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lunes, 17 de marzo de 2025

Marisa di Giorgio / Dios

 




Marisa di Giorgio

DIOS


Decían que iba a venir de visita el dios. Desde el alba empezó el trajín. Pusimos el mantel mejor, los exquisitos huevos en almíbar, los platitos bien cargados de olivas bien maduras y de perlas. Tod􀁓 la mañana espiamos al aire y al cielo, los árboles, las nubes solitarias.

Alguien tocó a la puerta; no pudimos atenderle, queríamos

estar a solas y rezar.

Pero, al mediodía, él llegó sin que viésemos por dónde. Allí

estaba con sus largas trenzas, su mantón de lana, sus larguísimas, astas de madera; nos arrodillamos, rezábamos, llorábamos; le servimos el manjar mejor, el gallo de fantasía, todo lleno de grandes grageas; almorzó, bebió; recorría la casa; dijo que quería llevarse algo, ya que no iba a volver jamás. Revisó el aparador, las telarañas, lás tacitas de porcelana, el gran reloj al pie de la cama de la abuela,

olfateó el roble, la albahaca, registró la cómoda, cajón por cajón, miró en el álbum; preguntó quién era Celia. Le mostramos la hermana pequeña.

La eligió.


Marosa di Giorgio Medici

lunes, 19 de octubre de 2009

Marosa di Giorgio / Los hongos nacen en silencio


Marosa di Gorgio
LOS HONGOS NACEN EN SILENCIO

Los hongos nacen en silencio; algunos nacen en silencio;
otros, con un breve alarido, un leve trueno. Unos son
blancos, otros rosados, ése es gris y parece una paloma,
la estatua de una paloma; otros son dorados o morados.
Cada uno trae -yeso es lo terrible-- la inicial del muerto
de donde procede. Yo no me atrevo a devorarlos; esa carne
levísima es pariente nuestra.
Pero, aparece en la tarde el comprador de hongos y
empieza la siega. Mi madre da permiso. El elige como un
águila. Ese blanco como el azúcar, uno rosado, uno gris.
Mamá no se da cuenta de que vende a su raza.


Marosa di Giorgio
Los papeles salvajes
Arca, Montevideo, 1991


domingo, 18 de octubre de 2009

Marosa di Giorgio / La naturaleza de los sueños


Marosa de Giorgio
La naturaleza de los sueños

Al alba bebía la leche, minuciosamente, bajo la mirada vigilante de mi madre; pero, luego, ella apartaba un poco,
volvía a hilar la miel, a bordar a bordar, y yo huía hacia la inmensa pradera, verde y gris.
A lo lejos, pasaban las gacelas con sus caras de flor; parecían lirios con pies, algodoneros con alas. Pero, yo sólo miraba
a las piedras, a los altos ídolos, que miraban a arriba, a un destino aciago.
Y, qué podía hacer; tenderme allí, que mi madre no viese, que me pasara, otra vez, aquello horrible y raro.


Marosa di Giorgio

Los papeles salvajes
Arca, Montevideo, 1991




sábado, 17 de octubre de 2009

Marosa di Giorgio / A veces, en el trecho de huerta que va desde el hogar


Foto de Mariano Vargas


Marosa de Giorgio
A veces, en el trecho de huerta 
que va desde el hogar

A veces, en el trecho de huerta que va desde el hogar
a la alcoba, se me aparecían los ángeles.
Alguno, quedaba allí de pie, en el aire, como un gallo
blanco -oh, su alarido-, como una llamarada de azucenas
blancas como la nieve o color rosa.
A veces, por los senderos de la huerta, algún ángel me
seguía casi rozándome; su sonrisa y su traje, cotidianos;
se parecía a algún pariente, a algún vecino (pero, aquel
plumaje gris, siniestro, cayéndole por la espalda
hasta los suelos...). Otros eran como mariposas negras
pintadas a la lámpara, a los techos, hasta que un día
se daban vuelta y les ardía el envés del ala, el pelo,
un número increíble.
Otros eran diminutos como moscas y violetas e iban
todo el día de aquí para allá y ésos no nos infundían miedo,
hasta les dejábamos un vasito de miel en el altar.


Marosa di Giorgio, Historial de las violetas, 1965




viernes, 16 de octubre de 2009

Marosa di Giorgio / Mi alma es un vampiro

Foto de Mariano Vargas

Marosa di Giorgio

MI ALMA ES UN VAMPIRO 
Mi alma es un vampiro grueso, granate, aterciopelado. Se
alimenta de muchas especies y de sólo una. Las busca en la
noche, la encuentra, y se la bebe, gota a gota, rubí por rubí.
Mi alma tiene miedo y tiene audacia. Es una muñeca grande,
con rizos, vestido celeste.
Un picaflor le trabaja el sexo.
Ella brama y llora.
Y el pájaro no se detiene.


Marosa de Giorgio, Obra completa, 2005



sábado, 26 de septiembre de 2009

Marosa di Giorgio / Una cena

La luz de la tarde
Bogotá, 2010
Fotografía de Triunfo Arciniegas

Marosa di Giorgio
UNA CENA

Cenábamos como siempre flores y manzanas, rosas, mariposas. Desconocidos se sentaron a la mesa, hablando un idioma distinto al nuestro, con palabras que entendíamos y no entendíamos. Corría jugo de manzanas y tomates, un zumo colorado que, a ratos, tomábamos pasando la lengua por el mantel; había huevos como llamas, como estrellas; explotaban dulcemente, salpicando a todos con pepitas de oro y granos de maíz; comimos pollitos nonatos, azucarados y salados.
Luego, un largo interludio, se demoraba el atardecer.
Se fueron sin saludar los desconocidos.
Yo di un paseo leve y sin rumbo.
Revoloteó el Hada sobre mi doliente paso, mi apesadumbrada belleza de otros siglos.

Marosa di Giorgio
Los papeles salvaje
Arca, Montevideo, 1991