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lunes, 7 de diciembre de 2020



Feminismo: 27 libros para tener una visión actual

La palabra también protagoniza el 8 de marzo. El Día de la Mujer dispara la publicación de novedades que, ya sea en formato ensayo, novela, ilustración o poesía, explican o contextualizan las teorías feministas.

ANA MARÍN | 04 MAR 2019 23:59

1 DE 27

‘Feminismo para torpes’. Nerea Pérez de las Heras (mr). "Lo mío es hacer pedagogía con chistes y en ese camino he llegado a explicar el feminismo con marionetas. No es una broma, ni es una metáfora, me refiero a marionetas de verdad. En realidad eran unos calcetines a los que una amiga cosió ojos. Uno hacía del patriarcado y el otro de las dos primeras olas del feminismo”… Y así, en su primer libro, la periodista y monologista hace un recorrido por las preocupaciones y contradicciones del feminismo contemporáneo. Siempre recurriendo al arma más poderosa para la crítica: el humor. “¿Por qué las personas que tratamos de cambiar las cosas deberíamos parecer inofensivas si no lo somos? El feminismo representa un cambio radical de todo: de lo que hemos aprendido que era importante en la historia de la humanidad, de nuestra manera de cuidarnos los unos a los otros, de legislar, de transitar por las calles… El feminismo es un movimiento a favor de los derechos humanos que se justifica por la existencia de una serie de desigualdades, violencia y prejuicios muy fáciles de apoyar con datos”.

martes, 7 de junio de 2016

Nataly Londoño / Lou Andreas-Salomé: Prosa, libertad y rebeldía

Lou Andreas-Salomé
Nataly Londoño
Lou Andreas-Salomé: Prosa, libertad y rebeldía

La mujer con la que Nietzsche compartió sus secretos, la amiga de Freud, la esposa de Rike. Retrato de una psicoanalista.

Madrid, 16:07 (cuatro cafés hasta ahora). No sé qué hay de ella, qué hay de mí y qué hay de usted. A ella la he traído conmigo desde Colombia. La traje metida en el bolso de manos. La tengo entre los ojos y el alma. La escribo, la dibujo y la respiro. Repito su nombre despacio, me lo repito para intentar entenderla. La hago desaparecer: borro las letras que escribo sobre su obra y las líneas que dibujo para que se parezcan a su rostro. La escondo. La escondo cuando pierdo las palabras que ella editó para mí o para usted. Para todos.Durante un tiempo habitó mis espacios: mi casa, mis refugios, mis guaridas. Fue mi propia oración. La oración a la vida. La olvidé después: cayó despacio sobre el vaho de mi cuerpo y se deshizo. ¿Una laguna mental? Quizá. La olvidé porque se parecía a esa otra mujer a la que he amado desde siempre. Fuego eterno, prosa, libertad y rebeldía. Mucho para el siglo XIX. Lo normal para la actualidad.


Lou Andreas-Salomé según Eko

Hace días regresó. Llamó a la puerta despacio y entró sin ser invitada. Llegó con el amor y el amor me pidió que escribiera sobre ella. Escribo (otro café). ¿Quién era? El afán de la libertad totalmente desencadenado. “¿Guapa? No, mujer”, dijo sobre ella Clarice Lispector ¿Quién era? “Una mujer de peligrosa inteligencia” que escribió sobre el amor y el erotismo. Sobre el filósofo. Sobre el psicoanalítico. Sobre el poeta. Nietzsche, Freud, Rilke.

martes, 22 de septiembre de 2015

Así amaba Nietzsche a las mujeres

Nietzsche
Poster de T.A.

GENIOS E IMPOSTORES

Así amaba Nietzsche a las mujeres

Los rechazos amorosos le despertaban una descarga agresiva contra el género femenino


