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martes, 17 de diciembre de 2024

Novedades de diciembre

 




NOVEDADES DE DICIEMBRE
Clarín, 1 de diciembre de 2024




Imposible decir adiós, de Han Kang (Random House)

Imposible decir adiós (Random House), la nueva novela de Han Kang, Premio Nobel de Literatura 2024, se publicará el próximo 5 de diciembre. Una gélida mañana de finales de diciembre, Gyeongha recibe un inesperado mensaje de su amiga Inseon: después de sufrir un accidente en su taller de carpintería en la isla de Jeju, ha sido trasladada de urgencia a un hospital de Seúl. Desde la cama, Inseon le ruega que tome el primer vuelo a la isla y se ocupe de su pequeña cotorra antes de que se le acaben el agua y la comida. Pero, desafortunadamente, cuando Gyeongha llega a Jeju se desata una terrible tormenta de nieve. ¿Llegará a tiempo para salvar al pájaro antes de que caiga la noche?, ¿sobrevivirá al viento helado que la envuelve a cada paso?



Diarios, de Alejandra Pizarnik (Lumen)

«Una constante de los diarios de escritores es que otros se encarguen de publicarlos póstumamente. Estas publicaciones podrían dar la impresión de ser una violación de la intimidad del diarista, pero no cabe duda de que, al conservarlos, el escritor está indicándonos que es consciente del valor intrínseco que tienen. Eso es aún más evidente en el caso de Alejandra Pizarnik, ya que conservó sus cuadernos hasta el último momento», comenta Ana Becciu en la nota que acompaña esta nueva edición, corregida y ampliada de los Diarios (Lumen) de la poeta, con muchos fragmentos reveladores que hasta ahora nunca habían visto la luz, de los diarios de una mujer que convirtió su angustia en un destilado de palabras duras y hermosas. Su obsesión por escribir, sus dudas, y sus ganas de comer, fumar y amar con voracidad hasta que el cansancio la derrumbaba... todo quedó apuntado en cuadernos que por fin han encontrado su lugar.



La distancia que nos separa, de Maggie O’Farrell (Libros del asteroide)

Paseando por Londres, Stella se cruza con un hombre que la devuelve a un momento insoportable de su pasado. Este encuentro la perturba tanto que deja inmediatamente el trabajo y, sin avisar a nadie, se instala en un recóndito lugar de Escocia; solo su impredecible hermana Nina, a quien está muy unida desde niña, sabrá dónde encontrarla. Al otro lado del mundo, en Hong Kong, Jake y su novia están disfrutando de la multitudinaria celebración del Año Nuevo chino cuando ocurre un accidente. Stella y Jake no se conocen, pero ambos huyen de sus vidas: Jake busca un lugar tan remoto que no aparece en ningún mapa, y Stella se esconde de algo cuyo significado únicamente su hermana puede entender.

Inédita en español, La distancia que nos separa –la tercera novela de Maggie O’Farrell, publicada por primera vez en 2004 y ahora por Libros del asteroide–, explora ya algunos de los temas que serán fundamentales en la obra de la autora de Hamnet y El retrato de casada: los lazos afectivos, el peso de los recuerdos y la necesidad de independencia. Una cautivadora historia sobre cómo la familia conforma nuestras vidas, y sobre lo difícil que es, por mucho que lo intentemos, dejar atrás nuestros orígenes.




La dificultad del fantasma, de Leila Guerriero (Anagrama)

Una crónica de estructura soberbia que mezcla investigación y diario y que sigue los pasos de Truman Capote en la Costa Brava, donde el autor norteamericano trabajó durante largas temporadas en su célebre A sangre fría.

Justo después de terminar La llamada, uno de los mejores libros de no ficción de los últimos tiempos, Leila Guerriero se dirigió hacia la Costa Brava tras los pasos de Truman Capote, quien escribió allí gran parte de su célebre A sangre fría.

El resultado es La dificultad del fantasma, obra de agudeza, estructura, estilo y ritmo soberbios que mezcla investigación sobre el terreno, reportaje sobre la manipulación de la memoria, diario de escritura y reflexión sobre el ejercicio de un género literario que, justamente con A sangre fría, Capote pretendió fundar. Género que Leila Guerriero ha llevado a un nivel extraordinario de rigor y excelencia.



