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jueves, 18 de septiembre de 2025

Borges / Tauromaquia

 




Pablo Picasso
Corrida de toros, 1934

Jorge Luis Borges
LA TAUROMAQUIA

La tauromaquia es una de las formas vigentes de la barbarie. En cuanto a la figura del torero, creo que es esencialmente un cobarde. Un hombre que con todo un aparato racional de estrategias, entrenamientos, armas, estocadas practicadas, clases y mucho estudio premeditado, se mide frente un animal pasmado por la sorpresa, por la ansiedad; un animal que no tiene otro recurso que los reflejos de su instinto primario. Bajo esa disparidad podemos medir el valor de los toreros. La valentía verdadera no soporta desniveles tan abusivos. Por eso para mí los toreros no son valientes, sino más bien bufones; los bufones de la valentía.





lunes, 13 de mayo de 2024

Toros


 TOROS

“Perdonen si empiezo con una confidencia personal: yo, que soy contrario a los toros, entiendo de toros. Durante años, cuando me recogieron en Zaragoza durante la posguerra, traté casi diariamente con don Celestino Martín, que era el empresario de la plaza. Eso me permitió conocer a los grandes de la época: Jaime Noain, El Estudiante, Rafaelillo, Nicanor Villalta. Me permitió conocer también, a mi pesar, el mundo del toro: las palizas con sacos de arena al animal prisionero para quebrantarlo, los largos ayunos sustituidos poco antes de la fiesta por una comida excesiva para que el toro se sintiera cansado, la técnica de hacerle dar con la capa varias vueltas al ruedo para agotarlo... Si algún lector va a la plaza, le ruego observe el agotamiento del animal y cómo respira. Y eso antes de empezar.

Vi las puyas, las tuve en la mano, las sentí. El que pague por ver cómo a un ser vivo y noble le clavan eso debería pedir perdón a su conciencia y pedir perdón a Dios. ¿Quién es capaz de decir que eso no destroza? ¿Quién es capaz de decir que eso no causa dolor? Pero, claro, el torero, es decir, el artista necesita protegerse. La pica le rompe al toro los músculos del cuello, y a partir de entonces el animal no puede girar la cabeza y sólo logra embestir de frente. Así el famoso sabe por dónde van a pasar los cuernos y arrimarse después como un héroe, manchándose con la sangre del lomo del animal a mayor gloria de su valentía y su arte.

Me di cuenta, en mi ingenuidad de muchacho (los ingenuos ven la verdad), de que el toro era el único inocente que había en la plaza, que sólo buscaba una salida al ruedo del suplicio, tanto que a veces, en su desesperación, se lanzaba al tendido. Lo vi sufrir estocadas y estocadas, porque casi nunca se le mata a la primera, y ha quedado en mi memoria un pobre toro gimiendo en el centro de la plaza, con el estoque a medio clavar, pidiendo una piedad inútil. ¡El animal estaba pidiendo piedad...! Eso ha quedado en la memoria secreta que todos tenemos, mi memoria del llanto.

Y en esa memoria del llanto está el horror de las banderillas negras. A un pobre animal manso le clavaron esas varas con explosivos que le hacían saltar a pedazos la carne. Y la gente pagaba por verlo.

El que acude a la plaza debería hacer uso de ese sentido de la igualdad que todos tenemos y darse cuenta de que va a ver un juego de muerte y tortura con un solo perdedor: el animal. El peligro del toreo, además de inmoral como espectáculo, es efectista, y si no lo fuera, si encima pagáramos para ver morir a un hombre, faltarían manos y leyes para prohibir la fiesta.

Gente docta me dice: te equivocas. Esto es una tradición. Cierto. Pero gente docta me recuerda: teníamos la tradición de quemar vivos a los herejes en la plaza pública, la de ejecutar a garrote ante toda una ciudad, la de la esclavitud, la de la educación a palos. Todas esas tradiciones las hemos ido eliminando a base de leyes, cultura y valores humanos. ¿No habrá una ley para prohibir esa última tortura, por la cual además pagamos?

Perdonen a este viejo periodista que aún sabe mirar a los ojos de un animal y no ha perdido la memoria del llanto.”


