Mostrando entradas con la etiqueta Gay Talese. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gay Talese. Mostrar todas las entradas

sábado, 21 de marzo de 2026

Gay Talese / El hombre que conoce los secretos de Nueva York

 

Gay Talese
Gay Talese. Foto: Cordon Press.

Gay Talese, el hombre que conoce los secretos de Nueva York

Por años, Gay Talese siguió una rutina que respetaba de forma metódica, solo interrumpida durante los meses de confinamiento por la pandemia del coronavirus. Consistía en despertarse a eso de las ocho de la mañana, levantarse de la cama en la que duerme junto a su esposa y subir al cuarto piso de su hogar, a donde hay un toilette y un guardarropa (su vestimenta es un tema aparte al que llegaremos más adelante). Luego de asearse, ponerse un saco y una corbata, se dirigía hacia el salón principal de la casa y bajaba los once escalones que lo separaban de la vereda. La primera actividad al aire libre que solía hacer era dirigirse al puesto de la esquina a comprar la edición del día del New York Times, pero los quioscos de revistas han ido desapareciendo lentamente de Manhattan. Luego Talese bajaba otros cinco escalones hasta llegar a su búnker personal, se preparaba un desayuno liviano —café, algún muffin de salvado— y trabajaba durante las horas siguientes. Después almorzaba, hacía ejercicio y volvía a escribir hasta las cuatro de la tarde. Descansaba una hora, hacía otras tareas no vinculadas a su trabajo, y al volver a su escritorio repasaba lo que había escrito esa jornada. Y cuando caía la noche, Talese siempre tenía un plan: cena con su mujer o amigos en algún restaurante, una obra de teatro, un concierto.

sábado, 6 de enero de 2024

El oficio de escribir / Los detalles y las moscas

Gay Talese
Gay Talese.

LOS DETALLES Y LAS MOCAS Un detalle de mierda

Era la primera semana de agosto y yo no tenía donde caerme muerto, así que me fui al Reina Sofía, como otras veces. Me acomodé de pie ante el Guernica, vagamente interesado en el cuadro. Me gustaba tenerlo como banda sonora, acunando mis pensamientos mientras atendía al entorno. En este cuadro es muy importante precisamente el entorno, la atmósfera de que se rodea, los murmullos, las moscas, si las hay. Ese día, a última hora de la tarde, sucedió algo poco habitual, y durante unos minutos nos quedamos a solas con la pintura cuatro visitantes. Fue un instante mágico, de una soledad confortable y fresca. Todos estudiaban los secretos de la obra menos yo, que me fijé sin querer en uno de los vigilantes, en cuya frente se había detenido una mosca. Cuando la perdí de vista, desganado, advertí con fascinación que el vigilante estaba empalmado. No supe reprimir la risa, que apagué como pude con una mano. Hostia santísima, me dije, mientras comprobaba si las otras tres personas seguían mirando con obstinación la pintura. Lo hacían. En el siguiente minuto la erección siguió allí. El vigilante, curiosamente, parecía ignorarla, impertérrito, tal vez demasiado ocupado en tareas de vigilancia. En fin. Cuento esto porque ese instante fue la última constatación brutal de qué importantes son los detalles insignificantes.

domingo, 10 de diciembre de 2023

Obituarios / ¿Quién ha muerto hoy?

oie mJB2oHJaIXUv
Londres, 1948. Fotografía: Cordon Press.

¿Quién ha muerto hoy?


Juan Tallón
24 de diciembre de 2019


«Nunca me propuse escribir obituarios», dijo en junio de 2018 Margalit Fox, autora de más de mil cuatrocientos obituarios para The New York Times, el día que anunciaba que dejaba de escribirlos para dedicarse a la literatura. «No ha nacido el niño que llega a casa de la escuela primaria y dice: “Cuando sea grande quiero ser… escritor de obituarios”». En su caso, Fox acabó escribiendo cientos de ellos —muy a menudo por adelantado— como resultado de quedar un puesto vacante. El departamento era considerado una especie de Siberia, a la que «te enviaban si querían castigarte, pero no tenían razones suficientes para despedirte», explicaba. Y, sin embargo, ella siempre sospechó que obituarios era «la mejor sección del periodismo», por la razón de que «seguías los temas desde la cuna hasta la tumba», y eso los volvía el género más narrativo de cualquier diario.

martes, 25 de junio de 2019

Pablo García / Escritores III

Gabriel García Márquez

"La primera mujer que me fascinó fue la maestra que me enseñó a leer a los cinco años. Pero aquello era distinto. La primera que me inquietó fue una muchacha que trabajaba en la casa. Una noche había música en la casa de al lado, y ella, con la mayor inocencia, me sacó a bailar en el patio. El contacto de su cuerpo con el mío, cuando yo tenía unos seis años, fue un cataclismo emocional del cual todavía no me he repuesto, porque nunca más lo volví a sentir con tanta intensidad, y sobre todo, con semejante sensación de desorden."

