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jueves, 16 de septiembre de 2021

Ezra Pound y Antonio Machado / Poetas enterrados en países extranjeros

Antonio Machado

Poetas enterrados en países extranjeros

Tanto Antonio Machado como Ezra Pound hacían lo mismo: huir


MANUEL VILAS
8 ABR 2019 - 10:58 COT

Estuve hace unos días en la tumba de Antonio Machado en Collioure. Era la segunda vez que la visitaba. Sentí pena, pena y miseria. Escribo ahora sobre mi visita a Collioure desde Venecia, donde me encuentro en este instante. Venecia también, como Collioure, fue un símbolo de la poesía española, y recuerdo el excelente poema Oda a Venecia ante el mar de los teatros, de Pere Gimferrer. Me acuerdo del verso: “Tiene el mar su mecánica como el amor sus símbolos”. Vuelve mi mente a Collioure.

martes, 5 de marzo de 2019

Antonio Machado / Anoche cuando dormía



Antonio Machado
Anoche cuando dormía
Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que una fontana fluía
dentro de mi corazón.
Di, ¿por qué acequia escondida,
agua, vienes hasta mí,
manantial de nueva vida
de donde nunca bebí?
Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que una colmena tenía
dentro de mi corazón;
y las doradas abejas
iban fabricando en él,
con las amarguras viejas
blanca cera y dulce miel.
Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que un ardiente sol lucía
dentro de mi corazón.
Era ardiente porque daba
calores de rojo hogar,
y era sol porque alumbraba
y porque hacía llorar.
Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que era Dios lo que tenía
dentro de mi corazón.


Antonio Machado / La saeta


Cristo Mutilado
David Alfaro Siquerios

Antonio Machado
La saeta
Dijo una voz popular:

«Quién me presta una escalera
para subir al madero
para quitarle los clavos
a Jesús el Nazareno?»

Oh, la saeta, el cantar

al Cristo de los gitanos
siempre con sangre en las manos
siempre por desenclavar.
Cantar del pueblo andaluz
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la cruz.

Cantar de la tierra mía

que echa flores
al Jesús de la agonía
y es la fe de mis mayores
!Oh, no eres tú mi cantar
no puedo cantar, ni quiero
a este Jesús del madero
sino al que anduvo en la mar!


Antonio Machado / Retrato


Antonio Machado

Antonio Machado
 Retrato
Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierra de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.
Ni un seductor Mañara ni un Bradomín he sido
—ya conocéis mi torpe aliño indumentario—;
mas recibí la flecha que me asignò Cupido
y amé cuanto ellas pueden tener de hospitalario.
Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.
Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.
Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.
¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.
Converso con el hombre que siempre va conmigo
—quien habla solo espera hablar a Dios un día—;
mi soliloquio es plática con este buen amigo
que me enseñò el secreto de la filantropía.
Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansiòn que habitò,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.
Y cuando llegue el día del último viaje
y esté a partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.


viernes, 22 de febrero de 2019

Ian Gibson / “Machado está bien en Colliure. Si se llevan a la momia del Valle de los Caídos, quizás pueda volver”

Ian Gibson ante la tumba de Antonio Machado en Colliure. 

Ian Gibson: “Machado está bien en Colliure. Si se llevan a la momia del Valle de los Caídos, quizás pueda volver”

El hispanista publica un libro sobre el poeta sevillano muerto en Colliure cuando se cumplen 80 años de su fallecimiento


Jesús Ruiz Mantilla
Madrid, 19 de febrero de 2019

Con uno de esos días azules y quizás iluminados por destellos de aquel sol de la infancia, el mismo que se presentó en su busca como una premonición de despedida desde aquel patio de su infancia en Sevilla hasta el Mediterráneo... Como un digno homenaje a esos versos inconclusos que se encontraron en su gabán, cuando Antonio Machado murió en Colliure, a pocos kilómetros de la frontera con España, un 22 de febrero de 1939, Ian Gibson ha regresado al pequeño pueblo de pescadores francés, a la pensión donde se alojó el poeta y le prestaron camisas con que repeler la humedad de su diáspora. Allí reposa en el pequeño cementerio como símbolo de una vergüenza colectiva, envuelto en flores y banderas republicanas: “Si Lorca representa a los fusilados; Machado, a los exiliados”, dice Gibson.

