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miércoles, 8 de diciembre de 2021

Ásta Sigurðardóttir / 1930 - 1971


Ásta Sigurðardóttir 
1930-1971
by Jōn Ingiberg
10 May 2020

Ásta Sigurðardóttir
Jōn Ingiberg


Ásta Sigurðardóttir
Jōn Ingiberg

Biografías / Ásta Sigurðardóttir

 

Ásta Sigurðardóttir


Ásta Sigurðardóttir

 (1930-1971)


Escritora islandesa, nacida en 1930 y muerta por suicidio en 1971, por haber bebido líquido anticongelante, considerada una de las mejores plumas del panorama islandés durante los años cincuenta. Ásta Sigurdardóttir se especializó en lo que la crítica dio en llamar el "nuevo relato corto", que constituía una innovación tanto en lo temático como en lo formal. Los autores que se adscriben a este grupo se caracterizan por rechazar el estilo realista que había marcado el género narrativo hasta entonces en pro de un tono poético más intimista, lleno de metáforas y alusiones, que dota a los textos una mayor literariedad y los abre a múltiples interpretaciones.

Sus primeros años como escritora se vieron envueltos en la polémica, ya que sus relatos fueron considerados "inmorales" por gran parte de la crítica; sin embargo, lo que realmente incomodaba a la burguesa clase media islandesa era la manera absolutamente sincera de poner sobre el tapete la lucha interna que representaba para la mujer elegir una de las dos partes del binomio matrimonio / libertad, una situación en la que, además de la autora, se veían reflejadas otras muchas mujeres que se sentían víctimas de la misma marginación social y del mismo sentimiento de soledad y desesperación que las protagonistas de estos relatos.

Su primer relato apareció en 1951, en la revista Vida y Arte: "La noche del domingo hasta la mañana del lunes"; diez años después se editaría su único libro en vida, una selección de cuentos bajo el mismo título genérico. En 1985 se publicó una recolección póstuma de su obra, titulada Relatos y poemas.



miércoles, 30 de mayo de 2018

Jon Kalman Stefansson / Poesía y bacalao en la tierra de hielo y fuego

El novelista Jon Kalman Stefansson, retratado en el valle de Mosfallsdalur (Islandia)
El novelista Jon Kalman Stefansson, retratado en el valle de Mosfallsdalur (Islandia) ELMA KAREN

Jon Kalman Stefansson

Poesía y bacalao en la tierra de hielo y fuego

Jon Kalman Stefánsson habla en Islandia de su desgarrada trilogía de novelas sobre la isla, que se cierra con ‘El corazón del hombre’


JACINTO ANTÓN
Reikiavik 12 MAR 2017 - 16:48 COT





La mujer alta invita a seguirla al páramo en medio de la violenta granizada para ver el nido de un cuervo. En Islandia nunca estás lejos de la naturaleza, ni de la leyenda. Ragnheidur Jonsdóttir, a la que en mala hora le he comentado mi interés por las aves, es la pastora luterana de Mosfellskirkja, la esbelta iglesia que se alza en una colina en el valle de Mosfallsdalur, a unos 12 kilómetros al este de Reikiavik, justo donde estaba la granja en la que nació el Nobel Halldór Laxness, el hombre que escribió que nadie puede sobrevivir en Islandia si no tiene alma de poeta. Subiendo la ladera vecina de roca volcánica cubierta de pedrisco se puede asomar uno a la grandiosidad estremecedora y fantasmagórica del paisaje islandés: montañas de una fisonomía aparatosamente bella y cruel, hielo y fuego, como si no bastara matarte de una sola manera. Estamos aquí para sumergirnos un poco en el ambiente de las novelas de Jon Kalman Stefánsson (Reikiavik, 1963), del que se acaba de publicar en España El corazón del hombre, que culmina la trilogía compuesta por Entre cielo y tierra y La tristeza de los ángeles(todas en Salamandra). Se trata de una serie de excepcional lirismo y desesperanzada hermosura sobre la durísima vida de un variopinto grupo de personajes en la Islandia rural y pescadora del siglo XIX. La lucha descarnada con los inmisericordes elementos –el mar, la nieve, la ventisca- es el centro de algunas de las páginas más inolvidables y conmovedoras de la trilogía y a pequeña escala, en este día áspero y helador, es fácil compartir las penalidades que se narran en los libros, sobre todo si eres de natural friolero.
El desplazamiento permite además observar a Stefánsson pasear entre las tumbas dispersas alrededor de la iglesia, algunas de las cuales pertenecen a niños. En las tres novelas, que conjugan poesía y un realismo digno de Flaherty, metáforas y bacalao, la muerte es omnipresente, como en esa sociedad que se retrata, en la que la vida del ser humano era breve y “bastaba que el cielo cambiara de color para que llegara a su fin”. Una de las escenas más impactantes es la del traslado en trineo de una mujer difunta metida en un precario ataúd casero a través del que se filtra un insidioso olor a carne de cordero ahumada. A otro personaje, ahogado, lo entierran con su chaquetón de marino por si en el más allá ha de volver a salir al mar. Mientras cae la tarde, una melancolía espesa (y fría) se adueña del lugar hasta que las campanas de la iglesia despiertan repentinamente con un vivo rebato que ahuyenta a una colonia de estorninos refugiados en el campanario. Las aves salen volando y parece que un hechicero arrojara sus runas negras en el cielo.