Gabriel García Márquez

Pablo García 
ESCRITORES III


Gay Talese
“Ficción y no ficción, más cerca de lo que parece. Lo que las distingue y separa es que una tiene que decir la verdad y la otra puede imaginarla. Pero a veces, cuando imaginas la verdad, parece más cierta que cuando informas sobre algo tratando de mantenerte lo más próximo posible a la verdad. Por eso he intentado probar si puedo escribir historias que son verificables en términos de veracidad, pero que parezcan que han sido inventadas, imaginadas, fabricadas”.

Gay Talese, Vida de un escritor
Georges Simenon
"Escribir no es una profesión sino una vocación de infelicidad. No creo que un artista pueda ser feliz.

Georges Simenon

George R.R. Martin


«La sangre de los primeros hombres corre todavía por las venas de los Stark, y creemos que el hombre que dicta la sentencia debe blandir la espada. Si le vas a quitar la vida a un hombre, tienes un deber para con él, y es mirarlo a los ojos y escuchar sus ultimas palabras. Si no soportas eso, quizá es que ese hombre no debe morir. El gobernante que se esconde tras ejecutores a sueldo olvida pronto lo que es la muerte».
Eddard Stark

George R.R. Martin, Juego de tronos


Graham Swift

"Ir a visitar a alguien a la cárcel se parece a un breve ensayo de la cosa real, una breve idea del castigo. Las puertas se cierran detrás de nosotros. Un sistema -un olor- nos traga, nos registran, nos cuentan, nos marcan. Nos preguntamos vagamente si nos dejarán salir. Luego, cuando se acaba el tiempo, se produce un pequeño milagro. Regresamos -todo está en orden- por el camino por el que vinimos. Damos ese sencillo paso que no lo es tanto para los que se quedan dentro, un paso que para ellos ni siquiera es concebible. Puede que a todos debieran obligarnos a darlos. Una especie de educación, un privilegio. Saber cómo es dejar el mundo y que después nos vuelvan a poner en él."

Graham Swift, La luz del día





domingo, 3 de julio de 2016

Gay Talese se enreda con la veracidad de su último libro


Gay Talese se enreda con la veracidad de su último libro

El reportero y escritor lanza dudas sobre la fuente de ‘El motel del voyeur’, el propietario de un establecimiento que espiaba las relaciones sexuales de sus huéspedes, pero horas después se retracta


Cristina F. Pereda
Washington, 2 de julio de 2016

Prometía ser el reportaje y el libro del año. El escritor estadounidense Gay Talese, autor de El motel del voyeur admitió este jueves que no promocionará el título al haber perdido la confianza en la fuente principal de su relato. Un fragmento de la obrapublicado en la revista The New Yorker, causó un gran impacto la pasada primavera con la sorprendente historia del dueño de un hotel que había espiado durante décadas a sus huéspedes.