Antonio Machado en el andén del exilio



Estación de tren de Collioure
12 de febrero de 2019
Foto de 

Antonio Machado en el andén del exilio

El pueblo francés de Collioure conmemora el 80º aniversario de la muerte del poeta sevillano. Su tumba es un icono de la memoria republicana


Javier Rodríguez Marcos
16 de febrero de 2019

El 28 de enero de 1939 a las 17.30 se bajaron en la estación de Collioure cinco personas que media hora antes se habían subido al tren en Cerbère, el primer pueblo de la costa francesa por el lado oriental de los Pirineos. Eran Antonio Machado, su madre —Ana Ruiz—, su hermano José, la esposa de este —Matea Monedero— y el escritor Corpus Barga, que los había ayudado a salir de la ratonera en que se había convertido el paso fronterizo de Els Balitres, atestado de refugiados que huían de las tropas franquistas.

Qué tiene Machado que todo el mundo lo quiere


Antonio Machado, Gregorio Marañón, José Ortega y Gasset y Ramón Pérez de Ayala, en Segovia en 1931.


Qué tiene Machado que todo el mundo lo quiere

PSOE, PP y nacionalistas citan y recurren al poeta como un referente y un síntoma de urgencia para el diálogo


Jesús Ruiz Mantilla
Madrid, 27 de julio de 2018


Soñó una España que se tornó pesadilla cuando, exhausto, cruzó la frontera para morir en Colliure, al otro lado, un 22 de febrero de 1939. Pero Antonio Machado sigue entre nosotros como absoluto referente moral ante las encrucijadas. Por eso ahora está en boca de todo el mundo.

Antonio Machado / Campos de Castilla / Los versos que salvaron la vida de Machado


Antonio Machado

Estos versos salvaron la vida a Machado


Se cumple un siglo de la edición de 'Campos de Castilla: un poemario reseñado en su día por Azorín, Ortega y Unamuno y cuya conciencia crítica conserva toda su vigencia





SCIAMMARELLA

"Cuando perdí a mi mujer pensé pegarme un tiro. El éxito de mi libro me salvó, y no por vanidad, ¡bien lo sabe Dios!, sino porque pensé que si había en mí una fuerza útil, no tenía derecho a aniquilarla". La carta que a finales de 1912 Antonio Machado envió a Juan Ramón Jiménez retrata bien la borrasca vital que estaba atravesando el primero. En la primavera de ese año —nueve después de publicarSoledades— había aparecido su segundo libro de poemas: Campos de Castilla. Si el primero le había conseguido más prestigio que lectores, el nuevo fue un éxito desde el principio: con una primera tirada de 2.300 ejemplares —más optimista incluso que las que se hacen hoy—, el poemario fue reseñado en España y América por críticos como Unamuno, Azorín y Ortega. Superado el simbolismo modernista, llegaba la hora de la Historia, la poesía como "palabra en el tiempo". El lirismo intimista daba paso a la conciencia crítica: solo el racionalismo europeo podía atajar la beata ignorancia española. "Castilla miserable, ayer dominadora, / envuelta en sus harapos desprecia cuanto ignora", dicen unos versos en los que solo una lectura superficial podría ver, siguiendo el tópico noventayochista, una exaltación de los valores de ninguna patria.

