sábado, 31 de agosto de 2013

Clint Eastwood se separa de su mujer

Clint Eastwood



Clint Eastwood se separa de su mujer

El actor y director deja la relación con su esposa tras 17 años de matrimonio Ella sostiene que la ruptura se produjo hace más de un año y que ha sido amistosa


EFE
Los Angeles, 30 de agosto de 2013


El actor y director Clint Eastwood, de 83 años, se ha separado de su mujer, Dina Ruiz, tras 17 años de matrimonio, según informó ayer la edición digital de la revista Us Weekly y confirmó después la propia Ruiz. La experiodista, de 48 años, sostiene que Eastwood y ella mantienen su amistad, aunque llevan haciendo vidas separadas desde hace un tiempo.

Rébecca Dautremer / En la mesa de los mayores


Dautremer, en la mesa de mayores

La artista francesa es la primera en ilustrar 'Seda', de Baricco. Los adultos son el principal público de sus libros infantiles de esta superventas que trabaja en una Biblia laica


En la portada del libro Le petit théâtre de Rébecca (El pequeño teatro de Rébecca) —que en España se editará en Navidad— aparece una chica de ojos rasgados, tez pálida y nariz estrecha moviendo los hilos de sus marionetas. Es casi un calco del rostro de la autora de la ilustración, la francesa Rébecca Dautremer (Gap, 1971), y termina de confirmar que es su autorretrato el pañuelo anudado que la caracteriza y que cubre su pelo oscuro en actos públicos. Por correo electrónico, vergonzosa, no corrobora que es ella misma pero se ofrece a abocetar su retrato paraBabelia. En pocas horas lo envía por Internet. Porque así es Dautremer. Por momentos retraída, pero expansiva, dadivosa y tremendamente curiosa. Elogiada por la crítica y reina de las ventas —tan solo de su álbum Princesas olvidadas o desconocidas, se han vendido más de 100.000 ejemplares en España—, anda embarcada siempre en varios proyectos diferentes. Esa diversidad es la única condición que se pone. El más ambicioso en estos momentos es una Biblia ilustrada, que se ha convertido en un quebradero de cabeza. Y aguarda la publicación en Francia de la primera edición ilustrada de la novela Seda, de Alessandro Baricco, en octubre. Anagrama, el sello que cuenta con los derechos del libro en España, negocia incluirlo en su catálogo.



Una de las pocas imágenes que se conocen de 'Seda'.
Lejos de la imagen del artista abstraído y solitario, encerrado en su estudio con la sola compañía de sus pinturas —en el caso de Dautremer siempre es gouache sobre papel de acuarela—, le gusta relacionarse con colegas de profesión e interactuar con sus admiradores. Basta echar un ojo a la página web de esta fotógrafa, diseñadora gráfica y escenógrafa para comprobar que no para: charlas en Quebec, Beirut… O Madrid, adonde viajó este verano para participar como jurado del Premio Edelvives y donde tuvo lugar esta entrevista. Esta editorial infantil ha encontrado en Dautremer y su compatriota Benjamin Lacombe —célebre por demacrar a los personajes de los cuentos clásicos— una fuente inagotable de buenas noticias. Cada uno de sus libros es un éxito que se extiende en forma de papelería: cuadernos, tarjetas, sobres, calendarios… En Francia la fiebre es tal que en su página de Fnac se contabilizan 2.120 artículos relacionados con Dautremer.
A ojo de buen cubero, ella calcula que el 80% de quienes le piden una dedicatoria son mayores de edad, y la mayoría le confiesa que ha comprado el ejemplar para sí mismo. Es, sin duda, una hechicera de adultos. “Encuentran en los álbumes infantiles historias con una sensibilidad diferente. Y, probablemente, si fueran libros de ilustración para ellos los despreciarían por simples y ridículos. Se contienen emocionalmente cuando es algo para su público”.


