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martes, 13 de mayo de 2025

Antonio Gamoneda, a los 93 años: "Temo lo que puedan padecer quienes vienen detrás: mis hijas, mi nieta, la generación más joven. Tengo miedo al futuro"

 


Antonio Gamoneda, a los 93 años: "Temo lo que puedan padecer quienes vienen detrás: mis hijas, mi nieta, la generación más joven. Tengo miedo al futuro"

El poeta y premio Cervantes, cerca de los 94 años, prepara dos libros: uno amplifica sus memorias y otro de poemas y habla del presente, de la censura "subliminal" de la poesía y desconfía de que la Generación poética del 50 sea en verdad una generación

miércoles, 9 de agosto de 2017

Antonio Gamoneda / Blues del cementerio


Antonio Gamoneda
BLUES DEL CEMENTERIO

Conozco un pueblo. No lo olvidaré.
que tiene un cementerio demasiado grande.
Hay en mi tierra un pueblo sin ventura
porque el cementerio es demasiado grande.
Sólo hay cuarenta almas en el pueblo.
No sé para qué tanto cementerio.
Cierto año la gente empezó a irse
y en muchas casas no quedaba nadie.
El año que la gente empezó a irse
en muchas casas no quedaba nadie.
Se llevaban los hijos y las camas.
Tenían que matar los animales.
El cementerio ya no tiene puertas
y allí entran y salen las gallinas.
El cementerio ya no tiene puertas
y salen al camino las ortigas.
Parece que saliera el cementerio
a los huertos y a las calles vacías.
Conozco un pueblo. No lo olvidaré.
Ay, en mi tierra sin ventura,
no olvidaré a mi pueblo.
¡Qué mala cosa es haber hecho
un cementerio demasiado grande!


lunes, 20 de marzo de 2017

Antonio Gamoneda / La prisión transparente / Reseña

Antonio Gamoneda

LA PRISION TRANSPARENTE


Nesciencia

En su último libro 'La prisión transparente' Antonio Gamoneda roe el hueso de lo existencial


FRANCISCO CALVO SERRALLER
14 FEB 2017 - 09:36 COT

En su recientemente publicado libro de poemas con el título La prisión transparente (Vaso Roto), Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931) se entrega a esa extrema sabiduría invernal del no saber, un ascético ejercicio de despojamiento de todo lo circunstancial y aleatorio, quizás en busca del puro hueso de lo existencial. En este sentido, la prisión transparente es una especie de cárcel del espíritu que se retrae y recoge. La concisa fórmula elegida por este poeta como letanía verbal es un “no sé”, pero que se repite gráficamente en forma vertical, aunque, no pocas veces, en diagonal, lo que produce un efecto visual escalonado, siempre quedando en el aire lo que cada peldaño tiene de ascenso y descenso. Me parece muy importante la incertidumbre de esta conjugación interlineal tan sucinta por lo que tiene de escansión rítmica, que anima esta reflexión extrema sobre lo despojado, y por lo que este intervalo genera de distanciamiento entre la negación y la sapiencia, produciendo de esta manera un mutuo desequilibrio entre ambos términos. Se enclava esta “negación de la negación”, a mi modo de entender, en la médula histórica de la mejor poesía española, entre Juan de la Cruz y Quevedo, ambos ardientes prisioneros de sí mismos en pos de liberadora humillación, que es el retorno a la tierra, lo original del origen.

viernes, 22 de abril de 2016

Gamoneda, Edwards y Sánchez Ferlosio / Tres ‘cervantes’ sobre Cervantes




De izquierda a derecha, Antonio Gamoneda, Rafael Sánchez Ferlosio y Jorge Edwards,
ayer en la Universidad de Alcala de Henares.
  EL PAÍ

PREMIO CERVANTES

Tres ‘cervantes’ 

sobre Cervantes

Jorge Edwards, Sánchez Ferlosio y Antonio Gamoneda homenajean en Alcalá al autor del ‘Quijote’


JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS
Alcalá de Henares
21 ABR 2016 - 09:34 COT

