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domingo, 18 de septiembre de 2022

Kipling, como un diamante ardiendo

Rudyard Kipling (1865-1936), en torno a 1900.
Rudyard Kipling (1865-1936), en torno a 1900.ADOC-PHOTOS (CORBIS VIA GETTY IMAGES)

Rudyard Kipling, como un diamante ardiendo

Su heredado colonialismo, sus triunfos y su popularidad hicieron emerger a un personaje clasista, antiguo o incómodo, que pasó de moda injustamente para lectores con almas cortas de aliento y de alegría

Javier Marías / Rudyard Kipling sin bromas



María Vela Zanetti
29 de noviembre de 2021


No hace mucho, una experta en arte indio me recriminó, en una charla distendida, que dijera “la India”, en lugar de lo que ahora es políticamente correcto: sólo India. Me explicó que, por ejemplo, no se dice “el París”, ni “la Francia”. Yo le respondí a carcajadas que sí se utiliza, en cambio, “los Estados Unidos” o “las Bahamas”. Quedó cabizbaja e insistió que ese “la” te hace pensar en un país remoto, fantástico, irreal, inferior y, en definitiva, poco moderno. Que usarlo resulta peyorativo y que es propio del colonialismo y del imperialismo de siglos pasados. Sobre los fascismos, que vuelven, no añadió nada.

sábado, 2 de abril de 2022

Walter Benjamin / Apenas llegue la muerte

 

Walter Benjamin


Walter Benjamin: Apenas llegue la muerte

Portbou fue el lugar en el que se suicidó el filósofo alemán, que huía de los nazis. Antes había sido uno de los caminos de salida al exilio de los republicanos españoles. Entre ellos estaba el padre de la autora


MARÍA VELA ZANETTI

Sería a finales de los noventa del siglo pasado. No se consideraba raro entonces acometer estas giras con final melancólico. Ahora, muertos tantos amigos, los que resistimos, sólo queremos pasarlo bien, pero no a toda costa. Ni a culatazos.


Viajábamos por carretera desde el pueblo de Fortià hasta el de Portbou, a un paso de Francia. Llamar a esta visita “excursión” —alguien lo dijo y luego se atragantó como uno de esos niños que sólo piensan en comer y embadurnarlo todo—, nos lo hacía menos duro, menos real. Todos habíamos leído ya a Benjamin. Intensamente. Casi de rodillas. Sabíamos de su agónica huida, con apenas 48 años, desde París hasta la frontera con España el 26 de septiembre de 1940, y con los nazis pisándole los talones. Casi podíamos sentir en nuestro bolsillo, apretada por una mano ya muy débil, la dosis necesaria de morfina, que tal como él había dispuesto, le libraría de sus garras.