sábado, 4 de noviembre de 2017

Elvira Lindo / Ondas de radio



Ondas de radio

Nada supera el lazo íntimo que establece una voz con sus oyentes


ELVIRA LINDO
4 NOV 2017 - 16:39 COT

El 10 de octubre caminaba arrastrando mi pesadumbre hacia el Thyssen, que estos días cumple su 25º aniversario, escuchando la radio. La tarde del 27 de octubre volvía a casa desde un Congreso de Mujeres Juristas por la Igualdad concentrada en las voces de la radio. No hace tanto que veíamos pasear a los abuelos con el transistor pegado a la oreja. No hace tanto tampoco, porque el tiempo pasa en la vida como en la radio, volando, que al volver de la escuela merendaba con la muchacha; escuchábamos un programa de coplas dedicadas y yo la observaba llorar su orfandad concentrada en la música mientras cosía su ajuar. Mis recuerdos establecen conexiones sinestésicas y las canciones de entonces saben a foie gras o a mantequilla espolvoreada con colacao. No hace tanto que guardaba silencio para que mis tías escucharan la novela. No hace tanto que, tras unos años adolescentes de despreciar una radio que me olía a rancio, volví a encontrar en las ondas una compañía que no llenó nunca la televisión, ni tampoco (perdón) el periódico. Porque no hay nada que supere el lazo íntimo que establece una voz con sus oyentes. A los seres queridos que se nos fueron los recordamos de vez en cuando en los álbumes de fotos, pero es al encontrar de pronto una vieja grabación cuando el pasado se nos vuelve presente. La voz es lo que antes se pierde y lo que más se añora.
A pesar de las caminatas radiofónicas, la radio no ha dejado de ocupar su lugar preferente en la cocina. La radio sabe a café. Antes de enfrentarme a la palabra impresa, donde la actualidad suena más grave por no estar tamizada por la cordialidad y cercanía de alguien que cuenta, sigo las voces de la radio. Las mías, porque aunque los expertos siguen estudiando por qué nos cuesta tanto cambiar el dial, a los oyentes más que la pereza o la costumbre nos ata la adicción a una manera de hablar que no se parece a otra. Casi todas esas voces corresponden a periodistas que conozco personalmente, sus palabras suenan tan nítidas en mi cocina que es como si los tuviera sentados a la mesa frente a mí. Hay veces que les respondo en voz alta. Otras, estoy tan afectada o implicada en lo que dicen, sobre todo estos días, que no puedo evitarlo y les escribo un mensaje de agradecimiento. Mientras los debates televisivos me alteran, la radio tiene un efecto reconfortante. Pienso, de manera inconsciente: vaya, si ellos son capaces de conseguir que conversen individuos que se detestan es que no todo está perdido.
Sé que hay días en que esas voces nos hablan en un tono distinto. Yo se lo noto, ¿usted no? Tienen la voluntad de contener sus emociones, pero hay momentos en que resulta imposible y se percibe un ligero temblor, un quiebro. No sucede a menudo, pero, si se da el caso de que esta oyente que soy lo capta, mi reacción es pensar que quien me habla es un ser humano que aun debiéndose mostrar profesional no es invulnerable.
Tal y como están produciéndose las relaciones de influencia y poder entre los medios y las redes, tengo la intuición de que la radio está, por valerse de algo tan básico y primitivo como las voces, más capacitada para sobrevivir en este selvático mundo de la información.
La otra noche escuché en Hora 25 de Àngels Barceló que no ha habido momento en la historia reciente en que se recurriera más a Machado para buscar sentido o consuelo a este disparate. Sonreí porque, sí, yo también lo he citado, pero además eso me hizo recordar una historia poética y singular relacionada con Don Antonio. En 1985, Raymond Carver publicó un poema, Ondas de Radio, dedicado al poeta español. Llevaba Carver un tiempo padeciendo una crisis creativa y retirado en una casa de campo en medio de ninguna parte. No tenía televisión, no leía el periódico, su única conexión con el mundo era la radio. Una noche escuchó a un locutor recitar unos versos de Machado, del que no había oído hablar hasta ese momento, y esto es una estrofa del poema que le dedicó a modo de agradecimiento: “Yo pensaba en esas bobadas por la noche / sentado en la silla mientras escuchaba mi radio. / ¡Y entonces, Machado, tus poemas! / Fue casi como ver a un hombre de mediana edad / enamorarse de nuevo. / Algo extraordinario, / y también embarazoso. / Hice tonterías como colgar una fotografía tuya. / Y me llevaba tu libro a la cama / y dormía con él a mano. Una noche un tren / me despertó al pasar por mis sueños. / Lo primero que pensé, con el corazón desbocado / allí en el dormitorio a oscuras, fue: / No pasa nada, Machado está aquí. / Luego pude volver a dormirme”.
Cuenta Carver que recordó siempre lo que Machado aconsejaba a quien le preguntaba qué podía hacer con su vida. “¡Presta atención!”, respondía el poeta. Eso hizo Carver. Eso trato yo de hacer, prestar atención. Ser oyente por encima de todo, aunque no tenga más remedio que hablar para ganarme la vida.


miércoles, 16 de agosto de 2017

Juan Cruz / Para escuchar a Joan Manuel Serrat




Para escuchar a Joan Manuel Serrat

Sabadell se asoma al abismo de la estupidez por plantear borrar a Machado


Juan Cruz
16 de agosto de 2017




Machado Sabadell
Barral, Caballero Bonald, Marquesán, Gil de Biedma, González y Ferraté, en la tumba de Machado.