La ilustradora de visita en España. /EDITORIAL EDELVIVES
Han pasado 16 años desde que Baricco conquistase a los lectores de medio mundo con Seda. Se trata de la historia de amor entre la concubina de un barón provinciano y un comerciante francés que viaja a Japón a principios del siglo XIX para comprar capullos de gusano de seda. Desde su publicación se sucedían las ofertas de ilustrarlo, pero Baricco, convencido de que la humanidad ha perdido la capacidad de soñar, no se decidía. Existen montajes teatrales e incluso una película, Seda (2007), del canadiense François Girard, con Michael Pitt y Keira Knightley. En ambos casos probablemente el novelista dio su permiso por su condición de dramaturgo e incipiente cineasta ( Lezione 21, 2008).
“No había aceptado que Seda se convirtiese en un libro ilustrado hasta que me propusieron el nombre de Rébecca Dautremer”, explica Baricco (Turín, 1958) por correo electrónico desde Italia. “No la conozco, pero sí, bien, su trabajo, que siempre me ha encantado. De alguna manera, los dos tenemos la misma concepción de Seda: ligereza e intensidad unidas. Así que pensé que era un honor para mí consentir que Rébecca poseyese mi historia y la hiciese suya”, confiesa. Así, el autor deOcéano mar y Los bárbaros venció “una resistencia que cultivaba desde hace años”. “Ahora espero, sin temor, que el libro esté pronto: será delicioso ver contada de nuevo una historia que un tiempo fue mía por una persona de su talento. Escucharé los colores y los tonos de una voz que admiro”.
“Seda es un libro muy conocido y no quiero que los lectores piensen que quiero reemplazar el original”, se distancia Dautremer, a quien el Museo del Patio Herreriano de Valladolid dedicó en 2010 la retrospectiva Mes petits papiers, que este octubre viajará a Lucca (Italia). “Tenía que hacer algo muy distinto y, de alguna manera, con los niños te censuras un poco. Por primera vez no tenía límites ni en el tema ni en la forma de tratarlo”, se felicita. La editorial francesa Tishina —que nace con este título— apenas ha dado a conocer tres imágenes de Seda, pero ya queda en evidencia su sensualidad y cierta carga erótica. “Puedo profundizar, meterme dentro de la imagen. No he intentado que reproduzca lo que dice el texto y ha sido una decisión del editor concederles igual importancia a ambos. No se trata de meter un poco de color a las páginas. Leyendo Seda hasta se me han ocurrido personajes nuevos”.


Imagen de 'Cyrano'.
Aclara que no porque un texto sea bueno ella puede hacer un buen trabajo: “No me ayuda el que lo sea, sino el que me sugiera algo”. Y lamenta una práctica lectora muy extendida que va en tu contra: “Uno lee el texto y luego se fija en las imágenes buscando una asociación”. Por eso su Seda se presenta como “un libro recontado en imágenes por Rébecca Dautremer”.
Nació en Galp, una localidad de los Alpes cerca de Italia. Sus padres, muy jóvenes y partidarios de la vuelta a la naturaleza, decidieron dedicarse a la cría de cabras en Drôme, al sur de Francia. Tardó en escolarizarse y a ello achaca su timidez en la adolescencia. Estudió grafismo en la prestigiosa Escuela Superior de Artes Decorativas de París, en la que se formaron como artistas el realista Henri Fantin-Latour, el dadaísta Francis Picabia o el escultor Rodin. Allí aprendió a apreciar en la pintura clásica las luces y texturas que caracterizan su obra. Su referente, el fantasioso Brueghel, amigo del detallismo, que califica de “hipermoderno”. Y, cómo no, la fotografía que estudió a fondo en sus inicios. Hasta el punto que dice plantearse las ilustraciones como si tuviese una cámara de fotos en la mano, pensando en los encuadres, las texturas, las profundidades… De ahí salen las atmósferas sugerentes de sus dibujos, su luz evocadora y sus intensos y sorprendentes colores.


