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miércoles, 14 de diciembre de 2022

Günter Grass / El cuento es largo


Salman Rushdie y Günter Grass

Es cuento largo

Juan Cruz
16 de agosto de 2006

Tras el revuelo causado por su confesión, Grass repetía que el contenido de esa confesión se refería a algo que había hecho un adolescente de 15 años, alistado en un ejército que hacía acopio de cualquier fuerza; y repetía el autor de Es cuento largo que ese muchacho jamás disparó el arma que le confiaron. "Que lean mi libro", nos decía desde Dinamarca, donde desde hace años se aísla del mundo para pintar.

Günter Grass / Vergüenza y deshonor


GUNTER GRASS 

Vergüenza y deshonor


El que lo recuerda choca con cosas triviales, las que normalmente quedan a la vista en las montañas de ruinas del pasado. El 1 de septiembre de 1939 yo tenía 11 años y buscaba fragmentos de metralla en Neufahrwasser, un suburbio vecino al puerto. Como no encontré ninguno, cambié algo, no recuerdo qué, contra uno de aquellos cortantes pedazos de metal, metralla de las bombas que los Stukas alemanes habían lanzado contra la Westerplatte, el enclave militar polaco de la ciudad libre de Danzig. Así empezó para mí la guerra. Llegó súbitamente. Nos cayó literalmente de un cielo sereno, se acabó pronto y luego se llamó la campaña de Polonia. De paso diré que fusilaron a un tío mío, defensor del edificio de Correos polaco; de esto, sin embargo, la familia no hablaba. De esta breve guerra tuve conocimiento de modo absolutamente unilateral por medio del noticiario cinematográfico alemán. Tras interminables columnas de prisioneros y cadáveres de caballos, en medio de posiciones de artillería destruidas, mostró ante mi incomprensión escenas de un desfile de la victoria que no se volvería a proyectar. Desfilaron, una tras otra, unidades de la Wehrmacht y del Ejército Rojo ante un general alemán y un general ruso: ambos saludaron.

Günter Grass / La libertad regalada 3

La libertad regalada /y 3

El escritor Günther Grass termina aquí su reflexión, a los 40 años del fin de la II Guerra Mundial, con un deseo: que ni los vencedores ni los vencidos de entonces quieran propagar el miedo y se dispongan a abandonar las armas. Concluye así la publicación del discurso pronunciado en la Academia de las Artes de Berlín.
Fue en el transcurso de los años cincuenta -después de que se había levantado un monumento a los propios años cincuenta con la construcción del muro de Berlín cuando aquellas fuerzas políticas que más que formar habían soñado con una Alemania distinta, empezaron a tener una importancia considerable, sobretodo en la República Federal de Alemania (RFA). Este proceso, marcado por retrocesos, experimentó un cierto auge a finales de los años 60, con las protestas estudiantiles y los posteriores movimientos ciudadanos y todavía se mantiene, aunque debilitado. La coalición social-Iiberal, por su parte, intentaba aprovechar, con su escasa mayoría, el deseo universal de distensión y tomar en serio en su política alemana las realidades que hoy como antes se correspondían con la capitulación incondicional, a pesar de que habían sido reprimidas durante dos décadas.Yo participé activamente en política en este período, ya que mis experiencias en la más reciente historia alemana no me permitían la reclusión en los círculos reservados a las artes y a los artistas. Desde entonces conozco las penalidades del trabajo político cotidiano. Experimenté la necesidad y el desgaste de las campañas electorales. Era la utilización de la libertad regalada. Era la obligación de abrir la boca para decir sí o para decir no, es decir, para implicarse en la realidad. Por esto Siegfried Lenz y yo estuvimos en Varsovia, en diciembre de 1970, cuando Willy Brandt firmó el acuerdo germano-polaco. Conscientes de la pérdida, tanto el prusiano del este como el ciudadano de Danzig aprobaron el reconocimiento de la frontera oeste de Polonia. Es necesario subrayar esto, porque al actual canciller de la República Federal se le ocurrió recientemente poner de nuevo en entredicho el acuerdo con Polonia; por una estúpida astucia se congració con los funcionarios de los refugiados y perdió así toda credibilidad. A ello siguieron otros ejemplos de sus artes de estadista: su viaje a Israel ha quedado en el recuerdo como un hecho penoso; en su trato con el presidente americano se le ocurrió organizar un embrollo de celebración histórica para el 8 de mayo que, con la colaboración de los medios de comunicación, consiguió herir simultáneamente a judios, americanos y alemanes. Por si no soportábamos suficiente peso, Kohl ha resultado un peso adicional para la historia alemana; peso este lastre también nos lo hemos merecido.

