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martes, 16 de diciembre de 2025

Erik Satie, una vida musical para ser contada y dibujada

 

Eric Satie
Pablo Gallo


Erik Satie, una vida musical para ser contada y dibujada

Pablo Gallo se adentra en un libro en la biografía y en la obra del compositor que renovó la música

Víctor Fernández
8 de diciembre de 2025

Nombrar a Erik Satie es hacer referencia a uno de los grandes compositores de todos los tiempos, alguien que hizo con la música lo que hizo, en ese mismo tiempo, Picasso con la pintura. Su vida fue tan fascinante como lo es el conjunto de su producción musical y merece ser conocida e, incluso, dibujada. Eso es lo que nos propone en un apasionante libro el artista y escritor Pablo Gallo con un título que es toda una declaración de intenciones: «Las mil caras de Erik Satie», editado por Sans Sleil Ediciones.

lunes, 8 de diciembre de 2025

El señor Beethoven, de Paul Griffiths




El señor Beethoven,
de Paul Griffiths
(Henningham Family Press, mayo de 2020)

Revisado por Jon Day

Los novelistas históricos son más parásitos que la mayoría de los escritores de ficción. Sus historias se basan en hechos comprobados, aprovechando y explotando las lagunas del registro histórico. En este sentido, escribir ficción histórica es similar a interpretar música. Ambas actividades dependen de equilibrar la fidelidad a las fuentes con la creación de adornos. Una interpretación demasiado libre podría llevarte a ser acusado de ignorar los hechos o de desviarte de la partitura; una interpretación demasiado limitada podría llevarte a escribir una biografía en lugar de ficción, reproduciendo mecánicamente una pieza musical en lugar de interpretarla.

viernes, 31 de enero de 2025

‘Sister Morphine’: la canción por la que Marianne Faithfull batalló contra los Stones

 


Mick Jagger y Marianne Faithfull en Sídney (Australia), en julio de 1969. Durante este viaje, ella intentó suicidarse con una ingesta de barbitúricos.


‘Sister Morphine’: la canción por la que Marianne Faithfull batalló contra los Stones para hacer justicia


La cantante, que acaba de fallecer, debió esperar dos décadas para que Mick Jagger y Keith Richards aceptasen su firma en un tema censurado en España que contiene mucho de la vida de ella


Carlos Marcos
CARLOS MARCOS
Madrid - 31 ENE 2025 - 06:11 COT

A España llegó la versión censurada. En lugar de la desafiante portada ideada por Andy Warhol para el disco de los Rolling Stones Sticky Fingers (1971), con la pelvis masculina enfundada en unos pantalones vaqueros (“la portada de la cremallera” se decía), se colocaron unos dedos femeninos saliendo de un bote de melaza. La traducción del título del álbum es dedos pegajosos, de ahí ese alarde de diseño. Ni comparación. Pero existía otra censura que al melómano español no se le escapó: en lugar de la canción Sister Morphine aparecía Let It Rock, un rock and roll de Chuck Berry interpretado con el corajudo estilo de los Stones de Mick Taylor. Por qué este cambalache. Según los censores de Franco, porque Sister Morphine “contenía material sexual”. Hasta en eso se equivocaron.

sábado, 4 de junio de 2022

Alejo Carpentier / Y la música creó a Cuba






Y la música creó a Cuba

‘La música en Cuba’, de Alejo Carpentier, publicado originalmente en 1946, es un libro que trata de una isla parecida al paraíso y de cómo fue poblada por las melodías. ‘Babelia’ adelanta el prólogo de Iván de la Nuez a la reciente edición de Libros del Kultrum


Iván de la Nuez

26 de mayo de 2022


Este libro trata de una isla parecida al paraíso y de cómo fue poblada por la música. Esta historia empieza en un archipiélago de recolectores, cazadores y pescadores, sin música ni gobierno, entregados a la fuma del tabaco y la sensualidad colectiva.