Ahora han querido barrer a Antonio Machado. No estaba en el póster de la CUP, pero no importa. Lo pusieron un rato en la basura. El alcalde, de la CUP, precisamente, lo salva de la quema, pues quema es, ante el escándalo habido. Pero ahí queda, en suspenso, acusado de ser anticatalán, el pobre viejo. El alcalde lo salva, pero deja la espada puesta: lo que hay que hacer, dice, es eliminar fascistas. Lo tiene fácil: su historiador de plantilla tiene una lista de indeseables en el nomenclátor de la ciudad, desde Goya a Góngora y Quevedo ¡pasando por Tenerife y Uruguay y Colombia!, pues que se han creído esos territorios, aquellos pistoleros de la pintura o del verso, aquellos malhechores que tan mal le hicieron a Sabadell.
En cuanto a Machado, no hacía falta tanta fuerza, nada, un soplo podía acabar con él cuando cruzaba Cataluña hacia el exilio que fue muerte. Ahora le tocaba a Sabadell darle otra vez el empujoncito, hacerlo basura anticatalanista en Cataluña. Por tres gramos de verso, a la basura. La historia es así, él lo escribió, una de las dos Españas ha de helarte el corazón. Esta vez la otra España es Sabadell, se asocia a aquel fascismo que decidió que había buenos y malos, y entre los malos estaba Antonio Machado. ¡Y Goya, y Tenerife!Tanto barrer y han ido a dar con don Antonio. Cuando no se podía, de Cataluña salieron a Colliure, a velar su sombra, Barral, José Agustín Goytisolo, Caballero Bonald, Ángel González, Costafreda, Valente, Blas de Otero, Gil de Biedma, esos parafacistas…
Entre las devociones que juntaron a España (y a Cataluña), Machado fue el presidente de la lírica republicana que quedó pendiente de un hilo cuando decir República era un susurro con el que se atrevían los poetas. Y si siguen barriendo encontrarán perlas propias, y sentirán vergüenza de lo que hace la escoba actual contra el pasado. Hallarán incluso a Espriu, y se llevarán por delante a Pla (al que nunca aguantaron mucho), y a los Maragall, y se quedarán solos con la quejumbre de la patria como si ésta fuera la mortaja ideal para una idea.
Atravesar la memoria de Machado (y a Goya, tan españolazo, y a Riego el del Himno, ¡y a Albarracín!) )con esta daga chiquita de la patria chica es una más de las arbitrariedades que nos depara este verano final de la tristeza. La tristeza es una palabra cuyo contenido se hace con estas mezquindades que tratan de derribar los nombres grandes de los que hicieron más poética, menos dura, la derrota a la que el fascismo sometió a hombres humildes como el maestro que se fue andando a Colliure, ya helado.
Don Antonio, en fin. Cuando no teníamos que cantar sobre el futuro, estaba Machado en la clandestinidad universitaria, en Cataluña, en Canarias, en Andalucía, en toda España, seguramente en el exilio español (y catalán) de México (que lo salva el historiador, lo salva el alcalde) y de Uruguay y de Colombia, esos países seguramente traicioneros como Tenerife. Y luego fue Machado protagonista de las calles y de las plazas, de las rotondas y de las flores, y aquellos catalanes que fueron a Colliure a celebrarlo fueron los que abrieron el camino para que cayera sobre el poeta la luz que lo hizo de todos.
Borrar, barrer. Sabadell se asoma al abismo de la estupidez, empujada la ciudad, sus habitantes, a ser cómplices de una devastación moral que no se merece Cataluña. ¿Y qué hacemos ahora?, podría preguntarse, ¿cómo aliviarnos de esta nueva barrida moral contra la poesía del entendimiento? Para aliviar el disgusto, es decir, la falta de gusto, esta propuesta: escuchar a Joan Manuel Serrat cantando a Machado. Él lo cantó desde Cataluña y por todos nosotros, y hasta Uruguay y Colombia y Tenerife llegó Machado por Serrat, catalán y nítido como el Mediterráneo

sábado, 11 de julio de 2015

Joan Manuel Serrat / Antonio Machado / Cantares

"Cantares"
Programa de Miguel Ríos en TVE "Qué noche la de aquel año", 1987
Joan Manuel Serrat


C A N T A R E S
Letra: Machado y Serrat
Música: Joan Manuel Serrat

Todo pasa y todo queda
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre la mar.

