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| Fleur Jaeggy |
En torno a Fleur Jaeggy
La flor del mal
Guillermo Saccomanno
29 de enero de 2023
“La mirada oblicua, ligeramente malvada”, escribe Fleur Jaeggy sobre una joven enigmática. Vale la pena, después de la descripción, detenerse en la foto que acompaña muchos de sus libros. Por qué no pensar que Jaeggy (Zurich,1940) habla de sí misma, pero también que las nenas, adolescentes, mujeres y madres de sus cuentos y novelas pueden ser variaciones de un yo pero no sólo, y que ese retrato en blanco y negro, de traje oscuro, expresa más de la “joven formal” de lo que insinúan la sonrisa y la mirada que trasuntan una inteligencia sutil, impiadosa. Porque en ella, una vez leída, son lógicas y naturales esa sonrisa y esa mirada. Y aunque años más tarde pueda cambiar la foto tal vez a los cuarenta o habiéndolos pasado, con un cigarrillo, aunque los ojos muestren unas ojeras suaves, no dejan de transmitir esa esencia tan suya, una fragilidad que encubre con elegancia una fortaleza. “Una escritora maravillosa, brillante, salvaje”, la calificó Susan Sontag. Si me detuve en estas fotos (hay más en internet, actualizadas hasta la actualidad, ahora octogenaria, y con un encanto incólume), es porque en la imagen el glamour tiene mucho que ver con un universo que domina. Por qué no: un glamour como perver el suyo. Arriesgo, la suya es, ni más ni menos, una escritura de clase. Pero desgarrada. “Como si el dolor estuviera hecho de paciencia, cordura, afirmación de lo irremediable”, escribe.