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jueves, 16 de junio de 2022

Elefante mató a una mujer y luego fue a su funeral a pisarla



Elefante mató a una mujer y luego 

fue a su funeral a pisarla


EL TIEMPO
14 de junio de 2022

Un extraño caso sacude a la India luego de que se reportó que un elefante mató a una mujer y horas después apareció mientras su familia la acompañaba en la funeraria.

sábado, 15 de abril de 2017

Cinco años de la caza del elefante / La ruina cayó sobre Botsuana tras la cacería del rey y otras tres maldiciones más

Juan Carlos I junto a Jeff Rann, director de Rann Safaris.
Juan Carlos I junto a Jeff Rann, director de Rann Safaris.

CINCO AÑOS 

DE LA CAZA DEL ELEFANTE

La ruina cayó sobre Botsuana tras la cacería del rey y otras tres maldiciones más


Siete meses después de que el rey matase al elefante, el Gobierno de Botsuana prohibió la caza en el país. Tribus como bosquimanos y bayei pagan las consecuencias y el turismo ha caído en picado. Juan Carlos, Corinna y su amigo Eyad Kayali también sufrieron desgracias.


15 abril, 2017 01:25

 Cuando a los organizadores de safaris de Botsuana se les pregunta por Juan Carlos I y el elefante que abatió el 11 de abril de 2012, muchos hablan de la prohibición de caza que el Gobierno local promulgó siete meses después. Su presidente, Ian Khama, aplicó un veto restrictivo -entre otros motivos, por la presión ecologista de la comunidad internacional- que ha tenido consecuencias directas entre la población: los bosquimanos, curtidos cazadores, ya no tienen qué llevarse a la boca; tampoco los bayei, que se repartían la carne de los paquidermos que antes mataban los adinerados visitantes extranjeros. El turismo también ha caído en picado en cuestión de años, traduciéndose en pérdidas económicas.


Fueron siete los disparos que el rey efectuó con su rifle Rigby Express de calibre 470. El elefante cayó a sus pies. Se desató la maldición sobre Botsuana. También sobre los miembros que componían la expedición: él mismo, Corinna zu Sayn-Wittgenstein y el multimillonario sirio Mohamed Eyad Kayali.
Cuenta la leyenda que en la antecámara de la tumba de Tutankamón había un escrito en un fragmento de cerámica: “La muerte vendrá sobre alas ligeras al que estorbe la paz del faraón”. El líder de aquella expedición de 1922, Howard Carter, falleció al tiempo -de “muerte natural” a los 67 años-, así como algunos de sus compañeros. Regresamos a Botsuana y a los siete disparos de Juan Carlos I: sustituyan la palabra “muerte” por “desgracia”, “faraón” por “elefante”, y se harán cargo de la cadena de acontecimientos que propició aquella cacería, de la que esta semana se han cumplido cinco años.
Los hermanos Clive y Linda Eaton, responsables de Tholo Safaris -firma que gestiona las visitas de los turistas y cazadores en la región del Okavango- ofrecen a través del teléfono algunos detalles del terremoto que supuso en el país africano el accidente de Juan Carlos I.- ¿Recuerdan lo que ocurrió aquel día?
- ¡Claro! Aquí, en Botsuana, se comenta mucho este tema. Más aún entre los que nos dedicamos a organizar este tipo de viajes. Los medios estuvieron mucho tiempo hablando sobre ello. ¡Como para olvidar la caída de un rey!
La visión de los hermanos Eaton coincide con la de otros organizadores de safaris de Botsuana consultados por EL ESPAÑOL: la pieza que se cobró Juan Carlos I fue una de las últimas que acaparó las portadas de los medios de Botsuana. Siete meses después, el 5 de noviembre de 2012, el Gobierno del país africano adoptó la decisión de prohibir esta actividad: “Detendremos la caza comercial, disparar a los animales puramente por deporte o para conseguir trofeos no es compatible con nuestro compromiso de preservar la fauna local como un tesoro nacional”, rezaba la ley promulgada en su artículo 127. La normativa entró en vigor de forma definitiva en 2014.
La cacería de Juan Carlos I se celebró en el delta del Okavango.
La cacería de Juan Carlos I se celebró en el delta del Okavango.
De acuerdo a los expertos locales que han atendido a este medio -la mayoría optan por mantenerse en el anonimato-, la imagen de aristócratas, famosos y miembros de la nobleza europea cazando elefantes en Botsuana fue uno de los motivos que empujó al Gobierno local a prohibir su caza: no era fácil defender esta actividad ante organizaciones ecologistas. El debate ya estaba sobre la mesa cuando Juan Carlos I sufrió su accidente en el delta del Okavango, pero en la memoria colectiva de los organizadores de safaris están relacionados, al menos por su proximidad temporal, la imagen del monarca y el veto gubernamental.

