La escritora sufre para terminar la trilogía de Cromwell, como si se resistiera a regresar de una época fascinante en la que lleva años sumergida
Pablo Guimón 26 de enero de 2016
Hilary Mantel, nacida en el norte de Inglaterra hace 63 años, eligió la escritura porque sus ritmos arbitrarios se adaptaban a los que imponía su mala salud. Se zambulló sin red en el oficio. Un éxito apabullante le sobrevino a los 57 años, con su décimo libro, después de casi cuatro décadas de carrera. En la corte del lobo (2009) fue la primera de sus novelas de Thomas Cromwell, el estratega de Enrique VIII que aporta una nueva luz a la manida época de los Tudor. Aquel libro, convertido después en popular serie de televisión, revitalizó un género denostado. Si hoy abunda la narrativa histórica con personajes reales, es por Hilary Mantel. Tanto En la corte del lobo como su continuación (Una reina en el estrado, 2012) obtuvieron el Premio Booker, uno de los más prestigiosos de la lengua inglesa. Algo insólito. Hoy Mantel sufre para terminar la trilogía, como si se resistiera a regresar de una época fascinante en la que lleva años sumergida. Entretanto, se publica en España Experimento de amor. Una novela, escrita en 1995, sobre tres jóvenes mujeres que luchan por abrirse paso en el mismo mundo hostil en que creció la autora. Un ejemplo de la fina literatura contemporánea que practicó después de no lograr publicar su primera novela —un tomo sobre la Revolución Francesa que nadie comprendió que era posmoderno y que vería la luz años después— y antes de que Cromwell la arrastrara de vuelta a su terreno natural. Su marido, un científico a quien ella siguió por África y Arabia Saudí y que ahora es su asistente, abre la puerta de su coqueto apartamento de las afueras de Londres, donde la escritora atiende sus compromisos profesionales. Lejos del refugio junto al mar, en Devon, donde vive, Hilary Mantel habla, con un hilo de voz pausado, de una pasión que vive con una intensidad y un compromiso fuera de lo común.
La biblioteca de Newark, donde el escritor echó los dientes como lector, recibió a su muerte un legado de 7.000 volúmenes y dos millones de dólares. Pese a la pandemia, un equipo trabaja en catalogar ese tesoro
Pablo Guimón
Newark, 6 de agosto de 2020
Del fondo de una caja de cartón emerge el álbum de graduación de Philip Roth, atesorado desde 1946, tras su paso por la escuela de Chancellor Avenue, en Newark, Nueva Jersey. Lema: “No pises al desvalido”. Canción: It Might As Well Be Spring, de la comedia musical State Fair, que había logrado el Oscar a la mejor canción original en 1945. Aunque sus compañeras de clase le dejaban mensajes románticos y besos de carmín en las hojas, su interés entonces parecía residir principalmente en el béisbol, su deporte preferido. Escritor favorito: el autor de novelas juveniles de béisbol John Tunis. Héroe: el periodista radiofónico Norman Corwin. Philip Roth quería ser periodista. “Tengo toda la confianza en ti”, le escribió, con ese clásico cariño cargado de exigencia, su padre.
Londres acoge la exposición más ambiciosa realizada en Europa sobre un movimiento clave que certificó hace medio siglo que el rumbo del arte lo iba a marcar Estados Unidos
Pablo Guimón
Londres, 22 de septiembre de 2016
A principios de 1959 un maremoto procedente del otro lado del Atlántico sacudió el mundo del arte europeo. Cuesta imaginar lo que pudo suponer para un ensimismado discípulo cualquiera de la Escuela de París, acostumbrado a reflexionar sobre la condición humana ante su caballete, contemplar aquellos lienzos inmensos, cargados de energía y emoción, que se pasearon por el Viejo Continente con la exposición La nueva pintura americana. El impacto de la visión conjunta de las obras de Mark Rothko, Willem de Kooning, Clifford Still o Jackson Pollock, que había muerto estrellado en su coche tres años antes, firmó el acta de defunción de París como capital de las vanguardias y terminó de inclinar la balanza hacia Estados Unidos.
La Cámara de Representantes de EE UU ha aprobado un nuevo juicio político en contra del presidente, con los votos demócratas y el apoyo de una decena de republicanos, por incitación a la insurrección. La arenga a sus seguidores para que avanzasen sobre el Congreso el pasado 6 de enero, cuando los legisladores se aprestaban a ratificar Joe Biden, y que acabó en el asalto al Capitolio, ha fundamentado la acusación.