Portada de 'Seda'.
Así su Alicia no es almibarada y rubia como la de Disney, sino morena y enigmática. Un guiño a Alice Liddell, la niña que inspiró la historia original de Lewis Carroll, que Dautremer ha ilustrado en su texto íntegro y en un formato más que generoso. O al documentarse para su Cyrano no se decantó por los trajes de época que le aburrían, sino que situó la escena en el Japón feudal tras ver una banal película de kung-fu. “Cuando daba vueltas al personaje de Cyrano me encontré en un periódico con una doble foto de Sarkozy y Chirac y me sorprendió la gran nariz de este último. Yo no quería hacer el retrato de un político, pero la gente imagina”, recuerda con una media sonrisa.


'Enamorados', el primer libro que escribió Dautremer.
Un profesor de la Escuela de Artes Decorativas le puso en contacto con la editorial Gautier-Languereua y empezó a ilustrar para otros. Dautremer continúa en este sello que le permite publicar también libros con textos suyos —“escribir realmente no es mi trabajo, no es lo que quiero hacer; surgió por Enamorados, que es una historia que tenía en mente”— o coescritos con su marido, Tai-Marc Le Thanh, padre de sus tres hijos. Juntos han firmado Cyrano, La gran corriente de aire, Elvis o En qué piensan los corderos antes de dormirse. “Formamos un gran equipo y nos exigimos mucho. Si no, sería imposible”. No buscaba, asegura, un estilo y por el camino lo encontró. “Haces cosas y de repente un día, en un proceso natural, te das cuenta de que no está nada mal. Creo que la clave estuvo en 2003 con Enamorados. Creé mis personajes, dominé la técnica…”.
Sostiene que mejorar ahora le resulta muy complicado. “Y es algo que lamento mucho porque le doy más importancia que antes al estilo propio. No quiero cambiarlo, pero sí hacer cosas diferentes. Lo que no significa que haya dejado de irme bien. El haberme ganado hasta ahora la vida así me permite gozar de libertad. Que un libro vaya muy bien en ventas no significa que me guste mucho”. Es el caso de Princesas olvidadas o desconocidas, un fenómeno mundial. “No es lo que yo haría ahora. Hubiese ido mucho más lejos, concebido de otra forma los personajes. Me resulta demasiado meloso, cursi y hay un abuso del rojo”. Pese a sus críticas, el álbum conquista por ser imprevisible, irónico y romántico sin caer en la ñoñería.


Imagen de 'Princesas olvidadas o desconocidas'
Ilustrar su Biblia laica se está convirtiendo en su peor tormento. “Este es un proyecto del que llevamos hablando mucho tiempo. En las Escrituras hay unas historias increíbles. No queremos que tenga sentido religioso, ni nos planteamos si el lector es creyente o no lo es”, explica la artista, que trabaja en el volumen con Philippe Lechermeir. Él se encarga de la selección de textos del Antiguo y Nuevo Testamento con la plena confianza de ella. Al fin y al cabo son unos viejos conocidos que han trabajo juntos en Princesas o en Diario secreto de Pulgarcito. “Queremos hacer un libro universal y que cada cual lo lea según su creencia. Avanzo muy lentamente porque no consigo lo que quiero. Pretendo no burlarme de nadie, sino dibujar un libro de cuentos. Es tan complicado que me enfado y cambio de idea. Tendría que terminarlo el año que viene, pero no estará”.
Su vuelta a la gran pantalla no parece inminente. Su experiencia como directora de arte de Kérity, La casa de los cuentos, de Dominique Monféry —inspirado en su libro Nat y el secreto de Eleonora—, le provocó estrés y frustración. Los tempos del cine y los suyos de creación no son compatibles, así que sus personajes cobraron vida con mucho sufrimiento.


