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lunes, 26 de agosto de 2024

Gaza y Nagasaki

 



Gaza y Nagasaki

Lo que en tierra se nos antoja la más atroz violación del Estado de derecho (la ejecución extrajudicial, el juicio sumarísimo, la condena colectiva) constituye la normalidad entre las nubes


SANTIAGO ALBA RICO
25 AGO 2024 - 22:00 COT


El pasado 15 de agosto se conmemoró en Tokio, como todos los años, la “rendición” del Japón en la Segunda Guerra Mundial. Naturalmente, los japoneses, que no dudan en mostrarse públicamente arrepentidos, no conmemoran la “rendición” sino que celebran la “paz”. Pues bien, este año la rutina solemne se ha visto alterada por la decisión de los países del G-7 y de la Unión Europea de no enviar a sus embajadores a la ceremonia previa, el 9 de agosto, en homenaje a las víctimas de Nagasaki; o, si se prefiere, por la decisión de los países occidentales de boicotear el acto. ¿Por qué lo hicieron? Porque, al contrario de lo que había ocurrido en años anteriores, el alcalde de Nagasaki, Shiro Suzuki, no incluyó a Israel entre los invitados, como discreta forma de protesta por los diez meses de bombardeos sobre Gaza.

viernes, 7 de agosto de 2020

La vida en Japón tras la bomba

Prostituta, Nagoya, 1957
Prostituta, Nagoya, 1957 






La vida en Japón tras la bomba

La Fundación Mapfre descubre las impactantes fotografías de Shomei Tomatsu sobre la posguerra en el país asiático


José Ángel Montañés
Barcelona, 10 de junio de 2018
Tsuyo Kataoka, superviviente de la bomba (Nagasaki, 1961)
Tsuyo Kataoka, superviviente de la bomba (Nagasaki, 1961) SHOMEI TOMATSU

Todo el mundo ha visto la imagen del enorme hongo que provoca la explosión de una bomba atómica, sobre todo, de las que llenaron de las ciudades de Nagasaki y Hiroshima de muerte y destrucción en 1945, que acabaron con la vida de cientos de miles de japoneses. Pero pocas veces se ha retratado los efectos a pie de tierra, comprobando cómo padecieron el lanzamiento de estos artefactos mortíferos sus habitantes. Quién si lo hizo fue Shomei Tomatsu (Nagoya, 1930 - Naga, 2012), cuyas fotografías pueden verse en la Fundación Mapfre en Barcelona.
Sabiendo el impacto que provocan estas imágenes, Tomatsu introduce al visitante en la devastación. Primero fotografía un reloj parado a las 11.02 minutos del 9 de agosto de 1945, hora del impacto de la bomba en Nagasaki. Luego, retrata esculturas de piedra mutiladas por la onda expansiva. Al lado, una botella de cristal derretida por el intenso calor que parece un trozo de animal muerto. También unas plantas de bambú carbonizadas. Y después, comienzan los efectos sobre el ser humano. En los hibakusha, los cientos de miles de personas que, pese a todo, lograron sobrevivir: pieles quemadas, caras desfiguradas, pies que no pueden soportar el peso del cuerpo. No es de extrañar que a muchos de los que ven por primera vez sus fotos se le escapen expresiones de dolor.
Pero Tomatsu da un respiro cuando muestra a Shizuka Urakawa, una joven que ha perdido un ojo por la bomba que mira seria, en 1979, a la cámara. El fotógrafo vuelve 20 años después a fotografiarla y la vemos risueña con sus tres hijas, mientras, con no poco humor negro, se pinta un ojo encima del parche que le cubre su herida vitalicia.

No es de extrañar que a muchos de los que ven por primera vez sus fotos de supervivientes se les escapen expresiones de dolor y alguna lágrima.

