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lunes, 29 de junio de 2026

Mirando al mar desde la playa caribeña de La Guaira, de espaldas a la muerte

Organismos de rescate y voluntarios retiran un cuerpo sin vida de una persona, en un edificio desplomado, en Catia La Mar, el 27 de junio de 2026.Un cadáver, en la base de un edificio derruido en la localidad de Catia La Mar (Estado de La Guaira).CHELO CAMACHO


TERREMOTO EN VENEZUELA 

Mirando al mar desde la playa caribeña de La Guaira, de espaldas a la muerte

Rescatistas y voluntarios encuentran en este lugar un alivio ante el horror. Las labores de búsqueda de los cuerpos sepultados son una mezcla explosiva de esperanza y frustración




DAVID MARCIAL PÉREZ

La Guaira - 28 JUN 2026 - 23:00 COT

El único modo de escapar del olor es acercarse lo más posible al mar. La carretera de la costa es una frontera física y olfativa. De un lado, el agua serena y caribeña de una playa casi desértica. Al otro, un edificio tras otro, todos derrumbados en un amasijo de hierro y cemento. Montañas de escombros, máquinas excavadoras, ambulancias, militares, policías. Todos buscando centenares de cuerpos sepultados tras el terremoto en la zona cero de La Guaira. Un mundo en ruinas bajo el sol que a media tarde roza los 40 grados. El Gobierno de Venezuela ha repartido mascarillas ante el riesgo de infecciones por la descomposición de los cadáveres. Cuatro días después de los terremotos que sacudieron al país, el olor a muerte está tan presente que solo desaparece con la brisa salada del mar.

martes, 11 de febrero de 2020

Prohibida la tristeza en la gran noche de Hollywood

Laura Dern


Prohibida la tristeza en la gran noche de Hollywood

El aplastante triunfo de ‘Parásitos’ deja un rastro de grandes perdedores. Palomitas orgánicas, cremas hidratantes de cannabis y la cortesía de la fama ayudan a aliviar la decepción


David Marcial Pérez
Los Angeles, 10 de febrero de 2020


Primero, Spike Lee junta las palmas de las manos a la altura del pecho y se inclina levemente en dirección a la mesa donde está sentado el reparto de Parásitos. Después del saludo, se acerca un poco más y, hablando muy despacio, les dice: “Lo que habéis conseguido es his-tó-ri-co. Es momento de celebrar. Todo el mundo tiene que estar contento”. Y ahora con las manos hace el gesto de empinarse una botella. Entre agradecidos y un poco aturdidos, los actores coreanos le ríen las bromas al mimo Lee. Nadie parece estar triste esta noche y los que tendrían más razones para estarlo simplemente no han venido a la fiesta. Acabada la gala de los Oscar se han esfumado.

viernes, 9 de agosto de 2019

La maldición del aguacate


Un trabajador corta aguacates en una huerta


 La maldición del aguacate

Michoacán es el primer productor del mundo de esta fruta, cuyo 'boom' comercial también ha traído al Estado mexicano violencia, deforestación y precariedad laboral



DAVID MARCIAL PÉREZ
Uruapan (Michoacán) 2 FEB 2019 - 15:02 COT

La culpa fue de la loca. Subiendo por el cerro se ven casitas blancas estilo Bauhaus y bodegas de empresas con nombres en inglés. Más arriba, ya todo es verde pálido, un manto de árboles que terminan en una pequeña flor amarillenta de cinco pétalos. Los agricultores mexicanos la llaman la loca porque es impredecible, aparece fuera de tiempo: en verano, en invierno, cuando le da la gana.
Flores locas todo el año significa también aguacates todo el año, un ritmo imbatible que convierte a estos árboles en los frutales más productivos del planeta. Por altura, clima y terreno, Michoacán es el paraíso del aguacate. “Aquí nacen solos. Pero en los últimos años se ha plantado mucho y nos ha cambiado la vida a todos”, dice desde la loma del cerro verde de Uruapan José Luis Mata, un productor que hace ya un par de décadas que se pasó del pepino y el melón al aguacate.