Antonio Gamoneda
Aunque parezca mentira, el Paraninfo de la Universidad de Alcalá es casi un siglo más antiguo que el Quijote. Una inscripción en la puerta recuerda escuetamente que en 1518 lo construyó el arquitecto Pedro Gumiel. Por esa puerta volvieron a entrar ayer Jorge Edwards, Rafael Sánchez Ferlosio y Antonio Gamoneda, que retornaban al lugar en el que recibieron el Premio Cervantes para hablar, cómo no, de Cervantes. Lo hicieron en una tarde entrelluviosa y ante un público escaso que apenas alcanzaba a llenar un auditorio en el que el próximo sábado leerá su discurso el mexicano Fernando del Paso, último galardonado.
Sentados en mesa aparte, un poco como tres sabios y otro poco como tres estudiantes castigados a dar la lección, Edwards, Ferlosio y Gamoneda llenaron una sesión a la que faltó el cuarto convocado, José Jiménez Lozano. El escritor abulense, premiado en 2002, se recupera de una caída que dio al traste con su cadera y con sus intenciones. Abrió el fuego Jorge Edwards (Santiago de Chile, 1931), galardonado en 1999, que comenzó advirtiendo que es un “lector antiguo” de Cervantes pero no un cervantista. Lo descubrió, dijo, a través de los escritores del 98, fundamentalmente Azorín y Unamuno. Por eso quiso evocar la tesis del rector salmantino de que el Quijote es más importante que su autor antes de matizar: “Yo he descubierto también la importancia de Cervantes. Soy gran aficionado a sus Novelas ejemplares. Cada una de ellas es una película”.

Miguel de Cervantes Saavedra





El escritor chileno discrepó también de la lectura cervantina de Victo Hugo poco después de darle parcialmente la razón. Se la dio porque, apuntó, Cervantes es, como dice Hugo, un “escritor océano”, es decir, “sin límites, profundo, con monstruos”. Discrepó de él por compararlo con Rabelais y por decir que tanto el creador de don Quijote y Sancho como el de Gargantúa y Pantagruel son “dos Homeros bufones”. Edwards admitió lo que ambos tienen de carnavalesco y de inversión de las jerarquías pero trazó una frontera: “Rabelais es un escritor del vientre; Cervantes, de la cabeza y el corazón”. Por no abandonar los paralelismos, terminó con otra lectura ajena: la de Borges. No lo hizo esta vez recurriendo al socorrido Pierre Menard, que reescribe palabra por palabra lo escrito por el escritor alcalaíno, sino invitando a leer El Aleph como una parodia del episodio quijotesco de la Cueva de Montesinos. En ambos casos sus protagonistas llegan a un punto que resume la totalidad del mundo, aunque en el caso de Borges fuera después de beber un coñac argentino, “cosa que como chileno”, apostilló Edwards socarrón, “considero muy peligrosa”.
Por la relación entre el vientre y el Quijote empezó su lección Rafael Sánchez Ferlosio(Roma, 1927), que señaló el episodio de las bodas de Camacho como “el momento cumbre de la novela”. Luego sacó unas “paginitas” y las leyó con ayuda de una lupa. “Soy muy cegato”, se excusó. Si en su discurso de recepción del premio de 2004 Ferlosio señaló que “la naturaleza de don Quijote estaba en ser un personaje de carácter cuyo carácter consistía en querer ser un personaje de destino” –algo así como ser un prototipo que termina yendo por libre-, ayer glosó la idea de que “todo juicio estético guarda relación con una antigua ética” para apuntar que la de Alonso Quijano es “una aventura estética o literalmente artística”. También él sugirió una lectura paralela para el Quijote: el Cantar de Mío Cid. Partiendo de la épica y de su parodia, terminó señalando la nobleza con la que Cervantes soluciona esa tensión estética por la vía de un personaje que recurre al “encarecimiento de un ayer éticamente digno de añorar”.
Jorge Edwards
También Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931) también sumó ética y estética en un “parlamentillo” en el que abundó en algunos de los asuntos de su discurso del Cervantes de 2006. El autor leonés empezó recordando los 10 años transcurridos antes de subrayar que el escritor que da nombre al galardón se equivocó al lamentar que “el cielo” no hubiera hecho de él un poeta. ¿Por qué? Porque lo era, pero no por los versos que escribió sino por el ritmo poético de su prosa narrativa, algo que, dijo, estaba ya en La Celestina como estaría luego en Valle-Inclán, Kafka, Joyce o Faulkner. Tras glosar el compromiso de don Quijote con los menesterosos frente a los poderosos, Gamoneda cerró con unos versos del turco Nazim Hikmet dedicados al Caballero de la Triste Figura, aquellos que dicen que seguirá viviendo “como una llama” y que “Dulcinea será cada día más hermosa”. Aunque ninguno de los dos exista.

