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sábado, 10 de febrero de 2024

El susurro de la lengua / Migración, exilio, escritura y lengua materna

susurro de la lengua
Ilustración: Tau.

El susurro de la lengua: migración, exilio, escritura y lengua materna

Cuando Agota Kristof tuvo que emigrar de su Hungría natal a la Suiza francesa, haciendo parte del camino a pie y con su hija pequeña en brazos, no solo perdió su terruño, sus raíces. También perdió su lengua. Más aún, durante el tiempo en el que la vida cotidiana en Neuchâtel la fue sumergiendo en la lengua francesa, la experiencia del exilio —el exilio geográfico, pero también lingüístico— la convirtió en algo que había dejado de ser a los cuatro años. La convirtió en analfabeta.

miércoles, 5 de agosto de 2020

Los errores que destruyeron el juancarlismo

El príncipe Juan Carlos de Borbón saluda a Franco en el Monasterio de El Escorial, 27 de febrero de 1971.
l príncipe Juan Carlos de Borbón saluda a Franco en el Monasterio de El Escorial,
27 de febrero de 1971


Los errores que destruyeron el juancarlismo

El accidente durante el safari de Botsuana cambió la percepción que la sociedad tenía del Rey, puso la lupa sobre el Monarca y abrió la puerta a ocho años de escándalos


Natalia Junquera
Madrid, 3 de agosto de 2020






El annus horribilis de la Monarquía española empezó en abril de 2012, a 7.600 kilómetros de Palacio, en Botsuana, y ha durado mucho más de 365 días. De hecho, aún no ha terminado, aunque don Juan Carlos ha anunciado que se va de España para no seguir perjudicando a su hijo, ahora en el trono. Ni era el primer safari de Juan Carlos I ni la primera mujer, pero iba a marcar, como descubrió pronto la Casa del Rey, “un antes y un después”.

El rey Juan Carlos dialoga con el premio Nobel de literatura colombiano Gabriel García Márquez (d), en la casa de Huéspedes Ilustres, en Cartagena de Indias (Colombia), 18 de noviembre de 2004.
El rey Juan Carlos dialoga con el premio Nobel de literatura colombiano Gabriel García Márquez (d), en la casa de Huéspedes Ilustres, en Cartagena de Indias (Colombia), 18 de noviembre de 2004.
Foto de Rafa Salafranca
El país estaba entonces al borde del rescate, con la prima de riesgo y el paro disparados. Unos días antes del viaje, el Rey había dicho que le quitaba el sueño que los jóvenes no tuvieran trabajo en España. Un percance —se cayó y se rompió la cadera— impidió que, como había ocurrido en otras ocasiones, la opinión pública no se enterase de la escapada. La Zarzuela barajó todas las opciones, incluida la de ocultar lo ocurrido, pero a las 9.30 del 14 de abril de 2012, 81º aniversario de la II República, informa de que don Juan Carlos ha sido operado de urgencia tras sufrir un accidente en un safari. El viaje para matar elefantes, con un coste de más de 40.000 euros, lo había pagado Mohamed Eyad Kayali, asesor de la familia real saudí que en 2016 aparecerá en los Papeles de Panamá como apoderado en 15 sociedades offshore. El Rey no estaba solo; le acompaña una mujer de nombre exótico que los españoles terminarán por aprender a fuerza de oírlo muchas veces durante los siguientes años: Corinna zu Sayn-Wittgenstein ―si tomaba el apellido de su exmarido para presentarse como princesa―; Corinna Larsen de soltera.

Juan Carlos I abandona España para salvaguardar la Monarquía

El Parlamento de Navarra retiró el pasado mes de julio el retrato del rey emérito de la Sala de Gobierno. En vídeo, la trayectoria del rey emérito termina fuera de España.

