hospitalaria que antes, los personajes menos completos o persuasivos, una sensación general de excedente atenuado, pero no en la asombrosa nueva novela de Edna O’Brien, “The Little Red Chairs” (Little, Brown), su decimoséptima. O'Brien tiene ochenta y cinco años, y elogiar esta novela por su ambición, su audaz vitalidad, su curiosidad sobre la época actual y sobre las vidas de aquellos desplazados por su turbulencia no debería confundirse con el elogio ambiguo de que todo esto es notable dada la avanzada edad del autor. Es simplemente una novela notable.