sábado, 21 de marzo de 2015

Antonio Gamoneda / El libro del frío / Tres poemas



Antonio Gamoneda

TRES POEMAS



El cuerpo esplende en el zaguán profundo, ante la trenza del esparto
y los armarios destinados a los membrillos y las sombras.

De pronto, el llanto enciende los establos.

Una vecina lava la ropa fúnebre y sus brazos son blancos
entre la noche y el agua.


***

Todos los árboles se han puesto a gemir dentro de mi espíritu
al recordar tus bragas en la oscuridad, la luz debajo de tu piel,
tus pétalos vivientes.

Atravesando los aniversarios, a veces viajan las palomas ebrias.

Venga desnuda tu misericordia, ah paloma mortal, hija del campo.



***


El mirlo en la incandescencia de tus labios se extingue.

Yo siento en ti grandes heridas y te desnudas en mis fuentes.

Se extingue el mirlo en las alcobas blancas donde soy ciego,
donde, algunas veces, suenan en ti grandes campanas.





lunes, 7 de julio de 2014

De qué les sirve la poesía a los poetas



¿De qué les sirve la poesía a los poetas?

Ocho escritores españoles explican la utilidad del género lírico en nuestros días



Luchar contra el olvido; intensificar la conciencia; buscar más allá de las palabras; encontrarse con la parte más espiritual del ser humano... Son algunas de las respuestas de ocho poetas y poetisas españoles a la pregunta formulada en el blog Papeles Perdidos para celebrar el día mundial de la poesía: ¿Para qué sirve la poesía?
Antonio Colinas: “La poesía es para mí una manera de ser y de estar en el mundo, pero además una profunda vía de conocimiento. No es posible un mundo sin poesía, porque el día que esta desapareciera significaría que el ser humano es otra cosa que humano. La poesía es un sentir y un pensar esenciales, en los límites, a contracorriente casi siempre del tiempo en el que se escribe. De ahí que sea también un revulsivo poderoso en un mundo que tiende al vacío y a la ausencia de sentimiento”.
Cristina Peri Rossi: “Para mí cumple dos funciones: primero, es la memoria de las emociones y de los sentimientos. Nos da la identidad contra el olvido. La segunda función es la de espejo, es el otro lado del espejo de lo real: abre las puertas para acceder a esa zona de lo íntimo a la que la novela no llega, porque cuenta hechos. A la poesía le basta con expresarlos".
Antonio Gamoneda: “La poesía no proporciona ningún servicio práctico, incluso no proporciona nada que pueda modificar la realidad social, ni siquiera la individual. La poesía, esto sí, intensifica la conciencia. Y esta es quizá su única utilidad”.
María Victoria Atencia: “Poesía es el conocimiento de la belleza y el extremo de lo natural, de lo maravilloso del mundo. La poesía es la primavera de la literatura”.
Francisco Brines: “¿Para qué sirve el arte? ¿Para qué sirve la expresión más intima y mejor de la persona? Tanto la poesía, como la música o cualquier arte, son lo que nos hace mejores. La respuesta es tan tópica como verdadera. Porque el hombre es cuerpo y es también espíritu, y no es que uno desdeñe el cuerpo, porque del cuerpo viene el espíritu. La poesía es lo más espiritual y lo más escondido del hombre. Pero cuando aparece es lo más real, y es lo que justifica el vivir. Es algo inmaterial y que se puede construir, hacer. Es un trabajo de nuestro cerebro y de nuestro sentimiento".
Elena Medel: “Llevo intentando explicármelo toda la vida. Para mí la poesía es una pastilla que cura la enfermedad o atenúa el dolor. También es un diccionario que a mí, personalmente, me explica el mundo. Tiene que ver con todo lo terrenal. En estos malos tiempos, pienso que la poesía es un buen antídoto contra todos los males que nos rondan”.
Joaquín Pérez Azaústre: “La poesía, si sirve para algo que se pueda mostrar de forma palpable, es para intensificar una mirada trascendente sobre lo cotidiano. Encontrar el misterio y el fulgor que anida en lo visible. Un realismo trascendido. Como lector, el misterio a veces lo tenemos delante de los ojos. Y la poesía nos permite desvelarlo”.
Francisco Ferrer Lerín: “Hasta hace muy poco la consideraba como la excelencia en la escritura y la literatura. Pero tras una evolución, ahora entiendo la poesía como lo que hay más allá de las palabras, de las letras y del lenguaje. Es ese elemento mágico sobre el que uno va avanzando cuando descubre el trasfondo de las letras”.