Primera historia de la música en Cuba, recorre desde el siglo XVI hasta el momento en que esa música triunfa en el mundo de la mano de El Manisero de Moisés Simon, por una parte, y de la orquesta de Xavier Cugat, por la otra.


Por el camino, la recuperación de Esteban Salas (cuyo arte había quedado sumido “en la más absoluta obscuridad” hasta este libro). O la música de salones y teatros del siglo XVII. O el tráfico musical entre La Habana, Sevilla, Veracruz, Puerto Rico y Venezuela. O las disputas musicales que van conformando la nación cubana. O los primeros compases de las contradanzas y el cuchumbé, zarabandas y habaneras, bufos y clásicos, la influencia de África y el patrimonio heredado de España. O el entramado sinuoso de la industria musical...


Carpentier deja constancia de su admiraciones —Saumell, Ignacio Cervantes, Amadeo Roldán, García Caturla—, incorpora el término “afrocubanismo” y remata su libro elogiando la música de vanguardia en la isla, protagonizada por las obras de Julián Orbón, Harold Gramatges, Gisela Fernández o el Grupo Renovación. Pero también hay lugar para sus fobias, como es el caso de Perucho Figueredo, autor del himno nacional, al que considera un fenómeno sociológico o iconográfico más que musicológico. Tampoco perdona la deriva musical de Ernesto Lecuona ni se corta a la hora de atizar a Cugat, que le parece algo así como un usurpador poco serio.


Alejo Carpentier, 1979
Foto de Ulf Andersen


A diferencia de José Lezama Lima, que considera como primer texto poético de Cuba al Diario de Navegación, de Cristóbal Colón, quien ni es poeta ni cubano, Carpentier no tiene esa relación mística con la inmanencia del espacio insular. Si para Lezama, lo que ocurre en la isla es ya cubano (más allá de que la nacionalidad no esté constituida del todo), para Carpentier lo que demuestra la música es, precisamente, la necesidad de un tiempo formador si se quiere hablar con propiedad de una cultura nacional.


Por eso, su libro se puede leer como la historia de un puente que va desde la música en Cuba hasta la música de Cuba.


Semejante distinción va mas allá de un juego de preposiciones y, en buena medida, refleja su propia y complicada biografía; la acrobacia identitaria que lo acompañó toda su vida desde su nacimiento en 1904, en Lausana y no en La Habana, hasta su muerte en París y su funeral con honores de Estado en la Cuba comunista de 1980. (Y con guardia incluida del mismo Fidel Castro).

El libro aborda cómo se va componiendo el sonido cubano hasta alcanzar esa pléyade de géneros que hará de ese país, en términos musicales, acaso uno de los más poderosos del planeta

Roberto González Echevarría ha escrutado como nadie esa “doble vida” en su libro The Pilgrim at Home, aparecido en 1977 y traducido más tarde al español como El peregrino en su patria. Esa dualidad entre el revolucionario y el intelectual refinado, el hombre de negocios y el escritor, el cubano y el francés, el comunista y el surrealista, el anfitrión de salón y el representante de la dictadura del proletariado. Todo ello bajo el muy cuidado reino de su mundo, que creó a partir de una biografía hecha a su medida. A fin de cuentas, casi todo lo que sabemos sobre Carpentier lo escribió él mismo.

Volviendo a La música en Cuba, González Echevarría cuenta que le llevó a Carpentier la nueva edición de 1972 (Fondo de Cultura Económica) a París, donde este se desempeñaba, a la sazón, como diplomático del gobierno cubano.


Un detalle interesante es que la primera impresión de La música en Cuba, fechada en 1946, aparecida también en ese sello y escrita por encargo de Daniel Cossío Villegas, se publicó en la colección Tierra Firme, mientras que la segunda impresión pertenece a la Colección Popular. Una prueba de la importancia que se le daba a la cultura popular y de cuánto ha disminuido esa percepción medio siglo después. De hecho, puede decirse que este libro arrastra esa “oralidad mediatizada” identificada por Anke Birken y que se debe a su experiencia anterior en la radio, medio en el que Carpentier trabajó por muchos años y del que era un defensor acérrimo.