Günter Grass / La libertad regalada 2

La libertad regalada / 2

Günther Grass analiza, en esta, segunda parte de su discurso a la Academia de las Artes de Berlín, pronunciado el pasado 5 de mayo, la situación de Alemania en los años cincuenta, "década de las falsificaciones y años apestosos", según sus propias palabras. El escritor subraya especialmente el escapismo que se produce en el terreno del arte, en el que la modernidad descomprometida se expresa en el arte abstracto.

Todavía están sobre la mesa las fotos de las montañas de cadáveres. No, más aún: el enorme crimen, bajo la denominación común de Auschwitz, hoy, 40 años después, es más incomprensible todavía que en los primeros momentos del schock, cuando vi y no quise creer. Insuperable, superior a nuestras fuerzas, el genocidio planeado, ejecutado, soportado, negado, reprimido y, al mismo tiempo, totalmente evidente, pesa enormemente sobre nosotros y nuestros hijos.Es significativo que, al mismo tiempo que se discute sobre la posibilidad de una huida hacia la locura de un rearme espacial, se lleve a cabo un debate en el que se habla de prohibir por vía , legal la negación de un genocidio, que costó la vida a millones de personas. Esta enorme tensión -por un lado, la huida lucrativa al espacio, y, por el otro, el estar atado a una culpa y responsabilidad imposible de reprimir- sólo recapitula aquello que en los años cincuenta fue una contradicción que quedó sin discutir.

Günter Grass / La libertada regalada 1

La libertad regalada / 1

El autor de El tambor de hojalata y El rodaballo analiza en este texto el significado de la fecha del 8 de mayo de 1945, cuyos efectos, a los 40 años, forman parte de la propia configuración de las dos Alemanias. El texto corresponde al discurso pronunciado el pasado 5 de mayo en la Academia de las Artes de Berlín.
El 8 de mayo significó un corte en mi vida. Este corte se ha ido profundizando desde entonces, porque con el escaso entendimiento de mis 17 años sólo fui vagamente consciente de él. Aquel día de la capitulación sin condiciones del gran Reich alemán lo pasé en el hospital militar gracias a una herida de metralla leve, pero suficiente como para ser internado.Hasta entonces mi educación había transcurrido militarmente según los conceptos nacionalsocialistas. Es cierto que hacia el final de la guerra surgieron dudas difusas, pero no se puede hablar de resistencia. La crítica se dirigía como mucho al cinismo del mando militar, a los bonzos del partido, que eran considerados como holgazanes, y a la alimentación insuficiente. Aparte de la técnica militar de matar, había aprendido dos cosas: conocía el miedo y sabía que tan sólo había sobrevivido por casualidad. Dos conocimientos que hasta hoy no han desaparecido, que no necesito mantener despiertos, que una vez conseguidos -especialmente el conocimiento del miedo- son una ganancia.

miércoles, 24 de julio de 2019

Günter Grass / Fumar pipa, cansado de Europa




“Fumar una pipa, cansado de Europa”

Los dibujos de Günter Grass se exhiben en Santa Cruz de la Palma, uno de los lugares en los que se refugiaba el escritor alemán

JUAN CRUZ
21 JUL 2019 - 16:49 COT

Günter Grass era poeta, narrador, pintor, paseante, gruñón. Premio Nobel de Literatura. De adolescente fue encandilado por los uniformes. Cayó a esas edades en el pozo de la guerra entorchada de Alemania. Pronto observó que el sueño estaba relleno con la maldad de la mentira. Escribió El tambor de hojalata para eternizar el grito del chico que no quiso crecer y que seguramente era él mismo.

