John Steinbeck
La fuga
Unas quince millas más abajo de Monterrey, en la costa agreste, vivía la familia Torres, en una granja que no consistía más que un par de hectáreas situadas sobre el acantilado y asomadas a las rugientes olas del océano. Al otro lado se levantaban las montañas como si quisieran ascender hasta el cielo. Las construcciones de la granja parecían minúsculos insectos acurrucados en la ladera y temerosos de que el viento los arrastrara al mar. El cobertizo y el granero, de madera vieja y grisácea, estaban cubiertos de sal y parecían formar parte del paisaje rocoso. Dos caballos, una vaca y un ternero, media docena de cerdos y unas cuantas gallinas eran la población animal de la granja. En la yerma ladera crecía un poco de maíz, que apenas podía desarrollarse bajo el azote del viento. Las mazorcas sólo tenían grano en la cara que daba a los montes.