Juan Carlos I abandona

España

Juan Carlos I abandona España para salvaguardar la Monarquía

El rey emérito comunica a Felipe VI que se va del país para evitar que las noticias sobre su fortuna en el extranjero dañen a la institución


Miguel González
Madrid, 3 de agosto de 2020



Juan Carlos I se ha marchado de España. El rey emérito ha comunicado a su hijo, Felipe VI, su “meditada decisión” de trasladarse al extranjero ante la “repercusión pública” de las noticias sobre sus cuentas en paraísos fiscales y “para contribuir” a que el jefe del Estado pueda desarrollar su función “desde la tranquilidad y el sosiego” que el cargo requiere, según la carta difundida este lunes por la Casa del Rey.

domingo, 9 de julio de 2017

El Socialismo del Siglo XXI Venezuela, volver a donde, volver a qué

Guillermo Barrios, exiliado venezolano en Madrid.rn
Guillermo Barrios, exiliado venezolano en Madrid.  EL PAÍS

Venezuela, volver a dónde, volver a qué

En el último año y medio han llegado a España 29.000 venezolanos. Son parte de la llamada “oleada de la desesperación” que ha huido del país


JUAN CRUZ
Madrid 8 JUL 2017 - 14:59 CDT





Domenico Chiappe (44 años, periodista, nacido en Perú, criado en Caracas) deja caer la mirada cuando se le pregunta si imagina su regreso a Venezuela, su país, de donde falta desde hace tres años. “¿Volver? ¿Volver a dónde? ¿Volver a qué?”. Y añade: “En todo caso, los héroes se quedaron adentro”. No tienen forma de salir. Y sufren, como han sufrido los que se han ido, pobreza, desabastecimiento y miedo.

martes, 10 de noviembre de 2015

Miriam Gómez / Las mujeres salvaron a Cabrera Infante de la pena por Cuba

Guillermo Cabrera Infante y Miriam Gómez
Fotografía de Néstor Almendros

Miriam Gómez

"Las mujeres salvaron a Cabrera Infante 

de la pena por Cuba"

La viuda del escritor presenta en Madrid Mapa dibujado por un espía, la crónica escrita con las tripas de su último viaje a la isla

MARTA CABALLERO | 14/11/2013 


Miriam Gómez, viuda de Cabrera Infante, presenta en Madrid Mapa dibujado por un espía, la crónica inédita del último viaje a Cuba del escritor. Foto: El Mundo

Como el niño que imagina que el monstruo vive dentro del armario, Miriam Gómez observó temblorosa durante años un cajón de su casa en Londres. Sabía que estaba allí, pero no era capaz de acercarse siquiera. En la Habana recreada que compartió con su marido, Guillermo Cabrera Infante, donde están los recuerdos de sus vidas, los libros, las fotos y la memoria que conservan las paredes, también habitaba una peligrosa desconocida, la crónica que el narrador escribió en su último viaje a Cuba, del que volvió roto: "Guillermo me dijo que era la base para un futuro libro, que aquello había sido una catarsis. Me pidió un sobre, lo guardó en él y escribió un título: Ítaca vuelta a visitar. Yo lo metí en un cajón. Nunca volvimos a mencionarlo".

domingo, 8 de noviembre de 2015

Guillermo Cabrera Infante / El espía que surgió del calor

Miriam Gómez y Guillermo Cabrera Infante

Guillermo Cabrera Infante

El espía que surgió del calor

Si alguien pudiera arrogarse ser el símbolo del exilio físico e intelectual cubano ese es, sin duda, Guillermo Cabrera Infante



