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| "Highsmith es una autora de novelas de detectives cuyos libros se pueden leer una y otra vez. De muy pocos se puede decir esto." |
miércoles, 3 de febrero de 2021
Triunfo Arciniegas / Once
martes, 2 de febrero de 2021
Patricia Highsmith / La pajarera vacía
LA PAJARERA VACÍA
(The Empty Birdcage)
La primera vez que Edith lo vio, se rió. No podía creer lo que veía.
Se apartó a un lado y volvió a mirar. Estaba todavía allí, pero algo menos preciso. Un rostro como de ardilla —pero diabólico por su intensidad— la miraba por el agujero redondo de la pajarera. Una ilusión, desde luego, algo que tenía que ver con las sombras, o un nudo de la madera del fondo de la pajarera. El sol caía de lleno sobre la pajarera de quince por veintitrés centímetros, situada en el ángulo que formaban el cobertizo de las herramientas y la pared de ladrillos del jardín. Edith se acercó, hasta quedar a tres metros de distancia. El rostro desapareció.
Era curioso, pensó, mientras volvía a la casa. Por la noche tendría que contárselo a Charles.
Patricia Highsmith / Los bárbaros
Stanley Hubbell pintaba los domingos, único día en que podía hacerlo. Los sábados ayudaba a su padre en su ferretería de Brooklyn. Los demás días de la semana se dedicaba a trabajos de investigación en una editorial especializada en publicaciones sobre industrias. Stanley no se tomaba muy en serio su pintura; era una especie de terapéutica para los nervios, recomendada por su médico. Al cabo de seis meses, no pintaba del todo mal.
Un domingo, a comienzos de junio, Stanley estaba terminando un autorretrato en camisa blanca sobre un fondo verde. Era mayor y mucho mejor que su primer autorretrato. Había captado el fruncimiento preocupado de su ceja izquierda. Los ojos ya estaban castaño claro, algo tristes, intensos, esperanzados. ¿Esperanzas de qué? Stanley no lo sabía. Pero los ojos en la tela eran tan sus propios ojos que, al mirarlos, sonreía complacido. Quedaba por poner un toque de luz en la larga nariz, algo ganchuda, y luego oscurecer el fondo.
Habría estado trabajando unos veinte minutos, tiempo apenas suficiente para humedecer los pinceles y preparar los colores en la paleta, cuando los oyó correr ruidosamente por el callejón contiguo a su edificio. Vaciló, mientras todavía imaginaba el efecto de la luz, aún no pintada, a lo largo de la nariz, y al mismo tiempo escuchaba para adivinar cuántos serían aquella tarde.
Patricia Highsmith / Otro puente por cruzar
El auto llevaba la capota bajada y Merrick vio al hombre en el puente desde más de un kilómetro de distancia. El coche en el cual iba Merrick rodaba velozmente hacia él, y Merrick pensó: «Es como en una película de Bergman. El hombre tiene una pistola en la mano, y cuando el auto esté tan cerca del puente que no pueda fallar el blanco, disparará contra mí, me dará en el pecho y probablemente más valdría así». Merrick seguía mirando a la figura encorvada —puesto que el hombre descansaba sobre sus brazos apoyados en el pretil del puente—, tanto porque esperaba una catástrofe cuanto porque el hombre era la única figura humana en el paisaje a la que pudiera mirar. Estaban en Italia, en la Riviera meridional. El sereno azul del Mediterráneo quedaba a su izquierda y a la derecha había polvorientos campos de olivares que parecían sedientos y que subían por las colinas hasta que los detenían las rocosas laderas de la montaña. El puente cruzaba por encima de la carretera, por él pasaba otro camino y tenía una altura de por lo menos tres pisos.
lunes, 1 de febrero de 2021
Patricia Highsmith / La heroína
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| Ilustración de Viktor Sheleg |
Patricia Highsmith / Señora Afton, entre tus verdes laderas
Patricia Highsmith / Gritos de amor
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| Two Old Women, 1920 Adolphe W. Blondheim Smithsonian American Art Museum |
Hattie tiró de la cadenita de la lámpara de mesa, estiró la sábana hacia sus hombros y permaneció tendida, tensa, esperando que se calmaran la tos y los resuellos de Alice.
—Alice —murmuró.
No hubo respuesta. Sí, ya estaba durmiendo, aunque siempre afirmaba que no cerraba el ojo antes de que el reloj del cuarto diera las once.domingo, 31 de enero de 2021
Patricia Highsmith / Cuando la escuadra llegó a Mobile
Con la botella de cloroformo en la mano, Geraldine miraba al hombre dormido en el porche de atrás. Lo oía respirar con profundas inspiraciones y breves expiraciones silbando a través de su bigote, como solía respirar cuando no iba a despertar hasta pasado el mediodía. Había estado dormido desde que llegó al amanecer, y nunca supo de nada que pudiera despertarlo a media mañana cuando había bebido toda la noche. Ahora era el momento.
Patricia Highsmith / La tortuga
sábado, 30 de enero de 2021
Patricia Highsmith / Los pájaros a punto de emprender el vuelo
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| Young Man Readin a Letter Dietz Edzard |
Patricia Highsmith
Los pájaros a punto de emprender el vuelo
Todas las mañanas, Don abría el buzón, pero nunca había carta de ella.
«No habrá tenido tiempo», se decía. Repasaba mentalmente todo lo que ella debía hacer: transportar sus pertenencias de Roma a París, instalarse en un piso que sin duda había buscado en aquella ciudad antes del traslado; probablemente trabajar unos días en su nuevo empleo, antes de encontrar tiempo e inspiración para contestar a sus cartas. Pero finalmente pasaron los días que, estirando al máximo, pudo imaginar ocupados en todos esos menesteres. Y transcurrieron tres más y no llegó ninguna carta.
Patricia Highsmith / El observador de caracoles
Patricia Highsmith
El observador de caracoles
Cuando el señor Peter Knoppert comenzó a aficionarse a la observación de los caracoles, no imaginaba que los pocos ejemplares con que empezó se convertirían tan pronto en centenares. Apenas dos meses después de que los primeros caracoles fueron llevados al estudio de Knoppert, una treintena de tanques y peceras de vidrio, todos llenos de caracoles, cubrían los muros, descansaban en la mesa escritorio y los alféizares, y hasta comenzaban a extenderse por el suelo. La señora Knoppert desaprobaba todo esto enérgicamente y se negaba a entrar en el estudio. Afirmaba que olía mal, y además una vez pisó accidentalmente un caracol, lo que le causó una sensación horrible que nunca olvidaría. Pero cuanto más sus amigos y su esposa deploraban ese pasatiempo poco habitual y vagamente repulsivo, tanto más gozo parecía encontrar en él el señor Knoppert.
Graham Greene / Patricia Highsmith
Graham Greene
Patricia Highsmith
Patricia Highsmith es una autora de novelas de detectives cuyos libros se pueden releer una y otra vez. De muy pocos se puede decir esto. Es una escritora que ha creado su propio mundo, un mundo claustrofóbico e irracional, en el cual entramos cada vez con un sentimiento de peligro personal, con la cabeza inclinada para mirar por encima del hombro, incluso con cierta renuencia, pues vamos a experimentar placeres crueles, hasta que, en algún punto, allá por el capítulo tercero, se cierra la frontera detrás de nosotros, y ya no podemos retirarnos, estamos condenados a vivir hasta el fin del relato con uno más de su larga serie de hombres buscados por la policía.

