Una de las escenas más impactantes es la del traslado en trineo de una mujer difunta metida en un precario ataúd casero

“Es un invierno raro, tendría que haber mucha más nieve”, ha explicado por la mañana Stefánsson en Reikiavik mientras recorríamos el puerto, camino del Museo Marítimo. El autor, enjuto pero muy atractivo, con ese aire de ascetismo curtido de los escandinavos, tiene unos ojos azulísimos que parecen dar acceso directo al mundo gélido de sus novelas. Pasamos junto al guardacostas Odinn y Stefánsson recuerda cómo sus héroes de niño eran los marinos que libraron las desiguales guerras del bacalao con Gran Bretaña. En el museo hay muchas cosas que parecen de las novelas, como el diorama que muestra los secaderos de pescado (los bacalaos preparados tienen forma de alas de ángel) o las viejas barcas de remo en las que los pescadores se aventuraban en un mar pasmoso. En la cafetería donde nos sentamos para hablar –y donde por suerte no sirven frailecillo-, suena un fado, que para Stefánsson, admirador de Saramago, no está para nada fuera de lugar.
¿De dónde vienen esas historias terribles y maravillosas de la trilogía? “Es difícil trazar el camino de las ideas y de las palabras”, responde el escritor, “decir dónde comenzó todo; en realidad la mayoría de mis historias empiezan a tener sentido cuando las escribo y entonces adquieren vida propia”. Pero son cosas que habrá escuchado en alguna parte, muchas tienen la apariencia de provenir del folclore e incluso de las viejas sagas. “Es curioso que sois los extranjeros los que percibís esos paralelismos. Probablemente desde fuera se ven mejor esas influencias. Nunca pienso en la historia de Islandia. Pero es cierto que esos materiales, esos relatos impactan en nosotros, tal vez de una manera inconsciente”. La trilogía está llena de espectros, fantasmas, ahogados, el murmullo de los difuntos en las oquedades de la tierra, el fjorulalli, esa especie de oveja marina que engaña a los marinos para ahogarlos. “Las historias sobrenaturales son muy corrientes en la isla y siempre están presentes. En parte por cómo es Islandia, los fenómenos de la naturaleza, el tiempo, la oscuridad. Ha sido a la vez una bendición y una maldición lo aislados que hemos estado tantos años”.
La trilogía tiene algo de realismo mágico congelado, incluido ese Macondo de fiordo y playas negras que es Lugar, el centro geográfico de la trama. Stefánsson ríe quedamente mientras le alcanza un inesperado rayo de sol a través de la vidriera que da al puerto, poniendo de relieve lo rojizo de su corta barba y una vena azul en la sien que parece un glaciar: fuego y hielo. “Aquí es natural creer que la realidad no es algo fijo. Es importante darse cuenta de que no entendemos el mundo en toda su complejidad. Aquellos que se han autoconvencido de que lo sabemos todo tienden a ser personas peligrosas, como Trump. La literatura nos ayuda a ver que hay mucho más que realidad”. El escritor añade que el realismo mágico latinoamericano fue muy popular en Islandia y ha tenido mucha influencia en los autores de la generación anterior a la suya. “Pero hay mucho realismo mágico ya en las propias historias islandesas. Y Borges lo entendió así”.






