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domingo, 15 de febrero de 2026

Cees Nooteboom / Antes y después del muro de Berlín



Cees Nooteboom / Verano

 


Cees Nooteboom
VERANO

    Es verano. Me despido del calor voluptuoso de Berlín, lo abandonaré por el otro verano, el mediterráneo. Y regresaré luego, en otoño. La ciudad parece haberse abandonado al placer, en los exuberantes prados tras el palacio de Charlottenburg o en el parque de Kreuzberg yacen mujeres semidesnudas como si estuviesen a la espera de una orgía. En dos ocasiones veo cómo una de esas teutonas monta sobre un pobre intelectual sumiso tendido en la hierba, le quita los anteojos y regala una profusión de caricias a su escuálida persona, un poco como lo haría un San Bernardo con la víctima de un alud. Los grandes senos blancos relucen al sol, el hombre patalea un poco pero sucumbe a esa desbordante muestra de afecto. La era del matriarcado ha dado comienzo, los que están a su alrededor ni se inmutan, fuman sus porros, empollan voluminosos libros, dejan que la cerveza les corra por la barba o hablan a su perro. La hierba reverdea, la ciudad dibuja un círculo de ruido en torno a estos enclaves, es verano y el smog fustiga los sentidos.

Cees Nooteboom / Thomas Bernhard y Botho Strauss

 



Cees Nooteboom
THOMAS BERNHARD Y BOTHO STRAUSS

Ahora cruzo al otro lado. Empleo esas palabras casi sin pensar en ellas, luego las oigo y me pongo a pensar en ellas. El otro lado. Como si el Muro fuese un río. Como si hubiese surgido por sí solo en vez de haber sido construido. Un fenómeno natural. Por lo general suele ser fácil cruzar al otro lado. Esta vez no. He cogido el S-Bahn en la estación del Zoo hacia la Friedrichstrasse, donde se encuentra el paso, fronterizo. Cúpula, transparente, hierro fundido, grandes trenes, luz tenue. Se quiera o no el decorado sigue teniendo algo de Graham Greene o de Le Carré, no tengo remedio. Desciendo por las escaleras, el ris-ras de las suelas de mis contemporáneos. Luego se llega a un vestíbulo. Ya lo conozco, sé que ahora tengo que torcer a la derecha.
Andere Staaten, ‘otros países’. Hoy hay cinco taquillas abiertas, pasajes estrechos, se nos estruja por ellas como si fueran un colador. No tienen nada de moderno, ni de práctico, son más bien amateurs, provisionales, como si se contase con que no fuesen a durar mucho. La multitud entre la que me encuentro: polacos, muchos viejos. Me llegan por debajo de los hombros, y eso que no soy muy alto. Son viejos y bajos, van cargados con enormes maletas y cajas. La procesión avanza con una lentitud infinita, hemos de doblar una esquina para entrar por la portilla. Yo estoy en la parte interior de la curva, la exterior va más rápido. También los que se cuelan, los asiduos y los occidentales, que claramente sobresalen de entre la multitud, están estancados.

jueves, 14 de noviembre de 2024

La solicitante, de Nazli Koca / Un diario ácido

 


Nazli Koca La Solicitante
Nazli Koca, escritora y poeta turca, en una imagen facilitada por la Editorial Mapa.EDITORIAL MAPA

‘La Solicitante’, un diario ácido sobre una escritora que limpia habitaciones para subsistir en Berlín

La turca Nazli Koca debuta con una novela sobre las dificultades de una migrante para sortear el espejismo de la meritocracia en una nueva ciudad

domingo, 20 de noviembre de 2022

Samanta Schweblin en Berlín / La embajadora del tiempo

 

Samanta Schweblin


SAMANTA SCHWEBLIN EN BERLÍN

LA EMBAJADORA DEL TIEMPO

Biografía


¿Cómo le cambia la vida a una escritora de Hurlingham que por oficio y azar se muda a Berlín? Samanta Schweblin alquiló casa en una de las capitales más poderosas del mapa siendo migrante, con un perro y una tremenda biblioteca. Empezó a tener más tiempo y se arrojó del cuento a la novela: se convirtió en la embajadora de la literatura criolla. Natalia Laube traza el perfil de una autora autodidacta que piensa la nueva identidad latinoamericana a la distancia, sin clichés.


