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lunes, 2 de diciembre de 2024

Stephen, el hijo de Humphrey Bogart y Lauren Bacall

 


Humphrey Bogart y Lauren Bacall con su hijo Stephen, en una foto de 1950.
Humphrey Bogart y Lauren Bacall con su hijo Stephen, en una foto de 1950.ULLSTEIN BILD DTL. (ULLSTEIN BILD VIA GETTY IMAGES)


Stephen, el hijo de Humphrey Bogart y Lauren Bacall que siente que nunca conoció a su padre: “Él prefería la bebida, el tabaco y las fiestas”

Un nuevo documental explora la vida del icónico actor sin ocultar la cara menos brillante, incluido el testimonio de su vástago en el que confiesa lo desatendido que estuvo en la infancia por sus famosos padres y lo pesado que se le ha hecho a veces su apellido

sábado, 15 de agosto de 2020

Cinco mujeres del cine que nos sedujeron a través de lo prohibido

Actress and activist Rooney Mara makes the case for plant-based ...
Rooney Mara
Cinco mujeres del cine que nos sedujeron a través de lo prohibido

De Lauren Bacall a Rooney Mara. Repasamos algunas de las actrices que se atrevieron a romper las normas fuera y dentro de la gran pantalla

 | 17 OCT 2019 17:00
Sostenían todo el peso de la trama y desafiaban, sin apenas mirarlo, al espectador. La indiferencia de Faye Dunaway, la seguridad de Sharon Stone o la gracia de Sarah Michelle Gellar. La historia del cine está protagonizada por mujeres que rompieron con todos los esquemas cuando la industria todavía no se había molestado en escribir grandes papeles para ellas. Eran fuertes, seguras y seductoras. Sobrevivían como nadie en los márgenes, coqueteaban con lo prohibido y se saltaban todo tipo de normas. Estos son solo algunos de los personajes más fascinantes y cautivadores que nos ha dejado la gran pantalla.
Lauren Bacall, Sharon Stone y Faye Dunaway
Lauren Bacall, mirada de femme fatale
«Si me necesitas, silba». Le soltaba Lauren Bacall a Humphrey Bogart en Tener o no tener, dejándonos un beso cinematográfico y una frase para la posteridad. La actriz derrochaba tanta seguridad en la pantalla que cuesta creer que tan solo tuviera 19 años y esa fuera su primera película. «Estaba tan nerviosa que la única forma de mantener la cabeza estable era bajar la barbilla hasta casi tocar el pecho y elevar la mirada», confesaría más tarde. Unos ojos incisivos que traspasaban fronteras y una voz tan ronca como desafiante –la trabajó precisamente a las órdenes de Howard Hawks para no salirse del tono–, los rasgos distintivos de la femme fatale más arrebatadora del Hollywood dorado. Tener o no tener fue también el inicio de una historia de amor clandestina, la de Bacall y Bogart, 25 años mayor que ella, casado en ese momento con Mayo Methot y un historial con la bebida bastante problemático. Pero nada evitaría que se casaran un año después, sin la aprobación de su familia, y estuvieran juntos hasta la muerte del actor. La química que había entre la pareja quedaría para la posteridad en todas las películas que hicieron juntos.

domingo, 22 de julio de 2018

Robin Williams, Philip Seymour Hoffman y Lauren Bacall / Juguetes rotos e irrompibles

Robin Williams

Juguetes rotos e irrompibles

Williams, Seymour Hoffman y Bacall han demostrado que el mejor efecto especial es el talento del actor