Islandia desde el mar
Islandia desde el mar


Precisamente, la trilogía de Stefánsson , con sus hermosas metáforas (la nieve: “las lágrimas de los ángeles” y “la tristeza de los ángeles”), parece hacer abundante uso de las kenningar, las figuras retóricas de los escaldos, los antiguos poetas nórdicos. “El idioma islandés se ha moldeado mucho por la poesía. La poesía siempre ha sido muy rica y fuerte, y respetada, en Islandia. Se puede decir sin exagerar que durante siglos solo se escribió poesía en la isla y no prosa. Eso nos ha dejado una herencia de amor a la palabra, de búsqueda de su sonoridad, que digan mucho más de lo que son. Hay una fuerza muy poderosa y arcana en las palabras. Mientras haya palabras habrá vida”.
La amistad es uno de los temas fundamentales de la trilogía, también la enemistad. “Somos expertos en pelearnos, desde el principio. Hubo un grupo de islandeses que emigraron a Winnipeg a finales del XIX y decidieron publicar un periódico en islandés, pero hubo tanto desacuerdo que acabaron editando dos. Supongo que una sociedad tan pequeña como la nuestra hubiera muerto de aburrimiento si no fuera por pelearnos”. Sorprende en los personajes de su trilogía el ansia de conocimiento y de libros. “La sociedad islandesa siempre ha sentido curiosidad por lo que hay más allá del horizonte y del mar. El peligro de una cultura tan aislada era que al final se diluyera y muriera, dejara de crear, pero no ha sido así”. La propia escritura de Stefánsson, como sus personajes, muestra influencias de la gran literatura universal: Shakespeare, Milton, Melville. “Ninguna cultura es fuerte si no acepta la influencia de otras. Siempre hemos tenido gente inquieta aquí, como nuestro primer poeta nacional Matthias Jochumsson, autor del himno, que fue pastor luterano y aprendió inglés el solo en su granja traduciendo a Shakespeare. Tanto un idioma como una sociedad necesitan a personas así. Una sociedad que no mira hacia afuera y no traduce es tan estúpida como peligrosa. Es significativo que mientras el 40 % de lo que se publica en Francia son traducciones, en EE UU solo lo es el 1,5 %. Por eso ha ganado Trump”.



“Las historias sobrenaturales son muy corrientes en la isla y siempre están presentes. En parte por cómo es Islandia, los fenómenos de la naturaleza, el tiempo, la oscuridad"

En cuanto a las influencias en su trilogía, el autor las reconoce sin ambages, como la de Moby Dick o la de Shakespeare. “Evidentemente todo aquello que uno ha leído encuentra un camino a sus propias páginas”. ¿Y qué hay de los componentes autobiográficos en el relato? ¿Cuánto hay en el innominado muchacho huérfano, el protagonista, del propio Stefánsson? “Me conozco muy mal a mí mismo, incluso me sorprende verme en el espejo. Me parece mucho más interesante el mundo que mi yo. Dicho esto, por supuesto que hay algo mío en el muchacho “. ¿Ha vivido algún momento peligroso como los que afronta él? “A los 15 años me embarqué en un pesquero, me mareé tanto que deseaba que nos hundiésemos para acabar de una vez con el sufrimiento. Pero, claro, eso hubiera sido mucho peor”.
¿Va a haber una cuarte entrega? El final de El corazón del hombre parece muy abierto, ¿nos va a dejar así? “Ha habido mucho debate en Islandia sobre ese final. Pero mi idea es que la cuarta novela ya está escrita: en la mente del lector”.
¿Qué sentimiento hay hacia la idea de Europa en Islandia? “Creo que la mayoría de islandeses nos vemos como europeos, pero Islandia está litermante partida entre Europa y América, como sabes, por la falla tectónica. Y en muchos aspectos somos más americanos que el resto de los europeos. En todo caso, lo que sobre todo somos es islandeses, isleños. Y los isleños siempre tienen dificultades para verse plenamente parte de un grupo más grande”. Lo que indudablemente son es los europeos más antiguos. “Sí, hablamos casi el mismo idioma de hace mil años. Eso no significa que tengamos que estar en el centro de la UE. Yo no confiaría en nosotros para liderar nada. Nuestro reciente éxito en el fútbol se debió a tener un entrenador sueco que nos organizó. Los islandeses no sabemos lo que es la organización”.



“Aquí es natural creer que la realidad no es algo fijo. Es importante darse cuenta de que no entendemos el mundo en toda su complejidad"