¿De dónde vienen las historias?, de Luisa Valenzuela (Factotum)

Factotum se enorgullece en inaugurar la Biblioteca Luisa Valenzuela, un ambicioso proyecto que agrupa a editoriales de Argentina y el mundo con la misión de reunir y difundir la obra de una autora fundamental de la literatura argentina, con un libro seminal sobre el arte de la escritura.

¿De dónde vienen las historias?, puede considerarse el Ars Poetica de Luisa Valenzuela. En él nos invita a explorar el origen de la ficción, un terreno donde imaginación y realidad se entrelazan en un laberinto de posibilidades.

Luisa Valenzuela, una de las escritoras argentinas más importantes de su generación, se adentra en los misterios de la creación literaria, a través de reflexiones sobre física cuántica, patafísica y psicología.

Valenzuela explora no solo las técnicas narrativas, sino también los sucesos, contextos y personajes que han nutrido su propia obra. En este viaje personal y artístico, intenta responder preguntas fundamentales: ¿se puede enseñar a imaginar? ¿Dónde radica la esencia de las historias?



Blackwater V y VI, de Michael McDowell (Blackie Books)

Una saga matriarcal de mujeres poderosas que luchan por el dominio durante generaciones. Una atmósfera única para una lectura adictiva. Un retrato realista con toques sobrenaturales. Los seis volúmenes de Blackwater están llegando a los estantes y son un viaje de ida. Lo dicen los lectores más apasionados de Michael McDowell: el rey del terror Stephen King y el cineasta Tim Burton. En la Argentina ya se conseguían dos de sus novelas: Agujas doradas y Los Elementales (ambos editados por La Bestia Equilátera). Sin embargo, esta saga no es una simple novela sino una adicción: Blackwater está fascinando a lectores de habla hispana desde que se publicó en España y ahora completa su colección en la Argentina.



Autocracia S.A., de Anne Applebaum (Debate)

A partir de casos contemporáneos, la ganadora del Premio de la Paz de los Libreros Alemanes 2024 y del Premio Pulitzer 2004, Anne Applebaum, demuestra en Autocracia S. A. que no hay un único líder al frente de las dictaduras, sino unas sofisticadas redes compuestas por estructuras financieras cleptocráticas, cuestionables servicios de seguridad y propagandistas profesionales. Los miembros de estas redes no solo están conectados dentro del propio país, sino con los de muchos otros. Las empresas corruptas controladas por el Estado totalitario hacen negocios con sus homólogas en territorios similares.

La policía de un país puede armar, equipar y entrenar a la de otro. Los propagandistas comparten recursos y temas, difundiendo los mismos mensajes sobre la debilidad de la democracia y la maldad de Estados Unidos.



El hospital de la transfiguración, de Stanisław Lem (Impedimenta)

El hospital de la transfiguración fue la primera novela escrita por Stanisław Lem y, a la vez, la primera parte de la trilogía Tiempo no perdido, un ambicioso ciclo, inédito como tal durante sesenta años, que describe las vivencias del propio autor durante los duros episodios de la ocupación nazi en su ciudad natal de Leópolis.

La novela narra la historia de Stefan Trzyniecki, alter ego de Lem, un joven doctor que, en los primeros meses de la invasión de Polonia, encuentra empleo en un hospital psiquiátrico enclavado en un bosque remoto. La locura del exterior se filtra poco a poco entre los muros del hospital, y así Trzyniecki se empeña en salvar a sus pacientes en ese lugar que parece «fuera del mundo», frente a un grupo de sádicos doctores que realizan atroces experimentos con los enfermos internados en el centro. Mientras, los nazis peinan los bosques en busca de partisanos y deciden convertir el sanatorio en un hospital de las SS.

CLARÍN



sábado, 9 de abril de 2022

Alejandra Pizarnik / El mito vuelve

 



Alejandra Pizarnik, el mito vuelve

Un libro colectivo celebra a la poeta argentina y se anuncia una biografía con material inédito para el 50º aniversario de su muerte el año que viene


RAQUEL GARZÓN
Madrid, 29 de abril de 2021

¿Puede una escritora cambiar de piel medio siglo después de su muerte? Alejandra Pizarnik, sí. Tras la publicación de Árbol de Diana, su cuarto libro, prologado por Octavio Paz, Pizarnik (Avellaneda, 1936- Buenos Aires, 1972) se convirtió en un nombre inevitable de la poesía del siglo XX. La leyenda de esta poeta de culto, alentada por una muerte trágica a los 36 años una noche en la que los barbitúricos fueron demasiados, no ha parado de crecer con la sucesiva aparición desde 2000 de su poesía, prosa y diarios, al cuidado de la poeta Ana Becciu, albacea de la escritora. Pero los inéditos que se conservan en la Universidad de Princeton subrayan la sensación de que su identikit (retrato robot) creativo todavía reserva sorpresas.