EL PAÍS
17 AGO 2014 - 17:00 COT


Juguetes rotos e irrompibles
MARCOS BALFAGÓN
Muerto Robin Williams y con Philip Seymour Hoffman (uno de los mejores actores de su generación) todavía en la memoria, ha vuelto la fatigosa muletilla del juguete roto. Cuando no se sabe nada que decir sobre el trabajo profesional de un actor que acaba de morir se resucita el título de la película de Summers y ya está todo dicho. El caso es que ni Williams ni Seymour Hoffman respondían al cliché. Eran actores respetados, con proyectos en marcha y jugosas retribuciones. Williams explotó con notable éxito sus cualidades de hombre orquesta de la interpretación y Seymour Hoffman demostró (en Antes que el diablo sepa que has muerto o en Los idus de marzo, por ejemplo) que el mejor efecto especial es el talento del actor. La maquinaria Hollywood trabaja así: exprime el talento de sus actores (de los que tienen genio), exacerba sus depresiones y destila de ellas el instante de una interpretación insuperable. No es que sean juguetes rotos; es que tienen que ser rompibles para que el cine obtenga la plusvalía actoral en la pantalla. Buena parte de la historia de Hollywood está tejida con desiertos de drogas, océanos de alcohol y galaxias de sexo (léase Hollywood Babilonia, de Kenneth Anger); es, en fin, el humus que abona la cosecha.

domingo, 17 de agosto de 2014

Lauren Bacall / Una señora del upper west

Lauren Bacall

Una señora del ‘upper west’

Lauren Bacall era una mujer, grande, fuerte, atractiva hasta la tumba




Lauren Bacall actriz estadounidense. / AGUSTIN 
Lauren Bacall era de otra época. Ideal para una cronista que también se siente de otra época como es mi caso. Eso pensé cuando una señorita me abrió la puerta de su apartamento en el edificio Dakota, me condujo al salón y me dejó allí sola un rato. ¡Sola! Me asomé a la ventana, contemplé los invernales árboles pelados de Central Park y pensé que ese era el jardín privado de la señora Bacall, el gran cuadro viviente donde la diva celebraba el paso de las estaciones, observando en la primera línea más privilegiada del mundo la rotundidad y el colorido furioso con que responden los árboles americanos al otoño o a la primavera. Después, comencé a ser progresivamente más audaz, y me fui aproximando a las fotos que adornaban las paredes. Encontré, fascinada, que entre los rostros del álbum familiar estaban los de Hepburn, Tracy, David Niven, Leslie Howard… Si me hubieran dejado media hora más hubiera podido escribir un reportaje sin haber conocido a mi entrevistada, contando sólo cómo una estrella de las que no quedaban, o casi no quedan, permite a una cronista que husmee el cuarto en el que ella pasa los días desde finales de los cincuenta, desde que dijera adiós a Hollywood y volviera a la ciudad de la que se despidió cuando tenía 17 años.
Cuando Bacall entró yo tenía entre las manos un dibujo enmarcado en el que aparecía su amiga Katherine Hepburn felicitándola por un premio. Me miró. Me miró con la mirada de Lauren Bacall. Sobran las descripciones, ya está el cine para mostrar el tipo de mirada de la que les estoy hablando, y me saludó con esa voz que a los espectadores españoles se nos escatimó siempre. Gravedad e ironía en la mirada, gravedad e ironía en la voz.

Lauren Bacall / La viuda que no volvió a encontrar el amor

Humphrey Bogart y Lauren Bacall
El sueño eterno


Lauren Bacall



LA VIUDA 
QUE NO VOLVIÓ A ENCONTRAR EL AMOR



  • Bogart fue el hombre de su vida. Sin embargo, el resto de relaciones, naufragios

  • Frank Sinatra anuló los planes de boda con ella por teléfono

  • Su segundo marido fue Jason Robards, del que terminó divorciándose por alcohólico


Sinatra y Bacall dejaron verse en fiestas poco después de la muerte...
Sinatra y Bacall dejaron verse en fiestas poco después de la muerte del protagonista de 'Casablanca'. GETTY