Las consecuencias de la prohibición

Aquella ley estricta, tan bien recibida en un principio por organizaciones ecologistas, no ha tardado en mostrar una cara oculta, contraria a los intereses de las tribus locales. Julio González, responsable de la empresa Atlas Hunting, resume las consecuencias de la prohibición: “La caza de elefantes, antes controlada para no alterar la población de estos animales -en Botsuana hay 150.000 ejemplares-, reportaba grandes beneficios”.
González apunta a la industria de la caza, que dejaba grandes beneficios entre las empresas locales: por cada elefante abatido se debían pagar unos 40.000 dólares [unos 37.600 euros]; ahora sólo se pueden cazar animales en recintos privados, nunca en espacios naturales. Botsuana ha perdido uno de sus principales atractivos turísticos: en 2010, antes de la prohibición, recibió 3,2 millones de visitantes; en 2014, apenas superó los 2 millones.
El elefante es uno de los símbolos de Botsuana y una atracción para los turistas.
El elefante es uno de los símbolos de Botsuana y una atracción para los turistas.
El representante de Atlas Hunting también habla de cómo se repartía la carne de paquidermo entre las tribus, como los bayei: “Es gente que apenas caza y que toda la carne que consume procede de esta caza. Ahora pasan hambre”.
Más extrema es la situación a la que se enfrentan los bosquimanos, pueblo indígena integrado por unas 95.000 personas; unas 40.000 residen en pequeños poblados esparcidos mayoritariamente por la región norte de Botsuana. Su tradición es ancestral; también sus genes, relacionados con los primeros humanos que abandonaron África. Viven de la recolección de pequeños frutos y de la caza. Ahora deben de pagar una multa cada vez que abaten una pieza, sea cual sea su especie; muchos terminan entre rejas al no poder abonar la sanción.
La organización Survival International es una de las que mejor conoce la situación que atraviesan los bosquimanos en Botsuana. Laura de Luis, portavoz del grupo en España, explica que “pueblos indígenas como los bosquimanos necesitan cazar para vivir”: “Siguen cazando para alimentarse, pero se enfrentan a graves abusos cuando se les detiene por ello”. De Luis denuncia que la prohibición no es más que un pretexto para obtener otros beneficios: “Con esta medida se obliga a los cazadores bosquimanos a pasar hambre para que abandonen su tierra, mientras dentro de la reserva se desarrolla minería de diamantes”.
Unos 40.000 bosquimanos viven en Botsuana.
Unos 40.000 bosquimanos viven en Botsuana. Survival International
Pese a todo, la caza furtiva de elefantes sigue desarrollándose en Botsuana, de acuerdo a los datos que maneja la portavoz de Survival: “Perseguir a los cazadores indígenas desvía la atención y evita que se actúe contra los verdaderos furtivos: criminales que a menudo conspiran junto a funcionarios corruptos. El tráfico ilegal de marfil continúa. Hace solo unos días, el Sunday Standard, un periódico de Botsuana, denunciaba la implicación de miembros del servicio de inteligencia del país con la caza furtiva”.