George Packer durante una de sus conferencias en el Tribeca Film Festival.ASTRID STAWIARZ /
CONVERSACIONES SOBRE ESTADOS UNIDOS
George Packer: “Trump no es un accidente, hay algo malo en nosotros y cuando él se vaya esa cosa seguirá ahí”
El autor advierte de que Estados Unidos no es “lo suficientemente fuerte para sobrevivir a una elección fallida” y confía en que una victoria demócrata abra un periodo reformista “no visto desde los años 60”
Esta entrevista forma parte de una serie de charlas con intelectuales, editores, activistas, economistas y políticos de primer orden que ayudan a describir el estado de cosas antes de las elecciones.
Pablo Guimón Washington, 21 de octubre de 2020
Pocos autores han abordado con tanta crudeza y eficacia el declive del capitalismo estadounidense como George Packer. El desmoronamiento (Debate, 2013), premio nacional de ensayo, deudor de la Trilogía USA de Dos Passos, nostálgico de aquella república de Roosevelt que enterró Ronald Reagan, es un retrato de cuatro décadas de desregulación, de desigualdades, de polarización, que crearon el sustrato en el que años después germinaría la semilla populista del trumpismo. Volvió a indagar en a decadencia del imperio en Nuestro hombre (2020), una biografía del diplomático Richard Holbrooke, cuya vida marcó 70 años de hegemonía estadounidense en el mundo. Periodista estrella de The Atlantic, Packer (Santa Clara, California, 1960) asiste a estas elecciones con una mezcla de miedo y esperanza. Empieza la entrevista con tambores de guerra civil, y acaba soñando con una era de grandes reformas progresistas no vista desde los años 60.
Paul Auster, en Oxford, en 2017.DAVID LEVENSON / GETTYCONVERSACIONES SOBRE ESTADOS UNIDOS
Paul Auster: “Todo en la historia de Estados Unidos vuelve siempre al racismo, es el defecto mortal de este país”
El novelista, que promueve una asociación de escritores contra Trump, lamenta que los demócratas no hayan dado a la clase trabajadora “ninguna razón para votar por ellos”
Pablo Guimón
Washington, 27 de octubre de 2020
Esta entrevista forma parte de una serie de charlas con intelectuales, editores, activistas, economistas y políticos de primer orden que ayudan a describir el estado de cosas antes de las elecciones.
Colson Whitehead:“Si las cosas no van bien en Estados Unidos en noviembre, otros cuatro años de muerte y destrucción”
La popular presentadora Oprah Winfrey y el expresidente Barack Obama son prescriptores de su obra. Una trayectoria literaria que atesora todo tipo de hitos, como dos premios Pulitzer consecutivos por sus dos últimas novelas. Su voz retrata como pocas la realidad negra de su país, Estados Unidos, sumido en los estragos de la pandemia mientras se amplifican los ecos afroamericanos del movimiento Black Lives Matter. A pesar de todo, asegura, puede quedar un espacio para la esperanza.
Pablo Guimón
28 de agosto de 2020
Aquel libro nació de un inocente error infantil. Qué pasaría si el ferrocarril subterráneo del que hablaban los padres y los abuelos, metáfora de aquella red clandestina de abolicionistas que ayudó a liberar a miles de esclavos, fuera de hecho un tren. Si unas vías se extendieran bajo tierra hacia una luz remota y Cora, una joven esclavizada en una terrible plantación de Georgia, emprendiera por ellas su azarosa huida hacia la libertad. El ferrocarril subterráneo (2016) lanzó a Colson Whitehead al estrellato. Autor de seis libros previos, que van de un divertido ensayo sobre el póquer a una distopía de una pandemia que degenera en apocalipsis zombi, Whitehead se convirtió en el sexto escritor de la historia, el segundo de color, en ganar el National Book Award y el Pulitzer por la misma novela. La recomendó Oprah Winfrey. También Barack Obama. El libro vendió más de un millón de ejemplares, tuvo un considerable impacto cultural y es ya un clásico moderno.