Cuando se conocieron en el rodaje de 'Tener y no tener' (1944), Humphrey Bogart ya era la estrella de Casablanca, tenía 44 años, una esposa celosa (Mayo Methot, su tercera mujer, que había llegado a apuñalarle) y un profundo amor por el whisky. Por su parte, a sus 19 años, Lauren Bacall era una judía del Bronx recién llegada a Hollywood y no tenía ninguna experiencia con los hombres, salvo un casto romance con Kirk Douglas cuando ambos eran estudiantes de Artes Dramáticas. En 'Por mí misma', sus memorias, la flaca se deleitaba contando como Bogie y ella se enamoraron, entre plano y plano, convirtiéndose en una de las parejas icónicas del Hollywood clásico. Su química dejó títulos clave del noir como 'Cayo Largo' y 'El sueño eterno'. Pero tras 11 años de matrimonio, un cáncer de esófago se llevó al actor, dejando a su joven viuda con dos hijos pequeños y una sombra alargada para el resto de su vida. Ni su carrera ni su vida amorosa se sobrepusieron jamás. De hecho, la estrella se quejaba de que los obituarios estarían llenos de párrafos dedicados a Bogart, aunque ella se había ganado el derecho de que la juzgaran por sí misma. Cuando falleció este miércoles, demostró que tenía razón.

Las múltiples vida de Lauren Bacall



La actriz fue fotografiada por grandes profesionales como John Engstead, para el que posó en esta imagen.
Lauren Bacall
Fotografía de John Engstead

Las múltiples vidas de Lauren Bacall

  • Su carrera despegó y se forjó a la sombra de Humphrey Bogart
  • Cuando cambió el cine por el musical logró el reconocimiento que deseaba
  • La vuelta al cine le dio reconocimientos y su primera nominación al Oscar

RTVE.es / EFE 13.08.2014
Lauren Bacall ha muerto a los 89 años, pero durante medio siglo fue la viuda de Hollywood gracias o por culpa de su matrimonio con Humphrey Bogat, que le aseguró su lugar en la historia pero eclipsó una trayectoria jalonada con dos premios Tony, un National Book Award y un puñado de obras maestras del cine.
Cuando tenía 19 años y estaba promocionando en Nueva York su primera película, Tener y no tener, Lauren Bacall, que no sabía que estaba junto a su futuro marido, escuchó, seguramente sin prestarle mucha atención, las palabras del dramaturgo Moss Hart que, según un texto de Ernest Hemingway, se le acercó y le dijo: "Te das cuenta, por supuesto, que a partir de ahora solo puedes ir hacia abajo, ¿verdad?".
Por suerte, Hart se equivocó. Lauren Bacall tenía mucho más que decir que aquel diálogo en el que le propinaba a Bogart como una cariñosa bofetada: "No tienes que actuar conmigo. No tienes que decir nada ni hacer nada. O tal vez, solo silbar. Sabes cómo silbar, ¿verdad Steve? Solo junta los labios y silba".


Le quedaba por delante una vida tan llena de etapas que parecía imposible que la Bacall que hasta hace no tanto salía a pasear a su perrita Sophie por las inmediaciones del edificio Dakota en Nueva York era todavía la mujer que enamoró al protagonista de un filme tan lejano como Casablanca. Entre ambas imágenes, el mundo había dejado de ser lo que era.

Muchas vidas en una sola

"¡Qué vida!", exclamó ella misma en 1993 cuando recibió el premio Cecil B. DeMille a toda una trayectoria en los Globos de Oro y, sí, no se puede resumir mejor que en esas dos palabras.
Una vida tan interesante que su autobiografía de 1978, By Myself (Por mí misma), le reportó el National Book Award, y tan duradera que en el año 1994 escribió otra titulada Now (Ahora), a la que tuvo que añadir un anexo en 2005.
Lauren Bacall, nacida el 16 de septiembre de 1924 en el Bronx (Nueva York) con el nombre de Betty Joan Perske, tenía sangre judía polaca (era la prima de Simon Peres) y rumana, y superada una inicial vocación de periodista, enfocó su carrera a la interpretación.
"Nunca fui adolescente", le dijo a Terenci Moix en una entrevista para el programa de TVE Más estrellas que en el cielo en la que se definió como "muy vulnerable y muy insegura".