La naturaleza es omnipresente en sus novelas. “Islandia es solo naturaleza. Por mucho que los islandeses estemos muy encima de las novedades tecnológicas y todos los niños de más de 10 años tengan iphone, la naturaleza aquí lo decide todo. Puede ser muy hermosa y mortal a la vez. Esa montaña que ves justo ahí fuera, Esja, provoca muchas muertes cada año”. En ese ambiente, parece lógico que haya hecho cartero a uno de sus protagonistas. En buena parte la trilogía es la saga del muchacho pero también la saga del cartero. En el Museo Nacional puede verse una vitrina dedicada al viejo servicio postal (Landpóstar), que arrancó en 1782, con un zurrón y un cuerno como los del grandullón Jens, y patines de hueso. “Me parecía una profesión encantadora, llevar las palabras de un lado a otro, y a la vez tan esforzada en esa época. Explicaba mucho de la dificultad de la vida entonces. Además me servía como contrapunto de la siempre interesante idea de la masculinidad”.
Las mujeres son muy relevantes en la trilogía. “Son fuertes, pero maltratadas. Hace cien años en la isla carecían de derechos. Siempre jugaban en desventaja”.
Al salir, el cielo sobre Reikiavik tiene el color del lomo de una ballena. Sopla un aire gélido y el único que se atreve a zarpar del puerto es un pato, un gran eider común. En el pantalán, conjuro el recuerdo del muchacho, del cartero, del capitán ciego, de la mujer del reverendo Kjartán, anhelante de libros; de Bárdur, de Geirprudur, de Bjarni, de Hasta... De tantos y tantos personajes. Extraigo una pluma blanca de mi libreta de notas y la dejo caer flotando al suelo, como una ofrenda, en el momento mismo en que empieza a nevar: las lágrimas de los ángeles.



Audur Ava Ólafsdóttir / La excepción / Vivir lo impredecible






Audur Ava Ólafsdóttir

LA EXCEPCIÓN

Vivir lo impredecible

La escritora islandesa Audur Ava Ólafsdóttir aborda en la 'La excepción' la irrupción del caos


MARIA JOSÉ OBIOL
29 AGO 2014 - 10:37 COT



Leo que no hay que ampararse en las palabras, que la gente las entiende de modo muy diferente. Y así resulta al inicio de La excepción, pues no hay voluntad de fidelidad y amor para siempre cuando el marido dice: "Tú serás la última mujer de mi vida". Aunque la esposa quiera interpretarlo de ese modo, en el momento mismo de la afirmación, obviando el resto de palabras que acompañan a la frase. Sin embargo, lo que el hombre dice es verdad, o esa es su certeza: no habrá más mujeres porque él está enamorado de otro hombre.



Audur Ava Ólafsdóttir (Reikiavik, 1958), autora de las exitosas Rosa Cándida y La mujer es una isla, habla en La excepción de lo impredecible, de que hay que suponer "el caos, lo aleatorio y el cambio en cualquier momento de la existencia". El marido que se va se llama Flóki, su amante también. Hay más coincidencias, los dos hombres son matemáticos, compañeros de trabajo y especialistas en la teoría del caos. María, la esposa que se queda, trabaja en una organización humanitaria, es madre de mellizos, y su vecina Perla, una mujer que apenas sobrepasa el metro de estatura, es consejera matrimonial, y escribe novela policiaca para otro escritor.


En la narración, las dos mujeres mantienen jugosas conversaciones, con agudas observaciones y buena dosis de humor. Y se contrapone la realidad de lo que sucede con lo que podría ocurrir en la ficción. Todo esto para decir sobre los afectos, las relaciones amorosas, la ruptura y el desconcierto. Lo impredecible. Y está el paisaje hermoso y frío de Islandia que envuelve una historia estructurada en cortos capítulos que van componiendo, como si se tratara del "entramado de una tela de araña", la imagen de los personajes.

La autora, de manera plácida y sin alzar la voz, dosifica la información creando una tensión que te agarra a la novela, señalando la importancia del detalle inadvertido, aquel que proclama indicios y así, al decir sobre cosas aparentemente intrascendentes, recrea belleza, sensaciones y recuerdos de nuevo significado. En el cuervo que surca el aire importa menos su vuelo que el detalle de su ala desplegada, y el frío del hermoso paisaje llega a través del sonido. El chasquido plash, plash, de la pala hiriendo la nieve para poder acceder a la casa, produce un escalofrío que hiela la cara. Y la tristeza llega cuando se hace memoria de abrazos y miradas que no se creían ausentes. María y Perla, la realidad y la ficción y el oficio de vivir. Flóki, el marido, lee a Pavese. Una hermosa novela cuyo final se resuelve de manera demasiado cerrada. Pero sí, La excepción es una hermosa novela.

La excepción. Audur Ava Ólafsdóttir. Traducción de Elías Portela. Alfaguara. Madrid, 2014. 292 páginas. 18,50 euros


EL PAÍS

RIMBAUD
Auður Ava Ólafsdóttir / Rosa candida




martes, 22 de mayo de 2018

Letras islandesas / Al norte del Norte



LETRAS ISLANDESAS


Al norte del Norte


Islandia es un país orgulloso de sus volcanes, su bacalao y la calidad inigualable de su cordero. También podría estarlo de sus niveles de lectura, entre los más altos del mundo. Llegan a España dos novelas que nos muestran las dos líneas de la actual literatura islandesa: la más tradicional, pegada a la fuerza de la naturaleza, y la que se abre a la modernidad. Visitamos Reikiavik para saber más. 

