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| Guillermo Martínez ILUSTRACIÓN DE Sciammarella. |
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viernes, 31 de mayo de 2019
miércoles, 23 de enero de 2019
Esther García Llovet / Sánchez / Formidable novela que sabe a ‘noir’
Ampliar fotoFormidable novela que sabe a ‘noir’
La lucidez narrativa de Esther García Llovet es mucha. Tanta como la de sus personajes en la novela ‘Sánchez’
J. ERNESTO AYALA-DIP
21 ENE 2019 - 04:23 COT
En 2016, el jurado del Premio Herralde consideró, con preclara decisión, que una novela titulada Cómo dejar de escribir, de Esther García Llovet, merecía ser publicada. Estoy segurísimo de que si la segunda novela, Sánchez, que ahora publica la misma autora, la hubiera presentado al mismo premio, se hubiera llevado algo más que el premio de consolación que se llevó, que obviamente no es poco. Pero empecemos por el principio.
sábado, 7 de enero de 2006
Piedad Bonnett / El camino hacia el fracaso
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| Piedad Bonnett |
Piedad Bonnett
El camino hacia el fracaso
J. Ernesto Ayala Dip
7 de enero de 2006
Hay una frase hacia el final de Para otros es el cielo, la nueva novela de Piedad Bonnett (Antioquia, Colombia, 1951), que de alguna manera define bastante la existencia de su héroe, Antonio Alvar: "Había destruido lo escrito durante tantos años, dando así forma acabada a su fracaso". Esta novela no trata sobre ningún perdedor, sino sobre cómo alguien diseña con precisión matemática su fracaso vital. Aquí estriba el meollo de esta cuidada, muy bien escrita y pormenorizada radiografía de una conciencia de nuestro tiempo, una conciencia refractaria a los halagos de la inteligencia fácil. Antonio Alvar reúne todos los ingredientes necesarios para no hacer la vida cómoda a los que tiene cerca; es un experto en el arte de dejarse querer sin arriesgar demasiado en los envites sentimentales, a la vez que es terriblemente lúcido sobre los límites de su inteligencia creadora.
PARA OTROS ES EL CIELO
Piedad Bonnett
Alfaguara. Madrid, 2005
213 páginas. 14,50 euros
Piedad Bonnett ambienta su novela en una Bogotá contemporánea. Su medio social es la clase media cultivada. Sólo así se entiende esa especie de otro libro que Bonnett nos sugiere, una especie de educación intelectual, sentimental también. Las circunstancias políticas (terrorismo, secuestros) que devastan la sociedad colombiana apenas tienen en la novela un fino trazo testimonial. Bonnett ha puesto en el centro de gravedad de su relato un prototipo de intelectual, no precisamente comprometido con su tiempo, aunque sí con el tiempo que emplea en descubrir la inutilidad de su existencia. La novela está articulada en dos planos: la narración de Silvia, la amante-testigo del derrumbe de Alvar, y una narración omnisciente que nos revela dicho derrumbe en el mismo momento que se está produciendo. Independientemente de los venablos que Alvar dedica a la institución académica, a sus estériles inercias, la novela nos muestra la irresoluble contradicción que aqueja al protagonista. Esto nos hace pensar en aquella reflexión que Walter Benjamin dedicó un día a Robert Musil acerca de la excesiva inteligencia del autor de El hombre sin atributos para acomodarse al mundo. Algo pasa en la conciencia de Antonio Alvar que no logra averiguar si le sobran o le faltan atributos para ser feliz. Mientras lo averigua, Alvar se entrega a un tan metódico como sublime ejercicio de autodestrucción. Para otros es el cielo es una novela de delicada tensión conceptual. Como si la carne y las ideas no tuviesen más horizonte que una lucha infinita. Para Alvar no hay conciliación posible. Es su sino de héroe desgarrado.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de enero de 2006
sábado, 21 de junio de 2003
Rafael Chirbes / Amor, decoro y confianza
En su reciente libro de ensayos, El novelista perplejo, Rafael Chirbes expresa su admiración por El buen soldado, de Ford Madox Ford. De esa gran novela el escritor valenciano extrae una sustancial lección, "la falta de fiabilidad de cualquier narrador". Acto seguido agrega que todo narrador debe "ganarse la confianza a pulso". Se hace necesario introducir esta reflexión porque quien la lleva a cabo es el mismo que pone en funcionamiento un problema parecido en su nueva novela. Chirbes, con Los viejos amigos, cierra un gran ciclo temático y estilístico comenzado con La larga marcha y continuado con La caída de Madrid.El problema al que hacíamos referencia antes tiene que ver con la mentira y la verdad, y con los dispositivos narrativos que convierten estos conceptos en la novela en una dialéctica irresoluble. Una dialéctica pletórica de fuerza expresiva, pero también llena de secuelas morales irreversibles. La variedad de voces que componen el tejido argumental de Los viejos amigos, es algo más que la suma de almas y perfiles de una generación confiada en su papel de motor de la historia. Esas voces tienen que lidiar con algo más que con su contemporaneidad, tienen que responder ante sí mismos de todos sus fracasos e imposturas.
