Otros mundos posibles en Gertrude Abercrombie
Por Guadalupe Treibel
| Strange Shadows (Shadow and Substance), 1950 |
En el intrigante universo de Gertrude Abercrombie hay escaleras hacia ninguna parte y torres solitarias; árboles pelados y puertas cerradas que vaya a saber una qué ocultan detrás. Hay mujeres caminantes, mujeres en el diván. Y está ella misma frente a un espejo que le devuelve la imagen de un señorial gato negro, sentado con la natural elegancia de su especie (Self-Reflection, 1953). Los interiores suelen ser sobrios; el afuera, árido y nocturno. Hay búhos, jirafas, y más y más micifuces. También son recurrentes las conchas marinas, los naipes, la luna, los huevos de avestruz, las rocas, las nubes, el relámpago. Sus autorretratos son poco halagadores, no se asemejan del todo a la realidad, y es que -según señaló alguna vez la crítica- Abercrombie no intentó capturar sus rasgos físicos sino representar su estado emocional y mental.