lunes, 22 de abril de 2013

Un don de Cervantes / El oficio de regalar libros

José Emilio Pacheco
Premio Cervantes 2009
Gijón, Asturias


Un don de Cervantes

Los ganadores del prestigioso premio escogen un libro que regalarían a los lectores



Decenas de lectores en la Rambla de Barcelona en el día de Sant Jordi de 2011. / JOAN SÁNCHEZ




Un solo libro. Todo un reto para quien, a lo largo de su vida, habrá escrito y leído cientos (¿miles?). Pero la pregunta no deja espacio para las excepciones, ni siquiera para los premios Cervantes: ¿qué obra regalarías en ocasión del Día del Libro? Algunos intentan escaquearse y proponen una lista más larga. Dos, tres o hasta siete opciones. El conde de MontecristoLa isla del tesoro, el Calila e Dimna en su edición original de 1252, Pedro Páramo y Reloj de príncipes, de Fray Antonio de Guerra, salen a lo largo de las conversaciones, pero quedan descartados ante la obligación de quedarse con un único regalo.
Todos, eso sí, avanzan que es “muy complicado” escoger solo una opción. Y José Emilio Pacheco subraya que, por encima de todo, es importante que se lea “por placer, no por obligación”. Y sin prejuicios, como le explicó una vez García Márquez. “Los escritores suelen despreciar los bestsellers, pero Gabo me dijo que al leerlos me fijara en cómo están contados más que en el estilo. Y, por ejemplo, con la trilogía de Stieg Larsson me ocurrió que no podía dejar de leerla”, asegura el mexicano, que recibió el Cervantes en 2009.
Alguna novedad, muchos clásicos, sobre todo novela pero también poesía. Es lo que se obtiene de la lista de respuestas ofrecidas por los ganadores del premio más prestigioso de las letras en lengua española, junto con una receta perfecta para coger un sillón, varias horas de tiempo y pasarse el Día del Libro en los Estados Unidos de principios de siglo con Jay Gatsby o en la Francia ocupada por los prusianos de 1870.
Jorge Edwards (Santiago de Chile, 1931), Cervantes de 1999. Escojo Los ensayos de Michel de Montaigne, en una edición reciente publicada por la editorial Acantilado. Se trata de una obra muy libre y moderna en el contexto del siglo XVI francés. Lo único parecido de aquella época es El Quijote. La escritura de Montaigne y Cervantes es una mezcla muy sabia y divertida de narración y reflexión.
José Jiménez Lozano (Langa, 1930), Cervantes de 2002. La verdad es que no suelo regalar libros. Nunca sabes si a la otra persona le va a gustar como a ti, ni tampoco quiero ponerle en un compromiso. Prefiero, a lo mejor, recomendar a alguien que se compre un libro. De todos modos, elijo lo último que he leído, Antimemorias de André Malraux, una obra muy interesante.
Rafael Sánchez Ferlosio (Roma, 1927), Cervantes de 2004. Un entremés de Cervantes titulado El viejo celoso, por su esplendor. En la obra aparece una de las frases más bonitas del castellano. Una muchacha burla a su marido, pero con la verdad. Finge que está con un amante; él no se lo cree, aunque en la habitación hay un muchacho que ella ha metido con la ayuda de una vecina cómplice. Y entonces la muchacha le dice: “Lavar quiero a un galán las pocas barbas que tiene con una bacía llena de agua de ángeles porque su cara es como la de un ángel pintado”.