Guillermo Cabrera Infante. / DANIEL MORDZINSKI. (EL PAÍS)
Si alguien pudiera arrogarse ser el símbolo del exilio físico e intelectual cubano ese es, sin duda, Guillermo Cabrera Infante, el primer “gusano” de fama internacional y, probablemente, el mayor resistente de los ataques del Régimen castrista y de la intelligentsia europea y latinoamericana, un selecto grupo de triunfadores que no supieron, o no quisieron, ver más allá de su autosatisfecho ego.
La biografía de nuestro personaje es ya muy conocida: hijo de los fundadores del Partido Comunista de Gibara, periodista en las postrimerías del Régimen de Batista, colaborador entusiasta de la Revolución, espléndido novelista crítico de cine y reportero, todo ello trastocado por la defensa de un ingenuo cortometraje, P. M., codirigido por Orlando Jiménez Leal y su hermano, Alberto Sabá Cabrera Infante, de los desmesurados ataques, y prohibición, del Gobierno de Castro. Así comenzó el fin de su fe revolucionaria.
Trasladado forzosamente a la Embaja de Cuba en Bélgica como agregado cultural (siempre apostillaba que “el primer secretario era el que abría la puerta”), comenzó un largo, y con frecuencia cruel, peregrinaje: Bruselas, Barcelona, Madrid... y tras serle negado el asilo en España (contradicciones del franquismo con un Fraga Iribarne recibido amistosamente por Fidel), recaló en Londres, donde pudo desarrollar su extensa y magnífica obra literaria y su no menos extensa y lúcida obra periodística, además de unos guiones cinematográficos, con total libertad y sin que remitieran los ataques del régimen cubano y, decrecientemente, los de esa intelligentsia que comenzaba a caerse de un guindo.
Y en la vida y en la obra de Guillermo Cabrera hay una figura esencial: su mujer Miriam Gómez, apoyo permanente del escritor, que dejó una brillante carrera de actriz en su Cuba natal por acompañar en su largo y doloroso viaje hacia la dignidad al autor de Tres tristes tigres.
Cabrera Infante sobrevivió al desprecio de la mayor parte de sus coetáneos del boom latinoamericano, a la persecución intelectual, y en ocasiones física, del castrismo, sobrevivió incluso al lamentable comportamiento de Mario Lacruz cuando accedió a la dirección de Seix Barral, con su obra más premiada y vendida, los ya citados tigres tristes, enterrándola en un cajón durante años como venganza por unas declaraciones de su autor en las que criticaba el gusto literario del editor y, como no podía ser de otra manera, sobrevivió al tardío y paulatino reconocimiento de quienes le habían tratado como un apestado literario y social que, desencantados de la otrora encantadora Revolución cubana, tuvieron a bien correr un tupido velo sobre sus años dogmáticos.
Hablar de Guillermo Cabrera Infante es hablar de alguien con un enorme sentido del humor, con unos extraordinarios conocimientos cinematográficos y musicales, un personaje que nunca abandonó su añorada Cuba desde el pequeño piso de Gloucester Road y su vegetación sorprendentemente antillana, un gran amigo de sus amigos, desde Manolo Blahnik o Terenci Moix, a Néstor Almendros, Javier Marías, Fernando Savater o Vicente Molina Foix, todos ellos más jóvenes y menos deslumbrados por una revolución que hacía tiempo se había convertido en una burocracia cruel trufada de redentorismo barato.
Pero hablar de Guillermo Cabrera es, inevitablemente, hablar de Miriam Gómez, la mujer que realizó uno de los mayores ejemplos de amor al editar a su muerte un gran libro-reportaje, Mapa dibujado por un espía, en el que el autor no sólo describe con maestría sus últimos meses en La Habana sino que relata con gran talento una intensa infidelidad.





miércoles, 7 de octubre de 2015

Juan Cruz / Tres tristes tigres

Guillermo Cabrera Infante
Poster de T.A.

Guillermo Cabrera Infante

Tres tristes tigres

El régimen cubano dividió generaciones, destruyó relaciones, estragó ideologías y produjo lo que todos los exilios: dolor



Decía estos días atrás Soledad Gallego en su comentario de la SER, ante el desembarco cubano (y norteamericano) en la normalidad diplomática, que medio siglo en la historia es apenas nada, pero en la vida de las personas es la vida entera. Lo ha sido, sin duda, en el caso de personas concretas, que vivieron la angustia y el dolor de Cuba en un exilio que hubiera sido distinto si las hostilidades que sufrieron no hubieran sido no sólo históricas, por tanto dramáticamente casuales, sino también personales, dramáticamente personales.
Cuba no es un asunto cubano, ni norteamericano. Cuba pertenece, como asunto, y como problema, a varias generaciones de cubanos que vivieron dentro o fuera las sinrazones del régimen que en primer lugar nos abrió la esperanza de un mundo nuevo (y de “un hombre nuevo”) y luego cerró las puertas de muy distintas maneras, algunas de ellas de una crueldad infinita, pues pusieron antes la autoridad que la razón. La decepción cubana (que unos defendieron como un logro y otros lamentaron, y sufrieron, como un fraude democrático a la libertad que se había prometido) dividió generaciones, destruyó relaciones personales, causó estragos ideológicos, y produjo un exilio que tuvo diversos matices, pero que al fin produjo lo que todos los exilios expresan: dolor, triste dolor, gravedad de la ausencia, peso de la arbitrariedad.