Hilary Mantel finaliza su trilogía de Thomas Cromwell
Zenda
1 de septiembre de 2020
Cuando Hilary Mantel comenzó a escribir En la corte del lobo (2009), no pensaba que su interés por Thomas Cromwell pudiera convertirse en una trilogía, pero con cada libro que escribía le surgían más preguntas. Tras más de una década de trabajo, cierra esta historia con El trueno en el reino.
«Terminando de escribir los libros aún veía interesantes enigmas y misterios sin explicación» en torno a Cromwell, estadista y poderoso miembro de la corte inglesa de los Tudor. «Después del rey Enrique VIII, era el hombre más importante de Inglaterra, y también de Europa», ha asegurado Mantel en una entrevista telefónica con EFE.
«Creo que es muy importante para una novela histórica encontrar un tema del que no te canses y que te motive, y yo lo encontré aquí», en la figura de «un hombre muy inteligente y original».
El trueno en el reino, publicada por Destino, habla de los últimos cuatro años de vida de Thomas Cromwell (1536-1540). Desde la ejecución de Ana Bolena, esposa de Enrique VIII, hasta el arresto y la decapitación del propio protagonista de la trilogía, este «siguió alcanzando más poder y el rey confiaba todavía más en él».
«En esos cuatro años tuvo que negociar situaciones, nacionales e internacionales, cada vez más complejas. Lo que pasaba en la vida de Enrique era igual de crucial para la carrera de Cromwell», ha explicado Mantel sobre una etapa en la que Juana Seymour, reina consorte, fue madre de Eduardo VI y murió, hecho que dio paso al cuarto matrimonio del rey.
Desde que lo estudiara en el instituto, la inteligencia y la originalidad del estadista inglés llamaron la atención de Mantel.
«Su imagen era una caricatura y yo quería encontrar algo más detrás de eso», ha justificado la escritora, que lleva trabajando más de quince años en la «complejidad de un ser humano completo, un personaje no canónico», al que es difícil definir: «No fue ni un héroe ni un villano. Si hubiera sido uno de los dos, habría acabado la trilogía en un par de años».
Publicados los tres libros, Mantel trabaja ahora en la adaptación teatral de El trueno en el reino, que espera que esté lista para el próximo año, tras el éxito cosechado sobre las tablas por En la corte del lobo («Wolf Hall») y Una reina en el estrado («Bring Up the Bodies», 2012).
Por su parte, la BBC ha confirmado que también habrá una nueva temporada de «Wolf Hall», la serie basada en los dos primeros libros de la trilogía.
Thomas Cromwell llamó la atención de Hilary Mantel desde que conoció su personalidad. Pero fue pensando en el quinto centenario de la coronación de Enrique VIII, celebrado en 2009, cuando la autora pensó que sus libros podrían «ser una conmemoración nacional»: «Después de varios años, me dije ‘ahora o nunca'», ha argumentado.
Aquella decisión le ha brindado, gracias a sus dos libros anteriores, sendos premios Booker, uno de los galardones literarios más prestigiosos en lengua inglesa que nadie antes que ella había obtenido por segunda vez.
«Es lo último en lo que pienso», ha afirmado Mantel sobre la posibilidad de alzarse con un tercer Booker por El trueno en el reino.
«Creo que la mejor opción para una escritora es poner siempre toda tu emoción y tus pensamientos en tus nuevos libros, porque es lo que está en tu mano». Así, de sus pensamientos sobre Cromwell nació la trilogía que la ha consagrado como una de las grandes escritoras inglesas del momento.
El hallazgo de 20 volúmenes de una revista literaria dirigida por el escritor con anotaciones de su puño y letra arroja luz sobre algunos misterios de la literatura británica del siglo XIX
Retrato del escritor británico Charles Dickens (1812-1870).LEBRECHT / CORDON PRESS
El ambiente en la sala, recuerdan quienes lo presenciaron, era “eléctrico”. Hay quien habla incluso de “sonoros jadeos” entre el escaso público. Las revelaciones del congreso anual de la Sociedad Investigadora de Revistas Victorianas rara vez conquistan espacios destacados en los periódicos. Pero los 40 académicos que asistieron el pasado sábado a la presentación de Jeremy Parrott comprendieron enseguida que estaban ante un hallazgo histórico. En aquella sala de la universidad de Gante, el profesor y librero les ofreció la llave para desentrañar algunos misterios de la literatura británica del siglo XIX.