  Una silla blanca junto a un escritorio blanco pegados, a su vez, a una pared blanca. Un pilón de libros, una lámpara y un pequeño grupo de plantas discretas a un costado. Una mesa baja que eventualmente servirá para tener a mano algunas anotaciones y hojas impresas. El rincón de trabajo de Samanta Schweblin no es, estrictamente hablando, un cuarto propio, sino más bien terreno ganado al living del departamento que, desde hace cinco años, comparte con su marido Maximiliano en el efervescente barrio de Kreuzberg, no muy lejos del centro geográfico berlinés. Pero no deja de ser un rincón hecho a la medida de sus necesidades: para escribir, Samanta precisa un espacio lo más silencioso y despejado posible, sin nada que pueda desconcentrarla. Acá, en este refugio libre de distracciones, escribió Kentukis, la novela que presentó en Buenos Aires a mediados del año pasado y que desde entonces sigue presentando también en diversos festivales y eventos de literatura europeos, a los que viaja cada vez más seguido, aunque sea por pocos días: una de las ventajas de estar en el centro de Europa, a unas pocas horas-avión de muchas cosas.

domingo, 13 de diciembre de 2020

La literatura y la democracia como trinchera en tiempos de coronavirus



El escritor Mario Vargas Llosa (derecha) y el presidente alemán Frank-Walter Steinmeier, hoy, en Berlín, durante su charla en el festival.

La literatura y la democracia como trinchera en tiempos de coronavirus

Vargas Llosa y el presidente alemán Steinmeier reflexionan en el festival de literario de Berlín sobre los estragos de la pandemia en la cultura y la sociedad

BIOGRAFÍA DE MARIO VARGAS LLOSA

Ana Carbajosa
Berlín, 10 de septiembre de 2020
La literatura como trinchera. Esa es la idea-fuerza que el Nobel Mario Vargas Llosa ha defendido en el festival de literatura de Berlín, en el que ha sido la gran estrella invitada y que durante 10 días reúne a grandes autores de todo el mundo. “La literatura crea ciudadanos más difíciles de manipular. Es un fermento de disconformidad”, reflexionó el escritor, encargado de inaugurar el 20º festival en la capital alemana. “La literatura busca la ilusión; dar una imagen de un mundo mejor que la realidad presente. La literatura es un testimonio de la inconformidad del mundo como es”, alegó Vargas Llosa en el edificio de la Philharmonie berlinesa.

viernes, 20 de marzo de 2020

Vargas Llosa / Regreso a Berlín


Mario Vargas Llosa

BIOGRAFÍA

Regreso a Berlín

Hace 28 años la ciudad estaba todavía en ruinas, sobre todo en el Este, y ahora crece y se reconstruye de manera desaforada. Es un formidable centro de cultura, paraíso de la música, los museos y el teatro


15 de febrero de 2020






Regreso a Berlín
FERNANDO VICENTE


Al poeta José Emilio Pacheco, el olfato le decía si los libros eran buenos o malos. Yo estuve en una librería de Estados Unidos con él; olía los anaqueles y las narices le ordenaban lo que debía comprar o rechazar. A mí me ocurre con las ciudades lo que a él con los libros; me basta llegar a un aeropuerto o una estación y de inmediato sé si aquella ciudad me acepta o me resiste. Con Berlín supe al instante que podría vivir allí toda la vida y que también mi esqueleto reposaría feliz en tierra berlinesa. Estuve allá todo el año 1992 y ahora he vuelto apenas por tres días, también al Wissenschaftskolleg, para escuchar a un nuevo fellow, mi amigo Efraín Kristal, que va a escribir un libro sobre Borges. Nos explica con lujo de detalles lo que ya lleva avanzado y, no hay duda, será un ensayo lleno de revelaciones y sorpresas.

Aunque los 28 años han cambiado el aspecto de la ciudad —entonces estaba todavía en ruinas, sobre todo en el Este, y ahora crece y se reconstruye de manera desaforada—, sigue siendo el paraíso de la música, de los museos y del teatro: un formidable centro de cultura. Hace casi tres décadas, pasear por Unter den Linden hacia la Isla de los Museos era andar entre ruinas; ahora, han reaparecido los palacios y las óperas, y mansiones suntuosas y a veces feas, como la Embajada rusa, que ocupa siempre toda una inmensa manzana. Entonces, el arquitecto italiano Renzo Piano había ideado la resurrección de Potsdamer Platz; recuerdo que traía buzos rusos, que trabajaban sumergidos en el agua, y regresaban a Rusia en avión para pasar los fines de semana con sus familias. Ahora Potsdamer Platz refulge en la noche con sus bellos y gigantescos edificios iluminados, uno de los cuales es el famoso Museo del Cine, y otro, el Teatro Marlene Dietrich, a quienes los berlineses han perdonado, por lo visto, que durante la guerra cantara para los soldados norteamericanos...