Nunca perseguí la gloria
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles
como pompas de jabón.

Me gusta verlos pintarse
de sol y grana, volar
bajo el cielo azul, temblar
subitamente y quebrarse.

Nunca perseguí la gloria.

Caminante son tus huellas
el camino, y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.

Al andar se hace camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.

Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.

Hace algún tiempo en ese lugar
donde hoy los bosques se visten de espinos
se oyó la voz de un poeta gritar
"caminante no hay camino,
se hace camino al andar."

Golpe a golpe, verso a verso...

Murió el poeta lejos del hogar,
le cubre el polvo de un país vecino.
Al alejarse le vieron llorar
"caminante, no hay camino,
se hace camino al andar."

Golpe a golpe, verso a verso...

Cuando el jilguero no puede cantar.
Cuando el poeta es un peregrino.
Cuando de nada nos sirve rezar
"caminante, no hay camino,
se hace camino al andar."

Golpe a golpe, verso a verso
Golpe a golpe, verso a verso...
Golpe a golpe, verso a verso...


lunes, 24 de marzo de 2014

Tumbas / El ‘tour’ de los poetas muertos




El ‘tour’ de los poetas muertos

Una idea anida cada cierto tiempo en las mientes de los políticos: abrir las tumbas de los poetas fallecidos allende las fronteras para repatriarlos

Fernando Iwasaki
24 marzo de 2014

En el platónico topus uranus revolotea contumaz una idea que cada cierto tiempo anida en las mientes de los políticos o quizá de sus asesores. A saber, abrir las tumbas de los poetas fallecidos allende las fronteras para repatriarlos con honores y así apuntalar la identidad nacional, la marca ciudad o cualquier cosa que se tercie menos la lectura de las obras de tales poetas. El último en proponer algo semejante ha sido el Consejero de Cultura de la Junta de Andalucía, quien ha dejado caer que Antonio Machado no debería estar enterrado en Colliure sino en Sevilla. ¿Sabrá el Consejero que su idea ya la llevó a cabo el régimen franquista cuando repatrió los despojos de Juan Ramón Jiménez sepultados en Puerto Rico?
Hace unos años María Kodama impidió que el gobierno peronista de los Kirchner trasladara los restos de Borges de Ginebra a Buenos Aires, tal como Georgette Vallejo se enfrentó a los militares peruanos que quisieron sacar a César Vallejo de Montparnasse para enterrarlo de nuevo en el Perú, lejos de su amado Baudelaire. ¿Qué ocurriría si los restos de todos los poetas o escritores sepultados lejos de sus terruños fueran requeridos por ministros, alcaldes y consejeros? Joseph Conrad sería exhumado de Canterbury para volver a Polonia, John Keats despoblaría su tumba romana para ocupar una nueva en Londres y Eugene Ionesco terminaría devuelto en Rumanía, igual que tantos compatriotas suyos deportados por el gobierno francés. ¿Quién nos asegura que los nacionalistas irlandeses no reclamen algún día los escombros aterrados de Wilde, Joyce y Beckett? Si Putin se encaprichara en repatriar a su tocayo Nabokov enterrado en Montreux, ¿quién se atrevería a decirle que no? El tour de los poetas muertos sería interminable: de Rimbaud a Salinas y de Kipling a Graves, pasando por Cortázar y Bolaño.
El poeta y librero Abelardo Linares considera que la abundancia de poetas muertos por todo el mundo es consecuencia de la universalidad de sus obras. “Los grandes poetas son como los grandes pintores” –razona Linares- “¿Por qué hay pinturas de Velázquez en los mejores museos del planeta? Porque es un pintor universal. En cambio, si su pintura no hubiera salido de Sevilla apenas sería un correcto pintor local”. Por lo tanto, si la tumba de Machado está en Francia –como la de T. S. Eliot en Londres o la de Thomas Mann en Zurich- no es casual que sus versos formen parte de la memoria sentimental de miles de lectores de todo el mundo.
Sin embargo, puestos a hacernos la idea de que el traslado de Machado sea del todo inevitable, uno se pregunta por qué sus restos tendrían que ser llevados a Sevilla –de donde se marchó con ocho años- y no a Soria, Baeza o Segovia donde su rastro poético y vital es todavía visible. Y puestos a hacernos la idea de que el Consejero de Cultura sólo desea recuperar para Andalucía a uno de sus grandes autores, ¿por qué no Luis Cernuda, que yace en el Panteón Jardín de México?, ¿por qué no Manuel Chaves Nogales, sepultado en una tumba sin nombre en Fulham Cemetery?, ¿y por qué no Blanco White, perfumado de lilas en Roscoe Memorial Gardens? En Liverpool todavía recuerdan con perplejidad a los diecisiete políticos sevillanos que viajaron en 1984 para colocar una placa sobre la tumba de Blanco White.
¿Y si esa fuera la intención del Consejero? ¿Repatriar los restos de Machado para acabar con el rumboso turismo de los políticos? Vale, pero sospecho que la carísima y numerosa comitiva oficial de ignaros, advenedizos y oportunistas abochornaría al austero don Antonio.