La abdicación del rey

Al rey, entonces con 74 años, le salió cara aquella incursión en el corazón africano. El 9 de abril, por la mañana, posó con su familia a la salida de misa de Pascua en la catedral de Palma. Le acompañaban la reina Sofía, su hijo Felipe, su nuera Letizia y las hijas de ambos, Leonor y Sofía. No tardaría en despedirse de ellos para encontrarse con Corinna zu Sayn-Wittgenstein, princesa alemana de 47 años, el hijo de ésta, Alexander, de 10, y un amigo íntimo del monarca, el multimillonario sirio Mohamed Eyad Kayali. Todos juntos tomaron un vuelo chárter rumbo al aeropuerto de Maun, al norte de Botsuana. Desde ahí marcharon hasta Qorokwe, un campamento en pleno corazón del delta del Okavango, paraíso de cazadores.
Quienes han conocido la región detallan el enrevesado tejido fluvial que la atraviesa y la frondosidad de sus selvas. Uno de los medios de transporte más populares son las canoas; al menos, entre las tribus locales. Los turistas y cazadores extranjeros -especialmente los más adinerados- observan este paraíso natural a vista de pájaro, a bordo de helicópteros o avionetas previo pago de 1.500 dólares (unos 1.400 euros) por trayecto. Esta fue la opción escogida por Juan Carlos I.
El delta del Okavango está dividido, sobre el papel, con escuadra y cartabón. El monarca y el resto de la comitiva tenían planeado cazar elefantes en el área NG32. La empresa Rann Safaris les buscó acomodo en un campamento de lujo, en el que no faltaban detalles del agrado de los huéspedes. Hablamos con Julio González, de Atlas Hunting, especialista en este tipo de viajes:
- ¿Cómo son esos campamentos?
- En estas concesiones [espacios destinados a la caza en el delta del Okavango] no están permitidas las construcciones sólidas. Por eso se instalan tiendas de campaña grandes en lugares muy concretos. Los generadores aportan luz y electricidad de forma constante; agua no falta en la región, pero se filtra para que los clientes la puedan utilizar. También se transporta toda la comida que se pueda requerir. No falta de nada.
Juan Carlos I, Corinna, el saudí Eyad Kayali y el resto del equipo pernoctaron tres días en estas instalaciones hasta que por fin, el 11 de abril, cumplieron sus aspiraciones. Ese día, acompañados de un cazador profesional, rastreadores y un trabajador del Gobierno que debía controlar que la pieza cumplía con los requisitos legales, se encontraron frente a frente con el ejemplar. Era un elefante de unos 50 años y pesaba unos 5.000 kilos; sus colmillos medían 117 y 112 centímetros (el izquierdo y el derecho, respectivamente), con un peso cada uno de ellos de 37,6 kilos, tal y como describió Crónica, de El Mundo. Su amigo Kayali abatió otra pieza algo más pequeña, pero de una envergadura respetable a ojos de los cazadores.
El rey Juan Carlos saludando a Corinna Zu Sayn-Wittgenstein.
El rey Juan Carlos saludando a Corinna Zu Sayn-Wittgenstein. EFE
Aquella batida fue el principio de la debacle. La maldición se materializó sobre la figura de Juan Carlos I en un tropiezo fatídico. Entre las cuatro y las cinco de la madrugada del 13 de abril, en el interior de su tienda de campaña, no encontró apoyo y cayó de forma contundente sobre el suelo. Dolor y voces de alarma: el rey de España se había fracturado la cadera derecha. A partir de ahí los acontecimientos se precipitaron en la trayectoria vital del monarca.
Se le trasladó de urgencia a Madrid, donde el doctor Ángel Villamor le intervino de urgencia. El accidente reveló los detalles del viaje que hasta entonces habían permanecido en secreto para la sociedad española: la cacería de elefantes, la compañía de Corinna, la relación del rey con la princesa alemana… Aún en dependencias del hospital USP San José, el rey pidió disculpas ante las cámaras de televisión: “Lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a suceder”.