Tomatsu, que cogió por primera vez una cámara a sus 20 años de una forma autodidacta, sabía lo que fotografiaba. Sufrió los efectos de la guerra cuando tenía 15 años en su Nagoya natal. Sus primeras fotografías hablan de la pobreza y la devastación y la subsiguiente ocupación estadounidense, con impactantes imágenes del contraste entre los altos y fornidos marines rubios y negros junto a dos japoneses vestidos y maquillados según costumbres ancestrales. También a varias japonesas peinadas con enormes cardados al estilo occidental. “Su trabajo nace de la sombra de la guerra”, explica el comisario de la exposición, el crítico y profesor de la Universidad Politècnica de Valencia, Juan Vicente Aliaga, que no duda en comparar al fotógrafo con Henri Cartier Bresson.
Las 180 fotografías de este auténtico desconocido en Occidente (aunque fue uno de los fundadores de la agencia Vivo en 1959, comparable con Magnum) en la que abundan los contrapicados y encuadres audaces, no se detienen en ese instante trágico y sus años posteriores. Abarcan temas más diversos como las revueltas estudiantiles en el Japón de los años sesenta contra los dirigentes políticos y en protesta por la guerra de Vietnam; la vida cotidiana en el Afganistán de 1963 (en el que puede verse como el burka viene de lejos), o imágenes desinhibidas de sexualidad en un país como Japón, en el que el sexo es tabú. También de las costumbres y tradiciones en extinción que pudo captar en la isla de Okinawa, donde se instaló a vivir Tomatsu después de su primer viaje en 1969 y donde comenzó a trabajar en color.
Otra de las 11 series en las que se ha dividido la muestra está presidida por coloristas y bucólicos cerezos en flor, que Tomatsu entendió como una metáfora de la regeneración de la vida después del frío invierno. También fotografió los residuos plásticos que el mar arroja sobre la playa creando composiciones pseudo artísticas, además de denunciar la contaminación de las industrias durante la reconstrucción de Japón tras la Segunda Guerra Mundial, con imágenes casi abstractas de suelos contaminados, de humos que eliminan en los complejos petroquímicos o cableados que acaban comprimiendo la estructura de un edificio, que él llama "castillo". Bellas, pero tan desgarradoras y melancólicas como las que realizó sobre la destrucción de la guerra provocada también por el hombre.





75 años de mutaciones culturales tras Hiroshima


Imagen del fotolibro 'The Map', de Kikuji Kawada, con textos de Kenzaburo Oe.
Imagen del fotolibro 'The Map', de Kikuji Kawada, con textos de Kenzaburo Oe
75 años de mutaciones culturales tras Hiroshima

La brutal explosión de las bombas atómicas está detrás de trabajos de David Lynch, Kramer, Kubrick, Keiji Nakazawa o J. G. Ballard


Jordi Costa
Madrid, 6 de agosto de 2020

Hace 75 años, la luz cambió de significado, abriendo una nueva era que democratizaría inéditas formas de pesadilla e irradiaría de manera irreversible el paisaje de la cultura. La caída de las bombas atómicas Little Boy y Fat Man sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki los días 6 y 9 de agosto de 1945 marcó el final de la Segunda Guerra Mundial, fundiendo el lenguaje triunfal de la victoria aliada con un debate ético irresoluble.

Hiroshima y Nagasaki / 70 años de efectos secundarios





Imagen tomada el 8 de septiembre de 1945 de lo que quedaba de Hiroshima.Ampliar foto
Imagen tomada el 8 de septiembre de 1945 de lo que quedaba de Hiroshima. AP PHOTO/U.S. AIR FORCE

Hiroshima y Nagasaki, 70 años de efectos secundarios

Los científicos creían que el impacto de la radiación desaparecería en 20 años

Aún hoy aparecen nuevas patologías relacionadas con la bomba atómica


Miguel Ángel Criado
8 de agosto de 2015

44,4 segundos tardó Little Boy en hacer explosión desde que salió de la panza del B-29 Enola Gay. En 30 minutos, el hongo radiactivo sobre Hiroshima empezaba a deshacerse. Pero sus efectos secundarios persisten 70 años después. Miles de supervivientes son atendidos cada año por enfermedades relacionadas con las dos bombas atómicas que EEUU usó contra Japón. Incluso, a medida que envejecen, los conocidos para siempre como hibakusha (los bombardeados, en japonés) desarrollan nuevas enfermedades relacionadas con lo que vivieron aquel agosto de 1945.