miércoles, 23 de noviembre de 2005

Antonio Machado / "Estos días azules..."


ANTONIO MACHADO

"Estos días azules..."


Antonio Rodríguez Almodovar
23 de noviembre de 2005

No tuvo mucha suerte Antonio Machado con la ciudad que le vio nacer. Mas no por eso dejó de llevarla siempre en su corazón. A los ocho años de edad, en lo mejor de la infancia, tuvo que dejar atrás aquel relumbre de luz paradisíaca que maduraba en los limoneros del Palacio de las Dueñas. La luz de Sevilla, la que le acompañó en el recuerdo hasta el último momento. En un bolsillo del gastado gabán que había soportado el tránsito de los Pirineos, huyendo de la horda fascista, fue hallado el último verso que escribiera el poeta: "Estos días azules y este sol de la infancia". También una variante de una de las cuartetas a Guiomar, su grande y secreto amor. No pudo ser casual esa asociación de última hora entre el huerto claro de la niñez y el jardín prohibido de un amor otoñal. Ni fue la primera vez que se daba.
En el cuaderno 3 de los manuscritos de Antonio Machado que acaba de publicar Unicaja, p. 85, nos topamos con este otro esbozo: "entra la luz dorada de Sevilla, abierto el corazón al mundo,". La última coma indica que debió seguir, pero ya no encontramos más. También el verso de Collioure carece de puntuación, como si fuera otro intento de expresar lo demasiado vivo, el destello luminoso de un recuerdo feliz, o de una pasión incomunicable. Y ahora, justo en el folio anterior del cuaderno, aunque intensamente tachado, logramos leer: "¡Oh claro sol de invierno, sol todavía/ apenas ya, que calienta y desespera / un poco de oro tengo, amada mía". Simple boceto. Muy hondos tenían que estar estos amores para que todo un Machado no acertara más que a hilvanarlos. Pero las sorpresas del manuscrito continúan. En el folio siguiente, un nuevo amago: "como tu nombre llena". Parece que se refiere a Sevilla, que acaba de nombrar, pero la intensidad del concepto (llenar) podría apuntar a la "amada mía" de dos páginas antes, y más si ese nombre es el muy poético de Guiomar. (Machado y Pilar Valderrama se conocieron en Segovia en 1928, y la escritura de este cuaderno ronda esos años). Y porque en la página siguiente, la 89, se lee: "La castidad". Debajo, el germen de uno de los grandes proverbios: "cuanto vale se ignora y nadie sabe / ni ha de saber de cuanto vale el precio", que acabaría siendo: "Todo necio / confunde valor y precio". Otra gestación difícil, pero que al menos culminó en una fórmula genial. En cambio, las otras dos temáticas, la de la luz remota de la infancia y la luz escondida del amor, no alcanzaron el poema maduro, el texto rotundo y memorable al que Machado nos tiene acostumbrados.
Otras dos veces alude el poeta a la luz de Sevilla. Una, en el Retrato ("Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla / y un huerto claro"...); otra, en el no menos célebre soneto que dedicara a la evocación del padre ("Esta luz de Sevilla"...), el hombre que le enseñó a amar tanto la cultura popular como la cultura ilustrada, el romance como Garcilaso. Parece escrita al hilo de la decepción que le produjo (¿en 1917?), encontrarse la puerta cerrada de la casa donde nació. Y a la que nunca volvería.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 23 de noviembre de 2005