Unos amigos se reúnen para festejar un reencuentro a las luces y sombras de sus vidas particulares. Viven en Madrid y en esta ciudad convivieron con sus utopías, con sus desengaños amorosos, con sus actos de renuncia al borde de la ruindad. Escritores fracasados, pintores a los que las cosas no les fueron mejor, galeristas ricas, expertos en infidelidades varias. Detrás ha quedado la era de las promesas sublimes, la movida madrileña, los gobiernos del PSOE, la resaca de borracheras inútiles, el sida y algún hijo que muere empachado de drogas. En Los viejos amigos,Rafael Chirbes ensaya una estructura polifónica, no para transmitirnos ninguna verdad sino para que escuchemos. Cada personaje tiene la oportunidad de contarnos su historia. Y en esa oportunidad está en juego su fiabilidad. Se deberá ganar a pulso que le creamos o no. Mientras esto se decide el lector habrá asistido a una representación de la tristeza humana. Casi al final de esta lúcida y bellísima novela, un personaje, casi ajeno a todo lo que ocurre en ella, ruega porque su mujer esté dormida cuando él regrese de sus copeos nocturnos. Es una autoexigencia de decoro y amor. "Es tan misterioso el ser humano", dice el hombre. Esta muestra de delicadeza humana nos viene relatada indirectamente. Pero por una vez, puede que esta anécdota sea lo más aproximado a una metáfora de verdad innegociable que todos los personajes de Chirbes anduvieron buscando durante toda su vida.
sábado, 29 de diciembre de 2001
Javier Cercas / Soldados de Salamina / Ilusión novelística
LOS MEJORES LIBROS DE 2001
Ilusión novelística y ejercicio de invención
29 de diciembre de 2001
El secreto de la lejía
Luisa Castro (Planeta)
La escritora gallega Luisa Castro ha ideado un perfecto artefacto de ilusión novelística. El secreto de la lejía (novela que recomiendo por todo eso que tiene de fundamento en lo indirecto, en lo elíptico) es un ejemplo de narración en primera persona y lo es también por su sentido de la graduación psicológica (un lento y abismal camino hacia la locura) y el desarrollo, vertiginoso e imprevisible, de su trama. En esta misma línea me gustaría también, de paso, proponer La canción de Dorotea, de Rosa Regàs.
Soldados de Salamina
Javier Cercas (Tusquets)
De todas las propuestas que se han ensayado este año en la novela española para soldar realidad y ficción, la que Javier Cercas lleva a cabo en su libro es la más redonda. Lo es por dos razones: una, porque introduciendo una anécdota casi perdida en los márgenes de la historia contemporánea española con mayúsculas, le sirve a su autor para construir una narración épica de inesperado impacto tanto metafórico como moral; y dos, porque con todo ello, más una sutil inteligencia para conmover al lector, no deja nunca de ser Soldados de Salamina un ejercicio impecable de invención.
Labia
Eloy Tizón (Anagrama)
Para Eloy Tizón, autor de La velocidad de los jardines, las palabras son la unidad primigenia de todo relato, son los fragmentos, ellos mismos contenidos en sí, que irán dando sentido a lo que se relata. El protagonista de Labia no alcanza su madurez como persona (a la vez que también como personaje) mientras no lleguen hasta él el mundo de las palabras. Entre ellas y la imágenes y las voces y las presencias (físicas y relatadas) que percibe el protagonista arma su universo y la desnuda verdad del que lo rodea.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 29 de diciembre de 2001
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