La música en Cuba es, por otra parte, el primer ensayo publicado, en forma de libro, por Alejo Carpentier. Y su segundo libro en general, posterior a esa primera novela de la que renegó largo tiempo: Ecué-Yamba-Ó, “la suerte está echada” en lengua abakuá, publicada en 1933.


Estamos, entonces, ante una obra de tránsito entre el Carpentier ensayista y el novelista que, después de La música en Cuba, publicará tres novelas tan extraordinarias como El reino de este mundoLos pasos perdidos o El acoso, por solo mencionar las aparecidas antes de la Revolución cubana de 1959.

Este es un ensayo sobre cómo la música conquista un territorio todavía insonoro y lo llena de notas. Y de cómo se va componiendo el sonido cubano hasta alcanzar esa pléyade de géneros que hará de ese país, en términos musicales, acaso uno de los más poderosos del planeta.


Este es un libro en el que se explica la colonización con la espada y con la cruz, pero también con la batuta. Con las escrituras y con las partituras.

En Ruido insurgente, Michael Denning percibe dos niveles en los ensayos sobre música. Uno genérico y otro general. El primero atendería a la música en sí y a su lugar en la evolución de las especies por su conexión con el lenguaje, el cerebro o el sonido. El segundo estaría enfocado en las panorámicas generales (rough guides les llama), que se expandirían a todo un sistema que comprende el mercado musical o las microhistorias de géneros y artistas concretos. La música en Cuba -un texto pionero para los estudios cubanos y para el ensayo musical per se-, combina esas dos variantes y las desborda. Entre otras cosas, porque se trata de un texto híbrido que enriquece la escritura y la música a partes iguales.


Alejo Carpentier le concede importancia a la búsqueda de una partitura perdida, pero también a lo que significa el sonido en la configuración de un orden nacional. Atiende las historias particulares de músicos como Esteban Salas o García Caturla o Ignacio Cervantes, pero también al fenómeno social y hasta político que emana de un concierto. Descubre los sones que prefiguraron el son tal como hoy lo conocemos y a la vez se interna en las disputas sobre la música de concierto. Le importa el archivo, pero no ignora la jerarquía que tiene el salón donde se baila. Rebusca en la historia de los instrumentos con la misma pasión que investiga la sociología de las audiencias. Ama las partituras, pero le fascina la improvisación. El legado europeo y el africano, la herencia intelectual y la natural. Le seduce la trascendencia geográfica de la música cubana y le amarga la deriva colonialista de su banalización indolente.


En la estela de Fernando Ortiz —el gran sabio que crea el concepto transculturación en el Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar, libro aparecido seis años antes que La música en Cuba—, Carpentier hace suya la crítica anticolonial que establece su obra. Y aplica a la música la reprobación de Ortiz a los intereses económicos que los mercaderes “habrían de torcer y trenzar durante siglos”, como hilos de la historia y “como sostenes y ataduras del pueblo”.


De ahí su validación de las Antillas como lugares llamados a deglutir la cultura de Occidente, mientras este las está colonizando. Es, en esa cuerda, que las define como un “espacio musical profanopopular” de resistencia al vasallaje.


Cuando aparece La música en Cuba todavía no se han publicado ensayos musicales del calado de Mystery Train (Greil Marcus), Bossa Nova (Ruy Castro), Women Composers: The Lost Tradition Found (Diane Peacock Jezic), El ritmo perdido (Santiago Auserón), Wagnerismo (Alex Ross), Women Making Music: The Western Art Tradition, 1150-1950 (Judith Tick) el ya citado Ruido insurgente (Denning). Pero Carpentier, de muchas maneras, se adelanta a estos libros en su compleja percepción del sistema musical como una pieza cardinal de la industria capitalista moderna. Y, a diferencia de esos ensayos que nos hablan de cómo el territorio funda una música, el suyo nos habla de cómo la música funda un territorio. (Soy algo lapidario aquí, pero no tanto).