“Gerald Foos no es de fiar. Es un hombre deshonesto, totalmente deshonesto”, declaró Talese al diario The Washington Post. “Hice lo que pude en este libro, pero puede que no fuera lo suficiente”. Con esas palabras el escritor estadounidense parecía dar la espalda a su fuente y a su propio trabajo. Pero en un comunicado emitido por su editorial este viernes, Talese alegó que había hablado en un momento de enfado y que probablemente dijo “cosas con las que no estaba ni estoy de acuerdo”.
Adentrarse en El motel del voyeur era avanzar por un laberinto de incómodas sorpresas, incluido el papel del autor. Talese había sido contactado por Gerald Foos, un hombre que reconocía haber remodelado su hotel para crear un falso techo en las habitaciones y poder catalogar las prácticas sexuales de sus huéspedes. Admitía haberlo hecho durante décadas. Para verificarlo, Talese le visitó en el motel en las afueras de Denver (Colorado), durante tres días. Una de esas noches espiaron juntos a una pareja.
Tanto Talese como los editores del libro y la revista The New Yorker, confiaron en una sola fuente de este relato: Foos. Pero nada más salir a la luz el reportaje, numerosos medios intentaron atar cabos desatendidos en la historia. The Washington Post, por ejemplo, intentó verificar que el hotel verdaderamente pertenecía al protagonista durante los años en los que aseguraba haber espiado a las parejas. El relato de Talese se basa en un catálogo con anotaciones durante décadas cuya veracidad acaba de ser puesta en duda por el Post.
El diario asegura en una exclusiva casi tan jugosa como el reportaje original que este miércoles mostraron al autor los registros que demuestran que vendió el hotel poco después de su visita en Colorado. Cualquier afirmación de que Foos conservaba acceso a las habitaciones a partir de ese momento ha quedado cuestionada.
“Yo no voy a promocionar mi libro. ¿Cómo voy a promocionarlo si su credibilidad acaba de quedar en la basura?”, afirmó el autor, de 84 años, al Post antes de cambiar de opinión. “Nunca debería haber creído ni una sola palabra que me dijo”. Talese explicó en el texto adelantado esta primavera que la historia salía a la luz tras llegar a un acuerdo económico por el que Foos cobró a cambio de compartir sus diarios.
La fecha de publicación del que todavía puede ser uno de los libros del año es el 12 de julio. La editorial asegura que han tomado “muy en serio” las alegaciones del Post y que trabajarán con Talese para resolver cualquier discrepancia en futuras ediciones. “Quiero dejarlo claro”, dice el escritor en el comunicado, “no he desautorizado el libro y tampoco lo va a hacer mi editorial. Si hay detalles que corregir en adelante, lo haremos”.
El impacto inicial de El motel del voyeur fue tal que Steven Spielberg compró los derechos para convertirlo en película. Estaba justificado: Talese es uno de los periodistas estadounidenses más respetados de las últimas décadas dentro y fuera de su país. A pesar de que él mismo reconocía en el reportaje que no había conseguido resolver todas las discrepancias en la versión ofrecida por Foos, la naturaleza de la historia del voyeur atrapaba a cualquier lector, obligándole a dejar las dudas sobre su moralidad hasta el momento en que hubiera cerrado la revista.

Hábitos sexuales

Cuando Talese ya había repasado el catálogo de hábitos sexuales de los huéspedes del motel, revela una de las anécdotas más espeluznantes del texto. Foos alega ser testigo de la muerte del estrangulamiento de una mujer en una de las habitaciones, pero no avisó entonces a la policía. Talese tampoco. El escritor asegura en el texto que no consiguió confirmar en los archivos públicos tal asesinato, pero lo atribuyó a una incongruencia en los datos registrados.
Talese sacó a la luz los posibles delitos cometidos, desde el espionaje hasta la omisión de un asesinato a las autoridades o su posible complicidad en elvoyeurismo de Foos, 36 años después, cuando ya habían prescrito. Las indagaciones del Post revelan ahora que Foos no solo no era dueño del motel en aquel momento sino que, en contra de lo que había afirmado anteriormente, tampoco tenía acceso a las habitaciones desde las que espiaba y el nuevo dueño, además, había reformado el falso techo desde el que supuestamente accedía.
Quienes pensaron esta primavera que el escándalo se quedaba ahí, se equivocaron. Días antes de salir a la luz el relato completo, El motel del voyeur acaba de añadir un capítulo más a la que sí puede ser la polémica del año.

Gay Talese / El ruido de Twitter apaga el reportaje del año

Gay Talese

Gay Talese

El ruido de Twitter apaga el reportaje del año

Gay Talese narra la historia real de un ‘voyeur’ que remodeló un hotel para espiar a los clientes


CRISTINA F. PEREDA
Washington 11 ABR 2016 - 17:00 COT

El escritor estadounidense Gay Talese descubrió la semana pasada qué supone convertirse en el centro de una tormenta de críticas en las redes sociales. Primero declaró durante una conferencia en Boston que no podía nombrar a ninguna escritora que le hubiera influido de joven, en los comienzos de su carrera. Después, un artículo de The New York Times aseguraba que le había preguntado a una reportera afroamericana si después de la entrevista iría a “hacerse las uñas” y “cuándo y por qué” había sido contratada por ese diario.