Hiroshima 75 años / “Un río de heridos desfigurados llegó a las puertas de mi casa”

Panorámica después de la explosión
Hiroshima después de la explosión

“Un río de heridos desfigurados llegó a las puertas de mi casa”

Han pasado 75 años desde que dos bombas atómicas arrasaran Hiroshima y Nagasaki. Los supervivientes reclaman aprender de la historia ante las amenazas del armamento nuclear


Macarena Vidal Liy
Pekin, 6 de agosto de 2020


La madrugada del 6 de agosto de 1945 pocos habían podido descansar bien en Hiroshima. Las sirenas de alarma antiaérea habían sonado al menos dos veces. La ciudad de 350.000 habitantes, construida sobre una llanura surcada de ríos y cercada en tres lados por montañas, estaba tensa: era la única de gran tamaño, junto con Kioto, que aún no había sido bombardeada por los aviones estadounidenses en los estertores de la Segunda Guerra Mundial. Que lo fuera, temían sus habitantes, era cuestión de tiempo.

martes, 6 de enero de 2015

Fotos memorables / Joe O'Donnell / Hermanos en el crematorio

Brothers at Cremation Site (Joe O'Donnel, 1945)
Brothers at Cremation Site (Joe O’Donnell, 1945)
Joe O´Donnell
HERMANOS EN EL CREMATORIO


La historia que transmitió Joe O’Donnell sostiene que fue él quien hizo la foto. Tenía 23 años, era marine del Ejército de los EE UU y estaba en Nagaski, la ciudad japonesa contra la cual un objeto llamado Fat Man —3,3 metros de largo; 1,5 de diámetro y un peso de 4.600 kilos— había sido lanzado desde un avión militar a las 11 de la mañana del 9 de agosto de 1945.
La explosión del artefacto atómico, de una potencia —equivalente a la detonación de 22.000 toneladas de dinamita— que la mente humana sólo puede imaginar como una ecuación, causó la muerte inmediata de 150.000 personas. Fue la segunda bomba atómica en tres días que los EE UU lanzaron sobre población civil de Japón.
Muchos años después, en 1989, O’Donnell contó la historia de la foto por primera vez. La conocemos por una tercera persona, su hijo Tyge, entonces un adolescente.
Una copia de la imagen estaba sobre la mesa de la cocina del hogar familiar de Nashville.
— El pequeño está muy dormido, comentó Tyge, que nunca antes había visto la foto en casa.
— No, hijo, no está dormido. Está muerto y su hermano espera para incinerarlo. Cuando quemaron el cadáver el chico mayor se hizo sangre en los labios de lo fuerte que se mordía para no llorar .
Esa es la historia que O’Donnell —fallecido en 2007, a los 85 años— se encargó de difundir y su hijo, ahora un adulto, quiere mantener viva.
En resumen, los O’Donnell sostiene que tras la rendición de Japón y la invasión posterior, el marine fue enviado por el Ejército a Nagasaki para que registrase los efectos de la bomba atómica. Lo que vio —orfandad, un cementerio inmenso, personas con quemaduras con dimensión de pesadilla…— cambió su vida. Algunas de las fotos, entre ellas la del niño con el cadáver de su hermano, las escondió porque tenía miedo de que los mandos las incautasen. Al volver a los EE UU las guardó en unas cajas que depositó en el ático durante más de cuarenta años.
Three Brothers (Joe O'Donell, 1945)
Three Brothers (Joe O’Donell, 1945)
Esa, digo, es la historia. Pero los fotógrafos, como cualquier ser humano, pueden mentir.
Durante años, O’Donnell se dedicó a dar conferencias yconceder entrevistas. En ellas, además de volver al horror que encontró en Nagasaki, recordaba sus años como fotógrafo oficial de la Casa Blanca y presentaba como suyas fotos que hicieron otros. Eran maniobras de una enorme inocencia: se adjudicaba imágenes tan conocidas como la del niño John F. Kennedy Jr saludando a lo militar el ataud de su padre, el presidente JFK, que hizo Stan Stearns. Aunque nunca trabajó para la Casa Blanca, O’Donnell posaba ante una pared repleta de retratos de mandatarios a los que decía haber retratado. Ninguna de las fotos era suya.
Cuando el escándalo, como era previsible, saltó a la luz, O’Donnell no se retractó. Su hijo, que entonces encabezaba una empresa para intentar sacar beneficios de las fotos del padre, atribuyó las fantasías a un episodio de “demencia senil”.
No hay constancia, según los archivos del Ejército que lanzaba bombas atómicas sobre civiles, de que el marine fuera destinado a Nagasaki en 1945. Tampoco, y de ese pormenor sí hay constancia, trabajó jamás para la Casa Blanca.
Nada sabía de la foto de los hermanos hasta que la encontré en un blog personal que frecuento. De la intrahistoria me fui enterando, con pasmo y asombro, más tarde.
Las mentiras de O’Donnell convierten en pertinentes algunas preguntas: ¿son ciertas las fotos de Nagasaki?, ¿las hizo O’Donnell?, ¿es real la historia, el pie de foto, del niño esperando la cremación de su hermano?, ¿por qué el fotógrafo escondió las imágenes durante tantos años, demasiados como para protegerse de la censura militar?, ¿está muerto o está dormido el niño japonés?.
También deberíamos formular otra pregunta que acaso sea la unica primordial: ¿importan las mentiras presuntas de un ser humano cuando hablamos de una carnicería cometida por otros seres humanos, también mentirosos, pero, y eso los diferencia de O’Donnell, indiferentes al horror?