Texto y fotos ANTONIO G. ITURBE
Islandia tiene una extensión de 100.000 kilómetros cuadrados y una población de 300.000 habitantes. Su extensión es tres veces la de Cataluña, pero todos los habitantes del país cabrían en Vallecas y aún sobraría sitio.

Hasta hace pocos años, la única noticia literaria que teníamos de Islandia eran sus sagas épicas (algunas editadas en parte por Siruela y repescadas ahora por Nórdica, que presenta La saga de Eirík el rojo). Al esfuerzo continuado de la editorial Nórdica, con la vista siempre puesta en esos pagos, se han sumado un par de editoriales a fin de acercarnos a un mundo literario que acaba de ser el principal invitado de la Feria del Libro de Fráncfort, máximo evento editorial en el mundo mundial de la edición.

Hasta ahora, sólo el best seller islandés Arnaldur Indridason (editado en España por RBA) había paseado con éxito la bandera editorial islandesa por las librerías occidentales y se había encaramado a las listas de más vendidos de varios países, empujado por el alud de la novela policiaca nórdica en estos años. Sus novelas nos hablan de crímenes truculentos investigados por el torturado inspector Erlendur, al que persigue el fantasma del fallecimiento de su hermano y que afronta malamente su relación con una hija drogadicta en medio de un paisaje bello pero inquietante.

Por su parte, Nórdica está apostando por Sjon, uno de los autores islandeses más característicos, del que Siruela había publicado hace unos años Tus ojos me vieron. En El zorro ártico nos invitaba a un paseo por la naturaleza grandiosa del país y su mitología, en una deliciosa pieza poética cargada de simbolismo. A primeros de año, Nórdica volvió a ofrecernos otra de esas joyas que nos trasladan al apabullante paisaje islandés y a su imaginario mítico en Maravillas del crepúsculo.

Ahora se suma la llegada de las novelas de Audur Ava Ólafsdóttir y Jón Kalman Stefánsson, dos autores islandeses que nos han animado a viajar al país del frío volcánico para saber qué tienen que contarnos.

Frontera glacial
Más allá de Islandia, sólo hay hielo. Nosotros nos quejamos porque nos cuesta entendernos con nuestro vecinos del norte porque son franceses. Los suyos son osos polares. Un sitio así ha de tener unos hábitos y costumbres muy particulares.

Resulta muy útil para viajar hasta allí llevarse bajo el brazo el nuevo libro del periodista, escritor y viajero cuando puede Xavier Moret, titulado Islandia, revolución bajo el volcán (Alba). Moret había publicado en 2002 Islandia, la isla secreta (Ediciones B), una obra donde el entusiasmo del que acaba de descubrir algo daba un resultado entretenido pero epidérmico. Su nuevo libro, tras una decena más de viajes, es ya una mirada mucho más cuajada y penetrante, de periodista, lleno de datos y referencias a la actualidad, pero con la capacidad para escuchar a todo aquél que tenga algo que decir con paciencia no exenta de una saludable ironía. Moret cuenta muchas anécdotas aparentemente intrascendentes, pero de donde se extraen muchas conclusiones. En una de ellas explica que la madre de unos amigos suyos de Reikiavik quiso sumarse a una fiesta que organizaban por la salida de su primer libro, pero, al vivir en otra ciudad alejada llamada Akureyri, no podía asistir. Aún así insistió en que enviaría un pastel. Moret preguntó cómo lo haría llegar y le respondieron que “iría al aeropuerto de Akureyri y se lo daría al primer conocido que volara hacia Reikiavik”. “¿Y si no conoce a nadie?”. Sus amigos se rieron: eso era imposible. Fueron a la terminal de llegadas del aeropuerto de Reikiavik a esperar el vuelo de Akureyri y allí llegaba el pastel. La persona que lo traía era la ministra de Industria en persona. “¿La ministra?”, se preguntó Moret perplejo. Ella también es de Akureyri, le respondieron sin darle mayor importancia. La ministra llegó con el pastel, se lo dio, les deseó una feliz fiesta, se fue caminando sola a su pequeño turismo aparcado y listo. El primer mensaje es que aquí se conocen todos. Y eso marca.

El dicharachero conductor que nos lleva hasta el hotel explica que la policía no lleva armas… “¿Para qué, si aquí nos conocemos todos?”. Y, además, en una isla tampoco se puede ir muy lejos. En medio de la lluvia empieza a desdibujarse el imaginario de los truculentos crímenes de Indridason, porque aquí son algo rarísimo.