El revuelo duró más de 24 horas e incluyó un comunicado de la defensora del lector del Times por haber publicado una pieza visiblemente favorable al escritor, la correspondiente avalancha de mensajes en Twitter en defensa de novelistas y periodistas femeninas y en contra de la discriminación e iniciativas para recomendar firmas a las que Talese puede leer.
Pero ninguno de ellos hacía referencia a la última publicación del escritor, un reportaje tan espeluznante como desconcertante en la revista The New Yorkeranticipo de su próximo libro. El motel del voyeur cuenta la historia de Gerald Foos, un hombre que contactó con Talese para contarle cómo había comprado un hotel en Colorado, lo había remodelado para poder espiar desde un falso techo en las habitaciones y había catalogado las prácticas sexuales de sus huéspedes durante décadas. Solo dos personas conocían este asalto a la privacidad: la mujer del voyeur y Talese. El escritor llegó a visitar el motel y a espiar a una pareja junto al dueño.
Internet se podía haber encendido estos días debatiendo si Talese fue cómplice de un delito, dónde están los límites éticos del periodismo o los valores de uno de los periodistas más admirados y respetados de Estados Unidos. Este otoño, el escritor de 84 años publicará un libro basado en la valiosa información que compartió con él Foos, el voyeur, que también ha cobrado por sus diarios. Cuando su contenido salga a la luz, 36 años después, puede que ya haya prescrito cualquiera de los delitos en los que hubieran incurrido los dos.

El indiscreto Gay Talese

El indiscreto 

Gay Talese

¿Tiene sentido aplicar el rasero de la corrección política y la igualdad entre géneros a las influencias literarias del viejo periodista?


Andrea Aguilar
El País, 16 de abril de 2016


Ante un auditorio con cerca de 550 personas tras una charla de más de una hora sobre periodismo y escritura en la Universidad de Boston, llegó el turno de preguntas o la hora del juicio sexista sobre el legendario Gay Talese, el hombre que regentó un club deswingers como trabajo de campo para un libro y que escribió el mítico perfil Frank Sinatra está resfriado. Una poeta de Vermont le preguntó al dandi de 84 años, uno de los padres del nuevo periodismo —que comparte además una vistosa afición al buen vestir y a la polémica con su colega Tom Wolfe—, qué mujeres escritoras además de su amiga Nora Ephron le habían inspirado más. Mary McCarthy, la autora de El grupo, fue el primer nombre que le vino a la cabeza, después Talese guardó silencio y dijo que de su generación ninguna periodista le había inspirado. Aunque probablemente “esto hoy no se aplique”, explicó, pero cuando él tenía 30 años las mujeres de su generación, escritoras cultas y bien educadas, no se metían en el tipo de historias que a él le interesaban.








Las lecturas de formación, como la educación sentimental, son una cuestión personal. Tampoco es esta la primera vez que Talese se ve envuelto en una polémica de machismo.

Talese se remontó a George Eliot y su novela Middlemarch. Desde el público alguien gritó el nombre de Joan Didion, Talese agradeció el recordatorio, alabó la prosa de la californiana, pero se mantuvo en sus trece: la autora de El año del pensamiento mágico, dijo, “no trata con personas antisociales”. Martha Gellhorn, Lillian Ross, Dorothy Parker, Susan Orlean podrían haber entrado en la lista. Pero ¿tiene sentido aplicar el rasero de la corrección política y la igualdad entre géneros a las influencias literarias de Talese? Su sinceridad provocó una tormenta en las redes que ha continuado con artículos, incluido uno de la defensora del lector de The New York Times en el que se analizaba la pertinencia de una nota en la que el viejo periodista daba su versión y cargaba contra otra de las ponentes de Boston.
Las lecturas de formación, como la educación sentimental, son una cuestión personal. Tampoco es esta la primera vez que Talese se ve envuelto en una polémica de machismo. Ahí está aquel viaje en taxi en 1964 con Saul Bellow y Gloria Steinem en el que, obviando la presencia de la joven feminista, le dijo al autor de Auggie March: “¿Sabes cómo cada año llega a Nueva York una chica mona que pretende ser una escritora? Bueno, pues Gloria es la chica mona de este año”. Otra cuestión sería preguntarse acerca de las implicaciones éticas del último trabajo de Talese, el extracto de su próximo libro publicado esta semana en The New Yorker.
El autor de La mujer de tu prójimo, el minucioso estudio sobre la sexualidad en Estados Unidos desde los años cuarenta hasta los setenta, lleva casi medio siglo en contacto con el propietario de un motel que espiaba a sus huéspedes y tomaba notas de lo que ocurría en las habitaciones. Él pensaba que se trataba de un trabajo antropológico, un estudio de la sexualidad a la altura del de Masters & Johnson. Talese no lo tenía tan claro, pero sí sabía que nunca publicaría la historia sin que pareciera el nombre real del voyeur, Gerald Foos. Y como tantas otras veces, Talese se sentó a esperar. Ni siquiera la noticia de que desde su escondite Foos había visto el asesinato de una joven a manos de su novio, un traficante de poca monta, alteró la impertérrita espera. Ahora que los supuestos delitos del mirón han prescrito, y que el motel hace tiempo que cerró, Talese se anima a contar, ¿sin trampa?

