Gustavo Petro, durante la entrevista, el 21 de febrero de 2025.CHELO CAMACHO
Gustavo Petro: “Fallé al creer que podía hacer una revolución gobernando”
El presidente de Colombia, en entrevista en exclusiva con EL PAÍS, analiza la difícil situación de su Gobierno, el pulso con Trump y asegura que ser jefe de Estado es “de una infelicidad absoluta”
El reloj marca las tres de la tarde y el presidente de Colombia, Gustavo Petro, llega al Salón de los Gobelinos de la Casa de Nariño, su residencia oficial, visiblemente cansado. Dice que tiene un “virus con todo” y se deja caer sobre la silla dorada desde la que conversará durante casi dos horas con EL PAÍS. Apenas gesticula y, en un principio, responde trazando largos circunloquios históricos. Desaparecen a medida que avanza la entrevista, para dar paso al Petro duro y guerrero de siempre, un presidente que, a sus 64 años, defiende palmo a palmo su gestión, pero en el que asoman también las amarguras y decepciones del poder.
El asesino de ‘A sangre fría’ escribió su relato de la matanza
Truman Capote conoció la existencia del texto de Richard Hickcock y lo silenció. Medio siglo después, el manuscrito ha sido redescubierto en Estados Unidos
JAN MARTÍNEZ AHRENS Washington 25 MAR 2017 - 13:16 COT
Truman Capote tuvo competencia en el corredor de la muerte. Antes de ser ahorcado, Richard Hickock, uno de los dos asesinos retratados en su novela A sangre fría, escribió su propia versión de la matanza de la familia Clutter. Pero el texto, de unas 200 páginas, nunca llegó a publicarse. Mientras la reconstrucción de Capote, símbolo máximo del Nuevo Periodismo, alcanzaba la gloria, el relato que hizo el criminal sobre los mismos hechos se perdió en la corriente de los días. A ello contribuyó el propio Capote. Megalómano y ferozmente competitivo, al conocer la existencia del manuscrito intentó comprarlo y, tras fracasar, lo silenció. Durante medio siglo, la versión del asesino permaneció olvidada hasta que una investigación de The Wall Street Journal la ha vuelto a sacar a la luz.
El legado de Trump tras acceder al cargo es la mayor fractura social desde los magnicidios de 1968 y Vietnam
JAN MARTÍNEZ AHRENS Washington
19 ENE 2018 - 17:21 COT
El tiempo en política es una sustancia altamente inestable. Siempre va por delante pero solo se entiende mirando atrás. Es algo que saben bien los sociólogos estadounidenses. Desde hace un año, sus sensores han detectado un seísmo únicamente comparable al que en 1968 sacudió al país. Una falla que, según las encuestas, ha dividido a la sociedad norteamericana como nunca en medio siglo y que tiene una causa bien establecida: Donald John Trump (Nueva York, 1946).
Yo, Trump: el día a día de un presidente en llamas
Desmesurado y ególatra, el presidente de EE UU convierte su mandato en un show global
JAN MARTÍNEZ AHRENS
Washington 13 ENE 2018 - 23:22 COT
Donald Trump y su esposa, Melania, bailando.REUTERS
Donald Trump es directo. Entra en cualquier discusión sin preámbulos. Corto y duro. Las presentaciones le aburren. Odia los informes largos. Nada de circunloquios. Todo tiene que ser rápidamente metabolizado. Una estrategia política cabe en un tuit, un acuerdo en una conversación. No hay nada que no pueda ser reducido, compactado, exhibido. Por eso ama Twitter. Y aún más la televisión. Frente a la pantalla pasa, según las reconstrucciones más rigurosas, un mínimo de cuatro horas diarias. Le gusta especialmente la extraplana que hizo instalar en el comedor, y cada mañana lo primero que ve es el conservador Fox and Friends. A partir de ahí empieza a escudriñar, no ya lo que ocurre en el mundo sino lo que el mundo piensa de él. Y si algo no le gusta, brama. Y cuando brama, a nadie se le escapa. Su gabinete, sus generales, sus adversarios, el orbe entero lo descubre al instante.