Valga recordar que las islas poseen, quizá de una manera más acusada que otros espacios, una intensa atmósfera acústica. En su libro En el mismo barcoPeter Sloterdijk recoge una definición del compositor canadiense R. Murray Schafer que habla del soundscape, paisaje sonoro característico de un grupo psicosocial concreto. Una “sonoesfera que atrae a los suyos hacia el interior de un globo terráqueo psicoacústico”.


Aunque aquí también caben otros grandes sonidos, como las lenguas maternas, el caso de la imantación ejercida por la música cubana tiene sus singularidades. Porque esa música no atrae tan sólo a los suyos, sino también a los otros, hasta hacerlos caer en sus propias trampas y navegar por sus propias aguas. Esas eran, según Blanchot, las intenciones de las sirenas de Homero con Ulises o la seducción de la ballena de Melville sobre Ahab.


La lista de esas atracciones foráneas es larga, y compone en sí misma una historia de la apropiación cultural ejercida desde el aquí muy criticado Xavier Cugat hasta Ry Cooder, pasando por George Gershwin, Dizzie Gillespie, Nat King Cole, David Byrne o Marc Ribot con sus cubanos postizos. (Hablando de las polémicas musicales a principios del siglo XIX, ya Carpentier nos habla del alemán Juan Nepomuceno Goetz como un músico que llega a Cuba para sustituir a un catalán “que se las da de cubano”).


La música en Cuba es, además, una arqueología de los escasos estudios que hasta entonces existían en la isla, un arduo trabajo de recuperación de partituras, amén de una crítica a la precaria conservación de los archivos musicales en el tercer mundo, un estado de la cuestión en materia de los debates antillanos sobre sobre su propia identidad musical y, a ratos, una compilación de letras y músicas divertidas que nos hablan de su vasto conocimiento de la cultura popular.


Cuando Carpentier publica este libro, faltan aún trece años para el triunfo guerrillero de 1959 y para que su autor se convierta en uno de los intelectuales orgánicos de la Revolución, ostentando altos cargos políticos -director de la Editora Nacional, vicepresidente del Consejo Nacional de Cultura- o diplomáticos. Tampoco es todavía el novelista fundador de lo real maravilloso, ni el narrador de las grandes alegorías de la revolución en el Caribe o de los dictadores latinoamericanos, ni el hombre fascinado por Haití o el río Orinoco. Allí transcurre una de sus grandes novelas, Los pasos perdidos (1953), en la que el experto de un museo occidental viaja a una comunidad indígena para traerse sus instrumentos musicales a Europa. Esta obra, por cierto, permite más de un parangón con el Fitzcarraldo posterior de Werner Herzog. La música está presente, asimismo, en El acoso, una novela experimental de 1956 cuya trama dura lo mismo que la Sinfonía Heroica de Beethoven. O en Concierto Barroco (1974) y La consagración de la primavera (1978).


Pero antes y después —en el ensayo y la novela—, puede decirse que Carpentier siempre se ocupó de la música. Bien en crónicas y artículos sueltos (publicados, por ejemplo, en la revista Carteles), bien en libros como Los temas de la lira y el bongó (compilado por Radamés Giro).

Sobre esa relación destacan, en España, Alejo Carpentier y la música, de Blas Matamoro, o Música y escritura en Alejo Carpentier, donde Gabriel María Rubio Navarro describe su literatura como una “poética del sonido” que no solo habla sobre música, sino que está regida por la estructura musical como un mecanismo interno de su escritura. Otros autores y autoras han buscado las aristas de su obra múltiple: Alain Absire, Graziella Pogolotti, Jean-Louis Coatrieux, Anke Birken, Daniel-Henri Pageaux, Sandra Pein, Timothy J. Cox, Juliane Ziegler, Oxana Guskova, Pierre Dombrowski, Nicolai Bühnemann, Araceli García Carranza, Leonardo Padura, Wilfredo Cancio Isla, Rogelio Rodríguez Coronel, Luisa Campuzano, Rita de Maeseneer o Ana Cairo.