Alejandra Pizarnik / Mensajera de la luna

 



Dibujo de Alejandra Pizarnik

«Alejandra Pizarnik. Mensajera de la luna», artículo de Antonio Fernández Molina


Fue hacia mitad de los ¿felices sesenta?, durante la primera etapa de mi incorporación a Papeles de Son Armadans en Palma de Mallorca y hacia el de la etapa final de la revista Sur de Victoria Ocampo, en Buenos Aires, donde en sus páginas nos conocimos mutuamente. No tardó en llegarme una carta suya con un poema inédito para Papeles y un libro suyo. Con ello me llegaban deslumbradoras su poesía y su personalidad, la una idéntica a la otra. El libro, la carta y el original, eran convulsivos y conmovedores. Así incorporaba un nombre nuevo en la lista de grandes poetas americanas de nuestra lengua, siempre admiradas por mí: Sor Juana Inés de la Cruz, María Eugenia Vaz Ferreira, Juana Borrero, Gabriela Mistral, Alfonsina Storni, Juana de Ibarbourou... A partir de entonces nuestra correspondencia solo fue interrumpida por su muerte. Los sobres de sus cartas siempre estaban escritos a mano con su deliciosa letra menuda de niña genial, cuyo recuerdo no puede por menos de conmoverme. Sus cartas a veces contenían un sugestivo dibujo o collage realizados por ella. Le publicaba sus originales con gran entusiasmo. Tengo la impresión, y no creo equivocarme, de haber introducido su poesía en España. Comunicaba al mismo tiempo mi entusiasmo a otros amigos, Antonio Beneyto entre ellos, quien ha realizado una espléndida labor difusora de su poesía, personalmente de palabra, por escrito y como editor en su Colección La Esquina, del libro inédito Nombres y Figuras (1969) —que ella me envió con tal destino— y con sus oportunas gestiones y alientos para hacerle preparar una antología de su obra que ya solo pudo ver la luz en 1975, tres años después de su muerte,  con el título de El deseo de la palabra, en la Colección Ocnos, de Barral Editores.

Alejandra Pizarnik / Más luz sobre la belleza oscura



Más luz sobre la belleza oscura 

de Alejandra Pizarnik

Se publican fragmentos de sus diarios en una edición facsimilar como ella quería

Los usaba como un laboratorio para su poesía y prosa. El libro muestra su evolución creativa

"Hay abstracción permanente y pura, el modelo Kafka", dice Ana Becciú




Alejandra Pizarnik hacia 1962. / CENTRO DE ARTE MODERNO DE MADRID
Se encienden más luces que amplían la leyenda de Alejandra Pizarnik, una de las poetas hispanohablantes más importantes de la segunda mitad del siglo XX, que aclaran su proceso creativo y aumentan la belleza de su enigmática y sobrecogedora poesía.
 Antes de empezar a balancearse en el borde del abismo, Alejandra Pizarnik(Buenos Aires, 1936-1972) ya escuchaba el seductor rugido del fondo silencioso.
“Apenas aparezco todo se vuelve una imagen lejana que está en un lugar al que accedo si me destruyo y me desmorono”.
Pasos literarios del 16 de abril de 1962, encaminados ya a su horizonte definitivo, reflejados en Fragmentos de un diario. París 1962-1963. Una joya personal que por primera vez ve la luz de manera completa y que muestra la clara vocación de libro a que aspiraba convertirlo Pizarnik. Una edición facsimilar de cien ejemplares, reveladora sobre la vida de la poeta y de su carpintería literaria, de cómo utilizaba sus diarios como laboratorio para su poesía y su prosa, y de la estrecha relación entre vida y obra, a cargo de Ana Becciú (poeta, traductora y editora de Diarios, de Poesía completa y Prosa completa, de Pizarnik) y que publica Del Centro Editores, del Centro de Arte Moderno de Madrid.

jueves, 4 de marzo de 2021

Diario íntimo / Un tesoro que atravesó generaciones y ahora vuelve en forma de apps


Diario íntimo: un tesoro que atravesó generaciones y ahora vuelve en forma de apps