Francisco González Ledesma, periodista y escritor

EL PAÍS


jueves, 23 de abril de 2020

Vargas Llosa / Los toros y el Perú






Mario Vargas Llosa

BIOGRAFÍA

Los toros y el Perú

La campaña contra la fiesta taurina no va a prosperar, pese al empeño que han puesto en ello los ‘animalistas’. Detrás de la prohibición de las corridas está la falta de respeto por la libertad


21 de febrero de 2020




Los toros y el Perú
FERNANDO VICENTE

Quiero felicitar a los miembros del Tribunal Constitucional del Perú por haber rechazado, en un fallo que los honra, la solicitud de los animalistas que pedían prohibir las corridas de toros y las peleas de gallos en nuestro país. Es verdad que esta sentencia se alcanzó a duras penas —cuatro votos contra tres—, pero, por el momento, y espero que este momento dure un buen tiempo, los enemigos de la fiesta, que son pocos entre los peruanos, pero eso sí, bien fanáticos, cesarán en sus intentos de poner fin a un espectáculo que forma parte esencial de la cultura peruana desde que esta existe, es decir, desde el instante preciso en que, luego de una lucha feroz, ambas vertientes de nuestra tradición, la española y la prehispánica, se fundieron en una sola y que pronto cumplirá cinco siglos de existencia.La astucia de los animalistas los llevó a identificar las corridas de toros y la pelea de gallos como dos manifestaciones de la crueldad contra los animales, una viveza criolla típicamente deshonesta, pues acerca cosas que son muy distintas, aunque en ninguna de ellas haya razón para prohibirlas. A mí, por ejemplo, aunque he asistido en el Perú a algunas galleras, la verdad es que ese espectáculo nunca me interesó, y que, en efecto, hasta me desagradó por su violencia manifiesta, pero reconozco que tiene una vieja tradición en la cultura peruana —el más hermoso cuento de Abraham Valdelomar describe en tonos épicos la historia de un gallo peleador—, y que está bien enraizada sobre todo en la región costeña. Pero, de ahí a prohibirlas, hay un paso demasiado largo para mi espíritu democrático y liberal. Nadie está obligado a asistir, ni a llevar a su familia, a una corrida de toros o a una gallera.

sábado, 8 de octubre de 2011

Juan José Padilla sufre una sobrecogedora cogida en la cara

 




Juan José Padilla sufre una sobrecogedora cogida en la cara

El torero sufre un traumatismo cráneo facial por lesión en el aparato auditivo y el ojo izquierdo y su estado es muy grave


EFE
8 de octubre de 2011

El torero Juan José Padilla «presenta grave traumatismo cráneo facial» por la cornada que sufrió ayer por la tarde en la plaza de toros de Zaragoza y su pronóstico es «muy grave», según el parte facilitado por el servicio médico del coso taurino. En breves declaraciones a los periodistas tras facilitar el parte, el doctor Carlos Val-Carreres, cirujano jefe de la plaza de toros, agregó que el pitón del toro «ha entrado por encima del maxilar inferior del lado izquierdo». «Es una herida muy escandalosa en todos los sentidos», dijo Val-Carreres, quien añadió que «todo está pendiente de la exploración del hospital». Según fuentes allegadas al torero, el TAC que se le ha practicado descarta que se hayan producido daños cerebrales.

«Se va a poner en manos de muchos especialistas: oculistas, otorrinos, maxilofaciales y cirujanos plásticos», explicó el médico. Val-Carreres informó de que el torero entró en la enfermería de la plaza «consciente y con sensación de asfixia y por eso lo han intubado traquealmente».

Juan José Padilla sufrió ayer la cornada más grave de todas cuantas ha sufrido en su carrera. Torero honesto y luchador ante los toros más serios y de las ganaderías más duras, el jerezano tiene surcado su cuerpo por más de cuarenta cicatrices.

El toro, un basto y viejo ejemplar de más de cinco años, ya le había mostrado su mala condición en el saludo de capa, y aún más en los primeros pares de un tercio de banderillas que protagonizó el propio Padilla, muy apurado siempre el clavar por el pitón derecho, por donde el animal cortaba el viaje con sentido y fuerza. Se empeñó el torero en clavar un tercer par otra vez con salida hacia el terreno de chiqueros, justo hacia donde el toro más apretaba, y tras una pasada en falso consiguió por fin dejar los dos palos, pero tan apurado que resultó derribado.

Duras imágenes

Con el torero de bruces en la arena, el toro lanzó un seco derrote que introdujo el pitón tras su maxilar izquierdo, antes de salir hacia la puerta de toriles. Cuando se levantó gesticulando en solicitud de ayuda, Padilla llevaba ya el ojo desorbitado. Las duras imágenes conmocionaron a la plaza entera, toreros y público, salvo a un grupo de «aficionados» que reprocharon con voces destempladas a Miguel Abellán que no intentara muletear al marrajo antes de matarlo.

El torero ha ingresado en la unidad de cuidados intensivos del Hospital Miguel Servet a las 19.52 horas y fue intervenido quirúrgicamente, según precisaron fuentes del Gobierno de Aragón. El torero resultó herido por el cuarto toro de la tarde, un animal peligroso y complicado de la ganadería de Ana Romero, que le corneó en el pómulo izquierdo a la salida de un par de banderillas.

SUR