La música en Cuba ofrece claves de lo que después será el sistema Carpentier, con esa literatura total que abarca el cine, la arquitectura, el ballet o la Ópera. Aquí queda a la vista, por otra parte, que pese a tenerse como un paradigma de intelectual erudito y culterano, fue un persistente defensor de eliminar la frontera entre alta cultura y cultura popular.


Carpentier, obviamente, no conoció Spotify o Youtube, pero probablemente se sentiría reconfortado si supiera que algunas de las piezas comentadas en este libro pueden escucharse hoy en esas plataformas.


Cuando muere en París un 23 de abril de 1980, estaba finalizando una novela sobre Paul Lafargue. El poeta represaliado Heberto Padilla —entonces desahuciado en Cuba después de haberse convertido en “el hombre del caso”— lo recuerda, viejo y cansado, atravesando la barrera de su totemismo oficial para darle ánimos en privado. Por esos tiempos, apadrina a un joven genio del piano como Jorge Luis Prats, que acaba de ganar el primer premio del concurso Long-Thibaud-Crespin en Francia y al que dedica una pieza crítica propia de sus mejores días. En esos años finales, llega a reconocer su admiración por Pink Floyd o por el baile de John Travolta.


Aquella novela sobre Lafargue no alcanzó a terminarla, pero sí supo de su último libro antes de morir, cuya edición española corrió a cargo de Eduardo Rincón, que también escribió el prólogo. ¿Su título? Ese músico que llevo dentro.


Cierre nada casual para un ciclo, vital e intelectual, que empieza y acaba con música.


Dejemos aquí, pues, esta introducción. La música en Cuba nos llama.





miércoles, 14 de octubre de 2020

Tony Bennet / Stevie Wonder / For once in my life


https://www.youtube.com/watch?v=v8PUjQpu78s
Tony Bennett - For Once in My Life (from Duets: The Making Of An American Classic)



Tony Bennet

Stevie Wonder


FOR ONCE IN MY LIFE

https://www.youtube.com/watch?v=2QBpYIR1yM4


Tony Bennett

Tony Bennett, nacido en 1926, es un gran cantante de pop y jazz que ha tenido la mala suerte de ser contemporáneo de Frank Sinatra, a quien siempre se le ha comparado. Sin embargo es uno de los mejores cantantes en su estilo, con una personalidad muy definida y un timbre de voz muy genuino, un gran artista.

Stevie Wonder 

 

Stevie Wonder... en fin, en pocas palabras sólo se puede decir que tiene una voz espectacular, que es un buen pianista y que es un virtuoso de la armónica, además de haber compuesto numerosas canciones, entre ellas muchos éxitos en ventas. Stevie es ciego de nacimiento. 

martes, 11 de febrero de 2020

Las canciones más bellas del mundo / Can't take my eyes off you



Can't take my eyes off you

You're just too good to be true.
Can't take my eyes off you.
You'd be like Heaven to touch.
I wanna hold you so much.
At long last love has arrived
And I thank God I'm alive.
You're just too good to be true.
Can't take my eyes off you.

Pardon the way that I stare.
There's nothing else to compare.
The sight of you leaves me weak.
There are no words left to speak,
But if you feel like I feel,
Please let me know that it's real.
You're just too good to be true.
Can't take my eyes off you.

I love you, baby,
And if it's quite alright,
I need you, baby,
To warm a lonely night.
I love you, baby.
Trust in me when I say:
Oh, pretty baby,
Don't bring me down, I pray.
Oh, pretty baby, now that I found you, stay
And let me love you, baby.
Let me love you.

You're just too good to be true.
Can't take my eyes off you.
You'd be like Heaven to touch.
I wanna hold you so much.
At long last love has arrived
And I thank God I'm alive.
You're just too good to be true.
Can't take my eyes off you.

