Lydia Davis
La casa de atrás
(“The House Behind”)
Vivimos en la casa de atrás y no vemos la calle: las ventanas del fondo miran hacia la piedra gris de la muralla de la ciudad y las ventanas delanteras dan al patio de las cocinas y los cuartos de baño de la casa de delante. Los apartamentos de la casa de delante son amplios y cómodos, mientras que los nuestros son estrechos y destartalados. En la casa de delante, las sirvientas viven en habitaciones pequeñas y limpias del último piso, y se asoman a las chapiteles de St-Étienne, pero bajo el alero de nuestra casa, diminutos cubículos se abren a la oscuridad de un pasillo polvoriento y los estudiantes y licenciados pobres que duermen en ellos comparten un retrete junto al hueco de la escalera. Muchos inquilinos de la casa de delante son altos funcionarios, mientras que la de detrás está llena de comerciantes, vendedores, carteros jubilados y maestros de escuela solteros. Está claro que no podemos culpar de su riqueza a los vecinos de la casa de delante, pero es algo que pesa sobre nosotros: sentimos la diferencia. Esto, sin embargo, no basta para explicar el rencor que ha existido siempre entre las dos casas.