En una imagen del pasado 12 de octubre, el presidente de EE UU, Donald Trump, se dirige a los medios en la Casa Blanca (Washington).EVAN VUCCI (AP) / EPV
Trump intenta frenar un demoledor libro de su Casa Blanca y la editorial adelanta su publicación
La obra sobre el magnate refuerza la imagen de un presidente caótico y bufón que gobierna por impulsos. La editorial saca hoy el libro como respuesta a las presiones
JAN MARTÍNEZ AHRENS
Washington 5 ENE 2018 - 13:50 COT
Donald Trump no creyó jamás que fuese a ganar las elecciones. Y cuando lo hizo, se quedó helado como un fantasma. Un estupor del que, una vez investido presidente, pareció seguir preso: no procesaba información, no leía y ni siquiera ojeaba los informes. Era un “niño grande” que abroncaba al servicio por tocar su cepillo de dientes y se quedaba paralizado ante asuntos complejos. La incendiaria descripción corresponde a un libro que, pese a las presiones del presidente para evitarlo, la editorial ha decidido adelantar su publicación a este viernes y cuyos detalles de caos e infantilismo han desatado una espectacular tormenta. Trump niega furiosamente su contenido, pero ante el mundo ha vuelto a emerger la imagen de un presidente caótico y bufón que gobierna por impulsos.
TRUMP DICE QUE "NUNCA HABLÓ" CON EL AUTOR DEL "LIBRO FALSO"
"No he autorizado el acceso a la Casa Blanca (y de hecho lo he rechazado muchas veces) al autor del libro falso. Nunca hablé con él para el libro, lleno de mentiras, distorsiones y fuentes que no existen", ha subrayado Donald Trump este jueves. "Mirad el pasado de este señor y mirad lo que le pasa a él y al descuidado de Steve", ha remachado en su tuit en referencia a su exjefe de campaña Steve Bannon.
I authorized Zero access to White House (actually turned him down many times) for author of phony book! I never spoke to him for book. Full of lies, misrepresentations and sources that don’t exist. Look at this guy’s past and watch what happens to him and Sloppy Steve!
La bomba se titula Fuego y Furia: dentro de la Casa Blanca de Trump y es obra de Michael Wolff, un periodista de 64 años que ha escrito para Vanity Fair, The Guardian y Hollywood Reporter. Su trabajo ha sido más de una vez cuestionado por su presunta tendencia a la exageración. En este caso, aunque algunos de los altos cargos se han apresurado a desmentir lo publicado, nadie niega que tuvo un acercamiento excepcional a la Casa Blanca. De la mano del antiguo estratega jefe, Steve Bannon, recogió durante 18 meses 200 testimonios de personas próximas al presidente, e incluso se reunió, aunque brevemente, con Trump, un personaje al que ya había entrevistado para Hollywood Reporter y al que solicitó directamente permiso para el libro.
Con este bagaje, la obra se ha vuelto puro veneno para la Casa Blanca. Hay entrecomillados hirientes por doquier y personalidades del círculo íntimo de Trump, como el propio Bannon o la antigua subjefa de gabinete, Katie Walsh, que revelan pormenores sonrojantes de la vida en el Despacho Oval. Tal es su carga explosiva que ha bastado la distribución de algunos extractos para poner a la Casa Blanca en modo de combate. Los abogados del presidente han intentado frenar la salida del libro y han solicitado por carta a la empresa editora, la poderosa Henry Holt & Company, que desista bajo la amenaza de denunciarlo por libelo. La editorial ha respondido adelantando su distribución, prevista para el martes, a este mismo viernes.
En este vendaval, el propio Wolff ha escrito un largo artículo explicando su génesis y defendiendo sus contenidos. Su relato, aunque a veces no aclara la fuente de la información, supone un demoledor retrato interior de la presidencia. Un gobierno consumido por luchas intestinas, sin prioridades claras y dominado, según la obra, por una personalidad extravagante y caprichosa que halla en sus instintos su mejor consejero.
La victoria (inesperada)
Melania lloraba y Trump, según el testimonio de su hijo mayor, se quedó helado como un fantasma. Acababa de saberlo. Era el próximo presidente de Estados Unidos. No se lo creía. No se lo esperaba. Hasta el último día había dado por segura la derrota. Ese 8 de noviembre, de hecho, su equipo se había concentrado en los cuarteles generales contento porque consideraba que iban a perder por menos de 6 puntos. Y el propio Trump, en días anteriores, había expresado a su amigo, el presidente de la cadena Fox, Roger Ailes, su convicción de que haber llegado hasta ahí era ya un triunfo que le abría las puertas de la fama, aunque se le cerrasen las de la Casa Blanca. Pero todo cambió esa noche. Perplejo, su consejero de campaña Steve Bannon lo vio transformarse. Primero escéptico, luego horrorizado, y finalmente iluminado: “Donald Trump se convirtió en el hombre que consideraba que merecía ser y era perfectamente capaz de ser, el presidente de Estados Unidos”.