I love you, baby,
And if it's quite alright,
I need you, baby,
To warm a lonely night.
I love you, baby.
Trust in me when I say:
Oh, pretty baby,
Don't bring me down, I pray.
Oh, pretty baby, now that I found you, stay..



Gloria Gaynor

NO PUEDO DEJAR DE MIRARTE

No puedo dejar de mirarte
Eres demasiado bueno para ser verdad
No puedo dejar de mirarte
Eres como un toque del cielo. 
Quiero tenerte por mucho tiempo. 
Tanto como el amor que te tengo. 
Y le agradezco a Dios estar viva. 
Eres demasiado bueno para ser verdad. 
No puedo dejar de mirarte

Perdona la forma en que te miro. 
Pero no hay nada que se le compare. 
Mirarte me debilita. 
No hay palabras que me expliquen.
Pero si sientes lo que yo. 
Por favor déjame saber que esto es real. 
Eres demasiado bueno para ser verdad.
No puedo dejar de mirarte.

Te necesito nene, y es absolutamente correcto
Te necesito nene para calentar una noche solitaria. 
Te amo nene. 
Creeme cuando te lo digo: Oh mi amor
Rezo para que no me dejes. 
OH mi amor ahora que te encontré quédate. 
Y déjame amarte, Oh nene déjame amarte, Oh mi amor...

Eres demasiado bueno para ser verdad
No puedo dejar de mirarte
Eres como un toque del cielo. 
Quiero tenerte por mucho tiempo. 
Tanto como el amor que te tengo. 
Y le agradezco a Dios estar viva. 
Eres demasiado bueno para ser verdad. 
No puedo dejar de mirarte

Te necesito nene, y es absolutamente correcto
Te necesito nene para calentar una noche solitaria. 
Te amo nene. 
Creeme cuando te lo digo: Oh mi amor
Rezo para que no me dejes. 
Oh mi amor ahora que te encontré quédate. 
Y déjame amarte, Oh nene déjame amarte, Oh mi amor...

Te necesito nene, y es absolutamente correcto
Te necesito nene para calentar una noche solitaria. 
Te amo nene. 
Creeme cuando te lo digo: Oh mi amor
Rezo para que no me dejes. Oh mi amor
Ahora que te encontré quédate. 
Y déjame amarte, Oh nene déjame amarte, Oh mi amor...




https://www.youtube.com/watch?v=aKjz04YetiQ

https://www.youtube.com/watch?v=rore790l_sk

Heath Ledger

Can't take my eyes off you



FICCIONES
Las canciones más bellas del mundo / Puñalada trapera
Las canciones más bellas del mundo / Barro tal vez
Las canciones más bellas del mundo / Amor perdido
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Las canciones más bellas del mundo / "Bésame mucho" según Monsieur Periné
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Las canciones más bellas del mundo / Georges Moustaki / La Métèque
Las canciones más bellas del mundo / Marlene Dietrich / Milva / Lili Marleen
Las canciones más bellas del mundo / Chuck Berry / Johnny B. Good
Las canciones más bellas del mundo / Charles Aznavour / Hier encore
Las canciones más bellas del mundo / Chuck Berry / You Never Can Tell
Las canciones más bellas del mundo / Little Richard / Good Golly, Miss Molly
Las canciones más bellas del mundo / Can´t take my eyes off you
Las canciones más bellas del mundo / Joss Stone / The High Road
Las canciones más bellas del mundo / Frank Sinatra / Killing me Sofly
Las canciones más bellas del mundo / Frank Sinatra / Fly me to the Moon
Las canciones más bellas del mundo / Frank Sinatra / That´s Life
Las canciones más bellas del mundo / Sting / Shape of my Heart
Las canciones más bellas del mundo / Carlos Gardel / Por una cabeza
Las canciones más bellas del mundo / Piazzolla / Solanas / Vuelvo al Sur
Las canciones más bellas del mundo / Joan Sebastian / Como tú decidas

DE OTROS MUNDOS
LAS CANCIONES MÁS BELLAS DEL MUNDO

RIMBAUD