
James Ellroy.DANIEL MORDZINSKi
ENSAYO

James Ellroy.DANIEL MORDZINSKi
ENSAYO
James Ellroy, en 2016.JOEL SAGET (AFP)
James Ellroy, en Valencia en mayo de 2022.EUROPA PRESS NEWS (GETTY IMAGES)
James Ellroy, esta mañana en Barcelona, donde recibirá el premio Carvalho, en el marco de la BCNegra.CARLES RIBA
James Ellroy: “Disfruto del lenguaje soez, los polis dando palizas a un detenido...”
















James Ellroy no tiene a quien firmar. Durante diez minutos nadie se acerca al genio de la novela negra. A su lado, Javier Marías y el periodista Enric Juliana no paran de dedicar libros. De hecho, antes de que llegaran, ambos ya tenían una cola de lectores esperándoles. Pero nadie espera a Ellroy. En dos horas firmará unos veinte ejemplares, eso le permite charlar pausadamente con cada persona que se le acerca. Lejos de Ellroy, Ken Follett parece un mariscal británico de la I Guerra Mundial. Soberbio y elegante como un guante, sus ayudantes de campo le preparan el cuartel y le disponen ordenadamente a cientos de jóvenes, mayores, ciudadanos locales y turistas que quieren tocarle y verle de cerca.

James Ellroy dedicó La dalia negra a su madre, Geneva Hilliker Ellroy (1915-1958): "Madre, 29 años después, este adiós de sangre". En Los Ángeles, ciudad del cine negro, un día de enero de 1947, La dalia negra aparece cortada en dos en un descampado, desnuda, "biseccionada a la altura del ombligo", dice el forense. El peor crimen de mi vida, jura un policía veterano. La madre de Ellroy apareció estrangulada en un callejón de Los Ángeles el 22 de junio de 1958, y nunca se detuvo al criminal. La muerta de 1947 será La Desconocida 31 hasta que los periódicos la llamen dalia negra por sus trajes de raso. Es lo más explosivo desde la bomba atómica, sentencia un periodista, mientras en los cines triunfa La dalia azul, de George Marshall, con Alan Ladd y guión de Raymond Chandler. El mito de la novela negra es una invención del cine negro.
Seis de los grandes
James Ellroy ( Ediciones B)
Hay aquí grandes víctimas: los Kennedy y Martin Luther King, además de todos los muertos periféricos necesarios para la salvación de los asesinos, en los Estados Unidos de los años sesenta y la guerra del Vietnam. Los policías y los criminales son uña y carne y pueden haberse abrazado un segundo antes de separar carne y uña con unos alicates. La lengua del mundo de Ellroy es un idioma que ha estallado: frases relámpago como titulares de avance de noticias televisivas, real, aunque no existe sensación de que lo que cuenta el escritor estadounidense sea verdad, sino de que es irreal la vida que cuentan los noticiarios.

James Ellroy es un tipo duro, sin duda. Se gana la vida -y muy bien, por cierto- escribiendo novelas que son un éxito en todo el mundo. La última, Seis de los grandes, es la segunda parte de una trilogía norteamericana centrada en el asesinato del presidente Kennedy. Con un estilo trepidante que él califica de 'hipnótico', Ellroy traza un retrato social de la América de la década de 1960 con mafiosos, castristas, traficantes, drogadictos, millonarios, policías corruptos y algún que otro político. 'No soporto a Chandler y a sus detectives buenos', dice. 'En cambio, me gustan las novelas de Hammett'. La escuela de Ellroy para llegar a la novela negra no fue la de la literatura, sino la de la vida. Su madre era una prostituta que murió asesinada cuando él era niño y Ellroy fue un delincuente hasta los 29 años, cuando decidió reciclarse como escritor. 'No me ha ido mal', comenta con una sonrisa, 'tardé cuatro años y medio en vivir de los libros, y nueve años en ganar mucho dinero. Como delincuente, en cambio, era fatal: no tenía ningún futuro'.