Soledad Gago
24 de febrero de 2019

Era azul y en la tapa tenía una flor. A la flor no la recuerdo. No era muy grande pero tenía el espacio suficiente para poder escribir unas líneas de colores y dibujos que lo hacían más lindo, más personal. Tenía un candado y una llave que llevaba siempre conmigo enganchada en una pulsera. Las hojas eran blancas y tenían la misma flor de la tapa en los márgenes. No lo escribía todos los días, pero a cada página le ponía fechas. Todos los textos empezaban con un “hola”, como si lo que viniera después fuese una conversación en la que yo hablaba y él, escuchaba. Y yo le contaba sobre lo que había hecho en el día, si me había peleado con mis hermanos y hermanas, si me había pasado algo extraordinario o algo muy triste.

domingo, 17 de mayo de 2020

25 diarios íntimos de los escritores más polémicos del siglo XX

La obsesión suicida de “la niña monstruo”: Alejandra Pizarnik ...
Alejandra Pizarnik


25 diarios íntimos de los escritores más polémicos del siglo XX




Los diarios íntimos tienen la obligación de contar la verdad porque, en un principio, el único lector es quien lo escribe. Sin embargo, hay ocasiones en que esos escritos traspasan ese pacto personal y se hacen públicos.

A continuación un listado con veinticinco autores que decidieron narrar los acontecimientos que les marcaron, ofreciéndonos así su visión más personal e íntima de su forma de entender la vida.


Franz Kafka | Diario
Manuscrito de Franz Kafka
1. Diarios, Alejandra Pizarnik. Desde que se suicidara en 1972, Alejandra Pizarnik ha ido adquiriendo poco a poco natrualeza de mito y perfil de leyenda. Autora de culto, venerada por varias generaciones de lectroes, Pizarnik se cuenta ya entre las escritoras latinoamericanas más importantes del siglo XX. Su poesía -íntegramente publicada por Lumen- ha cosechado numerosos adeptos incondicionales, ha creado escuela y la ha hecho mundialmente famosa. Ana Becciu, máxima especilista en la obra de la poeta argentina, ha llevado a cabo una selección de diarios originales a fin de publicar lo más esencial del pensamiento literario de la autora. En definitiva, estos Diarios constituyen una fascinante autobiografía, sin duda uno de los textos memorialísticos más importantes del pasado siglo.


2. Diarios, Fernando Pessoa. Estos diarios, de los que varias partes fueron escritas originalmente en inglés, proporcionan al lector una visión única de las inquietudes personales de Pessoa y de su forma de vida cotidiana en distintas etapas, de sus estrecheces materiales, de su formación humanística, filosófica y literaria, de sus intenciones vitales, y de la enorme madurez que demostraba desde muy temprana edad. De su recurrente sensación de aislamiento frente a familia, amigos y mujeres, retazos de sus comienzos como periodista, como poeta, y también como traductor en despachos mercantiles, de su método de trabajo literario, su apreciación sobre autores como Antero de Quental o Sá-Carneiro… Algunos de estos textos pertenecen a heterónimos menos conocidos como Charles-Robert Anon, Alexander Search o Fray Mauricio. Todo ello convive con páginas magistrales, textos a veces casi aforísticos, joyas que merecen figurar junto al resto de su obra y que sin duda harán las delicias de los admiradores de Pessoa.


Diarios (1910-1923) | Librotea
3. Diarios (1910-1923), Franz Kafka. Franz Kafka, hijo de una acomodada familia de comerciantes, pertenecientes a la minoría judía de lengua alemana, nació en Praga, el 3 de julio de 1883, y murió, tuberculosos, el 3 de junio de 1924, en el sanatorio de kierling, cerca de Viena. Tras obtener, a los veintitrés años, el título de doctor en Derecho, ejerció hasta su muerte el monótono oficio de empleado de varias compañías de seguros. Aunque contrajo tres compromisos matrimoniales, no se casó nunca, y aunque de dicó su vida entera a la literatura, sólo consiguió publicar en vida unos pocos cuentos, dejando al morir una copiosa producción inédita. Gracias a su amigo y ejecutor testamentario Max Brod, que se negó a cumplir su última voluntad, -según la cual todos sus manuscritos debían ser destruidos-,se nos han conservado ocho volúmenes de novelas, cuentos y escritos autobiográficos, entre los que figuran obras tan excepcionales como El castillo, El proceso y Carta al padre.