Lo que se percibe nada más llegar es la fuerza de la naturaleza. No sólo por la lluvia constante y el frío, que tampoco es en Reikiavik tan intenso como sería de esperar dada su latitud ártica gracias al efecto atemperante de la Corriente del Golfo. Pero entre el aeropuerto y la ciudad hay kilómetros de tierra negra y páramos de un amarillo rabiosamente otoñal. Y casi nada dentro.

Reikiavik es una ciudad apacible bajo la lluvia de cafés cálidos, con mucha madera y conversaciones en voz baja. Los restaurantes tienen vajillas de loza y mecedoras, fotos enmarcadas y luces tenues, como acogedoras casas de campo de unos abuelos islandeses. Y se come bacalao, claro. Un bacalao fresco muy fino entre salsas cremosas, bastante diferente del bacalao salado rabioso de ajo y perejil que se sirve aquí. También una sopa de cordero que resucita a cualquiera. Pero, en cuanto te alejas un kilómetro de Reikiavik, te quedas solo. El sesenta por ciento de la población vive en la capital y aledaños. Una carretera de un solo carril se adentra entre extensiones de tundra bajo un cielo amenazador de un tamaño enorme. La naturaleza aquí sí manda. Escribe Stefánsson en su libro: “El mar a un lado, montañas rotas y altísimas al otro: he aquí toda nuestra historia”. Aquí, los monumentos son de lava y los levantan los volcanes. La zona geotérmica de Geysir permite ver que aquí la tierra no sólo está viva, sino en permanente estado de ebullición. Sale humo del suelo y un géiser llamado Strokker actúa complaciente para los visitantes. No muchos. La lluvia no es amiga del turismo. Se lee en la guía que a diez kilómetros, en Gullfoss, hay unas cascadas. Y uno se acerca a dar un garbeo. ¿Unas cascadas? Son unas cataratas descomunales en medio de la nada que se abalanzan con una fuerza arrolladora sobre una larga garganta. Es un grandioso espectáculo de una fuerza extraordinaria que hace que se entienda por qué la potencia de la naturaleza se filtra en la literatura de los escritores islandeses.

Es el caso de Jón Kalman Stefánsson, que relata las vivencias de unos pescadores que van a buscar bancos de bacalao metidos ya en el Círculo Polar Ártico. El Mar Glaciar se lo da todo, pero con la misma facilidad puede arrebatárselo todo, incluida la vida. Una novela narrada de manera exquisita, pletórica de metáforas sobre la naturaleza y la condición humanas.

Jón Kalman Stefánsson

Reikiavik cultural

A Stefánsson, en Reikiavik, hay que buscarlo en el barrio de Thingholt, una zona de casas grandonas rodeadas de amplios jardines. Le desagrada el ruido del centro de la ciudad. En realidad, todo el ruido junto de Reikiavik no superaría los decibelios de un solo bar a la hora de los desayunos en Madrid. Al preguntarle si no hay algún rincón de la ciudad donde se encuentre a sí mismo, confiesa que las piscinas, preferentemente las de aguas termales a cielo abierto: “Allí uno puede fácilmente olvidarse de sí mismo“. Hay numerosas piscinas y todas son gratuitas para los islandeses. Sus impuestos les cuesta, claro. Stefánsson es hombre de grandes espacios y se alinea con Sjon y la tradición clásica de esa literatura donde la naturaleza y las relaciones que el hombre establece con ella son los protagonistas. Por eso tiene una relación ambivalente con la ciudad: “Reikiavik es un lugar extraño. Puede sea una población pequeña y una gran ciudad al mismo tiempo. Puede ser sosa y excitante a la vez. Pasa lo mismo con la vida cultural. A veces uno tiene la sensación de estar en un pueblo donde no sucede nada, pero al día siguiente te cruzas con un músico de primera fila internacional o ves una exposición que te impacta. Por eso uno siempre tiene sensaciones encontradas respecto a la ciudad”.