Sergio Pitol (Puebla, México 1933), Cervantes de 2005. Misericordia, de Benito Pérez Galdós. Aún ahora Benito Pérez Galdós me parece uno de los novelistas más vivos y complejos de la lengua castellana. Mi generación aprendió a leerlo de la mano de comentaristas excepcionales: Luis Cernuda, Buñuel, Bergamín, Alfonso Rejes, Max Aub, María Zambrano y Octavio Paz, quien dedicó su discurso de aceptación al Premio Cervantes al novelista madrileño, supieron insuflar en nosotros la desmedida vitalidad de su obra, que ha alcanzado incluso a novelistas tan disímiles como Antonio Tabucchi o César Aira.
Durante décadas, cierta crítica malintencionada o de plano cegatona, quiso ver al Maestro como al exponente de un realismo áspero, monolítico e incluso costumbrista. Nada más lejano de la verdad. Pocas novelas como las suyas han sido susceptibles a esa grieta de lo real de la que emanan los personajes y situaciones más disparatadas, excéntricas y rabiosamente humorísticas; el punto en que todo se deshace y vuelve caricatura. Misericordia es, entre muchas otras cosas, la suma de todo esto. Una novela fundamental, humana y profundamente divertida.
Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931), Cervantes de 2006.Si se puede dar una analogía lectora entre yo que regalo el libro y quién lo recibe, porque la sensibilidad más o menos inteligente que tengo la supongo en el lector, escojo mi vicio, La celestina. Es mi predilección, casi una obligación, ya que lo leo todos los años.
Juan Gelman (Buenos Aires, 1930), Cervantes de 2007. Los poemas humanos del autor peruano César Vallejo. El libro es una muestra de cómo, sin perder la humanidad ni dejar de producir emoción en el lector, se propuso romper los límites de la lengua, como ya hizo Cervantes que los ensanchó y como Lope de Vega. Los poemas de Vallejo dan una visión de todas las posibilidades que ofrece este maravilloso idioma castellano.
Juan Marsé (Barcelona, 1933), Cervantes de 2008. El gran Gatsby. Jay Gatsby encarna el sueño americano del siglo XX y entronca con la gran novela del siglo XIX de los Balzac, Stendhal y Tolstói.
José Emilio Pacheco (Ciudad de México, 1939), Cervantes de 2009. Lo más importante es que nunca hay que ver la lectura como una obligación, sino como un placer. Si un libro no te gusta, déjalo, y a lo mejor retómalo en 10 años. Hay dos ejemplos brillantes de novela corta: los relatos Bola de sebo de Guy de Maupassant y Corazón sencillo de Gustave Flaubert. Tienen una forma excelente, son completas, y además son dos grandes novelas con protagonistas femeninas, que defienden la figura de la mujer en un siglo, el XIX, que la ataca constantemente.
Ana María Matute (Barcelona, 1925), Cervantes de 2010. Los poemas de San Juan de la Cruz. Me parecen impresionantes, me estremecen. Es una obra extraordinaria, de una espiritualidad honda y auténtica.
José Manuel Caballero Bonald (Jerez de la Frontera, 1926), Cervantes de 2013. Intemperie, de Jesús Carrasco. Es una obra sorprendente, con una prosa admirable, sobre las aventuras de un niño que huye de su casa por la miseria material y moral que allí se vive.



sábado, 13 de agosto de 2011

Antonio Gamoneda / Conozco


Antonio Gamoneda
CONOZCO
I KNOW

CONOZCO al pájaro verdugo. Canta y las aves acuden a sus blancas uñas. Luego, las crucifica en los espinos. Desgarra y canta a causa del amor y se alimenta de lo que crucifica. Sueña con pétalos sangrientos. No se sabe si es pájaro que llora.