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Así fue para Gay Talese escribir sobre Sinatra














Frank Sinatra

Así fue para Gay Talese escribir sobre Sinatra

Este año se celebra el centenario del nacimiento del ícono estadounidense Frank Sinatra, quien cautivó al mundo con su voz y carisma. Arcadia habló con el periodista Gay Talese, autor de "Frank Sinatra está resfriado", uno de los perfiles más notables del periodismo contemporáneo.

Por María Camila Pérez


Arcadia, 2015/04/07

El 12 de diciembre de 1915, la pequeña ciudad de Hoboken, Nueva Jersey, vio nacer a una de las figuras musicales más importantes del siglo XX. Francis Albert “Frank” Sinatra, hijo único de una pareja de inmigrantes italianos, se convertiría casi treinta años más tarde en una leyenda de la música popular.

martes, 12 de noviembre de 2013

Gay Talese / A quemarropa




GAY TALESE, A QUEMARROPA


El maestro de periodistas visitó España


En los últimos meses se está llevando a cabo la recuperación para el gran público de las obras fundamentales del que actualmente quizá sea el periodista con más galones de la profesión en todo el mundo. Un acierto porque el sitio favorito de Talese no son las universidades ni las bibliotecas, sino la calle.

Por  ANTONIO G. ITURBE 
Talese ha estado estos días en España y ha sido recibido por los periodistas como una estrella. O como un maestro. Pocas veces se ha visto a tantos periodistas correr a que les dedicase alguien un libro como fans entregados. En Barcelona, la Asociación de Periodistas Culturales de Catalunya, en colaboración con la editorial Alfaguara, le organizó un encuentro que abarrotó la Sala de prensa del Col.legi de Periodistes. Talese no defraudó. Apareció con su traje de mil rayas, camisa con gemelos, chaleco y sombrero, como el dandi que es. Después explicó que la indumentaria no es algo baladí: “Somos periodistas, vamos en busca de la verdad, hacemos un trabajo importante. Tenemos que respetar el ceremonial de las cosas importantes. Hay quien pensará, viéndome vestir así, que soy un viejo loco, pero yo para trabajar de periodista me visto como si fuera a una boda o tuviera mi primera cita con una chica bonita”.
La verdad no está en primera página
Talese explicó cómo, en los años 1960, junto a Norman Mailer o Truman Capote cambiaron la manera de enfocar la información: las noticias se convirtieron en historias. Él, cuando trabajaba para el New York Times, nunca quiso escribir para la página uno: “Ésa es la página de las celebridades, de los políticos, de los economistas. A mí me interesan las páginas interiores, porque me interesan las cosas que le importan a la gente. Los economistas hablan de números pero a mí lo que me atrae son las personas”. Por eso, Talese cuenta que, cuando fue a escribir sobre un combate de boxeo entre dos grandes figuras, con quien se detuvo a hablar fue con el modesto señor que toca la campana entre asalto y asalto, porque él es el que estaba allí cuando los boxeadores llegaron antes de vestirse de corto, el que ha presenciado docenas de éxitos y de derrotas, el que se queda allí cuando se marcha el público y se apagan las luces.
Talese es historia viva del periodismo, a sus 80 años sigue en la brecha. Ha estado varios meses siguiendo los pasos a través de varios países de la cantante de ópera rusa Marina Poplavskaya con el objetivo de escribir un artículo para el New Yorker. Él sigue utilizando su método de siempre: acercarse al personaje para absorber lo que de él emana, compartir no sólo el momento luminoso del escenario sino también la penumbra de la trastienda. Es absolutamente reacio a las nuevas tecnologías, aunque hay que decir que lo fue siempre, desde sus inicios en el oficio, hace cincuenta años. No sólo rechaza el periodismo vía Google, sino que hace ya años que nunca utiliza grabadora en las entrevistas: “Lo que está en la grabadora puede ser verdad, pero también puede ser trivial. La verdad puede no estar en las palabras sino en cómo las dice, en lo que sus ojos contradicen, en el nerviosismo de sus gestos, en sus silencios…”. Y respecto a los ordenadores también es crítico: “Corres el riesgo de ver el mundo con el tamaño de la pantalla de un portátil, a 25×50 centímetros. La realidad es mucho más amplia que eso”.
La suya es una manera de ver el periodismo como algo más que información empaquetada, de dignificar el oficio convirtiendo cada información en una historia escrita con toda la artillería de un escritor. Mientras Talese siga en la brecha, el gran periodismo no morirá.