A Audur Ava Ólafsdóttir la encontramos en el confortable vestíbulo del hotel Radisson Blue Saga, a pocos minutos del centro y justo enfrente de la biblioteca de Reikiavik. Al preguntarle por algún rincón especialmente interesante para tomar el pulso a la vida cultural de Reikiavik, ella aconseja el café Olkrain, aunque advierte que “los escritores islandeses somos gente corriente. Con el trabajo y la vida familiar, queda poco tiempo para bares”. Ólafsdóttir representa, precisamente, un estilo de novela islandesa que se despega del modelo de escritor paisajista, telúrico y existencial. Ella explica en Rosa candida una historia muy contemporánea, protagonizada por un islandés pero ambientada en algún cálido lugar del Sur de Europa. Es una novela en la que se nos muestra un nuevo tipo de relaciones (chico y chica que tienen un hijo juntos pero no tienen interés en ser pareja) y los cambios de roles (el varón aquí cultiva rosas, llama a su padre constantemente para interesarse por él y acaba haciéndose cargo del cuidado de la hija). Esta historia entre fragancias de rosales y calles con aroma a chocolate, en una idílica villa donde el carnicero le chiva recetas y la señora del restaurante le enseña a cocinar con ajos, ha sido distinguida con media docena de premios internacionales y finalista del Fémina a obra extranjera. La autora se muestra muy orgullosa de haber escrito la novela desde la voz masculina e incluso cuenta que en Francia algunos lectores pensaban que era un hombre. Ha logrado, sin duda, retratar de manera impecable cómo las mujeres querrían que fuesen los hombres. La conversación que reproducimos con los autores nos muestra dos maneras de entender la literatura desde la misma Islandia, aunque, eso sí, ambos insisten en que son buenos amigos. ¡Claro, si ahí se conocen todos! 


JÓN KALMAN STEFÁNSSON
Tormento y éxtasis de la naturaleza islandesa

“Entre cielo y tierra” (Salamandra) es una poética novela que nos sube a un barco pesquero en medio del Mar Glacial y nos baja a la posterior vida en tierra de un protagonista marcado por la tragedia.

La naturaleza tiene una poderosa presencia en su novela. ¿Qué le parece el afán de la sociedad actual por domesticarla a toda costa?
Es un juego peligroso el que estamos jugando en Occidente. A veces parece que realmente nos creemos que podemos controlar la naturaleza y que la podemos someter a nuestro capricho. Y tendemos a creer que ya no formamos parte de ella, sino que estamos por encima. Me preocupa ese pensamiento porque al final nos destruirá. Hoy día tenemos un nuevo Dios: el Dios Tecnología. En él depositamos toda nuestra confianza, es la luz que nos guía.

¿No se fía de la fortaleza de nuestra rutilante tecnología?
Sólo un ejemplo: el año pasado tuvimos la erupción en Islandia del Eyjafjallajökull. Fue bastante pequeña pero se produjo bajo un glaciar y eso produjo que expulsara un montón de cenizas al cielo. El tráfico aéreo de Europa y Estados Unidos se paralizó y la vida diaria de cientos de miles de personas se vio afectada. Y nuestro nuevo Dios estuvo indefenso, a pesar de que fue tan sólo una pequeña erupción sin importancia. Eso nos mostró cuán pequeños somos frente a la fuerza de la naturaleza y cuán frágil puede ser nuestra moderna sociedad. Pero lo olvidamos y seguimos convencidos de que podemos controlar a la naturaleza.

La lectura también puede dar y quitar, por lo que vemos en el libro. La obsesión de un pescador muy lector en aprenderse un poema de memoria hace que se distraiga a la hora de embarcarse y se olvide el chaquetón impermeable en la cabaña. Un error que en el Mar Glacial puede ser mortal. ¿Leer puede llevarnos a la perdición?
La lectura puede ser peligrosa en el sentido de que la literatura debería contar para algo, afectar a la gente, hacerles pensar, hacerles dudar… forzarlos con suavidad pero a la vez con firmeza a ver el mundo de un modo diferente. Y, en una sociedad como la que estoy describiendo, la literatura es considerada casi como una amenaza porque hace a la gente soñar con un mundo mejor. Y los que sueñan con un mundo mejor tienden a cambiar sus parámetros de vida y en algunas sociedades los cambios son vistos como amenazas.

Uno de los pescadores del libro dice que uno debe tener un objetivo en la vida para no estancarse y pudrirse. ¿Está de acuerdo?

Todo el mundo debe tener un objetivo en la vida. Nadie debería pasar por la vida sin intentar añadir algo al mundo, nadie debería estar tan inmerso en su trabajo que olvidara quiénes están a su lado, tan inmerso que no escuchara sus propios sentimientos, su propio cuerpo. Es triste, pero hacemos eso todo el tiempo. Echamos del nuevo ordenador o videoconsola a nuestros hijos para poder trabajar más. Extraño mundo el que hemos construido para nosotros mismos. Nos falta el coraje suficiente para cambiarlo. En lugar de cambiar el curso de las cosas, nos dedicamos a ir al psicólogo o al psiquiatra esperando que nos quite la angustia.

¿Y cuál es ese objetivo desde el punto de vista de su faceta de escritor?

Como escritor, lo que procuro hacer es remover algo dentro del lector, hacerle pensar en su vida, hacerle dudar… y mientras tanto irle contando una historia.

Entre otros oficios, usted ha sido marinero… pero no ha repetido. ¿Que recuerdos guarda de esos días?