Ninguna inseguridad tuvieron los de la Warner Brothers en cuanto vieron su sinuoso físico, su mirada felina y una voz como si hubiese nacido con un cigarrillo y un whisky con hielo. De inmediato le reservaron una entrada por todo lo alto como "mujer fatal" de Bogart. Howard Hawks fue el que le propuso que se llamara Lauren. Y Bacall era el apellido de su madre.
Tras el explosivo debut llegaron tres películas más: El sueño eterno, con guión de Raymond Chandler; La senda tenebrosa, de Delmer Daves, y Cayo Largo, de John Houston.

A la sombra de Bogart

Bogart y Bacall se convertían en una pareja comprometida contra la caza de brujas del senador McCarthy. Sin embargo, Hollywood se preguntaba, ¿existe Bacall sin Bogart?
Ella siempre reconoció su prioridad como esposa que como estrella y se rió de esa imagen proyectada en su primera etapa. "Si hay algo que nunca he sido ha sido misteriosa, y si hay algo que nunca he hecho, ha sido no hablar", reconocería. Y no acabó en buenos términos con una Warner esclavizadora.
De este modo, fue la comedia locuaz sofisticada de Cómo casarse con un millonario o Mi desconfiada esposa el camino que condujo a la emancipación artística de Bacall, o el de la evasión mientras Bogart caía enfermo y la dejaba viuda con solo 32 años.
Luego, Bacall mantuvo una relación de transición nada menos que con Frank Sinatra, el hombre del que dijo que le gustaría "que se callara y cantara", y profesionalmente tuvo un elegante coqueteo con el melodrama de Douglas Sirk en Escrito sobre el viento.
Cuatro años después de la muerte de Bogart, y a pesar de que llegó a anunciar segundas nupcias con Sinatra, fue Jason Robards Jr., otro bebedor empedernido, el que sedujo su corazón.


De Hollywood a Broadway

El musical ha sido como volver a nacer
El que no fue capaz de enamorarse de nuevo de ella fue el cine y Lauren Bacall se recogió en su Nueva York natal para enfocar su carrera en Broadway.
El Óscar al que nunca la nominaban fue compensado con dos premios Tony por dos musicales irónicamente basados en filmes del Hollywood clásico: Applause, en la que interpretó el personaje de su admirada Bette Davis en Eva al desnudo; y La mujer del año, en la que retomó el papel de su amiga Katharine Hepburn en la película del mismo título.
Sobre el escenario, su elegancia resultó todavía más evidente, su energía sorprendente y su voz al cantar reproducía la sensualidad ronca que siempre tuvo. Bacall resucitó como dama del teatro.
"El musical ha sido para mí una nueva oportunidad, como volver a nacer", dijo entonces al verse, por fin, como una estrella.

“Trabajar significa seguir con vida”

Pero cuando la vida de Lauren Bacall parecía que ya solo quedaba para cosechar premios honoríficos (el Donostia de San Sebastián, el citado Cecil B. DeMille o el reconocimiento del Festival de Berlín en los noventa), Lauren Bacall pidió una nueva prórroga y, con un coqueto papel de anciana en El amor tiene dos caras, de Barbra Streisand, fue nominada por primera vez al Óscar en 1997.
Todo el mundo daba por hecho que se llevaría la estatuilla, incluida Juliette Binoche, la que finalmente ganó. Fue entonces cuando Bacall hizo la peor interpretación de su carrera al intentar disimular la decepción de su derrota (su hijo, directamente, abandonó la sala). Sin embargo, su carrera se revitalizó.
"¿Qué significa eso de mi edad? ¿Qué edad? Trabajar no es cuestión de edad. Seguir trabajando significa seguir con vida", le respondió a un periodista en Berlín al presentar The Walker, una interesante intriga de Paul Schrader en la que seguía mostrando su atractivo octogenario.
Sus últimas intervenciones fueron muy escogidas pero exquisitas, con nombres tan poco clásicos como Lars Von Trier, en Dogville Manderlay, o Natalie Portman, en un exquisito cortometraje (Eve).
Cuando en 2009 Hollywood le dio por fin el Óscar honorífico, solo dijo. "Por fin, ¡un hombre!".



