
FILIPINAS: UN VIAJE AL OTRO LADO DEL MUNDO
Con escalas en Río de Janeiro y Dubai, Leila Guerriero viajó más de cuarenta horas: atravesó todo el mundo y llegó a un país donde gran parte de la población se llama Pedro o se apellida Ayala. Un mercado oloroso, un tránsito agobiante y el calor de incendio, acosaron a la cronista en Manila, la capital de Filipinas, una ciudad que parece salida de una película de ciencia ficción de los ochenta, la versión húmeda y empeorada de un suburbio de Nueva York.
Por Leila GuerrieroArte: Diego Sampere
12 de marzo de 2013
“Simplemente quiero decir que en algún lugar de este libro escribo "hice", "fui", "descubrí", debe entenderse "hicimos", "fuimos", "descubrimos"(...)
(Prólogo a la tercera edición de Operación masacre, Rodolfo Walsh)
Si alguien –si un periodista- emprendiera un viaje sin saber nada acerca de su destino salvo la temperatura promedio, la calidad de las playas y la ubicación de las zonas de alojamiento barato; si metiera en su mochila veinte libros, poca ropa y un equipo de snorkell; si eligiera la ignorancia como una performance o como una –mucho menos confesable- forma de la felicidad. Si, en fin, ese periodista se tomara vacaciones, y si esas vacaciones fueran en Filipinas, es probable que sucediera algo de lo que sigue a continuación.