Imagen de 'Alicia en el País de las Maravillas'.
Fantasiosa, Dautremer explora siempre que puede nuevos campos. Ha creado juguetes y publicidad. Los pétalos rojos de la simbólica amapola del perfume de Kenzo se transforman en su composición en un vestido púrpura, con pistilos frágiles como finos cabellos revueltos. Y su último ensayo, junto a su marido, es la escultura. El teatro para niños Am Stram Gram de Ginebra le ha dado carta blanca para construir una instalación —todo un tratado de ornitología lúdica e interactiva— que planeará este otoño en el cielo de su planta baja. Se llama Plumas de papel y huesos de madera, los pájaros extraños de Am Stram Gram. Un delicado y extenso móvil compuesto de 25 figuras volátiles, con nombres excéntricos como Pollo con dientes, Colibrí helvético o Zancuda cómica.
Y en diciembre, la sala de exposiciones de Bastille Desingn Center de París acoge una muestra de los originales de Seda. Ahora solo falta conquistar Estados Unidos, su espinita clavada. O
Una carta para Lily, ¡el unicornio! / Alicia en el País de las Maravillas / Diario secreto de Pulgarcito. Christine Ponchon / Lewis Carrol / Philippe Lechermeier. Traducciones de Elena Gallo Krahe. Edelvives. Madrid, 2012 / 2011 / 2010. 34 / 140 / 204 páginas. 6,50 / 34,30 / 27,95 euros. Cyrano. Taï-Marc Le Thanh. Edelvives. Madrid, 2006. 32 páginas. 19,95 euros. Princesas olvidadas o desconocidas. Philippe Lechermeier. Traducción de P. Rozarena. Edelvives. Madrid, 2005. 92 páginas. 27 euros. Enamorados. Escrito e ilustrado por Dautremer. Traducción de Esther Rubio Muñoz y C. Husa Hernández. Kókinos. Madrid, 2003. 38 páginas. 9 euros. En catalán (Baula) y euskera (Ibaizabal).


Susan Sarandon / Sin miedo

Susan Sarandon



Susan
Sarandon

Sin miedo a la franqueza y súper divertida.

Texto de  Jina Khayyer
Retratos de  Juergen Teller
Estilismo de  Jodie Barnes
Número 7, Primavera y Verano 2013
No son sólo la mirada de ojos abiertos y la voz lánguida de Susan Sarandon lo que la distingue de todos los demás actores de su generación. Su gama de papeles, desde la ingenua Janet Weiss en  The Rocky Horror Picture Show  hasta la vampiresa lesbiana más elegante de la historia del cine en  The Hunger , la han distinguido como una actriz valiente y brillante en igual medida. 

Susan, famosa por su franqueza en lo que respecta a sus convicciones políticas, dice que espera que Barack Obama sea más valiente en su segundo mandato. Tiene que ser la mujer más joven del mundo, con 66 años, ya que acaba de convertirse en propietaria de una exitosa cadena de bares de ping-pong llamada Spin y sigue brillando en la pantalla, más recientemente como la esposa de Richard Gere en  Arbitrage y como un científico indio en Cloud Atlas,  que pronto se estrenará  .

Jina: Alguien me dijo que te había visto viajando en el metro de Nueva York hace poco. ¿De verdad eras tú?

Susan: Es muy posible. Anoche fui a Brooklyn en metro para visitar el museo de arte de Brooklyn. También camino mucho y tengo una bicicleta. Una de las cosas que más me gusta de Nueva York es bajar por el High Line a horas intempestivas del día o simplemente caminar por las calles. Ese es el problema de vivir en Los Ángeles: el hecho de estar en el coche todo el tiempo. Si te cruzas con alguien que no esperabas ver, significa que has tenido un accidente de tráfico, ¿sabes? Si estás en Nueva York, te cruzas con gente, ves una exposición, escuchas una historia divertida, hablas con alguien con quien nunca hablarías.

J:La gente debe reconocerte.

S: Sí, pero están bien. Sonríen y, ya sabes... los neoyorquinos son muy simpáticos. No empiezan a gritar. Dicen: "Hola, ¿cómo estás? Me gusta tu trabajo. Te ves bien", o lo que sea. Si gritan, normalmente son de Argentina, Brasil, Italia o alguno de los países más emotivos.

J: Debe haber momentos en los que te gustaría ser invisible. 