Parrott reveló que posee una colección de una revista literaria que dirigió Charles Dickens, con anotaciones manuscritas del propio autor en los márgenes de las piezas, publicadas sin firmar, que permiten atribuir 2.500 textos a entre 300 y 400 escritores, incluidos Elizabeth Gaskell, Lewis Carroll, Wilkie Collins o el propio Dickens. Se trata, en palabras de uno de los pocos expertos que han tenido en sus manos la colección, de la “piedra Rosetta de los estudios victorianos”.
La pavorosa caída de un titán económico con una frágil red social
La magnitud y rapidez de la crisis suponen un auténtico reto para Estados Unidos, que posee un sistema de protección público más laxo que la media europea
Pablo Guimón
Washington, 4 de abril de 2020
La noche del 17 de junio de 1972, en la sexta planta del edificio de oficinas Watergate, en Washington, la policía arrestó a cinco a personas que habían irrumpido en las oficinas del Comité Nacional Demócrata, detonando un escándalo que costaría la presidencia a Richard Nixon. Este viernes, enfrente del mismo complejo de edificios, atravesando un cruce de carreteras tan desiertas ahora como las del resto de la capital, una veintena de personas se congregaba ante la verja del comedor social Miriam’s Kitchen. Un temprano símbolo, como tantos que se repiten desde hace dos semanas por todo el país, de los colosales problemas a los que se enfrenta otro presidente republicano 48 años después.
El coronavirus provocará entre 100.000 y 240.000 muertes en EE UU, según las proyecciones de la Casa Blanca
El presidente Trump advierte de que la situación va a ser “muy dolorosa durante dos semanas”
Pablo Guimón
Washington, 1 de abril de 2020
El mensaje desde la Casa Blanca es dramático. La proyección es que el coronavirus provoque entre 100.000 y 240.000 muertes en Estados Unidos. Eso, ha explicado la doctora Deborah Birx, coordinadora de respuesta a la pandemia, en el mejor de los casos: siempre que se mantengan las directrices de distanciamiento social. Respetarlas, ha señalado Donald Trump, “es una cuestión de vida o muerte”. “Vamos a pasar dos semanas muy duras”, ha advertido el presidente. “Va a ser doloroso, muy doloroso durante dos semanas”.
“Quiero que todos los estadounidenses estén preparados para los duros días que tenemos por delante”, ha pedido Trump, en la intervención más grave de cuantas ha realizado hasta ahora, en el día en que los muertos del coronavirus en Estados Unidos han superado ya a los que fallecieron en los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001. Este miércoles, el número de casos de Covid-19 confirmados en el país supera los 190.000 y el coronavirus ha causado más de 4.000 muertes, una cifra de fallecimientos que se ha duplicado en tres días, de acuerdo con el recuento de la Universidad Johns Hopkins.
El presidente y el vicepresidente, así como las autoridades presentes en la conferencia de prensa diaria, han querido transmitir al público que el éxito o el fracaso depende del riguroso respeto de las medidas de distanciamiento. “La mitigación es la respuesta”, ha asegurado el epidemiólogo Anthony Fauci, hombre clave en la estrategia de la Casa Blanca contra el coronavirus. “Los 15 días que hemos cumplido de mitigación han tenido un efecto. La razón por las que sabemos que hay que hacer 30 días adicionales es que ahora es el momento de no levantar el pie del acelerador, sino de pisar aún más”.
El domingo, Trump anunció que extiende hasta el próximo 30 de abril las directrices de distanciamiento social. Justo hace una semana, había expresado su intención de empezar a levantar las medidas para el 12 de abril. “Me encantaría tener abierto el país para el domingo de Pascua”, dijo. “El remedio es peor que la enfermedad”, añadió, en referencia al colosal daño económico que ya están provocando las medidas. La cruda realidad se ha encargado de desbaratar sus planes.
La doctora Birx ha explicado que los modelos iniciales pronosticaban entre 1,5 y 2,2 millones de muertes. Pero eso era sin medidas de distanciamiento social para ralentizar la propagación del virus. Birx y Fauci han hablado de la importancia de que los Estados que todavía no han experimentado la aceleración de casos de Nueva York (75.800) o Nueva Jersey (18.600) actúen ya para aplanar la curva de expansión del virus. “No aceptamos esos números”, ha dicho Fauci, en referencia a las entre 100.000 y 240.000 muertes que prevé el modelo que contempla las medidas de distanciamiento. “Queremos hacerlo mucho mejor que eso”.