jueves, 21 de noviembre de 2013

Rat Pack / Nunca delates a una rata

Frank Sinatra
Hollywood Walk of Fame, Los Angeles
20 de noviembre de 2013
Fotografía de Triunfo Arciniegas
Nunca delates a una rata

Frank Sinatra, Dean Martin, Lauren Bacall, Sammy Davis Jr., Judy Garland… Cine, música, teatro, dinero, fiestas, ‘glamour’. Y, sobre todo, amistad. Una sólida lealtad entre ellos. Ha pasado más de medio siglo, pero este grupo de ‘amos’ de Los Ángeles, que se autobautizó como Rat Pack, pandilla de ratas, aún simboliza lo ‘cool’. Un libro ha recopilado sus escenas más desconocidas


El núcleo del Rat Pack, en una sauna, el segundo por la derecha Sammy Davies Jr. / BERNIE ABRAMSON
Todo empezó por culpa de Humphrey Bogart. Cuando Frank Sinatra llegó a Hollywood a mediados de los años cincuenta, Bogart empezó a pensar mal de él casi inmediatamente. Lo consideraba un arribista, otro de esos aspirantes al trono que acudían a la ciudad en busca de fama y dinero y que no acostumbraban a conseguir ninguna de las dos cosas. Sin embargo, cuando el protagonista de Casablanca vio en directo por primera vez a Sinatra, algo cambió. La afición de ambos por el alcohol y la vida nocturna acabó de allanar el camino para el crooner, y al grupo se sumaron pronto Dean Martin y Judy Garland. Garland, una actriz capaz de resucitar cada seis meses, era otra de esas personas con alma de vampiro que gustaban de levantarse tarde y con resaca. Precisamente en una de esas noches en las que la intérprete de El mago de Oz se disfrazaba de ave Fénix, Sinatra organizó un convoy de autobuses (a los que se les había añadido un bar bien provisto) donde metió a todos sus amigotes. El objetivo era llenar de caras amigas el anfiteatro de Long Beach donde actuaba la Garland. Poco después Sinatra repitió y organizó un tren privado de famosos para ver a Noël Coward en Las Vegas.


Una de esas noches, en las que participaban personajes como Errol Flynn, David Niven, Debbie Reynolds, Tony Curtis y Janet Leigh, el grupo consumió tanto tabaco, alcohol y demás sustancias que al día siguiente una de las suites se convirtió en un reposado dormitorio/abrevadero donde todos yacían por los suelos. Allí fue donde entró Lauren Bacall, esposa en aquellos momentos de Bogart, y pronunció la famosa frase: “You look like a goddamn rat-pack” [parecéis una maldita pandilla de ratas]. La ocurrencia fue muy bien recibida por aquel grupo de bebedores impenitentes y pasó a la leyenda cuando, en una cena en el restaurante Romanoff de Los Ángeles (propiedad de Mike Romanoff, un falso ruso con grandes contactos en Hollywood) donde estaban todos los presentes de aquella fatídica noche, Bacall apareció en el comedor y soltó: “Veo que toda la pandilla de ratas está aquí”.
Allí mismo, el grupo acordó fundar una especie de sociedad secreta que se basaba en los principios de Bogart: 1. Hollywood apesta. 2. No te fíes nunca del jefe. 3. Bebe todo lo que puedas. 4. Ama la música como a ti mismo. En la primera fase de este grupo estaban un influyente agente artístico llamado Swifty Lazar, Bogart y Bacall, Sinatra, Judy Garland y su marido, Sid Luft, y el humorista Nathaniel Benchley. Su lema, escogido con suma presteza, era “Never rat on a rat” [nunca delates a una rata]. Un año después, en enero de 1957, Bogart moría de un cáncer de esófago y el grupo quedaba en manos de Frank. Lauren Bacall, enamorada de Sinatra, fue el último reducto de aquella sociedad secreta (revelada al gran público por el columnista Joe Hyams). El crooner quería que sus asociados representaran una América transversal, tanto en un sentido racial como profesional. Sus integrantes debían meter mano en todas las ollas posibles: televisión, teatro, música, cine. La política, y especialmente su truncada relación con JF Kennedy, llegaría después.