domingo, 11 de agosto de 2013

Shomei Tomatsu / El fotógrafo de los supervivientes de Nagasaki

Shomei Tomatsu
Fotografía: Roland Angst - Junio 2012

Fallece Shomei Tomatsu, 

fotógrafo que retrató 

a supervivientes de Nagasaki


El artista japonés muere a los 82 años a causa de una neumonía

Inmortalizó la ciudad y sus habitantes después del bombardeo atómico


'Oshima Eiko' (1961), uno de los retratos realizados por Shomei Tomatsu. / SHOMEI TOMATSU

El reconocido fotógrafo japonés Shomei Tomatsu, famoso por sus series de retratos de supervivientes del bombardeo atómico de Nagasaki (suroeste), falleció el pasado 14 de diciembre (2013) a los 82 años a causa de una neumonía, informaron sus familiares.
Tomatsu llevaba tiempo ingresado en un hospital de Naha, capital de la provincia de Okinawa (sur), donde también retrató con esmero los ritos y las gentes de esta región cuya singular cultura sobrevive a duras penas tras siglos de conquistas.
Tomatsu, nacido en 1930 en Nagoya (centro), comenzó a tomar fotos en su niñez y tras graduarse en Económicas por la Universidad de Aichi (centro), comenzó a producir instantáneas para el gran grupo editorial Iwanami.
Dos años después decidió convertirse en freelance y en 1959 fundó el grupo "Vivo" con los también fotógrafos Eiko Hosoe e Ikko Narahara.
El libro "Hiroshima-Nagasaki Document 1961" publicado ese año en colaboración con otro fotógrafo, Ken Domon, y que incluía retratos suyos de supervivientes de la bomba atómica que fue lanzada sobre Nagasaki el 9 de agosto de 1945 llamó por primer vez la atención de público y crítica.
"Fue una persona que tenía una gran mirada con respecto a Nagasaki y su muerte nos ha provocado un vacío en el corazón. A través de las obras que nos ha dejado trataremos de seguir expresando su voluntad ", explicó a Efe un portavoz del Museo de la Bomba de Nagasaki, que alberga una colección de 614 obras suyas.
La última gran exposición sobre su trabajo se celebró en este museo entre septiembre y octubre de 2009, aunque periódicamente la institución organiza pequeñas exhibiciones.
Después de sus trabajos centrados en Nagasaki, Tomatsu se desplazó a Okinawa, cuando la provincia aún estaba bajo mando estadounidense (no fue devuelta a Japón hasta 1972), y allí capturó como nadie los elementos de la cultura tradicional ryukense, propia de este archipiélago.
Al mismo tiempo, retrató la vida en las bases estadounidenses y el día a día de los okinawenses bajo la ocupación, hasta componer una estupenda crónica del Japón de posguerra.
A finales de los noventa Tomatsu se mudó a Nagasaki, donde continuó retratando supervivientes de la bomba atómica con los que acabó por entablar una relación muy cercana, hasta que hace dos años volvió a trasladarse a Okinawa.
Según los críticos, Tomatsu supuso una importante influencia para la generación de fotógrafos que le sucedió, en la que destacan nombres como Takuma Nakahira o Daido Moriyama.

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