David Levine / Günter Grass


David Levine
GÜNTER GRASS







Autorretrato
David Levine
David Levine (Brooklyn, 20 de diciembre de 1926 - 29 de diciembre de 2009) fue un artista e ilustrador estadounidense, especialmente conocido por sus caricaturas para The New York Review of Books. Jules Feiffer lo ha valorado como el más grande caricaturista de la segunda mitad del siglo XX.

El padre de Levine dirigía en Brooklyn una pequeña fábrica de ropa. Su madre, Lena, era enfermera y además una activista política con simpatías por el comunismo. Empezó a dibujar de niño, demostrando un talento precoz que, a los nueve años, lo llevaría a conseguir ser invitado para una prueba como animador en los estudios Disney de Los Ángeles.​ Más tarde, estudió pintura en el Pratt Institute, en la Tyler School of Art de la Temple University de Philadelphia en 1946, y con Hans Hofmann. Inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, Levine hizo el servicio militar en el ejército estadounidense. Tras cumplirlo, se graduó en Temple con un grado en educación y completó sus estudios en su Tyler School.

Inicialmente, Levine tuvo como objetivo ser un pintor a tiempo completo, pero tuvo que, frecuentemente, subsistir gracias a sus ilustraciones para publicaciones como Gasoline Retailer. Con todo, consiguió terminar varios cuadros, aunque muchos de ellos quedaron destruidos por un incendio en 1968. Los cuadros de Levine son, principalmente, acuarelas en las que representa o bien a trabajadores de fábricas de ropa, homenajeando así a los empleados de su padre, o bien a bañistas de Coney Island. Su obra pictórica, a diferencia de sus ilustraciones, son retratos compasivos de ciudadanos comunes, representaciones cariñosas y respetuosas de la arquitectura distintiva de la playa, panoramas con personas en ella.​ Levine, junto con Aaron Shikler, fundó el Painting Group en 1958, un salón de artistas con quienes colaboró durante 15 años pintando modelos. El grupo fue el tema de un documental de 2007 titulado Portraits of a Lady, en el que se sigue su creación de retratos simultáneos de la jurista Sandra Day O’Connor, miembro del Tribunal Supremo de los Estados Unidos.


domingo, 19 de julio de 2015

Günter Grass / El niño que no quiso crecer

Günter Grass
Ilustración de David Levine

Recuerdos de Günter, el niño que no quiso crecer

Fue un hombre que sufrió el siglo XX; no hubo un instante en que ese tiempo no le hubiera causado las heridas de su literatura



JUAN CRUZ 
Madrid 19 ABR 2015 - 15:43 CEST

Günter Grass toca el tambor en su 80 cumpleaños en su ciudad natal de Gdansk. / FRANCE PRESS
El mediodía en que el Nobel Günter Grass se preparaba, en diciembre de 1999, para recibir las honras del premio mayor de la literatura mundial pasó algo por su cabeza que lo llevó de nuevo a la infancia, el territorio más duro y feliz de su vida.

jueves, 16 de abril de 2015

Günter Grass / La conciencia del Tercer Reich en El tambor de hojalata

Günter Grass


La conciencia del Tercer Reich 

en ‘El tambor de hojalata’


La muerte de Günter Grass me coge desprevenido, incapaz de reaccionar. Solo lentamente me voy dando cuenta de lo que él significaba para mí. Por eso, cuando me piden anécdotas o recuerdos no sé qué decir.
Hace algún tiempo escribí una especie de guía para leer a Günter Grass. Creo que sigue siendo válida y que es lo mejor que podría escribir ahora. Quizá falte en ella solo el aspecto humano: Grass tenía una personalidad tan extraordinaria que se hacía querer y admirar por todos. Y yo no era una excepción.