domingo, 3 de diciembre de 2017

Juan Rulfo no se acaba nunca






Los escritores Gonzalo Celorio, Rosa Beltrán, Fernando del Paso y Élmer Mendoza participan durante el homenaje a Juan Rulfo.
Los escritores Gonzalo Celorio, Rosa Beltrán, Fernando del Paso y Élmer Mendoza participan durante el homenaje a Juan Rulfo.  EFE

Juan Rulfo no se acaba nunca

La Feria Internacional de Guadalajara homenajea al autor de 'Pedro Páramo' en su centenario


David Marcial Pérez
Guadalajara, 3 de diciembre de 2017

Fernando del Paso le contó a Francia la muerte de Juan Rulfo. En 1986, desde la emisora de radio con la que colaboraba al salir de la embajada, el diplomático y escritor mexicano leyó una carta de despedida a su paisano y maestro que sonó de nuevo este viernes en el pabellón principal de la Feria del Libro de Guadalajara (FIL) durante el homenaje al autor de Pedro Páramo. “Perdóname Juan si no te escribí nunca, pero como me dijeron que tu nunca respondías las cartas, pues para qué. Y ahora me arrepiento. Yo tuve la culpa, fui yo el que me fui de México. Y no fue ayer sino hace muchos años cuando nos reuníamos cada miércoles en el café, donde pasamos años y felices vidas platicando de libros y fumando como chacuacos”.
Rememorando aquellas tardes, el premio Cervantes rompió el tono solemne con una de sus muletillas irónicas. “Aunque nos vimos muchas veces nunca compartí con Juan ninguna sustancia que pusiera en peligro su integridad como escritor. Éramos solamente cafetomanos y tabacómanos”. Juan Rulfo tendría ahora 100 años. Fernando del Paso tiene 82 y durante este tiempo casi siempre que ha podido se ha encargado de recordar su deuda con al autor jaliciense. Como en 2007, durante la lectura del discurso de recepción del premio FIL, en el mismo salón donde se sentó este miércoles, con su melena blanca y su saco a cuadros. “Aunque ya han pasado 20 años sin escribirte –dijo en aquella ocasión– tengo ya más años de los que tú tenías cuando te fuiste. Aun así, tú serás siempre mi mayor, una figura inalcanzable”.
Borges consideraba Pedro Páramo no solo una de las mejores novelas de la literatura latinoamericana, sino “una de las mejores novelas de la literatura a secas”. García Márquez la leyó dos veces seguidas la misma noche que llegó a sus manos y comparó el impacto con la Metamorfosis de Kafka. Susan Sontag lo definió como uno de los libros más influyentes del siglo XX. La lista de grandes nombres que le han rendido pleitesía continúa con Günter Grass, Elías Canetti, Kenzaburo Oe, Tahar Ben Jelloun o Urs Widmer.

Sobre Rulfo se ha escrito más que sobre ningún otro autor mexicano

“Prácticamente todos los grandes autores mexicanos han escrito sobre Rulfo –señaló Rosa Beltrán, académica y escritora– y muchos de los más importantes del mundo también entendieron muy rápido su importancia”. Ensayos, artículos, entrevistas, valoraciones de carácter filológico, estructuralista, narratológicos, psicoanalítico, anecdótico. Sobre Rulfo y su obra –apenas 300 páginas entre Pedro Páramo y el Llano en llamas– se ha escrito más que sobre cualquier otro autor mexicano.
“¿Por qué?”, se preguntó retóricamente la académica mexicana. “Porque a mas de 50 años de su publicación, la obra rulfiana sigue siendo tan enigmática que entendemos que solo a través de esos trabajos podemos comprenderla realmente”. Y, si como decía Borges, un clásico es un autor cuya obra produce inagotablemente nuevos significados para los lectores, “es previsible que las interpretaciones sigan produciéndose año con año”.
Para Del Paso, la influencia de Rulfo en otras novelas se percibe de forma sutil, porque va más allá del estilo, más allá de lugar común sobre las estampas rurales de sus obras. “Se trata de una actitud particular ante el silencio y la muerte”.
El escritor norteño de novela negra, Elmer Mendoza, explicó por su parte que la figura de Rulfo “es tan grande que nos cobija a todos”, y la comparó también con un tipo de pez voluminoso y escurridizo con el que jugaba de niño en el estanque del rancho de la familia: “nunca pude agarrarlo”.