Al principio, Bogart no soportaba a Sinatra. Pronto les unió la noche y el alcohol

Graham Marsh se ríe al otro lado del teléfono. El mayor especialista del mundo en el Rat Pack ha sido el encargado de editar el impresionante volumen llamado simplemente The Rat Pack, publicado por Reel Art Press y coordinado por Tony Nourmand. Este último localizó centenares de fotos inéditas del grupo, y Marsh le puso letras a las fotos: “La gente siempre me pregunta qué sentí al ver todos esos negativos, y solo puedo decir que se me dibujó una sonrisa de oreja o oreja. Era un material alucinante, he visto todo lo que se puede ver del Rat Pack y aquello era extraordinario. Cuando uno se ha pasado media vida tratando de saber más cosas de esa época y cae en sus manos todo eso, es como si se produjera un milagro”, dice Marsh desde Nueva York. Después, preguntado por la permanencia en el recuerdo de este grupo, 50 años después, recupera la seriedad: “Esos tíos eran lo más; eran elegantes, divertidos, tenían toneladas de talento. No solo eso; supieron encontrar la manera de rentabilizarlo todo sin renunciar a su esencia. Piensa que cuando uno de ellos actuaba en algún sitio, ya fuera Sammy [Davis Jr.], Dean [Martin] o el propio Sinatra, todos los demás iban al teatro o auditorio en cuestión a apoyarle. Eso hacía que todos los promotores se pelearan por sus espectáculos y al mismo tiempo que el público se volviera loco, ya que pagaban por uno, pero sabían que tarde o temprano acabarían apareciendo todos”.

Dean Martin, Sammy Davis Jr y Frank Sinatra


Las imágenes del volumen son, según su editor Tony Nourmand, “íntimas, familiares, como si fueras a casa de un colega y tomaras fotos con tu teléfono móvil. Eso es lo que las hace tan especiales”. Todo ello se combina con el glamour de los que en 1960 eran los amos del mundo: dominaban Hollywood, Broadway y Las Vegas, y en sus cuentas había tanto dinero que no sabían qué hacer con él. El libro también muestra instantes de la vida cotidiana de todos ellos, una vida de lujo dominada por una exquisita combinación en blanco y negro, con limusinas, mujeres hermosas, humo de tabaco y el mejor whisky. Un tiempo en el que Las Vegas aún era la ciudad del pecado, y Nueva York, un pozo sin fondo.
El Rat Pack como tal quedó al final compuesto por cinco figuras: Frank Sinatra, Joey Bishop, Dean Martin, Sammy Davis Jr. y Peter Lawford. De Sinatra ya se ha dicho todo, seguramente el crooner más delicioso que ha parido América, implacable hombre de negocios, siempre rodeado de lo mejor y lo peor de cada casa. Dean Martin fue más famoso para el público estadounidense que el mismísimo Sinatra: sushow televisivo le convirtió en un rostro familiar para el americano medio. Martin, un hombre grande, elegante y con carisma, sedujo a Sinatra casi al instante, y su dúo cómico con Jerry Lewis (que acabó como el rosario de la aurora) le hizo un tipo inmensamente rico. Además, aquel italiano de zapatos lustrosos era otro especialista en actividades nocturnas, un cínico que sentía un enorme desprecio por la autoridad. Por todo ello, Martin acabó convirtiéndose en el mejor amigo de Frank, además de su robusta mano derecha, un compañero que, a diferencia de todos los demás, podía aguantar la personalidad del cantante sin sentir que su sombra le nublaba los sentidos.