S: Era más difícil cuando los niños eran pequeños. Pero uno se dedica a este negocio porque quiere llegar a la gente, y es estupendo saber que lo hace. El problema de hacer películas es que nunca se sabe lo que le pasa al público. Siempre digo que la diferencia entre el teatro y el cine es la diferencia entre hacer el amor y masturbarse. Cuando haces una película, sólo tienes que conseguir que un pequeño momento funcione, prácticamente solo; en el teatro, tienes una relación, para bien o para mal, con el público. Puedes ver sus caras, están llorando, se ponen de pie al final. 

J: Parece que ahora estás asumiendo una amplia gama de roles en escalas muy diferentes, tanto en el escenario como en la pantalla.

S: Ahora que mis hijos han seguido su propio camino, he podido hacer siete películas en dos años. Puedo empezar a trabajar con un nuevo director cada vez, algo que nunca había hecho antes, diversificando mi cartera de proyectos, ampliando mi cartera. Así que si algunas de mis acciones tienen éxito y otras no, no hay problema. No fue una decisión que tomé conscientemente, pero que de alguna manera sucedió. Por ejemplo, en 2006 hice  Bernard and Doris  , una película de dos personajes en la que aparecía Ralph Fiennes y yo, que fue divina. Y me encantan los hermanos Duplass, que son una especie de favoritos del cine independiente, que hicieron  Jeff Who Lives at Home  en 2011. Interpreto a la madre que intenta averiguar qué significa la vida y busca señales en el universo. El año pasado volví a Berlín para trabajar con los hermanos Wachowski en  Cloud Atlas  , en la que interpreto a varios personajes a lo largo del tiempo, incluido un científico indio. Todos fueron papeles pequeños y fue muy divertido. Y, por supuesto, acabo de trabajar  en Arbitrage  con Richard Gere. Soy como una secretaria temporal que entra cuando hay un problema durante unas semanas y luego se va. 

J: ¿Qué determina si aceptas o no un papel?

S: Depende. Creo que es más fácil para las mujeres que han tenido familia envejecer y pasar por el cambio de carrera, porque su identidad no está ligada a quiénes eran cuando tenían 20 o 30 años como estrellas de cine. A veces es más difícil para los hombres que solían ser protagonistas y ahora son actores secundarios; pueden sentir que es como un paso atrás. He descubierto que trabajar con gente interesante y ponerme a prueba es algo que puedo hacer en dos semanas; no tiene por qué ser en dos meses.

“Creo que cada película es una película política: algunas refuerzan el status quo, otras lo desafían”.

J: También suena mucho menos disruptivo que acampar en un set de filmación durante meses.

S: He vivido por toda Norteamérica haciendo películas: en Vancouver, Toronto, St. Louis, Montreal. Muchas de las más importantes se rodaron durante las vacaciones de verano, para adaptarlas a la escolarización de los niños cuando eran pequeños.  The Client ,  Thelma & Louise  (estoy tratando de pensar en cuáles otras) se rodaron todas en verano, en exteriores. 

J: ¿Tus hijos viajaban contigo? Debes ser increíblemente organizada.

S: El otro día encontré una lista que había escrito para la persona que trabajaba en el alojamiento al que me iba a mudar con los niños. Decía que sacara todos los muebles de cristal, que pusiera cinta adhesiva en los bordes de todo, cuántas cajas de pañales, cuánta leche de soja... Me mudaría con cajas de juguetes con los que no habían jugado mucho y luego las donaría cuando me fuera, dejándolas atrás. Tenía todo un sistema. No fue hasta que estuve en Winnipeg con Richard Gere y Jennifer Lopez haciendo  Shall We Dance  en 2003 que me quedé sin niñera ni niños. Los chicos estaban en un campamento –tengo dos hijos, Jack y Miles– y creo que mi hija, Eva, estaba en Italia visitando a su padre. No sabía qué hacer. Normalmente estaría buscando el museo de los niños, haciendo horarios y comprando o planeando las comidas, y de repente me encontraba sola en el lugar. Me sentí muy cohibida porque de repente tenía mucho tiempo. No es que Winnipeg fuera la ciudad más fabulosa para encontrar tu identidad.