Aquella petición de perdón salvó el primer match-ball para Juan Carlos I, que seguía aferrándose al trono. Pero con los meses, como ya detalló EL ESPAÑOL, al monarca se le vinieron encima el elefante, Corinna y la Corona. Se conocieron más detalles de su vida con la princesa alemana, que también se vio salpicada por el escándalo. A los pocos meses del accidente en Botsuana se supo que la Casa Real había reformado, en beneficio de la princesa alemana, una vivienda en la finca La Angorrilla, en el Pardo, muy cerca de la Zarzuela y que comunicaba mediante un camino directamente con las dependencias del monarca.
Al rey se le acumulaban los problemas. Al de Corinna debía añadir la implicación de su yerno Iñaki Urdangarin con el caso Nóos. También surgieron las dudas sobre su estado de salud y su capacidad para cumplir con la agenda de un jefe de Estado. La monarquía alcanzó -según datos del CIS- mínimos históricos en popularidad. Finalmente, el 2 de junio, y tras un reinado de 38 años, la Casa Real anunció la abdicación de Juan Carlos en su hijo, el príncipe Felipe.

Eyad Kayali, en los papeles de Panamá

La trayectoria del multimillonario sirio que acompañó a Juan Carlos I también se ha visto salpicada por los escándalos después de aquella cacería. Nacido en Alepo el 29 de mayo de 1936, Mohamed Eyad Kayali, de 81 años y con pasaporte español, tiene estrechos vínculos con la familia real saudí. Su imagen, pelo blanco y gafas ahumadas, es habitual en los encuentros comerciales o lúdicos hispano-sauditas.
El nombre de Eyad Kayali salió de nuevo a la luz en abril de 2016 relacionado con los papeles de Panamá. De acuerdo a la investigación del Consorcio Internacional de Periodistas publicada por El Confidencial, quince sociedades radicadas en Panamá y en las Islas Vírgenes Británicas -todas ellas con la firma británica Rawi & Co. como agente intermediario- están o han estado relacionadas en algún momento con el magnate sirio.
La noticia obligó a Eyad Kayali a ofrecer explicaciones. El multimillonario negó que las compañías radicadas en paraísos fiscales tuviesen alguna relación con sus empresas radicadas en España. La documentación de los papeles de Panamá, no obstante, demostraba lo contrario. La maldición del elefante también cayó sobre el compañero de cacerías de Juan Carlos I.
Eyad Kayali, en una de sus cacerías.
Eyad Kayali, en una de sus cacerías.

La maldición, ¿hasta cuándo?

Los episodios de esta maldición se han desarrollado durante los últimos cinco años, precisamente desde que Juan Carlos I apretase el gatillo en siete ocasiones para abatir a aquel elefante. El primero que la sufrió fue él mismo, que con aquel tropiezo en el delta del Okavango activó los mecanismos que conducirían a su abdicación. Su compañera de viaje, Corinna, también sufrió las consecuencias del escándalo, así como el multimillonario sirio Mohamed Eyad Kayali.
A los pocos meses de que el monarca abatiera aquella pieza, el Gobierno de Botsuana prohibió toda caza en su territorio. Las tribus que vivían de esta actividad padecen la restricción.
Juan Carlos I disparó siete veces y pidió disculpas. La repercusión de aquel accidente todavía perdura.
EL ESPAÑOL

miércoles, 18 de abril de 2012

La cacería del Rey en Botsuana


Juan Carlos I | Joan Vizcarra
Juan Carlos I
según Joan Vizcarra

Un empresario saudí pagó 

la cacería del Rey en Botsuana

Mohamed Eyad Kayali reside en España, donde representa a la casa real de Arabia Saudí


El Rey, en una fotografía de fecha sin determinar. / RANN SAFARIS

El Rey viajó a la polémica cacería de Botsuana invitado por el empresario saudí Mohamed Eyad Kayali, residente desde hace años en España, según revela hoy El Mundo y confirman fuentes conocedoras del viaje. Kayali, que tiene propiedades en Madrid y Marbella, suele actuar como representante de la casa real de Arabia Saudí en España, cuyos negocios defiende e impulsa. El promotor, de origen sirio, fue uno de los acompañantes del Rey en el safari.
Mientras, casualidad o no, la reina Sofía decidió pasar ayer dos horas y media en el Hospital USP San José, donde don Juan Carlos se recupera de la operación de cadera a la que se sometió en la madrugada del sábado. Esta larga visita duró diez veces más que la primera, el lunes, que se redujo a 15 minutos.