Guillermo Cabrera Infante fallecido sin poder regresar a Cuba, sino con la memoria
Entre esos exiliados que para muchos de mi generación (que es la generación que vio entrar a Fidel en La Habana) significan todo el exilio, aunque el suyo fuera el primigenio, están Guillermo Cabrera Infante y Miriam Gómez, su mujer, actriz en Cuba, que ahora sobrevive en Londres al autor de Tres tristes tigres, fallecido en la capital británica en 2005. Fallecido allí, sin poder regresar, sino con la memoria, a La Habana, la ciudad a la que dedicó prácticamente toda su obra.
Es evidente que esa herida del exilio lo acompañó siempre, los acompañó; hasta el último suspiro del último minuto, Cabrera Infante era un cubano, y esa cubanidad extrema, como su amor por el cine o por la música, o por Miriam, fue el rastro y la raíz de su esencia. No podía ser otra cosa, y no pudo ser otra cosa que un cubano; esa naturaleza está, como una culebra mansa bailando, en Tres tristes tigres, su gran obra alegre, y está, mansa también pero entristecida, en La Habana para un infante difunto. Esta obra es un cuadro insólito de su corazón: la escribió en Londres, con un mapa que Miriam conserva en la cocina de la casa: en medio del exilio y su vapor incomprensible, él iba haciendo memoria, calle a calle, de todas las calles de La Habana, y la fue dibujando como quien la reconstruye para que nadie se la quite.
Cada vez que ocurre una noticia cubana, y esta lo es de gran magnitud, me viene a la memoria aquel hombre (con aquella mujer) reconstruyendo no sólo la ciudad sino el humor, la tristeza de los tigres pero también la alegría de haber descrito para siempre el lugar al que ya parecía que jamás habrían de volver. Ese exilio pertinaz, que era de la tierra y del alma, fue el exilio de otros también, como el de Eliseo Alberto, cuya melancolía atigrada creció cuando el régimen de Castro lo conminó a escribir un informe contra sus padres y entonces él escribió el impresionante Informe contra mí mismo que ahora se levanta no sólo como una denuncia sino como un espejo roto. Sí, la noticia no es sólo mundial. Es rabiosamente personal también, pues evoca personas, una a una, anuladas durante mucho tiempo en un mundo que, de pronto, respira de otra forma después de haber respirado para ahogar a otros.





Guillermo Cabrera Infante / El mapa de la tristeza


Guillermo Cabrera Infante
Biografía

El mapa de la tristeza

El libro póstumo de Guillermo Cabrera Infante reconstruye los cuatro meses llenos de desaliento y neurosis que pasó en La Habana antes de emprender el camino que lo llevaría al exilio definitivo


MARIO VARGAS LLOSA 15 DIC 2013 - 00:00 CET


FERNANDO VICENTE
El libro póstumo recién publicado de Guillermo Cabrera Infante se titula Mapa dibujado por un espía pero debería llamarse más bien El mapa de la tristeza por el sentimiento de soledad, amargura, indefensión e incertidumbre que lo impregna de principio a fin. Cuenta los cuatro meses y medio que pasó en La Habana, en el año 1965, adonde había viajado desde Bruselas —era allí agregado cultural de Cuba— por la muerte de su madre. Pensaba regresar a Bélgica a los pocos días, pero, cuando estaba a punto de embarcarse para el retorno a su puesto diplomático junto con sus dos pequeñas hijas, Anita y Carola, recibió en el aeropuerto de Rancho Boyeros una llamada oficial, indicándole que debía suspender su viaje pues el ministro de Relaciones Exteriores, Raúl Roa, tenía urgencia de hablar con él. Regresó a La Habana de inmediato, sorprendido e inquieto. ¿Qué había ocurrido? Nunca llegaría a saberlo.
El libro narra, a vuela pluma y a veces con frenesí y desorden, los cuatro meses siguientes, en que Cabrera Infante vuelve muchas veces al ministerio, sin que ni el ministro ni alguno de los jefes lo reciba, descubriendo de este modo que ha caído en desgracia, pero sin enterarse nunca cómo ni por qué. Sin embargo, al día siguiente de llegar, Raúl Roa lo había felicitado por su gestión como diplomático y anunciado que probablemente volvería a Bruselas ascendido como ministro consejero de la embajada. ¿Qué o quién había intervenido para que su suerte cambiara de la noche a la mañana? Por lo demás, le seguían pagando su sueldo y hasta le renovaron la tarjeta que permitía hacer compras en las tiendas para diplomáticos, mejor provistas que las bodegas cada vez más misérrimas a las que acudía la gente común. ¿Lo consideraba el gobierno un enemigo de la Revolución?