Diez grandes diarios de escritores

Franz Kafka

Diez grandes diarios de escritores

Felipe Ojeda
15 DIC 2017 03:19 PM




Principalmente producido por escritores y artistas, el género ha aportado páginas insustituibles sobre la personalidad, el pensamiento y el proceso de producción de distintas obras y proyectos literarios.
Cuenta Leonidas Morales, en el prólogo de los diarios de Luis Oyarzún, que el diario íntimo se instala entre los géneros de la literatura a contar del siglo XVIII, en Europa, sobre todo con el Romanticismo como paisaje. Estos son algunos de los pilares del género en la literatura moderna, donde la mayoría ha alcanzado el reconocimiento universal.

jueves, 28 de enero de 2016

Alejandra Pizanik y Ana Cristina César / La sociedad de las poetas muertas

Ana Cristina César




La sociedad 

de las poetas muertas

Poesía. Un recorrido por la vida y la obra de Alejandra Pizarnik y Ana Cristina César, cuyo libro “El método documental” acaba de traducirse al español y aquí es analizado por Luis Gusmán.

Aurimar Nunes
05 / 11 / 2013

Las vidrieras de las librerías de Buenos Aires suelen exhibir fotos de la poeta argentina Alejandra Pizarnik (1936-1972): la mano apoyada en su rostro, pelo corto, los ojos apuntando muy lejos. La imagen de Pizarnik trae a la mente otro recuerdo fotográfico: la jovial poeta brasileña Ana Cristina César (1952-1983), de quien recientemente la editorial Manantial publicó El Método documental . Tratemos de comparar la trayectoria artística y personal – ¿acaso existe la una sin la otra? – de estas dos voces femeninas fundamentales en la poética latinoamericana de la segunda mitad del siglo XX sin limitar la conexión a sus trágicos suicidios.