La familia real sabe que la puesta en público es importante y debe ser impoluta al margen de los problemas personales, que son asunto privado. Así que los Reyes y sus hijos han decidido cerrar filas. Todos alrededor de don Juan Carlos como cabeza visible de la Corona, que nunca ha estado tan en el ojo del huracán.
Doña Sofía llegó ayer al hospital a las 13.30. La Casa del Rey informó de que el matrimonio había decidido almorzar. Hasta se difundieron detalles del menú. Ambos coincidieron en la elección de verduras como primer plato. Luego, el Rey pidió un solomillo y la Reina una merluza, ya que ella no come carne. La cita se produjo a solas a diferencia del primer día, cuando estuvieron rodeados, esos pocos minutos, de médicos y personal de la Casa del Rey.
La Reina salió sonriente y relajada del almuerzo y de nuevo se acercó a los periodistas para informar de que su esposo está “fenomenal”, tiene “apetito” y todo “va muy bien”. Solo añadió: “Y no hay nada más que contar porque no hay nada que contar”. Al dirigirse doña Sofía hacia su coche se oyó una voz que preguntaba. “¿Qué opina del viaje a Botsuana?”. No hubo respuesta. Nadie en realidad la esperaba.
La jornada de cierre de filas en familia se completó ayer con la visita del Príncipe de Asturias, que sigue representando a su padre, ayer en Valencia y hoy en Murcia. Y con la presencia de doña Elena, que dejó un rato a su convaleciente hijo para estar con su padre, con quien está especialmente unida. Sobre las críticas al Rey, ha dicho: “No he oído nada, he estado trabajando”.
Todo indica que el Monarca recibirá el alta hoy. El gerente del hospital USP San José, Javier de Joz, leyó  el mediodía del martes el nuevo parte médico, y aseguró que el Monarca "evoluciona muy positivamente". Explicó que se le han practicado nuevas curas y que se ha intensificado la rehabilitación, con varias sesiones al día.

EL PAÍS

domingo, 15 de abril de 2012

Los viajes de Juan Carlos I / Percance real


La ruina cayó sobre Botsuana tras la cacería del rey y otras tres ...

Percance real

Los viajes de Juan Carlos I


EDITORIAL

Los viajes privados del Jefe del Estado deberían ser también comunicados de manera oficial

13 veces que El Jueves la ha liado parda criticando a la monarquía
La Reina Sofía y Juan Carlos I
Las noticias sobre el percance sufrido por el Rey en Botsuana han sorprendido a la opinión pública no solo por la naturaleza de su fractura, que le obligará nuevamente a un periodo relativamente prolongado de inactividad y a un proceso de recuperación lento, sino sobre todo por el reiterado hecho de que los viajes privados del Jefe del Estado al extranjero no sean comunicados de forma oficial ni al Gobierno, ni al Parlamento, ni a la opinión pública. El Rey viajó a Botsuana y regresó para su intervención quirúrgica en Madrid en un avión privado. España no dispone de Embajada en el país africano, lo que obligó a que la repatriación tuviera que ser organizada por la embajadora en Namibia.


No cabe duda de que incluso los reyes tienen vida privada y, por lo tanto, poseen derecho a la misma protección jurídica a su intimidad que cualquier otro ciudadano. Pero los desplazamientos de don Juan Carlos fuera del territorio nacional deberían ser comunicados, como sucede en la mayoría de los países democráticos, aunque las leyes españolas no establezcan nada al respecto. Pueden compartirse o no las críticas realizadas por el coordinador de Izquierda Unida respecto al viaje del monarca a África, aunque resultaría estrambótica la suposición de que el rey no tiene derecho a unos días de asueto y ocio, cualquiera que sea la dureza de la crisis económica.

No obstante, no es la primera vez que el monarca sufre un accidente fuera de España con ocasión de dedicarse al ejercicio de deportes de riesgo. Y el que eso se produzca fuera de las fronteras del país sin que se sepa si existía por las autoridades políticas conocimiento previo del viaje no es bueno ni para el prestigio de la institución ni para el normal desarrollo de las actividades de la Jefatura del Estado. Es de esperar por lo mismo que, al hilo del pleno y rápido restablecimiento de la salud del monarca, la política de transparencia informativa implementada por la Casa Real a raíz del caso Undargarin se extienda también a estas circunstancias, sin necesidad de que se vean tristemente acompañadas de partes médicos.