Günter Grass / El tambor de hojalata / Un redoble de cincuenta años



Günter Grass
BIOGRAFÍA
EL TAMBOR DE HOJALATA

Un redoble de 50 años

Alemania celebra el medio siglo de 'El tambor de hojalata' de Günter Grass, clásico de la literatura europea de posguerra



El tambor de hojalata -la primera novela de Günter Grass que, para muchos, cambio el rumbo de la literatura alemana de la posguerra- cumplió ayer su cincuentenario, celebrado con un acto en el Teatro Nacional de Lübeck y con la inauguración de una exposición titulada Un libro escribe historia. Además, le editorial Steidl ha sacado al mercado una edición conmemorativa del libro y una documentación de la historia sobre la acogida del mismo. La exposición -que se realiza en la casa museo que lleva el nombre del escritor- se inauguró con una visita en la que Grass fue acompañado por el ex canciller Gerhard Schröder, el actor Mario Adorf y la escritora Julia Franck.
La idea de la muestra es documentar tanto el proceso de creación de El tambor de hojalata como su acogida posterior dentro y fuera de Alemania, que en su momento sorprendió al propio escritor. Grass suele contar como en junio de 1959 los editores estadounidenses Kurt y Helen Wolff -que habían tenido acceso al manuscrito de El tambor de hojalata- lo citaron en un hotel de Zúrich y le preguntaron, para sorpresa del entonces joven escritor, si creía que su libro podía encontrar lectores en Estados Unidos.
Grass les respondió que no creía y que incluso se sorprendería si el libro encontrase lectores en Baviera porque todo lo que ocurría en el mismo estaba concentrado en una "lejana región báltica" y en el destino de una minoría insignificante y que por lo tanto se trataba de una novela que "olía a provincia". Kurt Wolff le dijo que su decisión ya estaba tomada y que el libro aparecería en Estados Unidos. "Mi explicación resultó convincente aunque había tratado de desaconsejar la publicación. Él (Kurt Wolff) sabía, me dijo, que toda la gran literatura se concentra en la provincia sin volverse provinciana y que por eso puede entenderse en todo el mundo", escribió Grass en una ocasión, al hacer una necrología de Helen Wolff.

Miguel Sáenz / Traducir El rodaballo

Günter Grass

Traducir "El rodaballo"



En las Conversaciones de Esslingen, periódicamente organizadas en la República Federal de Alemania, se pone en práctica una idea excelente: unos cuantos traductores a diferentes idiomas se reúnen con un autor para comentar su obra. Günter Grass, sin embargo, asiste un año a esas conversaciones y se lleva un disgusto de muerte. De pronto descubre que su fama, al menos en los países de habla inglesa, se basa en un malentendido prodigioso: las traducciones de sus libros hechas por Ralph Manheim sólo se parecen al original en el argumento, y toda su magia y violencia verbales se quedan por el camino.Grass decide poner remedio a la cosa. Acaba de terminar, tras cinco años de esfuerzos, el voluminoso texto de El rodaballo, e impone a su editorial -la siempre activa Luchterhand- sus propias condiciones. La consecuencia es que en enero de 1978, en Francfort, Grass se encierra con sus futuros traductores antes de que éstos hayan podido perpetrar lo irreparable. Suecia, Noruega, Finlandia, Dinamarca, los Países Bajos, Italia, Yugoslavia e Israel están bien representados. España participa a medias: el traductor envía a su santa esposa y fiel colaboradora.
Tras una introducción de Klaus Birkenhauer, presidente de la Asociación Alemana de Traductores, y una impresión general a cargo dellector habitual de Grass, el propio Grass, sus traductores y algunos periodistas y cioniparsas recorren durante cinco días, una por una, las setecientas páginas de El rodaballo. Grass se desnuda, se confiesa, desenmascara citas ocultas, subraya lo que le importa y lo que no, y hasta accede a destripar los poemas, no siempre transparentes, intercalados en su novela. Nadie da soluciones -nadie hubiera podido darlas-, pero se señala y se delimita cada problema. Grass anima en todo momento a sus seguidores a «atreverse a lo insólito», a cogerles la palabra a las palabras y a estrujar sus propias estructuras lingüísticas para alcanzar idénticos resultados.