El filósofo Friedrich Nietzsche. / CORDON PRESS
Nietzsche fue un tipo enamoradizo que ejerció a lo largo de su vida una misoginia muy singular. “El hombre ama dos cosas: el peligro y el juego. Por eso ama a la mujer, el más peligroso de los juegos”. Este aforismo lo sacó de sus entrañas y lo puso en boca de Zaratustra después de conocer en Roma a Lou Andreas-Salomé y haber recibido de ella la suficiente cosecha de calabazas. Zaratustra fue el profeta que lanzó la proclama del superhombre, un ejemplar humano que, según la teoría de Nietzsche, debería ser profundamente culto, bello, fuerte, independiente, poderoso, libre, tolerante, a semejanza de un dios epicúreo, capaz de aceptar el universo y la vida como es. Pues bien, este modelo de superhombre aplicado por Nietzsche a sí mismo, en la vida real babeaba ante cualquier mujer atractiva que se pusiera a su alcance y si era rubia y rica la pedía en matrimonio de forma compulsiva, casi como un reflejo condicionado. El consiguiente rechazo le despertaba una descarga agresiva contra todo el género femenino. “Hasta aquí hemos sido muy corteses con las mujeres. Pero, ¡ay!, llegará el día en que para tratar con una mujer habrá primero que pegarle en la boca”. Y una vez vomitada la invectiva literaria, el superhombre quedaba tranquilo.
Su padre fue pastor protestante, de quien recibió una educación muy religiosa y que al morir tempranamente de enfermedad mental dejó a su hijo Friedrich, de cuatro años, tal vez inoculado con el germen de la locura. Durante la infancia y adolescencia del filósofo en Röcken (la actual Alemania), su lugar de nacimiento, estuvo rodeado de un férreo círculo femenino compuesto por la madre Franziska, la hermana Elizabeth, la tía Rosalie y la abuela Erdmunde. Fue un paisaje familiar agobiante, que le dejó unas secuelas de las que no se recuperaría nunca. Además de Lou Andreas-Salomé, una galería de mujeres pasó por su vida, unas como amor platónico, otras a través de una relación epistolar erótica, otras bajo la especie de amor maternal, otras como amor imposible y cada una de ellas formaba una ola sucesiva de un solo tormento. A todas adoraba en la práctica, a todas zahería literariamente y pese a su misoginia, lejos de aborrecerle, ellas se sentían atraídas por su talento y su bondad enloquecida, pero al final siempre terminaban por pararle los pies. Tampoco él estaba muy seguro de su virilidad. Por ejemplo, cuando una de sus amigas, Rosalie Nielsen, lo citó en la habitación de un hotel y comenzó a insinuarse Nietzsche tuvo que huir saltando por una ventana.
Nietzsche estudió Teología en el internado de Schulpforta e imbuido de religión se adentró después en la filología griega en las Universidades de Bonn y de Leipzig. Su cerebro no encontró la forma de asimilar la mezcla explosiva de cristianismo y belleza socrática. Deslumbrado por los mármoles de una Grecia imaginada, se convirtió al paganismo, que le obligó a gritar a los cielos el aforismo famoso: “¡Dios ha muerto!”.
Convencido de que el Crucificado era el adalid de una religión de esclavos, se abrazó a Apolo, el dios de la línea pura, y a Dionisios, el sátiro de la pasión y la orgía, corrientes contrarias que comenzaron a luchar en el interior de su espíritu. A la hora de enfrentarse a una mujer, también se debatía entre el ideal de belleza y la convulsión entusiasta. En este caso siempre ganaba Dionisios, el dios del caramillo y las patas de cabra.

El filósofo se enamoró de Lou Andreas-Salomé, que solo le aceptó como amigo
Seriamente enfermo de sífilis, en 1882 Nietzsche abandonó la Universidad de Basilea y repartió su vida errante entre la nieve suiza y el sol de Italia. Fue en Roma, en la mansión de Malwyda van Meysenburg, una famosa feminista alemana, que había abierto un salón literario, donde conoció a Lou Andreas-Salomé.
Esta rusa de 18 años era una joven que después de una adolescencia mística se había propuesto ejercer la libertad a toda costa como una forma de salvación personal más allá de la práctica del feminismo militante. El choque entre esta mujer libre y el misógino recalcitrante fue el esperado. Nietzsche se rindió ante su talento y le pidió matrimonio a primera vista con una declaración cursi y telúrica: “¿De qué astros del universo hemos caído los dos para encontrarnos aquí uno con el otro?” Esta descarga poética solo provocó una sonrisa en aquella mujer extraordinaria, que en ese momento estaba enamorada de Paul Rée, discípulo del filósofo.
Como forma de consolación, Nietzsche propuso vivir con ellos un triángulo estético con un amor traspasado de idealismo pagano en la soleada Capri, con viajes a Niza y Venecia. Tampoco cuajó la idea. Lou Andreas-Salomé fue una coleccionista de amantes famosos, hipotéticos, extraños, entre ellos Rilke y Sigmund Freud. Huidiza e imposible, en esta escalada Nietzsche fue para ella el primer peldaño.
Por otra parte, el paganismo estético de Nietzsche le costó la amistad de Richard Wagner, que recorría el camino contrario. Desde los dioses nórdicos regresaba al cristianismo llevándose con él a su mujer Cósima, otro de los amores imposibles de Nietzsche. Enamorarse de la mujer del amigo era ese juego peligroso que al parecer más le excitaba. El desaire le arrancaba de las entrañas un aforismo cruel.
En la puerta del retrete de un bar de carretera, alguien había escrito: “Dios ha muerto. Firmado: Nietzsche”. Debajo de este aforismo otro usuario había añadido: “Nietzsche ha muerto. Firmado: Dios”. Ante este par de sentencias inexorables Woody Allen comentó: “Dios ha muerto, Nietzsche ha muerto y yo no me encuentro muy bien de salud”. Es una bonita forma de bajarle los humos al superhombre.