En otro tiempo,

yo vi el alma del caballo, su dentadura en el rocío. Hay un caballo dentro de mis ojos y es el padre de los que después aprendieron a llorar. Ahora

alguien pisa sobre mis sueños. Recuerdo que las serpientes pasaban suavemente sobre mi corazón.

Escuchar la sangre. ¿Dónde? ¿En la fístula azul o en las arterias ciegas? Allí el hierro silba, o arde, quizá: no somos más que miserable hemoglobina. Allí los huesos lloran y su música se interpone entre los cuerpos. Finalmente, purificados por el frío, somos reales en la desaparición.

Mierda y amor bajo la luz terrestre. Yo abandono mis venas a la fecundidad de las semillas negras y mi corazón a los insectos.

Mi corazón, esta caverna húmeda que sin fin ni causa finge la monotonía de la sístole.



viernes, 12 de agosto de 2011

Antonio Gamoneda / Un animal



Antonio Gamoneda
UN ANIMAL
AN ANIMAL

UN ANIMAL oculto en el crepúsculo me vigila y se apiada de mí. Pesan las frutas corrompidas, hierven las cámaras corporales. Cansa atravesar esta enfermedad llena de espejos. Alguien silba en mi corazón. No sé quién es pero entiendo su sílaba interminable.

Hay sangre en mi pensamiento, escribo sobre lápidas negras. Yo mismo soy el animal extraño. Me reconozco: lame los párpados que ama, lleva en su lengua las sustancias paternales. Soy yo, no hay duda: canta sin voz y se ha sentado a contemplar la muerte, pero no ve más que lámparas y moscas y las leyendas de las cintas fúnebres. A veces, grita en tardes inmóviles.

Lo invisible está dentro de la luz, pero, ¿arde algo dentro de lo invisible? La imposibilidad es nuestra iglesia. En todo caso, el animal se niega a fatigarse en la agonía.

Es el que está despierto en mí cuando yo duermo. No ha nacido y, sin embargo, ha de morir.

Así las cosas, ¿de qué perdida claridad venimos? ¿Quién puede recordar la inexistencia? Podría ser más dulce regresar, pero

entramos indecisos en un bosque de espinos. No hay nada más allá de la última profecía. Hemos soñado que un dios lamía nuestras manos: nadie verá su máscara divina.

Así las cosas,

la locura es perfecta.

jueves, 11 de agosto de 2011

Antonio Gamoneda / Vi


Antonio Gamoneda


Antonio Gamoneda
VI
I SAW


cuerpos al borde de
las acequias frías.

Amortajados
en la luz.


miércoles, 10 de agosto de 2011

Antonio Gamoneda / Ha venido tu lengua


Lovers
Nicoletta Tomas Caravia
ANTONIO GAMONEDA
9.

Ha venido tu lengua; está en mi boca
como una fruta en la melancolía.
Ten piedad en mi boca: liba, lame,
amor mío, la sombra.


martes, 9 de agosto de 2011

Antonio Gamoneda / Amor

Ilustración de Nicoletta Tomas Caravia
AMOR

Mi manera de amarte es sencilla:
te aprieto a mí
como si hubiera un poco de justicia en mi corazón
y yo te la pudiese dar con el cuerpo.

Cuando revuelvo tus cabellos
algo hermoso se forma entre mis manos.

Y casi no sé más. Yo sólo aspiro
a estar contigo en paz y a estar en paz
con un deber desconocido
que a veces pesa también en mi corazón.