Dos de sus principios: no te fíes nunca del jefe y ama la música como a ti mismo
Sammy Davis Jr. completaba el núcleo duro de aquella particular agrupación de famosos. Era un hombre hecho a sí mismo, nacido en los suburbios, maltratado por el racismo imperante en la época, condenado a viajar en los asientos “para negros”, pero dotado de una gigantesca fuerza de voluntad. Sinatra se lo llevó de gira y se encariñó con aquel joven bajito y de carcajada contagiosa. Davis Jr. se convirtió entonces en uno de los estandartes de la América progresista, la que luchaba por los derechos civiles y cuyo eje basculaba entre las costas Este y Oeste. Sin embargo, cuando mejor estaban poniéndose las cosas para él, sufrió un terrible accidente de coche. Perdió un ojo y tardó semanas en recuperarse. Cuando salió del hospital, sus colegas le esperaban (junto con otros voluntarios, como Marilyn Monroe) todos con un parche en el ojo y muchas ganas de cachondeo. David Jr. se recuperó de sus heridas, apechugó con su pérdida de visión y volvió a ser el de siempre, pero gran parte de ello se debió al apoyo de su cuadrilla: unos tipos que nunca te dejaban tirado.

Frank Sinatra, Sammy Davis Jr. y Dean Martin


Los otros dos miembros de aquella familia eran más como el suegro y el cuñado que como dos hermanos. Joey Bishop nunca perdía los nervios, no salía de noche y servía de contrapunto a los instintos salvajes del grupo. No era especialmente brillante en ningún sentido, a pesar de que funcionaba bien en la televisión y era una persona muy querida. Su presencia en el Rat Pack respondía a su condición de calmante instantáneo cuando los ánimos se caldeaban demasiado. La inclusión de Peter Lawford en un círculo tan privado se debía a la obsesión de Sinatra por la política. Lawford era íntimo de los Kennedy y sirvió de intermediario para cerrar la participación del quinteto en la campaña del Partido Demócrata que llevó a John Fitzgerald Kennedy a la Casa Blanca en 1960. Cuando en 1963 Sinatra se ofreció a hospedar al presidente en sus vacaciones, su hermano Robert Kennedy le advirtió de los lazos que unían al cantante con la mafia. JFK canceló la visita, y Sinatra, enfurecido, le echó la culpa a Lawford de todo lo que había sucedido. La muerte de Marilyn (de quien la leyenda dice que llamó a Lawford justo antes de fallecer) acabó de hundir su relación y, de paso, el Rat Pack.


Frank Sinatra
Hollywood Walk of Fame, Los Angeles
20 de noviembre de 2013
Fotografía de Triunfo Arciniegas
"Fueron lo más 'cool' porque vivían pensando que mañana podía ser aún mejor que hoy"
“El Rat Pack encarnaba los valores de una época en la que el mundo no había perdido aún su inocencia. Antes del asesinato de JFK o de Martin Luther King, antes de que Hollywood se convirtiera en un negocio y las estrellas tuvieran que vivir recluidas en casa. Ellos sonreían, viajaban, eran ricos y guapos, hacían lo que les daba la gana, ¿quién no hubiera querido ser como ellos? Por eso seguimos vistiéndonos como ellos, y nos parecen la generación más cool que jamás haya pisado el planeta, porque vivían para divertirse, como si el mañana fuera a ser aún mejor que el hoy. Por eso nunca habrá otro Rat Pack: porque esos tipos son irrepetibles”, relata Marsh, “porque el mundo ya no es como ellos querían que fuera”.