miércoles, 17 de mayo de 2017

El Jalisco agonizante de Juan Rulfo







Tumba en una cuneta de la carretera a Tuxcacuesco
Tumba en una cuneta de la carretera a Tuxcacuesco OSWALDO RAMÍREZ

El Jalisco agonizante 

de Juan Rulfo

La hacienda donde nació, el asesinato del padre y el árido llano convertido hoy en un vergel artificial: EL PAÍS recorre la geografía literaria del gran escritor mexicano

DAVID MARCIAL PÉREZ
Jalisco 17 MAY 2017 - 18:21 COT

En la habitación donde nació Juan Rulfo hay colgado en la pared un cristo de madera, sin ombligo ni pezones, clavado en una cruz de tres metros. “Es un cristo agonizante –dice el hermano Bruno– Nos enseña a afrontar el sufrimiento con serenidad, fe y silencio. A esta sala venimos a rezar. Somos una oración viviente”.
La casa del escritor que le puso voz al silencio –si yo escuchaba solamente el silencio, era porque aún no estaba acostumbrado al silencio– y que después de su segundo libro permaneció callado más de 30 años, es ahora un monasterio de clausura, un templo encomendado al silencio.
El hermano Bruno y sus ocho compañeros guardan el Gran Silencio desde las nueve de la noche a las siete de la mañana. “Nada de palabras, ni ruidos de escoba, ni de zapatos”, explica el sacerdote con las manos fruncidas a la altura del vientre. Durante el día es el tiempo del Silencio Moderado: limpian, rezan, cocinan, rezan. Y, al menos Bruno, ha leído a Rulfo: “creó toda una mitología para estos pueblos”.






Campesinos queman caña de azucar antes de la recogida en el sur de Jalisco
Campesinos queman caña de azucar antes de la recogida en el sur de Jalisco OSWALDO RAMIREZ


Hace ya más de 20 años que la familia materna del escritor le cedió a los Monjes Adoradores Perpetuos del Santísimo Sacramento una imponente finca de más de una hectárea en el diminuto y caluroso pueblo de Apulco, al sur de Jalisco. Tan pequeño que en 1917 el bebé Rulfo tuvo que ser registrado en otro pueblo, Sayula. Tan pequeño que prácticamente todo el pueblo era la hacienda, la iglesia y las casitas de los trabajadores de los terrenos de la familia Vizcaíno, descendientes de migrantes vascos durante las primeras colonizaciones y acomodados terratenientes hasta la Revolución.
Tan pequeño sigue siendo Apulco ahora –300 habitantes– que los monjes han tenido que ir abandonado el monasterio porque no podían mantenerse económicamente más de 10 hermanos. Para financiarse hacen galletas y también pizzas, que venden en un austero local acondicionado en una esquina del monasterio. En la hacienda colonial donde nació Rulfo uno puede comerse una pizza peperoni sentado debajo de un poster de la Virgen María.
La iglesia la pagó el abuelo Carlos Vizcaíno Vargas después de un viaje a Roma. “Dicen que tardó cuatro meses, la gente se reía: que si fue en burro, nadando o qué”, comenta una vecina. El papa Benedictino XIV le recibió y bendijo su templo privado. Como en las franquicias, la iglesia de los Vizcaíno está agregada a la basílica del Papa en Roma y tiene privilegios como la concesión de indulgencias plenarias. “Al que se le otorga, le borra todo rastro del pecado”, explica el sacerdote. Con un pórtico de mármol, en un lateral de la nave están las tumbas de los abuelos y los padres del escritor.






