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| Retrato de Felipe II Antonio Moro |
Los dioses apagados de la melancolía
El Museo Nacional de Escultura acoge una exposición sobre un mal que los griegos identificaban como bilis negra
Melancolía, un grabado de Durero en la exposición del Museo Nacional de Escultura de Valladolid.
Felipe II fue el rey en cuyo imperio nunca se ponía el sol. También era dueño de una gran leyenda negra que el tiempo matizó en lo que pudo. Taciturno y de aspecto severo, en 1568 se describió su rostro como “bello y agradable” y su humor de “melancólico”. Nació en el palacio de Pimentel, en Valladolid, a pocos metros del palacio de Villena, sede del Museo Nacional de Escultura. Una placa en Pimentel avisa del suceso. Un cuadro colgado estos días en Villena lo representa entre sus “aflicciones sombrías”. Es el Retrato de Felipe II, de Antonio Moro, y el monarca aparece “vestido de negro, impenetrable tras la etiqueta borgoñona, perseguido por el fantasma de la demencia familiar”. Para ser el rey de las tierras en las que nunca se ponía el sol, a Felipe II, misántropo y enclaustrado en palacios, el sol no le daba mucho.
