
El refugio del pianista
Leila Guerriero
Fotografía de Diego Sampere
2 de mayo de 2019
El pianista argentino Bruno Leonardo Gelber dio cinco mil conciertos en 54 países a lo largo de su carrera. Tocó con los más notables directores y las más notables orquestas. Cuando tenía 19 años, el crítico musical Joachim Kaiser dijo que se trataba de un fenómeno sin límites.
Avenida Corrientes derecho, hasta Pueyrredón. Siempre al atardecer. Durante casi un año, ése fue el camino para ir a ver a Bruno.
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Es 14 de septiembre de 2017, cinco de la tarde. Buenos Aires. El sol entra en el departamento del piso doce por una ventana lateral y le da al aire una cualidad ambarina, escenográfica. Sobre la mesa hay budín, tarta casera, sándwiches, masas, dos jarras diminutas con edulcorante líquido, otra con leche, vajilla de porcelana, todo sobre un mantel de damasco francés color bordó (que en las cenas importantes se cambia por otro, también de damasco, color crudo). En el centro, un racimo de uvas de piedras semipreciosas —cuarzo, ágata, jade— y dos candelabros de plata con sus velas apagadas. Sobre un hornillo, una tetera donde un earl grey con esencia de bergamota permanece caliente. Él está, como siempre, sentado de espaldas a la pared roja, frente a la mesa, en su silla con apoyabrazos tapizada en verde opaco con chispas blancas. Hoy no lleva maquillaje, aunque sí delineados los ojos y las cejas. La camisa a cuadros, extrañamente informal, cerrada hasta los puños, desprendida en el cuello, se abre levemente sobre el vientre abultado dejando ver algo de piel y el cinto de cuero sobre el pantalón negro.