Montículo en recuerdo al asesinato del padre de Juan Rulfo
Montículo en recuerdo al asesinato del padre de Juan Rulfo OSWALDO RAMIREZ


Por la espalda, el padre de Juan Rulfo fue asesinado a balazos en una pelea de tierras en 1923. Un ganadero de la zona, Guadalupe Nava Palacios, quería que sus vacas atravesaran unos terrenos de Juan Nepomuceno Pérez Rulfo. Cada mañana rompía las cercas para que pasaran sus animales. Cada tarde, Cheno, como se conocía al padre del escritor, las volvía a arreglar. Una de esas tardes le esperó agazapado detrás de unos arbustos y le tiroteó a traición. En una vereda polvorienta, una cruz de metal oxidado sobre un montículo de piedras aún recuerda el lugar exacto del asesinato.
El padre y la muerte, siempre presentes en el universo de Rulfo. El cuento ¡Diles que no me maten! reencarna la historia con una disociación del nombre del asesino. Guadalupe Terreros es el hacendado muerto. Juvencio Nava, el pistolero homicida. Otro relato, Mi padre, dice:
Mi padre murió un amanecer oscuro, sin esplendor ninguno, entre tinieblas.
A Jesús Canales también le mataron al padre cuando era un niño. Canales tiene ahora 91 años, un sombrero blanco de ranchero y prótesis de plata en los dientes. Está sentado a la sombra en la plaza de Tuxcacuesco, otro pueblo vecino, y recuerda que la historia de Cheno fue parecida y diferente a la de su padre. “Fue por una vieja. Le estaba ganando la mujer a un policía. A mi jefe le avisaron. Ten cuidado, fulano te anda buscando. Le dijeron pero no creyó. Y ahí lo acabaron”. Canales señala con el dedo una de las calles que desembocan en la plaza:
Le salieron por la espalda en ese corredor y le metieron unos balazos.
Así antes era
Severiano, el hermano mayor del escritor, se hizo cargo de las propiedades familiares. Canales recuerda que “Don Severiano era muy pesado en dinero” y que “hubo personas que se ofrecían a quitarle la vida al que mató a su padre, pero él no quiso”. El hermano mayor fue a recoger el cadáver del padre. La leyenda del pueblo dice que de regreso a San Gabriel, la otra casa familiar, la comitiva fúnebre se fue haciendo cada vez más grande, cayó la noche y encendieron antorchas para iluminar el camino. Al llegar a la casa, le dijeron al hermano pequeño: “hubieras visto como se veía, es como si hubieran incendiado el llano”. El Llano en llamas titularía ese niño muchos años más tarde uno de sus cuentos.






Dos vecinos de Tuxcacuesco
Dos vecinos de Tuxcacuesco OSWALDO RAMIREZ


El Gran Llano de Jalisco, las decenas de kilómetros áridos que separan las haciendas, son parte del territorio mítico de Rulfo. El suelo de muchos de sus cuentos, ese duro pellejo de vaca, esa tierra deslavada, una llanura rajada de grietas y de arroyos secos, donde ni maíz, ni nada nacerá.
Esa metáfora que Rulfo utilizó para retratar una vida dura y estéril es hoy un vergel artificial. Centenares de invernaderos de plástico blanco se levantan en el llano. Entre el polvo ahora nacen tomates, pepino y aguacates. El nuevo dueño del llano, el nuevo Pedro Páramo es sinaloense y a un lado de los tomates tiene una pista de aterrizaje para su avioneta privada.
Los trabajadores de esta tierra, los protagonistas de la historia vigente y sin ficción del llano, ya no son campesinos locales. Ahora son indígenas de Oaxaca y Chiapas, que vienen a los estados del norte a limpiar los invernaderos. Trabajan en jornadas de siete a cuatro de la tarde y a la semana les pagan 800 pesos (unos 40 dólares).






Cerro del Petacal, en medio del LLano Grande
Cerro del Petacal, en medio del LLano Grande OSWALDO RAMIREZ


“No me gusta, hace mucho calor. Pero la vida está muy dura” dice Daniel Hernández. Tiene 24 años y hace dos que vino desde Oaxaca. El nombre de su pueblo es Santiago Atitlán, que significa “entre aguas”. Es un pueblo de la sierra Mixe atravesado por un río. Al terminar cada tarde su trabajo en la huerta de plástico, Daniel cruza la carretera que atraviesa el llano para descansar en un alberge prefabricado de chapa metálica. Hierro, sobre asfalto sobre tierra rajada de grietas.
Cada tres palabras cierra los párpados y tuerce la cabeza. Se tapa la cara con un pañuelo hasta la nariz para protegerse del polvo. Hace meses que tiene algo en los ojos:
Veo como nubes, tengo que ir al médico. Pero me han dicho que está bien lejos.
Daniel no ha leído Pedro Paramo. En uno de los pasajes más catárticos de la novela, el protagonista, vagando por un pueblo hundido en el puro calor sin aire, recuerda:
haber visto así como nubes espumosas haciendo remolino sobre mi cabeza y luego enjuagarme con aquella espuma y perderme en su nublazón. Fue lo último que vi.