Enfado en la investidura
Steve Bannon en una imagen de diciembre de 2017. JOE RAEDLEAFP / GETTY IMAGES
No fue el día más feliz de la vida de Donald Trump. El libro sostiene que estaba molesto por el boicot de los famosos y disgustado por haber tenido que dormir en la dependencia de huéspedes de la Casa Blanca, en vez del Hotel Trump. Su esposa Melania fue víctima de su mal humor y estuvo al borde las lágrimas.
Primeros días y fobias
A Trump no le gustó la Casa Blanca y desde el inicio refugió en su habitación, una pieza separada de Melania. Era la primera vez desde Kennedy que un matrimonio presidencial no dormía en el mismo cuarto. Inmediatamente pidió dos televisores más y una cerradura para la puerta, algo que el equipo de seguridad desaconsejó. Ya instalado, no tardó en abroncar al servicio de limpieza por retirar del suelo sus camisas. “Si mi camisa está en el suelo es porque quiero que esté en el suelo”, les dijo. Y rápidamente, les impuso nuevas reglas: él se abriría la cama y decidiría cuándo quería que le limpiaran las sábanas, y nadie podía tocar nada de su habitación, especialmente su cepillo de dientes. Esto último era un reflejo de su antiguo miedo a un envenenamiento.
La guerra interna permanente
En los primeros meses, nadie dominaba la Casa Blanca y sus más cercanos colaboradores se odiaban. Tres eran los que competían y despachaban directamente con el mandatario. El jefe de gabinete, Reince Priebus; el estratega jefe, Steve Bannon, y el yerno, Jared Kushner. Los dos primeros eran especialmente despreciados por Trump. Un día llegó a comentar en voz alta los defectos de su círculo íntimo: “Bannon era desleal (sin mencionar que vestía como una mierda); Priebus, un débil (sin mencionar que era bajito, un enano); Kushner, un adulador”, indica la obra.
La elección de cargos y el nepotismo
Trump no sabía a quién elegir para los principales puestos. Y sus manías no le ayudaban. Cuando le recomendaron al diplomático John Bolton como consejero de Seguridad Nacional, lo rechazó por su bigote. “Es un problema. Para Trump no puede formar parte del equipo con ese bigote”, sentenció Bannon.
Tampoco mejoró su criterio para la selección del jefe de gabinete, un puesto de enorme poder y que hace las veces de primer ministro. El primer impulso del presidente fue escoger a su yerno, sin ninguna experiencia política y cuyo principal valor era ser el marido de su hija Ivanka.
Pero eso no le importó a Trump. Exteriorizó su deseo y nadie se atrevió a refutarlo. Tuvo que ser alguien venido de fuera quien diera la voz de alerta. La columnista conservadora Ann Coulter se llevó un día al presidente aparte: “Nadie te lo está diciendo, pero no puedes. Simplemente no puedes contratar a tus hijos”. El éxito de Coulter sólo fue parcial.
Ivanka, presidenta
El poder de Ivanka y su esposo, Jared Kushner, es inmenso en la Casa Blanca. En los primeros meses igualaba al del entonces jefe de gabinete, Reince Priebus. Tenían hilo directo con el presidente y, pese a las advertencias, habían logrado ser contratados como asesores. “Ivanka había ayudado a su padre no sólo en asuntos de negocios, sino también maritales. Era algo transaccional”, describe el libro.
Desde esa cercanía, trataba a su padre con desapego, se reía de él e incluso hacía burlas sobre su peinado. Mientras el resto del gabinete callaba, ella recordaba que esa composición capilar era una forma de tapar una superficie central absolutamente lisa mediante el artificio de peinar el cabello de los laterales hacia el centro y después atrás. Pese a las bromas, a nadie se le escapaba que era la emperatriz y que aspiraba a ser la primera presidenta de EEUU. “[Ivanka y Kushner] habían llegado a un acuerdo serio: si en algún momento en el futuro se presentaba la oportunidad, ella sería la candidata a la presidencia. La primera mujer presidenta, se emocionaba Ivanka, no sería Hillary Clinton, sino Ivanka Trump”.