Gay Talese / Honrarás al periodismo



Gay Talese

Honrarás al periodismo


Tras recopilarse algunas de sus mejores piezas periodísticas en “Retratos y encuentros”, prosigue la reivindicación de Gay Talese, una de las mayores glorias del periodismo contemporáneo, al coincidir en librerías sus más célebres libros de investigación: “Honrarás a tu padre” (Alfaguara) y “La mujer de tu prójimo” (Debate). 
texto y foto SAMUEL PICOT
En los años 1940, el barrio de Ocean Drive en Nueva Jersey era un feudo de inmigrantes judíos e irlandeses. El padre de Gay Talese, nacido en Calabria y formado en el oficio de sastre por un primo en París, sabía que tenía que emplearse en diversas batallas simultáneas si quería integrarse. Por un lado, los italianos eran considerados los más analfabetos, pobres y brutos de cuantos europeos desembarcaban a paletadas a principios de siglo XX en Nueva York. Él mismo, con su mínima escolarización, su pobre inglés y sus modestos ahorros era un buen ejemplo de la justicia de esa idea. Lo que quizás no sabían los que descalificaban de antemano a los suyos era que proceder de uno de los rincones más miserables del sur de la bota también te dotaba de un principio: las apariencias son sagradas. Uno podía vivir entre cabras y pedruscos, pero en su armario debía colgar un traje impoluto y elegante que airear con altanería los domingos. Este énfasis en la “bella figura” se lo trajo consigo a América y, al abrir una sastrería, convirtió un cierto aire de distinción en su carta de presentación para vencer los prejuicios que pudiera albergar la clientela. Si él no era el primero en publicitar de forma atractiva su género, ¿quién iba a hacerlo?
La madre de Talese, nacida en Brooklyn pero con raíces italianas, regentaba una tienda de ropa para mujer dentro del mismo negocio de su marido, al que superaba ampliamente en facturación sin que, al parecer, eso causara estragos en el ancestral machismo que se le presuponía a los transalpinos. Ambos recurrían a las mismas técnicas comerciales, resumibles en escuchar, observar, prestar atención, fijarse en los detalles. La cercanía llegaba a través de la conversación e incluso del tacto procurado por la toma de medidas. De esta forma las barreras sociales y culturales saltaban por los aires. El padre debía además confeccionar los trajes de los caballeros con sumo cuidado, garantizar una caída impecable, que pareciera que cada botón hubiera nacido para reposar en ese sitio preciso. Dentro de esta tiendecita en una localidad insignificante se forjó una de las mayores leyendas del periodismo. Haciendo recados y limpiando, Gay creía estar ayudando a sus padres después del colegio, pero lo que de verdad hacía era formar al escritor que llevaba dentro. Y lo hacía a base de captar historias con sus afinadísimas antenas, de aprender el arte de tratar con gentileza al otro para sacar algo en provecho propio y de mostrarle el debido respeto entregándole el producto de tu esfuerzo. Tampoco lo verán jamás posar para las cámaras sin un traje de primera clase.
La expresión “tener oficio” adquiere en el caso de Gay Talese la completa dimensión de su significado, pues su visión del periodismo nace íntimamente ligada a esa combinación de trabajo duro, orgullo y artesanía que reviste a un empleo manual y que requiere despachar de tú a tú con el cliente para conocer sus necesidades. Lejos de ser producto de una familia intelectual, de una cultura literaria precoz y de unos estudios en una universidad de prestigio, el escritor encuentra los fundamentos de su carrera profesional en unos orígenes humildes que obligan a una cuidada socialización y en una ética del trabajo bien hecho.
Paciencia, fe, perseverancia