domingo, 14 de mayo de 2017

En la tumba de Pedro Páramo



Cactus pitayeros de San Gabriel 

En la tumba 

de Pedro Páramo

Viaje al pueblo mexicano que inspiró la obra maestra de Rulfo

DAVID MARCIAL PÉREZ
San Gabriel (Jalisco) 14 MAY 2017

Lupe Mundo saca tres paladas de tierra, se detiene y aprieta su cara seca y arrugada como una cáscara de nuez

–Ahí abajito está el difunto–dice el enterrador de San Gabriel.
No recuerda cuántos años lleva limpiando tumbas ni cuál es el nombre del difunto. Un enterrador con huecos en la memoria y con un apellido metafórico y redondo. Mundo podría ser él mismo un personaje de Pedro Páramo, y ahí abajito podría transcurrir toda la novela entera. San Gabriel, el pueblo donde Juan Rulfo vivió de niño, es el escenario más parecido al pueblo imaginario de Comala, un purgatorio de almas pobres, un pueblo donde hablaban los muertos.

sábado, 6 de mayo de 2017

Juan Rulfo / Brillante fotógrafo, formidable escritor





Instrumentos musicales, Tlahuitoltepec, Oaxaca (1955). Fotografía de Juan Rulfo.
Instrumentos musicales, Tlahuitoltepec, Oaxaca (1955). Fotografía de Juan Rulfo. FUNDACIÓN JUAN RULFO

Brillante fotógrafo, formidable escritor

La Universidad de México concentrará el grueso de los actos que reivindican la obra del autor tras superar un choque con la fundación que gestiona su legado


David Marcial Pérez
6 de mayo de 2017

La universidad insignia de México, UNAM, concentrará el grueso de los actos de conmemoración del centenario de Juan Rulfo. Una semana —del 16 al 19 de mayo— de conferencias y presentaciones de libros que servirán además para sellar la reconciliación entre una pata de la universidad y la Fundación Juan Rulfo, albacea del legado del autor jaliciense, tras una polémica abierta un mes antes. El motivo de la controversia fue la programación en una feria universitaria de un ensayo de Cristina Rivera Garza sobre la figura de Rulfo, una obra que la fundación considera difamatoria, y que desencadenó la renuncia de su director a participar en la feria, así como la retirada de la cesión tanto de las fotos como del nombre de Rulfo para ilustrar el evento. Pasado el choque, que levantó una fuerte polvareda mediática en el país, finalmente habrá paz en la celebración de los 100 años del autor de Pedro Páramo.
“Nuestra relación con la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) sigue intacta. El eje fundamental es la cátedra extraordinaria Juan Rulfo que se creó en 2013 y que sirve como marco para la realización de encuentros como los del centenario”, señala Víctor Jiménez, director de la fundación. Las jornadas, con sede en distintas facultades, están organizadas en forma de tríptico diario: una mesa redonda, una presentación de un libro y una conferencia. Algunos títulos: Lo fantástico en algunos cuentos de ‘El llano en llamas’Juan Rulfo y sus personajes: las víctimas de la espera o Confluencias entre Rulfo y García Márquez.
Con calado internacional, entre los ponentes destaca el catedrático español José Carlos González Boixo, que abordará el encaje del autor mexicano en el tablero del realismo mágico, o el japonés Fukumi Nihira, que diseccionará las analogías rufianas con Ryunosuke Akutagawa, autor de cuentos de principios de siglo centrado en los mitos del Japón feudal.