Obras maestras de la pintura / Guernica, el cuadro ultrajado

Picasso pintando Guernica
Fotografía de Dora Mar

Günter Grass

'Guernica', el cuadro ultrajado


Traducción de Luis Meana


Aunque también yo sé que los cuadros sólo pueden describirse aproximadamente y que las palabras aspiran a fijar como con un clavo el significado, hay que intentar, no obstante, explicar un cuadro que ha sido públicamente ultrajado.El lienzo mide ocho metros de largo y cerca de cuatro de alto. En el espacio representado, recinto interior y exterior se transfunden uno en otro. Los gestos de las figuras, ya sean personas ya sean animales, empujan hacia los márgenes del cuadro, como si buscasen reventar el formato. Del exterior como del interior cuelga una desnuda bombilla que arroja una fría luz aserrada. Como si la luz eléctrica no alumbrase suficientemente una mujer catapulta por la ventana abierta, con un largo brazo que domina todo el centro del lienzo, una lámpara de petróleo. Quiere iluminar el acaecer hasta en el último escondrijo del cuadro: el caballo relinchando herido, la cabeza inmóvil del toro, que se muestra, llamativamente levantada del cuerpo compacto, de perfil y no obstante, con los dos ojos incitada por el horror, una joven de nalgas desnudas pega un brinco; con los brazos levantados, cada mano atiesada, brama una mujer; y, claramente resaltado, el derribado jinete sostiene en su convulsionada mano derecha, que no puede o no quiere aflojar, una flor. La simultaneidad de todo el acaecer del cuadro obedece a una fuerza no visible, que procede de fuera, que golpea y muestra su efecto. Pero incluso allí donde el espacio exterior está señalado por una ventana cortada con forma de una lumbrera, esa fuerza no se da a conocer. El jinete caído del límite inferior del cuadro, las dos mujeres de la parte derecha e izquierda del lienzo claman al cielo. ¿Viene de allí la fuerza invisible?



miércoles, 15 de abril de 2015

Günter Grass / Un bailarín literario entre el horror

Günter Grass

Günter Grass

Un bailarín literario entre el horror

Por Salman Rushdie

El autor de ‘Hijos de la medianoche’ pone en valor la calidad literaria y el compromiso moral del Nobel de Literatura fallecido


Salman Rushdie y Günter Grass, en una fiesta de cumpleaños del escritor alemán en el teatro Thalia de Hamburgo, en 1997. / KAY NIETFELD (AFP)
En 1982, estando en Hamburgo con motivo de la publicación de la traducción alemana de Hijos de la Medianoche, mis editores me preguntaron si me gustaría conocer a Günter Grass. Bueno, evidentemente quería conocerle, de forma que me llevaron en coche al pueblo de Wewelsfleth, a las afueras de Hamburgo, donde vivía Grass por aquel entonces. Tenía dos casas en el pueblo. Escribía y vivía en una de ellas y usaba la otra como estudio de arte. Después de cierta esgrima inicial —se esperaba de mí, por ser el escritor más joven, que le hiciera una serie de genuflexiones, y el caso es que yo estaba feliz de hacerlas— él decidió de repente que yo era aceptable, me condujo a un aparador en el que guardaba su colección de vasos antiguos, y me pidió que escogiera uno. Luego sacó una botella de schnapps y para cuando llegamos al fondo de la botella nos habíamos hecho amigos. En algún momento posterior fuimos tambaleándonos hacia el estudio de arte, donde me sentí hechizado por los objetos que allí vi, todos ellos reconocibles por las novelas: anguilas de bronce, lenguados de terracota, grabados a punta seca de un niño aporreando un tambor de hojalata. Le envidiaba por su don para el arte casi más de lo que le admiraba por su genio literario. ¡Qué maravilla, al final de un día dedicado a la escritura, bajar la calle andando y convertirte en otro tipo de artista! También diseñaba las portadas de sus propios libros: perros, ratas, sapos, que se trasladaban desde su pluma hasta sus cubiertas.
A partir de aquel encuentro todo periodista alemán con quien me encontraba me preguntaba por él, y cuando les respondía que creía que era uno de los dos o tres grandes escritores vivos del mundo algunos de estos periodistas mostraban un gesto de decepción y decían: “Bueno, vale, El tambor de hojalata sí, pero ¿no hace de eso mucho tiempo?”. A lo que yo intentaba contestar que, aunque Grass nunca hubiera escrito esa novela, sus otros libros habrían sido suficiente como para ganarse los elogios que yo le dedicaba, y el hecho de que además hubiese escrito El tambor de hojalata lo situaba entre los inmortales. Aquellos periodistas escépticos parecían decepcionados. Hubieran preferido que dijera algo más malévolo, pero no tenía nada malévolo que decir.