jueves, 5 de marzo de 2020

Vargas Llosa / El Muro de Berlín



Mario Vargas Llosa

BIOGRAFÍA

El Muro de Berlín

Gracias a la caída de aquella muralla y de lo que representaba, Alemania, Europa y el mundo entero están mejor que en los tiempos en que la URSS y sus satélites parecían avanzar sobre el resto del continente


16 de noviembre de 2019





El Muro de Berlín
FERNANDO VICENTE

Hace 30 años, cuando cayó el Muro de Berlín, estaba sumergido en la vorágine de una campaña electoral, en la cual yo era candidato, y casi no advertí la importancia del acontecimiento. Días después, recibí un sobre sin remitente que contenía una piedrecita minúscula de aquella muralla derribada por los ciudadanos de Alemania del Este, que por muchos años tuve en mi escritorio, como símbolo de la libertad.

Fue sólo un tiempo después, cuando leí el célebre artículo de Francis Fukuyama tomado absurdamente por los gacetilleros al pie de la letra como El Fin de la Historia (algo que nunca pretendió demostrar), que fui comprendiendo el valor simbólico de aquel suceso y las extraordinarias ocurrencias que, de alguna manera, representaba: la unificación de Alemania, el colapso y la desaparición de la Unión Soviética, la conversión de China de una dictadura comunista en una dictadura capitalista, y, a fin de cuentas, lo de mayor trascendencia para el mundo entero, la muerte y desaparición del mayor desafío que había recibido la cultura democrática en toda su historia: el comunismo. Esto era lo que el libro (nacido de aquel artículo) de Fukuyama establecería con certera agudeza. Es verdad que, en su justa evaluación de las consecuencias de la desaparición del comunismo, no señalaba que en las democracias de nuevo convertidas en el único sistema capaz de garantizar la libertad, la convivencia en la diversidad y el progreso, surgirían otros demonios destructivos como el nacionalismo, el racismo, el supremacismo y sus inevitables consecuencias: el terrorismo y la acción directa.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Las diez mejores calles de Europa


¿Son estas las diez mejores calles de Europa?

Travesías que resumen una capital en pocos metros. Diez periodistas eligen sus calles favoritas en las ciudades europeas en las que viven




Una tienda en la calle Flassaders, en Barcelona. / CONSUELO BAUTISTA
Calles en las que se respira libertad y buen vivir; para recorrerlas, principalmente, a pie o pedaleando; en las que se ve la huella de los emprendedores locales y que resumen de diferentes maneras el espíritu de las ciudades en las que están. Calles con vistas, como Dom Pedro V de Lisboa, que desemboca en el mejor mirador de la ciudad. O una calle marcada por un pórtico barroco y en la que se pisa suelo empedrado, como la del Conde Duque de Madrid. O, en Barcelona, la pequeña y estrecha calle Flassaders, que introduce al visitante en la atmósfera de tiendecitas del barrio del Born. O, en Viena, una colina, con la calle ­Spittelberg como eje, donde se celebra el mercadillo navideño más famoso de la capital austriaca. Y una calle londinense, Chiltern, en la que los comerciantes han logrado vetar a las grandes cadenas en favor de los pequeños negocios originales y artesanales. Diez paseos para ir de compras, ver exposiciones en las galerías o sentarse en una terraza leyendo un libro o conversando. La celebración de un relajado modo de vida genuinamente europeo.
Pocas joyas quedan por descubrir en el centro de Londres, los buscadores de tendencias hace ya tiempo que dirigen sus pasos hacia barrios cada vez más periféricos. Pero hay excepciones. Y Chiltern Street es una de ellas. Esta calle de impresionantes edificios neogóticos victorianos de ladrillo rojo es un remanso de paz en medio del barrio de Marylebone y aloja algunos de los comercios más exclusivos de la ciudad. Una calle elegante, sin ostentación, con una selección cuidada y cosmopolita, a la que las grandes cadenas internacionales de tiendas tienen la entrada vedada.