J: ¿Y ahora tu tiempo es completamente tuyo?

S: Más o menos. Todos los niños crecieron en Nueva York y les encanta vivir aquí. Hace 21 años que vivo en mi apartamento de Chelsea y todavía lo consideran su hogar. Mi hijo menor, Miles, todavía va a la escuela, en Brown, pero es DJ, así que vuelve todos los fines de semana para hacer conciertos. El siguiente en llegar es un chico de 22 años que se graduó en la Universidad del Sur de California y está haciendo películas. No está muy seguro de en qué costa quiere estar, así que todavía tiene su habitación. 

J: ¿Tuviste ambos niños con Tim Robbins?

S: Sí, tanto Jack como Miles. Me enteré de que estaba embarazada de Miles cuando estaba haciendo  Lorenzo's Oil . Ya tenía un niño de dos años y otro de seis, y Tim estaba haciendo Bob Roberts, y estaba claro que no podría estar en casa para la cena. Fue entonces cuando se nos ocurrió la fórmula de que él viviría en un hotel y yo estaría en la casa con los niños.

J: Entonces él se fue a un hotel con servicio de habitaciones las 24 horas y sin niños llorando. ¿Quién te cuidó?

S: Nadie. No sé cómo lo hice, ahora que lo pienso. Especialmente cuando la niñera se iba y no volvía. Yo acompañaba a mi hija a la escuela al otro lado de la calle –vivíamos en un barrio que tenía una escuela– y luego llevaba a mi hijo al trabajo conmigo. Pero empecé a sangrar, así que no podía subir las escaleras, y alguien más, como mi chofer, tenía que ayudarme por la noche. Realmente no era muy buena para planificar la ayuda. Te encuentras en esas situaciones y estás sobrecargada. Solo conseguí una asistente hace como 15 años. Y luego una de ellas me robó 

J: Eso debe haber sido horrible.

S: Sí, porque tu asistente se convierte en parte de la familia y lo sabe todo. En un momento dado tuve una publicista, en otro tuve una niñera y, finalmente, una empleada doméstica, pero ese apoyo se daba a menudo en rachas. Tener un hijo y no tener ayuda está bien, pero cuando estás en inferioridad numérica y trabajas, la dinámica cambia por completo. No sé cómo lo hizo mi madre: tuvo nueve hijos, aunque ahora dice que le hubiera gustado disfrutar de sus hijos como yo disfruté de los míos.

J: ¿Fue la experiencia de ser madre trabajadora lo que te hizo interesarte en la política?

S: No, eran los tiempos. Cuando estaba en la universidad estudiando arte dramático en Washington DC en los años 60, vimos cómo ardía la ciudad. Asesinaron a Kennedy. Y cuando crecí en esa época, vi lo que estaba pasando. No era como ahora, donde los medios corporativos realmente regulan lo que ves. A los periodistas se les permitió entrar para informar sobre lo que estaba sucediendo en Vietnam; el gobierno nunca volverá a cometer ese error. Luego estaban las marchas por los derechos civiles en el sur: veías fotos de perros y mangueras, y si tenías medio cerebro y un poco de empatía, estabas en la calle. Me arrestaron algunas veces. Probablemente estábamos menos informados que los chicos de Occupy Wall Street ahora, pero tenía todo el sentido del mundo, ¿sabes? Pero las drogas... las drogas eran algo más inclusivo. Hay algo asombroso que empieza a pasar cuando la gente toma alucinógenos; ese fue un factor muy, muy importante. No era un gran fanático del LSD. Pero en ese entonces... peyote, hongos, mescalina, marihuana, claro. Eso tiene que ayudar a tu manera de enmarcar las cosas. Pero soy muy sensible a las drogas; mi cuerpo no es lo suficientemente fuerte como para volverse adicto. No tengo la constitución adecuada para las sustancias químicas.