La incompetencia de Trump
El presidente no destacaba por sus conocimientos ni por su sangre fría. La subjefa de gabinete Walsh le describe en el libro como “un niño cuyos deseos había que adivinar”. Incapaz de disciplinarse, en la Casa Blanca no sabía poner orden ni prioridades. “Denme tres cosas en las que el presidente quiera centrarse. ¿Cuáles son las tres prioridades?”, llegó a preguntarle Walsh a Kushner pocos días antes de abandonar el cargo en marzo pasado. Su exasperación tenía, según Wolff, un motivo. El presidente no avanzaba. El libro explica por qué: “No procesaba la información en un sentido convencional. No leía nada. Ni siquiera ojeaba. Para muchos no era más que un semianalfabeto. Confiaba en su propia experiencia, aunque fuera irrelevante, más que en nadie más. A menudo se mostraba confiado, pero igualmente se le veía paralizado, presa de sus peligrosas inseguridades. Respondía instintivamente, arremetiendo y actuando según sus tripas”.
AMENAZA LEGAL A BANNON
JOAN FAUS
Uno de los abogados de Donald Trump envió la noche del miércoles a Steve Bannon una carta en la que se le acusa de "difamación y calumnias" y de violar un acuerdo de no divulgación al hablar con el autor de un libro en el que critica al círculo familiar del presidente. "La acción legal es inminente", amenazaba la misiva y se instaba al ex estratega jefe de la Casa Blanca a cesar sus reproches.
En su primera valoración de la durísima reprimenda de Trump, Bannon se mostró conciliador. En un programa radiofónico, dijo el miércoles que "el presidente es un gran hombre" y que él lo apoya continuamente. "Nada nunca se entrometerá entre nosotros, el presidente Trump y su agenda", insistió este jueves. Trump reaccionó con ironía a esas palabras: “Ha cambiado de tono bastante rápido”.
Trump responde al líder de Corea del Norte: “Mi botón nuclear es mucho más grande y poderoso”
El presidente de EE UU vuelve a enzarzarse en una disputa con Kim Jong-un en pleno pulso atómico
Jan Martinez. Ahrens Washington 3 ENE 2018 - 12:34 COT
Kim Jong-un y Donald Trump.LUCAS JACKSON (REUTERS)REUTERS-QUALITY
Hay frases que definen una presidencia. Otras que califican un momento histórico. Y algunas que simplemente retratan a quien las dice. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, no pudo evitar anoche ser él mismo y ante su mayor responsabilidad, la gestión de una crisis nuclear, respondió a su archienemigo norcoreano con un exabrupto que muestra a las claras su forma de ver el mundo. “Kim Jong-un ha dicho que el botón nuclear está en su escritorio todo el tiempo. ¿Podría alguien de su hambriento y mermado régimen decirle que yo también tengo un botón, pero que el mío es mucho más grande y más poderoso que el suyo, y que funciona?”, tuiteó el presidente.
North Korean Leader Kim Jong Un just stated that the “Nuclear Button is on his desk at all times.” Will someone from his depleted and food starved regime please inform him that I too have a Nuclear Button, but it is a much bigger & more powerful one than his, and my Button works!
Sus palabras eran una contestación tardía a las declaraciones efectuadas el lunes por el tirano norcoreano, en las que reiteraba que su país, embarcado en una vertiginosa carrera armamentística, era ya un Estado nuclear con un "fuerte poder" disuasorio. “Todo Estados Unidos está al alcance de nuestras armas atómicas y hay un botón nuclear siempre en mi escritorio. Esta es la realidad, no una amenaza", señaló en un discurso, cuyo verdadero eje fue, sin embargo, la apertura de una vía de diálogo para que una delegación del Norte pueda participar en los Juegos Olímpicos de Invierno que organiza el Sur. Una iniciativa que podría contribuir al deshielo, pero a la que Trump hizo oídos sordos. Por el contrario, prefirió lanzar un bufido que confirma una de las características de su personalidad: responder a cualquier desafío con uno mayor.
No es la primera vez que ambos mandatarios se enzarzan. En septiembre, durante su estreno ante la Asamblea General de la ONU, el presidente estadounidense amenazó a Corea del Norte con la “destrucción total” si ponía en riesgo la seguridad de EEUU y llamó “hombre cohete” a Kim Jong-un. “Con seguridad voy a domar con fuego al desequilibrado y viejo chocho americano”, respondió el tirano norcoreano en una alocución emitida por televisión.
Este cruce de insultos se repitió en noviembre, cuando en la recta final de su gira asiática, Trump llamó “gordo y bajo” al Líder Supremo después de que los medios norcoreanos retratasen al presidente como un “viejo lunático”. Ahora, como si fuera un patio de colegio, nuevamente han chocado los dos hombres que tienen en sus manos el mayor pulso nuclear de la década.