viernes, 20 de enero de 2012

Alejandra Pizarnik / Diarios / Buenos Aires, 1968

Fotografía de Flor Garduño
Alejandra Pizarnik
BIOGRAFÍA
BUENOS AIRES, 1968

13 de junio
EMPIEZO, con este, el cuarto cuaderno del año 0, más precisamente, del 20 de febrero —fecha en que me mudé y vivo sola— hasta hoy. Acaso convenga pasar a máquina los párrafos que me resulten válidos y tirar así los cuadernos que valgan la pena de conservarse. Pero si a mí misma me aburren, ¿para qué los guardo? Por el sufrimiento de comprobar mi fidelidad a los mismos sufrimientos.
Este cuaderno, tan confortable y por fin extranjero, puede ayudarme a reanudar mi vínculo con las obras literarias, las propias y, sobre todo, las ajenas… Algo a modo de patria se insinúa desde estas hojas rayadas como a mí me gusta o como necesito. Es una buena señal de la que debo desconfiar por razones que conozco desmesuradamente (como todo lo poco que conozco).
Lecturas: releo un párrafo por día de los diarios de K. a fin de darme fuerzas. …
14 de junio
Exasperación espacial. Ignoro en dónde están mis escritos. Son demasiados y son demasiado. Imposible saber dónde estoy si antes no los ordeno.
22 de junio
Hace dos días que confío en que no escribo deplorablemente. Incluso encuentro cierto placer sin alegría en escribir este diario, placer de escribir de prisa y saber que muchas palabras, miles de ellas, me esperan para subir de un salto a mi prosa como un tren rápido. O es cuestión del cuaderno o no es cuestión de nada y acaso sea un espejismo. Pero lo principal es acelerar mis tareas de hormiguita no lejos de transformarse en la hormiguita viajera, si se cumple la promesa de la beca.
… El problema económico es apremiante siempre pero ahora debería resultarme útil (v. Consejos de Baudelaire) para escribir mucho y de prisa, y, también, para leer mucho y de prisa.
23 de junio
¿Y por qué tendría que corregir mucho más que los otros? Ayer escribí “Había una vez…” y, aunque debo corregirlo, es evidente su coherencia e incluso su lenguaje más o menos seguro.
Leer sin falta un párrafo de K., como quien lee la Biblia.
27 de junio
Necesidad de romper los textos muy mediocres o simplemente mediocres. Aunque rompa la mitad de lo que tengo escrito, el resto necesita, para curarse y ser reparado, que su autora viva varias vidas. Acaso mi terror a la muerte me lleve a postergar indefinidamente “la obra maestra desconocida” (debo releer este librito, naturalmente).
El método riguroso y artificial con que corrijo Violario tiene la ventaja de permitirme un lenguaje punzante y acerado como un cuchillo. Pero, ¿nunca hablaré naturalmente ese lenguaje? ¿Es preciso el ritual de las palabras aisladas y la pérdida del contenido para alcanzar la intensidad expresiva que éste requiere? Hay algo que se relaciona con exceso a mi auto-estrangulamiento físico. Torcerme el cuello es mi único acto inconsciente, espontáneo e incesante. Sin embargo, entiendo que el lenguaje de mis diarios no es tan desagradable y no obstante no lo respeto, acaso porque no me cuesta ningún esfuerzo.
...
Mi psiquismo de profundidades, de intensidades, por eso sufro al escribir. Porque quiero, por añadidura, escribir bien, y para eso debería poder remontar a la superficie. No ser superficial sino intercesora, lo cual implica una buena dosis de superficialidad…
26 de julio
Ayer me enteré de que me concedieron la beca.[1] Mi euforia por el aspecto económico del asunto, es decir: hablar de millones con mi madre sabiendo las dos que esa cantidad enorme proviene de mi oficio de poeta. En efecto, es como si algo a modo de destino me ayudara a afrontar mi destino de poeta. Cada año de mi vida, cada sufrimiento, cada jornada de total soledad, todo parece una conjuración o una benévola asamblea cuya finalidad sería la de confirmar mi destino (no elegido sino fatalmente impuesto) de poeta.
15 de agosto
EL TEATRO Y SU DOBLE. Esa necesidad de una disonancia paroxística  en el colmo de la belleza más intolerable. Esa necesidad de vida convulsiva y trepidante a falta de toda posibilidad de vida inmediata, una vida que sea lo que las ideas sobre el teatro de A. lo imposible materializado con su doble o posible o reflejo miserable de lo otro, los grandes deseos investidos de realidad viva, tangible, audible y visible.
17 de agosto
Leer, después, García Márquez. Releer, luego, Rulfo. Hay algo que llamaré acento y que me fascina. Creo que mi sufrimiento a escribir como escribo se debe a mi acento. No obstante el acento puede transformarse, al menos así lo intuyo. Por otra parte, así como me gusta el acento fluido y flexible de Rulfo o de Neruda, del mismo modo me atrae el lenguaje hierático y ceremonial. Pero siento que la expresión o el vuelco de sí mismo en la escritura se logra mediante una escritura “en espiral”, como la de Kafka por ejemplo. Ahora, lo más difícil es unir esta escritura al rigor o a la exactitud. Acento y palabra justa en mí están escindidos. Si aspiro a la justeza de un texto debo matar su acento.
Libro sobre estructuralismo. Acaso me haga bien, aunque nada hace mal o bien cuando se trata de escribir. Pero entre otros problemas padezco el de la revivisección de las palabras aisladas. Como si esas joyas con que constelo mis escritos tuvieran por finalidad excusarme de la precariedad de la prosa que escribo.
Quiero hechos, no motivaciones de mis carencias.
18 de agosto
Importante anotación del 15 de agosto. Se aproxima a lo que deseo escribir, si bien me gustaría, como Artaud, escribir sobre la disonancia con la mayor belleza posible.
La importancia del fragmento del 15 de agosto consiste en que nombra mi herida. Creo que mis lecturas debieran orientarse hacia eso torcido acerca de lo cual quiero escribir. Pero no quiero que el lenguaje con el que hable de él lo sea también.