J: ¿Te definirías como un activista ahora?

S: Si tienes empatía y si tienes algo de imaginación –y espero que como actor la tengas– entonces el siguiente paso es convertirte en activista. Porque, ¿cómo puedes no hacer algo? Si estás conectado con los medios, ¿cómo puedes no aprovechar eso para difundir información que otras personas no están recibiendo, para representar a personas que no tienen voz? No es que tenga todas las respuestas, pero una vez que te destacas entre la multitud y dices: "Estoy escuchando", te darán información. A veces es información difícil que la gente no quiere escuchar, y ahí es donde te metes en problemas. Pero no es porque me encantara estar en las escaleras de la biblioteca con 30 micrófonos; eso siempre me ha resultado muy intimidante. No sé quién es esa persona. 

J: ¿Es el cine un buen medio político?

S: Creo que cada película es una película política, porque todas te cuentan lo que significa ser mujer, lo que es divertido, cómo es el sistema de justicia, o lo que sea. Algunas películas refuerzan el status quo y otras lo desafían. Las que lo desafían se llaman películas políticas; las que lo refuerzan se llaman comedias. Pero si ves  El profesor chiflado  con Eddie Murphy, es increíblemente política. Todo el público apoya que esta chica esté con este tipo gordo. Creo que tienes que tomarte en serio lo que dices en una película, y creo que tienes que saber que estás afectando a la gente. Llevé a mis hijos a ver  El show de Truman , y después tuvimos las conversaciones más interesantes sobre lo que cambiarías para estar a salvo. ¿A qué libertades renunciarías para estar a salvo? ¿Qué es la amistad? Y así sucesivamente. Eso es lo que me resulta interesante: dar a la gente algo de lo que hablar en el desayuno al día siguiente o algo sobre lo que discutir. No debería decirte qué pensar, pero puede darte la oportunidad de ver el mundo de otra manera.

J: Como  Dead Man Walking , que cambió el debate sobre la pena de muerte. 

S: Sí. Ya había conocido a la hermana Helen Prejean y había leído su libro, así que estaba decidida a hacer una película sobre ella. Lo que me encantó fue la historia de amor, porque todo lo que hago lo veo como una historia de amor. No se trataba solo de la pena de muerte, sino de dos personas: una monja que se enamora de un hombre condenado a muerte. Tim hizo un trabajo brillante al escribirla y dirigirla. 

J: ¿Cuando se separaron ustedes dos?

S: En 2009. Dejar una relación de larga duración en ese momento fue algo muy aterrador y emocionante a la vez. Todavía no entiendo dónde voy a terminar, pero intento no centrarme en eso. 

J: ¿Disfrutaste de tu matrimonio? ¿Qué edad tenías cuando te casaste con tu primer marido, Chris Sarandon?

S: Yo era muy joven, tenía apenas 20 años, y nunca pensé que sería para siempre. Lo hicimos solo para poder vivir juntos. Él me hacía sentir segura y fue el primer hombre con el que me acosté. Pero en realidad nunca quise casarme; no ansiaba tener posesiones. No soñaba con tener una casa, un marido e hijos, lo cual en esa época era inusual.

J: Tengo que preguntarte sobre Louis Malle. ¿Cómo conociste a él?

S: Me eligió para  Pretty Baby  en 1977. Yo ya había interpretado algunos papeles importantes, pero cuando conseguí ese, no dejaba de pensar: él cree que ha elegido a otra persona. Esa película fue una experiencia muy interesante por la fotografía de Sven Nykvist y su forma de trabajar, y también porque Louis había elegido a mucha gente que no eran actores: chicas locales que había conocido en Mardi Gras cuya ética de trabajo era muy diferente. No entendían realmente lo tedioso que es hacer una película. Luego estaba Brooke Shields, que estaba en una situación muy volátil. Su madre acabó en la cárcel y me pidieron que me hiciera cargo de la custodia de Brooke durante la película. Luego el hijo de Sven Nykvist se suicidó y tuvo que irse y volver. Y Brooke seguía desapareciendo. Fue entonces cuando me enamoré de Louis.