Trabajé en una empresa pesquera de joven, de los 16 a los 20 años, pero no en el mar. Mi única experiencia de marinero fueron tres semanas en un guardacostas cuando tenía 16 años. Era diciembre y hacía muy mal tiempo, con un mar duro constantemente, y yo estuve enfermo todo el tiempo, llevando bandejas de huevos con bacon a la tripulación. No he podido comer eso en treinta años. La vida de los pescadores actuales es bastante diferente a la que describo en mi libro, afortunadamente. 

Audur Ava Ólafsdóttir


Audur Ava Ólafsdóttir
Cuento de hadas para adultos y con moraleja

Un muchacho islandés que ha tenido una hija con una chica sin que los dos se hayan planteado ser pareja, viaja hasta el Sur de Europa para ejercer de jardinero voluntario en un monasterio.
Su novela es muy intimista, pero ha tenido premios en países diversos: Islandia, Francia, Canadá… ¿Indica eso que, en el fondo, sean de donde sean, las personas se parecen mucho por dentro?

Sí que hay un hilo humanístico en el libro que une a mucha gente. Hay símbolos que pueden identificarse en cualquier sociedad. Al final, hay unas cuantas preguntas existencialistas que son las que nos hacemos todos.

¿Al escribir la novela tenía una voluntad consciente de hacer algo más “internacional”, menos apegado al paisaje islandés que caracteriza a sus autores clásicos?

Yo creo que ésta es una novela profundamente islandesa. Lobbi se va de Islandia, pero se lleva encima su rosa. Esa flor es la metáfora de Islandia: quizá no es la más bonita o la más llamativa, pero es diferente y para él es absolutamente especial.

Eligió que el punto de vista narrativo fuera el del protagonista, por tanto masculino. ¿Cómo se vio pensando como un hombre?

Creo que bastante bien. Lo cierto es que yo tengo hijas y nunca me lo había planteado. ¡Ha sido como un cambio de sexo pero sin operación! Algún lector en Francia llego a pensar, dado lo raro que les debía sonar mi nombre, que yo era un hombre.

Pero su protagonista masculino hace cosas que teóricamente no hacen los hombres…

¿Por ejemplo?
Esta solo en el piso de una amiga metido en la cama leyendo. Llega ella, se quita la ropa y se mete en la cama con él porque dice que tiene frío… ¡y él decide que le apetece más seguir leyendo el libro de jardinería!
¡Hay libros que enganchan mucho! La verdad es que son tiempos complejos, en los que es muy difícil ser mujer, pero aún es más difícil ser hombre.

¡Suele opinarse lo contrario!

Es que los hombres están viviendo un cambio de roles muy importante. Antes, un hombre sólo era hijo, hermano, padre y amante. Ahora lucha por ser muchas más cosas.

La novela muestra cómo hay un traspaso de roles respecto al cuidado de la hija. ¿Cree que refleja una realidad?

Creo que sí. Los hombres también pueden hacerse cargo de los niños y cada vez es más frecuente que lo hagan. Yo me he encontrado con muchos hombres que me han dicho que se sentían identificados con mi protagonista. Todo el mundo cree que una mujer es madre de manera automática. Claro, la mujer es madre desde el punto de vista físico desde el primer minuto… Pero, ¿qué pasa con la predisposición mental? Hay mujeres que no tienen esa predisposición y el padre puede hacerse cargo del hijo igual o mejor que ella.

¿Qué es lo que hace que el muchacho inseguro y desorientado del inicio, al final se convierta en un padre que asume con tanta naturalidad su responsabilidad?

Ésta es una historia de amor donde los protagonistas empiezan por el final. Tienen una hija antes de tiempo, cuando no toca. A partir de ahí, él evoluciona. Ella también, en otro sentido. Primero, él está muy perdido e inicia el viaje. Y ése es un viaje hacia la madurez. Precisamente es su hija la que lo ayuda a madurar. Es la que hace que tome conciencia de quién es y cuál es su lugar en el mundo.

Y a usted, ¿en qué la ha cambiado escribir esta novela?

Escribir una novela también es un viaje. Es un privilegio crear un mundo que es tuyo y donde tienes un espacio de libertad para dar rienda suelta a tu creatividad. Sin embargo… voy a confesar algo: ¡creo que yo no he madurado nada! Voy a ver si con la siguiente novela consigo madurar algo.

¿Madurar es imprescindible?

Lo importante es sentirte a gusto contigo misma en cada época. Con 20 años no hubiera podido escribir esta novela porque me hubiera faltado vida.

Toda esta avalancha de premios y de atención, ¿va a cambiar su vida?

Espero que no. Los escritores islandeses somos gente corriente. Y eso es excepcional.