Valeria Luiselli: “Son las voces de mujer las que me activan, me intrigan y me emocionan”
La escritora mexicana se inspira en su nuevo libro en el drama de cientos de miles de niños indocumentados: “EE UU atraviesa uno de sus momentos más oscuros y no hay una respuesta civil”
Pablo Guimón
30 de agosto de 2019
Abre la puerta Maya, de 10 años, la hija de Valeria Luiselli (México, 1983), pero la prometedora conversación se ve súbita y dramáticamente interrumpida por Lola, una joven golden retriever que se lanza como un proyectil sobre el inesperado compañero de juegos que le ha regalado esta mañana de agosto en un apacible barrio del Bronx. Los primeros minutos en casa de la escritora transcurren en un lúdico pero exigente forcejeo con la perra, esquivando el mobiliario de un acogedor salón, salpicado de recuerdos. Entre ellos, una foto con Nelson Mandela, de cuando la itinerante familia de Luiselli recaló en Sudáfrica, donde a mediados de los noventa su padre fue destinado a la primera embajada mexicana en el país tras el fin del apartheid.
Los 19 meses de investigación del fiscal especial Robert Mueller han revelado el desprecio a la verdad que reina en la corte de Donald Trump
Pablo Guimón
Washington, 6 de diciembre de 2018
La mentira está en el centro de la administración Trump desde su llegada misma a la Casa Blanca, cuando el entonces secretario de prensa, Sean Spicer, soltó la falsedad, fácilmente demostrable, de que su investidura presidencial fue la más multitudinaria de la historia. Kellyanne Conway, consejera de Trump, preguntada en la NBC por la trola que había soltado su compañero sin despeinarse, acuñó la memorable expresión de “hechos alternativos”.
El físico británico Stephen Hawking, el científico que explicó el universo desde una silla de ruedas y acercó las estrellas a millones de personas alrededor del mundo, ha fallecido esta madrugada en su casa de Cambridge, a los 76 años.
“Estamos profundamente entristecidos por el fallecimiento de nuestro padre hoy”, dicen sus tres hijos, Lucy, Robert y Tim, en un comunicado publicado a primera hora de la mañana del miércoles. “Era un gran científico y un hombre extraordinario cuyo trabajo y legado sobrevivirá por muchos años. Su coraje y persistencia, con su brillo y humor, inspiraron a personas por todo el mundo. En una ocasión dijo: ‘El universo no sería gran cosa si no fuera hogar de la gente a la que amas’. Le echaremos de menos para siempre”.
Hawking pasará a la historia por su trabajo sobre los agujeros negros y por intentar unificar las dos grandes teorías de la física del siglo XX, la de la relatividad y la de la mecánica cuántica. También por los populares títulos divulgativos de los que fue autor, entre ellos Breve historia del tiempo, del Big Bang a los agujeros negros, publicado en 1988 y convertido en el libro de ciencia más vendido de la historia.
A los 22 años le fue diagnosticada una esclerosis lateral amiotrófica, ELA, y los médicos le dieron solo dos años de vida. Pero vivió 54 años más. La enfermedad le dejó en una silla de ruedas e incapaz de hablar sin la ayuda de un sintetizador de voz. Redujo el control de su cuerpo a la flexión de un dedo y el movimiento de los ojos. Su apabullante intelecto, su intuición, su fuerza y su sentido del humor, combinados con una destructiva enfermedad, convirtieron a Hawking en símbolo de las infinitas posibilidades de la mente humana, y de su insaciable curiosidad.
"Aunque había una nube sobre mi futuro, encontré, para mi sorpresa, que disfrutaba más de la vida en el presente de lo que la había disfrutado nunca", dijo en una ocasión. "Mi objetivo es simple. Es un completo conocimiento del universo, por qué es como es y por qué existe".
La bandera del Gonville and Caius College de Cambridge, del que Hawking fue alumno y luego docente, ondea este miércoles a media asta. Estudiantes, vecinos y turistas llegados de todo el mundo, en un fluir silencioso y constante, se acercan a firmar en el libro de condolencias dispuesto en el viejo college del que fue fellow durante más de 50 años. El nombre del profesor Hawking sigue pintado a mano, en blanco sobre la madera negra del marco de una puerta, en una de las dos salas de la planta baja en el bloque K, donde recibía a sus alumnos.
