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| Charlie (Dominic Monaghan) muestra el mensaje “no es el barco de Penny” en una escena del final de la tercera temporada de 'Perdidos'. |
“Tenemos que volver, Kate”: Cuando cuatro palabras en ‘Lost’ lo cambiaron todo
El final de la tercera temporada de 'Perdidos' tiene dos de los momentos más icónicos y memorables de la televisión reciente
27 AGO 2019 - 01:45 COT
“Tenemos que volver, Kate. ¡Tenemos que volver!”. El eco del grito de Jack Shepard con el que se cerraba la tercera temporada de Perdidos todavía resuena en la memoria, y sigue poniendo la piel de gallina. Aunque su recuerdo haya quedado manchado por su polémico final —y por decisiones de guion previas más que cuestionables—, el hecho es que Perdidos fue una serie especial. Fue el último aliento de un tipo de televisión liderado por los canales en abierto estadounidenses y, a la vez, el primer paso de otro modelo en el que la globalización permite que el evento televisivo tenga dimensiones internacionales y cuyo culmen ha sido la última entregal de Juego de tronos. Los foros de Internet echaban humo y las conversaciones en torno a la máquina de café tenían alimento semanal constante. Por su capítulo final, un canal español, Cuatro, se atrevió por primera vez con la emisión simultánea al país de origen. Lo que entonces supuso un experimento, ahora resulta habitual.
Porque Perdidos (2004-2010) fue mucho más que un final polémico. Cuando hoy se vuelve sobre ella, uno se reencuentra con una historia muy disfrutable, con momentos brillantes y escenas que no se olvidan. Y sí, capítulos de relleno, malos y peores. Se suele recordar el maravilloso y emotivo episodio La constante (el quinto de la cuarta entrega), pero si se trata de elegir escenas concretas, dos secuencias del último capítulo de la tercera temporada se llevan el premio. En A través del espejo, el episodio de doble duración firmado por Damon Lindelof y Carlton Cuse y dirigido por Jack Bender, antes de llegar al giro final y en medio de una trama llena de acción, el espectador se encontraba de repente con la heroica muerte de uno de los personajes centrales. Mientras Charlie se ahogaba, y empezaban a brotar las lágrimas de los espectadores empujadas por la banda sonora de Michael Giacchino (nada habría sido lo mismo sin Giacchino), se las apañaba para escribir en la plama de la mano "not Penny's boat". No es el barco de Penny. Y surgía así una de las imágenes más icónicas de la televisión reciente.






