[1] Se refiere a la Beca J. Simon Guggenheim




jueves, 19 de enero de 2012

Alejandra Pizarnik / Diarios / Buenos Aires, 1967

Fotografía de Flor Garduño
Alejandra Pizarnik
BUENOS AIRES, 1967

1 de junio

DESEO estudiar muy seriamente el poema en prosa. No comprendo por qué elegí esta forma. Se impuso. Además, está en mí desde mi libro primero. Nunca leí nada al respecto.
Poemas en prosa abiertos (con silencios) y cerrados —compactos y casi sin puntos y apartes.
Poemas en prosa muy breves —breves como aforismos (Rimbaud-Phrases).
Leer alguna vez —o estudiar más que leer— los d Char, Eluard, Ungaretti, Michaux, Elliot (por Jiménez). Octavio (?). Libros de Chumacel —de los Muertos.
7 de junio
Extraño es cómo y cuánto me obsesiona el aprendizaje de los poemas en prosa, o tal vez, simplemente, la prosa. ¿Y los poemas? No comprendo por qué no escribo poemas en verso (influencias del doctor P. R. seguramente). Ahora, cada día, me corroe la seguridad de una forma imposible de prosa. (Y. B. —nota en que decía que la prosa oculta a la muerte. En mi deseo es al revés.)
Leo infinidad de libros y los abandono. ¿Qué busco?
En el poema en prosa los espacios son necesarios (cada párrafo una frase como las de Rimbaud. O varias frases. Pero todo dentro de tres o cuatro líneas. Y con espacios dobles. En caso contrario hay que olvidarse de la economía del lenguaje y escribir del modo más fluido que existe —Miller).
Deseo de copiar, para mi uso, una antología del poema en prosa. Gran error. Por ahora sería mejor leer mucho. No sé, no estoy segura.
8 de junio
Cuándo comenzó la prisa. Rápido, haz memoria: ¿cuándo comenzó esta urgencia por llegar cuanto antes a ninguna parte o por no faltar a una cita con nadie?
Estoy componiendo un poema que creo haber soñado. ¿De dónde esperas la revelación o la pequeña melodía que te haga sentir, un día siquiera, que estar en la tierra es lindo? La espero de mí; por eso no vendrá ni resonará.
16 de junio
Deseos de aprender de memoria algunos poemas —los más bellos— en español.
12 de julio
Finalicé —creo— los “Fragmentos para dominar el silencio”. Hubieran podido ser más bellos.
17 de julio
Copié definitivamente (!) los “F… para dominar el silencio”. Lectura de les illuminations. Un tanto desilusionada. Lectura opaca. Poemas en prosa: necesidad de espacios dobles. Al menos para mi “estilo”.






miércoles, 18 de enero de 2012

Alejandra Pizarnik / Diarios / Buenos Aires, 1966

Fotografía de Flor Garduño
Alejandra Pizarnik
BIOGRAFÍA
BUENOS AIRES, 1966

18 de enero
MUERTE de papá

2 de febrero
Debería dedicarme a la nota sobre Utrillo y, a modo de complemento poético, el art. Sobre el libro de Octavio.[1] El primero es trabajo; el segundo, entra más en lo mío. Esto es muy serio. Más serio es el silencio…, la hostilidad de…, la de casi todos, mi malestar, mi madre, mi certeza de mi muerte cercana.
15 de abril
Esperanza y terror. Terror de estar bien, de ser castigada por cada minuto en que no me acongojo. En cuanto me siento mejor, espero castigo. Es necesario llegar al fondo. A pesar de los terrores —son los máximos que he tenido hasta el presente— a pesar de ellos debo ir hasta el fondo. Ahora se reunieron todos los terrores infantiles, precisamente ahora en que comienzo a ser adulta. Pero se reunieron por eso.

27 de abril
Muerte inacabable, olvido del lenguaje y pérdida de las imágenes. Cómo me gustaría estar lejos de la locura y de la muerte. Vivo por hora, mirando el reloj. ¿Y a quién preguntar? Me faltan ganas de tener ganas. No quiero preguntar a nadie. Apagaron la luz en mí. —No toda puesto que sufro. La muerte de mi padre hizo más real mi muerte. Mi terror de andar y moverme y comer y respirar. Me asfixio yo sola. Sólo tengo paz por la noche cuando leo, olvidada y perdida, lejos de mí y aún del libro que leo. ¿Y la esperanza en la literatura? Aún quedan resabios y sin embargo no sé qué decir ni cómo ni para qué.
El artículo sobre Octavio me enferma. Es demoniaco esto que me hace aceptar hacer artículos.

30 de abril
Este no saber dialogar, esta imposibilidad de acceder a los otros, sean personas vivas, sean autores. Il m’a fallu appendre mot par mot la vie. Esta imposibilidad de ver a los demás como seres humanos (nunca miro los ojos de nadie o si lo hago es para buscar aprobación).
Heme aquí llegada a los 30 años y nada sé aún de la existencia. Lo infantil tiende a morir ahora pero no por ello entro en la adultez definitiva. El miedo es demasiado fuerte sin duda.
Renunciar a encontrar una madre. La idea ya no me parece tan imposible. Tampoco renunciar a ser un ser excepcional (aspiración que me hastía).
Pero aceptar ser una mujer de 30 años… Me miro en el espejo y parezco una adolescente. Muchas penas me serían ahorradas si aceptara la verdad.