Rulfo subrayó la diferencia entre sus ficciones y estampas, pero ambas se contaminaron como parte de una misma forma de observar el mundo

La editorial hispanomexicana RM, titular de los derechos de Rulfo, prepara una edición especial con tirada limitada que reunirá las únicas tres obras del autor jaliciense: la novela Pedro Páramo, una recopilación de todos los cuentos que trasciende la edición clásica de El llano en llamas y El gallo de oro, una breve narración que fue concebida en origen como guion de cine. Aprovechando el centenario, se presentarán también este año toda una batería de publicaciones: una reedición actualizada de Noticias sobre Juan Rulfo,la biografía canónica del catedrático de la UNAM Alberto Vital; Ladridos, astros, agonías: Rilke y Broch en el lector Rulfo, un ensayo del director de la fundación; una edición bilingüe español/náhuatl de Pedro Páramo, y un estudio sobre la relación del autor mexicano con el mundo del cine a cargo del estadounidense Douglas J. Weatherford, que recogerá el guion adaptado que Carlos Fuentes y García Márquez elaboraron para El gallo de oro.
La otra gran faceta del célebre escritor, la fotografía, también tendrá un hueco. La retrospectiva El fotógrafo Juan Rulfo se inauguró en Puebla el pasado 9 de abril y sirvió de pistoletazo de salida para la celebración de la efeméride. La muestra, la primera gran retrospectiva que de manera más completa y sistemática se ha sumergido en su archivo visual de la mano de la agencia Canopia y la propia fundación, va acompañada de un riguroso catálogo y está previsto que aterrice también en la capital mexicana durante los próximos meses.










LEER COMALA


  • Juan Rulfo. Biografía no autorizada. Reina Roffé. Fórcola, 2017.
  • Rulfo. Una vida gráfica. Óscar Pantoja y Felipe Camargo. Rey Naranjo Editores, 2017.
  • Había mucha neblina o humo o no sé qué. Cristina Rivera Garza. Literatura Random House, 2017.
  • El llano en llamas, Pedro Páramo y otras obras. En el centenario de su autor. Pedro Ángel Palou y Francisco Ramírez Santacruz (editores). Editorial Iberoamericana. Editorial Vervuert, 2017.
  • Revista Turia. Número de junio dedicado a México en el centenario de Juan Rulfo.
  • Elegías de Duino. Rainer Maria Rilke. Versión de Juan Rulfo. Sexto Piso, 2016.
  • Pedro Páramo. El llano en llamas. El gallo de oro. Juan Rulfo. Editorial RM. Texto definitivo establecido por la Fundación Juan Rulfo.

Autodidacta, las primeras fotos de Rulfo son de los años treinta, más de una década antes de publicar su primer relato. Aunque el propio autor subrayó la diferencia radical entre sus ficciones y sus estampas, ambas facetas se contaminaron como parte de una misma manera de observar el mundo. “En sus narraciones se aprecia que muchas de las descripciones del paisaje, las texturas o el comportamiento de la luz son de una persona con altos conocimientos de fotografía”, apunta Paulina Millán, historiadora del arte y especialista del ámbito visual del escritor.
La muestra incluye 150 fotografías, las revistas donde publicó muchas de ellas, catálogos de otras exposiciones, sus incursiones en el cine y hasta recortes de fotografías de autores a los que admiraba, como Alfred Stieglitz o Paul Strand. Paisaje, arquitectura y vida rural son los tres ejes de su trabajo con la cámara. “Son composiciones muy clásicas, nada forzadas, muy pensadas”, añade Millán. “Podía pasarse horas sentado esperando el momento”.
Con menor acento académico, la feria de la polémica reunió en abril a destacados escritores mexicanos para debatir el legado de Rulfo: Antonio Ortuño, Emiliano Monge o Guadalupe Nettel, actual integrante además del equipo de Difusión Cultural de la universidad que programó el evento. También acudieron a la cita dos de los hijos del escritor, que quisieron cerrar las desavenencias abiertas con el ensayo ficcionado Había mucha neblina o humo o no que sé: “Es una obra ambigua. Toma una serie de elementos con cierta libertad creativa que son realmente banales y que buscan crear una imagen disminuida de mi padre. La familia y la Fundación actuaron en descuerdo a una obra que se considera que denigraba. Pero no hay ninguna enemistad. Por eso estamos aquí, para demostrar que no hay diferencia alguna, ni familiar, ni con la Fundación, ni contra la UNAM. Lo importante es nuestro padre y su obra”.