Un destino habitual para la caza mayor




El Rey, junto a dos piezas cazadas, en una fotografía de fecha indeterminada publicada por la web de la compañía Rann Safaris
El Rey, junto a dos piezas cazadas, en una fotografía de fecha indeterminada publicada por la web de la compañía Rann Safaris

Un destino habitual para la caza mayor

La caza de elefantes, regulada con pagos de hasta 20.000 euros

España es de los países que más trofeos de grandes especies importa de África


Rafael Méndez / Álvaro de Cózar
Madrid, 15 de abril de 2012

Junto con Sudáfrica, Namibia y Zimbabue, Botsuana es uno de los países africanos que no ha prohibido la caza de elefantes. Esta actividad es una fuente de ingresos para el país y está regulada por las autoridades. En África hay cupos para cazar paquidermos, previo pago de “entre 7.000 y 20.000 euros” por ejemplar, como explica Andrés Gutiérrez Lara, presidente de la Federación Española de Caza: “El problema es la caza furtiva, pero la gestión cinegética es una fuente de ingresos en los parques nacionales de África y se caza de todo con permiso”. “Suelen invitar a personas importantes porque atraen el turismo”, añade.
Al coste de hasta 20.000 euros por trofeo hay que sumarle los gastos del viaje y de estancia. Algunas empresas españolas ofrecen safaris de 15 días para cazar elefantes por una cantidad que oscila entre los 50.000 y 60.000 dólares, (entre 37.000 y 45.000 euros) según la zona donde se practique la caza. En algunas ocasiones se ofrece el reembolso de unos 10.000 dólares si no se abate ningún elefante.
El rey Juan Carlos ha utilizado los servicios de este tipo de empresas en otras ocasiones. Ayer por la mañana se podían ver fotos del monarca con los trofeos de algunas cacerías en la web de la compañía Rann Safaris. La página fue cerrada a mediodía.
En 2010, España importó legalmente desde Botsuana siete pieles de elefante, dos trofeos y dos pares de colmillos, según el Convenio Cites, que regula el comercio de especies protegidas. España es de los países que más trofeos de grandes especies importa de África. En 2009, fueron 1.608 trofeos de caza los que pasaron por el control del Cites. La mayoría proceden de África, aunque también del Este de Europa. En 2004, la cifra fue prácticamente la mitad: 899.
La caza legal en Botsuana ha de practicarse siempre bajo la supervisión de un cazador profesional. En el grupo suele viajar además un gendarme del país, que garantiza que se cumplan las normas y que se cobren las tasas estipuladas por matar cada pieza. La Botsuana Wildlife Management Association, una organización que promueve la conservación de la vida salvaje, señala una serie de reglas de obligado cumplimiento para los cazadores. No se pueden cazar, por ejemplo, hembras o animales que están siendo objeto de investigación. Si los cazadores disparan a un animal y lo dejan malherido deben seguirle hasta darle muerte y evitar así el sufrimiento.
Según la ONG WWF-Adena, los elefantes están amenazados en muchas partes de África por la caza furtiva y la pérdida de hábitat. En muchos lugares se augura la extinción en 50 años si no se implantan más medidas de conservación. El rey Juan Carlos es presidente de honor de esta ONG, cuyos responsables prefirieron no opinar ayer sobre el asunto.
El problema es la caza de los elefantes para conseguir sus colmillos, muy valorados en Asia para la medicina tradicional china. Según la ONG Traffic, en 2011 se confiscaron en el mundo 23 toneladas de colmillos de elefante, una cantidad que equivale, al menos, a 2.500 paquidermos muertos. El caso más reciente es el de Camerún, donde en febrero una milicia procedente de Chad acabó con 450 elefantes en solo unas semanas para llevarse los colmillos. La presión de la UE y EE UU obligó al Gobierno de Camerún a mandar al Ejército a la zona.