Israel declara al escritor Günter Grass persona non grata

Günter Grass
Poster de T.A.

Israel declara al escritor Günter Grass 

persona non grata por un poema crítico


El Ministerio del Interior afirma que el escritor alemán alienta el "odio contra Israel"

El autor alertó contra el potencial nuclear israelí y sus planes de guerra a Irán



El escritor Günter Grass, en su casa de la isla danesa de Mon. / BERNARDO PÉREZ
No por tardía ha sido menos virulenta la reacción israelí a la publicación del poema del polémico poema de Günter Grass. El ministro del Interior israelí, El Yishai, declaró el domingo al Nobel de Literatura alemán persona no grata, lo que incluiría la prohibición de entrar en Israel. La medida sucede a una escalada verbal por parte de la clase política israelí, que ha criticado con extrema dureza la publicación del poema titulado “Lo que hay que decir”, en el que Grass considera a Israel y su supuesto arsenal nuclear un peligro para la paz mundial. El poema, publicado en varios diarios, incluido EL PAÍS, ha desatado una ola de críticas en Israel, pero también en Alemania, contra el escritor alemán, de 84 años.
“Los poemas de Grass son un intento de encender el fuego del odio hacia el Estado de Israel y la población israelí y de hacer avanzar las ideas de las que él era un socio público cuando vistió el uniforme de las SS”, declaró Yishai en un comunicado en el que luego añadía: “Si Günter quiere continuar haciendo publicidad de su obra falsa y distorsionada, le sugiero que lo haga en Irán, donde encontrará un público receptivo”. El autor de El tambor de hojalata confesó en 2006 que durante su adolescencia se alistó en las Waffen SS, cuerpo de élite de la maquinaria nazi, hecho al que el domingo se refirió Yishai.

Günter Grass / Lo que hay que decir


Günter Grass

Lo que hay que decir

Traducción de Miguel Sáenz.




El escritor alemán se opone a un ataque israelí contra Irán

El País 4 ABR 2012 - 04:28 CET

Por qué guardo silencio, demasiado tiempo,
sobre lo que es manifiesto y se utilizaba
en juegos de guerra a cuyo final, supervivientes,
solo acabamos como notas a pie de página.
Es el supuesto derecho a un ataque preventivo
el que podría exterminar al pueblo iraní,
subyugado y conducido al júbilo organizado
por un fanfarrón,
porque en su jurisdicción se sospecha
la fabricación de una bomba atómica.
Pero ¿por qué me prohíbo nombrar
a ese otro país en el que
desde hace años —aunque mantenido en secreto—
se dispone de un creciente potencial nuclear,
fuera de control, ya que
es inaccesible a toda inspección?
El silencio general sobre ese hecho,
al que se ha sometido mi propio silencio,
lo siento como gravosa mentira
y coacción que amenaza castigar
en cuanto no se respeta;
“antisemitismo” se llama la condena.
Ahora, sin embargo, porque mi país,
alcanzado y llamado a capítulo una y otra vez
por crímenes muy propios
sin parangón alguno,
de nuevo y de forma rutinaria, aunque
enseguida calificada de reparación,
va a entregar a Israel otro submarino cuya especialidad
es dirigir ojivas aniquiladoras
hacia donde no se ha probado
la existencia de una sola bomba,
aunque se quiera aportar como prueba el temor...
digo lo que hay que decir.
¿Por qué he callado hasta ahora?
Porque creía que mi origen,
marcado por un estigma imborrable,
me prohibía atribuir ese hecho, como evidente,
al país de Israel, al que estoy unido
y quiero seguir estándolo.
¿Por qué solo ahora lo digo,
envejecido y con mi última tinta:
Israel, potencia nuclear, pone en peligro
una paz mundial ya de por sí quebradiza?
Porque hay que decir
lo que mañana podría ser demasiado tarde,
y porque —suficientemente incriminados como alemanes—
podríamos ser cómplices de un crimen
que es previsible, por lo que nuestra parte de culpa
no podría extinguirse
con ninguna de las excusas habituales.
Lo admito: no sigo callando
porque estoy harto
de la hipocresía de Occidente; cabe esperar además
que muchos se liberen del silencio, exijan
al causante de ese peligro visible que renuncie
al uso de la fuerza e insistan también
en que los gobiernos de ambos países permitan
el control permanente y sin trabas
por una instancia internacional
del potencial nuclear israelí
y de las instalaciones nucleares iraníes.
Solo así podremos ayudar a todos, israelíes y palestinos,
más aún, a todos los seres humanos que en esa región
ocupada por la demencia
viven enemistados codo con codo,
odiándose mutuamente,
y en definitiva también ayudarnos.