domingo, 31 de octubre de 2010

Jane Bowles / 23 años después

Jane Bowles: un libro, una tumba, una sombra y una avenida de Málaga
Jane Bowles, entre Truman Capote y su esposo Paul

A.L.


23 años después


A. L. 3 NOV 1996

No conocí a Jane; tal vez no debería haberme cruzado en su historia, pero cuando fui a visitar sus restos me di con una pegatina naranja que decía: "¡Atención! Esta unidad de enterramiento va a ser desalojada urgentemente. Rogamos nos llamen a los teléfonos..."
Llamé y me dijeron que si nadie se hacía cargo iría a parar a una fosa común.
Tomé la decisión que creí debía. Tal vez me esté equivocando, pero quien podría decírmelo es su marido, Paul Bowles, el cual no lo ha hecho.
Porque Jane ante todo es un ser humano, por encima de una escritora de culto o un mito del cosmopolitismo intelectual. Es una persona, un ser que debe descansar en paz, al cual ruego respeto. Jane no es una reliquia, no es algo de lo que tengamos que hacer un circo; pues una exhumación y traslado a un osario no es ningún rito, no es un evento..., es simplemente la única vía que una estudiante de 18 años ha encontrado para preservar su huella.
Posiblemente el camino a seguir habría sido otro, pero la lucha por San Miguel ofrece síntomas de fatiga, que no ayudan a prevenir las numerosas exhumaciones que hace algún tiempo se están llevando a cabo. Yo pido perdón a todos aquellos que se hayan sentido ofendidos y sólo exijo un atisbo de intimidad y duelo.
Jane, descansa en paz.
A. L. son las iniciales de la joven de 18 años que ha evitado el traslado de los restos de Jane Bowles a la fosa común.


domingo, 26 de junio de 2005

Daniel Moyano / Artista de variedades

Daniel Moyano

Daniel Moyano
ARTISTA DE VARIEDADES


Daniel Moyano murió el 11 de junio de 1992, en España, donde permaneció exiliado desde que escapara de la dictadura militar en el mes de mayo de 1976. Mientras algunas antologías revalorizan su obra, también se dio a conocer su novela Dónde estás con tus ojos celestes, nunca publicada antes. En esta entrevista inédita (extractos, en rigor, de una extensa conversación entre agosto de 1987 y noviembre de 1988), Moyano repasa su infancia, su relación con la literatura, la música, su detención y el exilio.


Andrew Graham-Yooll

26 de junio de 2005


Con Daniel Moyano alguna vez tratamos de calcular cuántos kilómetros había entre su casa en La Rioja y el “piso” en la Ronda de Segovia, de Madrid. El cálculo estaba dirigido a saber dónde nos había llevado la vida, pero se hallaba condenado al fracaso porque la cifra no nos interesaba. Había armado la casa del exilio madrileño con su mujer, Irma Capellino, y con los dos hijos del matrimonio. De los encuentros familiares, en Madrid y, también en Londres, queda el recuerdo de su humor y de la calidez en su cara algo cansada. (“Dale, inglés, decilo, cara de indio. Es así. Mi padre era medio indio”, reía Moyano.) Lo extraño mucho, ahora como en aquel primero de julio hace trece años en que su hijo avisó que Daniel había muerto. Me habla todavía, en dos cintas, dos extendidas charlas (53 hojas en la desgrabación) que sostuvimos en agosto de 1987 y en noviembre de 1988. Sus palabras reflejan erudición, su amplia lectura, su obra y su angustia.