La gente normal y sus relatos fueron desde el primer momento su materia prima. De niño escuchaba embelesado las preocupaciones de las mujeres que tenían a un hijo en el frente o que no podían adquirir telas o mantequilla, y se sorprendía de cómo el clima o un partido de béisbol mantenían ocupados durante largo rato a dos hombres. En casa no había libros, tampoco le interesaban las lecturas del colegio, sacaba malas notas, carecía de cualidades atléticas. Las tensiones religiosas y culturales con las que nutrirían sus futuras obras otros escritores de origen inmigrante, como los judíos Malamud o Roth, no estaban presentes en su barrio de perfil abrumadoramente anglosajón. A Gay Talese le quedaba su insaciable curiosidad por las vidas de los individuos corrientes y en ellos se centró desde que empezó a colaborar en el periódico de su instituto y, a continuación, en el de la Universidad de Alabama. Igual que sus padres habían podido medrar socialmente gracias a su negocio y tratar con personas que no habrían mirado dos veces a un macarroni, su hijo disfrutaba de esa sensación de puertas abiertas con un bloc de notas y la promesa de unas cuantas columnas sobre papel impreso.
A la semana y media de entrar en The New York Times como chico de los recados, Talese ya consiguió publicar su primer artículo. Estuvo diez años en la plantilla del diario dedicándose a reformular quién merecía ser noticia. Si acudía a una carrera de caballos no entrevistaba al jinete, sino al entrenador del animal. Si se presentaba a un combate de boxeo, no se acercaba al campeón sino al tipo que tocaba la campana anunciando el fin de los asaltos. Su libro The Bridge, dedicado a la construcción del puente Verrazzano que une Staten Island con Brooklyn, se centró en los testimonios de los sufridos obreros. Cuando ha puesto los ojos en una estrella del deporte o de la música ha sido bien porque ya estaba acabada o porque no le ha dado audiencia.
La cuestión más acuciante para él ha sido saber en cada momento qué pasaba por la cabeza del individuo, averiguar cuáles eran sus sentimientos, como único modo de llegar a entenderlo. Jamás tener prisa, llegar quizás el último pero el mejor informado. Un solo artículo puede absorberle un año. Sus mayores libros de investigación le han ocupado entre cinco y diez. En este sentido, la recuperación casi en paralelo de sus dos mayores best sellers –Honrarás a tu padre y La mujer de tu prójimo– supone una lección renovada de cómo penetrar en dos áreas de máxima restricción y privacidad (una familia mafiosa y las comunas nudistas, respectivamente) a base de explotar las dos mayores armas del periodismo de investigación: la perseverancia y el establecimiento de un vínculo de confianza. Y todo ello sin una grabadora.
Pero si Gay Talese ha alcanzado la categoría de mito del oficio es porque, en esta cruzada por conducir al periodismo a los límites de su respetabilidad y capacidad artística, siempre lo ha considerado una forma literaria. Su condición de abanderado del Nuevo Periodismo radica en que desde sus inicios quiso escribir como Scott Fitzgerald y jamás se planteó que un artículo de prensa no permitiera alcanzar semejantes vuelos. Su prosa aspira a la precisión y la belleza del mejor relato. El protagonista anónimo de uno de sus perfiles sólo debería diferenciarse técnicamente de una majestuosa criatura de ficción en el hecho de que su nombre consta en algún archivo oficial. Sin Joe Bonanno, el padrino al que le dedicó ocho años de su vida para escribir Honrarás a tu padre, no existiría Tony Soprano. Tan a conciencia ha realizado su trabajo Gay Talese que al final le ha dado la vuelta al calcetín: la ficción ha sido la que ha querido tomar como modelo a uno de sus objetivos. Aquel chaval que traía cafés a tipos adinerados para los que su padre confeccionaba trajes a medida acabó creando un fondo fiduciario para pagar la educación de los hijos de un mafioso. Qué gran historia.