Was gesagt werden muss

Das Gedicht von Günter Grass
Warum schweige ich, verschweige zu lange,
was offensichtlich ist und in Planspielen
geübt wurde, an deren Ende als Überlebende
wir allenfalls Fußnoten sind.
Es ist das behauptete Recht auf den Erstschlag,
der das von einem Maulhelden unterjochte
und zum organisierten Jubel gelenkte
iranische Volk auslöschen könnte,
weil in dessen Machtbereich der Bau
einer Atombombe vermutet wird.
Doch warum untersage ich mir,
jenes andere Land beim Namen zu nennen,
in dem seit Jahren - wenn auch geheimgehalten -
ein wachsend nukleares Potential verfügbar
aber außer Kontrolle, weil keiner Prüfung
zugänglich ist?
Das allgemeine Verschweigen dieses Tatbestandes,
dem sich mein Schweigen untergeordnet hat,
empfinde ich als belastende Lüge
und Zwang, der Strafe in Aussicht stellt,
sobald er mißachtet wird;
das Verdikt "Antisemitismus" ist geläufig.
Jetzt aber, weil aus meinem Land,
das von ureigenen Verbrechen,
die ohne Vergleich sind,
Mal um Mal eingeholt und zur Rede gestellt wird,
wiederum und rein geschäftsmäßig, wenn auch
mit flinker Lippe als Wiedergutmachung deklariert,
ein weiteres U-Boot nach Israel
geliefert werden soll, dessen Spezialität
darin besteht, allesvernichtende Sprengköpfe
dorthin lenken zu können, wo die Existenz
einer einzigen Atombombe unbewiesen ist,
doch als Befürchtung von Beweiskraft sein will,
sage ich, was gesagt werden muß.
Warum aber schwieg ich bislang?
Weil ich meinte, meine Herkunft,
die von nie zu tilgendem Makel behaftet ist,
verbiete, diese Tatsache als ausgesprochene Wahrheit
dem Land Israel, dem ich verbunden bin
und bleiben will, zuzumuten.
Warum sage ich jetzt erst,
gealtert und mit letzter Tinte:
Die Atommacht Israel gefährdet
den ohnehin brüchigen Weltfrieden?
Weil gesagt werden muß,
was schon morgen zu spät sein könnte;
auch weil wir - als Deutsche belastet genug -
Zulieferer eines Verbrechens werden könnten,
das voraussehbar ist, weshalb unsere Mitschuld
durch keine der üblichen Ausreden
zu tilgen wäre.
Und zugegeben: ich schweige nicht mehr,
weil ich der Heuchelei des Westens
überdrüssig bin; zudem ist zu hoffen,
es mögen sich viele vom Schweigen befreien,
den Verursacher der erkennbaren Gefahr
zum Verzicht auf Gewalt auffordern und
gleichfalls darauf bestehen,
daß eine unbehinderte und permanente Kontrolle
des israelischen atomaren Potentials
und der iranischen Atomanlagen
durch eine internationale Instanz
von den Regierungen beider Länder zugelassen wird.
Nur so ist allen, den Israelis und Palästinensern,
mehr noch, allen Menschen, die in dieser
vom Wahn okkupierten Region
dicht bei dicht verfeindet leben
und letztlich auch uns zu helfen.