Kelly Marchisio, de 27 años, alumna estadounidense de un máster de ciencias informáticas avanzadas, asegura que llegó a Cambridge atraída por la figura del profesor Hawking. "Me propuse la meta de escucharle hablar algún día, pero no ha podido ser", lamenta. "Fue importantísimo, tanto por su contribución académica como por su capacidad de atraer al gran público a la ciencia". Dan, estudiante de ciencias políticas y sociología que también se ha acercado a dejar su firma en el libro de condolencias, valora la figura de Hawking, más allá de sus aportaciones a la ciencia, como "embajador de la justicia social, y de los derechos de las personas discapacitadas".
Amigos y colegas de la Universidad de Cambridge le han rendido tributo con un vídeo sobre la trayectoria vital y científica de Hawking -nombrado siempre como "Professor Hawking", que era como se le citaba en el mundo de la ciencia- y un texto de homenaje, en cuyo penúltimo párrafo se resume una conferencia del profesor en su 75º cumpleaños: "Ha sido un momento glorioso estar vivo e investigar sobre física teórica. Nuestra imagen del Universo ha cambiado mucho en los últimos 50 años, y estoy feliz de haber hecho una pequeña contribución".
El profesor Stephen Toope, vicerrector de la Universidad de Cambridge, también le ha rendido tributo con estas palabras: "El profesor Hawking fue una persona única que será recordada con cariño y afecto no solo en Cambridge, sino en todo el mundo. Sus contribuciones excepcionales al conocimiento científico y a la popularización de la ciencia y las matemáticas han dejado un legado indeleble. Su personaje fue una inspiración para millones. Le echaremos de menos".
Stephen William Hawking nació en Oxford el 8 de enero de 1942, el mayor de los cuatro hijos del prestigioso biólogo Frank Hawking y de Isobel Walker, que había llegado a la ciudad universitaria huyendo de los bombardeos alemanes sobre Londres. Su infancia estaría marcada por la vida bohemia de una familia cuyo coche familiar era un clásico taxi negro londinense.
Stephen fue un estudiante mediocre en St Albans, Londres, pero su brillantez fue reconocida por sus compañeros que lo apodaron "Einstein" por su facilidad para comprender la ciencia. Se matriculó en matemáticas y física en Oxford en 1959, estudios que encontró tan fáciles que, según él mismo calculó, sacó adelante con solo mil horas de estudio: una al día.
Solo la cosmología capturó de verdad su interés, pues lidiaba con la gran pregunta del origen del universo. A ella dedicó sus estudios de posgrado en la universidad de Cambridge, a la que ha seguido vinculado hasta el final. Allí empezaron a agudizarse los síntomas que ya había detectado en Oxford –dificultad al hablar o, por ejemplo, al atarse los cordones de los zapatos- y en 1963, un año después de licenciarse, se le diagnosticó la enfermedad.
Pasó los siguientes dos años más dedicado a escuchar a Wagner, leer ciencia ficción y beber, que a investigar. Cuando la enfermedad pareció estabilizarse regresó con entusiasmo a la investigación.
En 1965 se casó con Jane Wilde, estudiante de filología. Su matrimonio, del que nacieron sus tres hijos y que Hawking definió como un punto de inflexión en su vida, se rompió en 1990. Hawking se volvió a casar en 1995 con Elaine Mason, una de sus enfermeras, cuyo anterior esposo había creado su sintetizador de voz. Jane Wilde escribió un libro sobre su vida con Hawking en el que le describía como un “emperador todopoderoso” que encontró en su segunda mujer a “alguien dispuesta a adorarlo a sus pies”.
En los primeros años de la década pasada, tras una serie de visitas al hospital por misteriosas lesiones, la prensa empezó a publicar historias, respaldadas en relatos de diversas enfermeras, sobre supuestos abusos físicos por parte de Elaine a su marido, que él siempre negó. En 2006 se divorciaron.
Hawking saltó a la fama junto a su colega Roger Penrose a finales de la década de 1960. El motivo, su teoría de la singularidad del espacio tiempo. Los dos físicos aplicaron la lógica de los agujeros negros al universo entero. Su más famoso hallazgo científico fue el del fenómeno que se conocería como la radiación Hawking, por la que los agujeros negros desprenden energía hasta desaparecer.
