Danielle Steel
BLUE
I
Cuando dejó atrás el control de aduanas del aeropuerto JFK de Nueva York, llevaba veintisiete horas de viaje a sus espaldas, contando el vuelo de Luanda a Londres, las cuatro horas de escala en Heathrow y el vuelo hasta Nueva York. Vestía vaqueros, botas de montaña y una pesada parca de algún excedente militar; el pelo, largo y rubio, lo llevaba recogido en un moño sin orden ni concierto que se había hecho al despertarse en el asiento del avión, justo antes de aterrizar. Había estado en África desde agosto, cuatro meses, más de lo habitual, y llegaba a Nueva York el 22 de diciembre. Había abrigado la esperanza de que estaría de nuevo en alguna misión en el extranjero para esas fechas, pero iba a tener que enfrentarse a unas Navidades sola en la gran ciudad.