1 de mayo
Deseo, hondo, inenarrable (¡) de escribir en prosa un pequeño libro. Hablo de una prosa sumamente bella, de un libro muy bien escrito. Quisiera que mi miseria fuera traducida a la mayor belleza posible. Es extraño: en español no existe nadie que me pueda servir de modelo. El mismo Octavio es demasiado inflexible, demasiado acerado, o, simplemente, demasiado viril. En cuanto a Julio, no comparto su desenfado en los escritos en que emplea el lenguaje oral. Borges me gusta pero no deseo ser uno de los tantos epígonos de él. Rulfo me encanta, por momentos, pero su ritmo es único, y además es sumamente mexicano. Yo no deseo escribir un libro argentino sino un pequeño librito parecido a Aurelia, de Nerval. ¿Quién, en español, ha logrado la finísima simplicidad de Nerval? Tal vez me haría bien traducirlo para mí. Y, no obstante, como siempre, está la tentación de estudiar gramática, y la sensación de que no sirve para nada estudiarla.

3 de mayo
Largas horas en el artículo de Octavio. Por momentos estaba contenta. Esto me da la ilusión de estar creando. No sé por qué trato con desprecio filisteo al ensayo sobre Cernuda. Tal vez porque intuyo que es arbitrario o que la poesía de C. es inferior y menos compleja que lo que O. dice. Mi dificultado con las comas es parte de mi dificultad con el lenguaje articulado y estructurado. Supongo que pertenezco al género de poeta lírico amenazado por lo inefable y lo incomunicable. Y no obstante, no lo deseo ser. De allí mis periodos de obsesión por la gramática. En cuanto al pequeño libro bello, sólo sabré si puedo hacerlo cuando me decida a hacerlo. En literatura, el talento no prueba nada. Pero, ¿qué decir en ese libro? ¿Y por qué no me dedico a las prosas? Porque son poemas, pertenecen a lo inefable. Pero en ellas me expresé enteramente. Además, hay algo que las une. Sí, pero yo quisiera un libro, no fragmentos.
22 de mayo
Angustia por los días que pasaron sin que yo escriba nada. Por un lado están mis poemas-objetos que construyo tan lentamente —arquitectura rigurosa de lo absurdo. Luego están las notas bibliográficas que escribo sin deseos. Luego  —y de esto ni debería hablar— los artículos periodísticos.
El problema de las lecturas; nunca será resuelto. Y los años pasan y  yo quiero escribir una obra extensa en vez de fragmentos.
Lo que sucede es que escribo poco. Debería escribir seis o siete horas por día.
24 de mayo
Falta de fe en la imaginación creadora. Si no fuera así no leería para aprender sino para gozar. ¿Aprender qué? Formas. No, no es el deseo de frecuentar modos e expresión. Mis contenidos imaginarios son tan fragmentarios, tan divorciados de lo real, que temo, en suma, dar a luz nada más que monstruos.
Yo “civilizo” mis poemas al detenerlos y congelarlos. Pero todo este trabajo infernal que me doy para escribir notas. De este modo desvío fuerzas y energías destinadas a los poemas.
Creo que se trata de un problema de distribución de energías. Pero lo esencial es la falta de confianza en mis medios innatos, en mis recursos internos o espirituales o imaginarios.

26 de mayo
Aborrezco por el momento la corrección de “Una distancia…” para dedicarme a “El otro espacio…”, que sugiere una enorme corrección —que no saldrá nada bien pues pensaré en el público ya que lo corrijo para publicarlo. Lo malo es que “Una distancia…”, que empecé a corregir con toda inocencia, sin pensar en publicarlo, está quedando muy hermoso.
Lectura de Bachelard. Me inhibe. Sus alusiones constantes al dinamismo. Y sin embargo, suele citar versos malos. Lo bello son los descubrimientos de él, más poéticos que los versos. Claro que no siento deseos de corregirlo ahora que lo estoy leyendo, por temor de perturbar, con el cálculo y la astucia, las imágenes dinámicas unidas inocentemente de mi recóndito yo. No obstante, B. cita a Baudelaire como poeta modelo. Y nadie corregía y calculaba más que Baudelaire. También menciona a Poe y a Valery (!). ¿En qué quedamos? Lo cierto es que mi manera de escribir no es buena y otra no conozco. Cuando yo corrijo, explico y traduzco (para ganarme la calificación, quizás, de criatura racional o intelectual). Sin embargo, mi manera de corregir me parece un gran hallazgo. Debiera perseverar en ella. Gracias a ella, separo la imagen de las fantasías ocasionales o escoria o distracción.



[1] Octavio Paz