J: ¿Cuánto tiempo estuvieron juntos?

S: Tres años y medio, cuatro años. Él era mucho mayor y yo nunca había vivido en Francia. Empecé a vivir en París; fue una experiencia muy interesante. Me encantaban sus dos hijos. Y, por supuesto, también hicimos juntos Atlantic City. 

“Siempre digo que la diferencia entre el teatro y el cine es la diferencia entre hacer el amor y masturbarse”.

J: ¿Hay alguien ahora?

S: Sigo siendo un buscador; estás en problemas cuando dejas de buscar. Tengo un tatuaje en mi muñeca, ANDAND, que significa “Un nuevo amanecer, un nuevo día”, lo que significa que cada día puedes ver las cosas de nuevo. Si has cometido un error o alguien te ha hecho daño o lo que sea, puedes tener otra oportunidad. Así que simplemente lo lanzo al universo, y siempre responde. Siempre me sorprende. ¿Cómo podría construir un negocio de ping-pong, por ejemplo? Quiero decir, en serio, ¿creí que haría eso? No.

J: Hablemos de Spin, el club de ping-pong que has creado con Jonathan Bricklin. ¿Cómo surgió?

S: Bueno, me gusta la idea del ping-pong porque va más allá de la edad, el género y el tipo de cuerpo. Es el único deporte en el que las niñas pueden vencer a los grandes, y un deporte al que se puede jugar hasta morir, hasta los 90 años; hay gente que compite hasta los 100 años. Así que para mí es muy fácil apoyarlo. No es caro, no te haces daño. Hemos proporcionado mesas e instructores a 40 escuelas de Nueva York que no tenían programas de educación física. Es perfecto para las zonas urbanas donde los niños no tienen espacio en sus escuelas. Y es barato. 

J: ¿Lo estás volviendo genial otra vez?

S: Nunca ha sido cool, ¿no? Pero estamos tratando de hacer que sea cool ser geek. Considero que Spin es una especie de sala de juegos glamurosa y divertida. Tenemos 17 canchas en East 23rd Street, y Todd Oldham, que es amigo mío y ha construido muchas cosas, ayudó con parte del diseño, haciendo cosas a escala, consiguiendo arte y obteniendo cosas a bajo precio.

J: ¡Suena muy divertido!

S: ¡Sí, totalmente! Estoy muy contento. Me gustaría seguir mejorando y hemos aprendido a base de ensayo y error cómo crear un margen de beneficio mayor, porque como este proyecto es el primero de su tipo, los sistemas informáticos y todo lo relacionado con la forma de gestionarlo tuvieron que empezar desde cero. Ahora tenemos todo eso prácticamente controlado y tenemos un club en Toronto y Milwaukee. Abrimos uno con André Balazs en el Standard del centro de Los Ángeles el pasado diciembre y probablemente abriremos más con él en Berlín y Miami. Hemos recibido peticiones de muchos lugares y hemos firmado contratos con Chicago. Portland sería genial, San Francisco…

J: ¿Te estás convirtiendo en una empresaria?

S: No voy a ser el encargado de la franquicia, y todavía es un negocio familiar, aunque estamos en un punto en el que tenemos que decidir si queremos hacerlo más grande o no. Jonathan se le ocurrió una gran idea de una red social en la que puedes desafiar a la gente y tener escaleras. Puedes jugar con cualquiera, en cualquier lugar, y apostar una cantidad de dinero, y habrá 10 o 15 organizaciones benéficas que he sugerido, que sé que son legítimas, que recibirán las ganancias. Jugarás contra alguien por $10 o $100 o lo que sea, y el perdedor paga ese dinero a la organización benéfica que elija el ganador.

J: Entonces, ¿cuándo podremos esperar tus memorias? ¡Si es que las hay!

S: He pensado seriamente en decirle a la gente que me dispare si alguna vez decido escribir algo.


THE GENTLEWOMAN