Mientras la labor de otros prestigiosos científicos transcurre en la sombra, la enfermedad catapultó a Hawking a la categoría de figura de culto para el gran público. Contribuyó también a su enorme popularidad su idea de que la ciencia descubriría algún día “la teoría del todo”, que exploraría en su libro Breve historia del tiempo.
Desde los 21 años, la enfermedad condicionó la vida de Hawking. La ELA destruyó poco a poco su cuerpo, su capacidad motora, sus músculos. Primero le postró en una silla de ruedas y luego le quitó la capacidad de hablar. Además de por su brillantez y sus cualidades divulgativas, Hawking se convirtió en una estrella mundial por la obstinación con que se agarró al mundo. En 1985, una neumonía empeoró su salud, obligándole a respirar por un tubo. Nunca más pudo usar su voz. El físico logró comunicarse gracias a un artefacto electrónico, un sintetizador de voz, que le permitió burlar el silencio. La voz robótica de Stephen Hawking se convirtió en parte de su leyenda.
En enero de 2014 presentó un polémico artículo defendiendo que no existían los agujeros negros. Al menos que no existían de acuerdo con cómo se habían entendido hasta entonces. Un agujero negro es un lugar de gran densidad y energía. La teoría decía que a partir de un punto, la energía -la luz- no podría escapar a su gravedad. Hawking argumentó en cambio que sí podría, que no existía un horizonte de sucesos, esto es, un punto de no retorno, sino un horizonte aparente. Así, el agujero negro contendría la energía durante un tiempo antes de dejarla escapar.
En una entrevista concedida a EL PAÍS en 2015, el físico se refirió a la vida extraterrestre, una de sus últimas obsesiones. "Si los extraterrestres nos visitaran, el resultado se parecería mucho a lo ocurrido cuando Colón desembarcó en América: a los nativos americanos no les fue bien. Estos extraterrestres avanzados podrían convertirse en nómadas, e intentar conquistar y colonizar todos los planetas a los que pudiesen llegar. Para mi cerebro matemático, de números puros, pensar en vida extraterrestre es algo del todo racional. El verdadero desafío es descubrir cómo podrían ser esos extraterrestres".
El director del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), Rafael Rebolo, recuerda a Hawking como una "mente brillante atrapada en una jaula", después de mantener relación con él en sus tres visitas a sus instalaciones. De esa relación surgió la idea de nombrarle profesor honorario del IAC, cosa que el británico aceptó encantado. "Tenía grandes inquietudes y siempre trataba de formular preguntas sobre nuestro trabajo, sobre si encontraríamos planetas similares a la Tierra", rememora Rebolo, que no olvida la primera pregunta que le hizo el famoso astrofísico, sobre si los telescopios Cherenkov que se están instalando en La Palma podrían corroborar la llamada radiación de Hawking, llamada así en su nombre. El IAC tenía previsto construir un edificio en sus instalaciones para darle un despacho a su único profesor honorario, y Rebolo insiste en su intención de levantar el edificio y darle el nombre de Stephen Hawking, que dependerá del compromiso económico del Cabildo de Tenerife, informa Javier Salas desde Tenerife.
Su vida, en lo profesional y en lo personal, fue un desafío a los límites. Hawking viajó por todos los continentes, incluida la Antártida. Ganó premios, entre ellos el Fronteras del Conocimiento de la Fundación BBVA en 2016, aunque el Nobel se le escapó. Se casó dos veces, fue padre de tres hijos.
Se convirtió en una suerte de icono de la cultura popular, como demuestra la cantidad de estrellas del cine y de la música que hoy han expresado sus condolencias por la muerte del respetado científico. Hawking apareció en la serieThe Big Bang Theory, de la que se declaraba fan, y mereció un personaje en Los Simpson. "Su teoría sobre el universo en forma de dónut es interesante, Homer. Puede que tenga que robársela", le decía al cabeza de familia de la popular serie animada.
Celebró su 60 cumpleaños subiendo a un globo aerostático. Cinco años después, probó la gravedad cero a bordo de un Boeing 727. Cuando le preguntaron por qué hacía todo eso, respondió: "Quiero demostrar que la gente no debe estar limitada por discapacidades físicas, siempre que su espíritu no esté discapacitado".