
Rudyard Kipling, como un diamante ardiendo
Su heredado colonialismo, sus triunfos y su popularidad hicieron emerger a un personaje clasista, antiguo o incómodo, que pasó de moda injustamente para lectores con almas cortas de aliento y de alegría
Javier Marías / Rudyard Kipling sin bromas
María Vela Zanetti
29 de noviembre de 2021
No hace mucho, una experta en arte indio me recriminó, en una charla distendida, que dijera “la India”, en lugar de lo que ahora es políticamente correcto: sólo India. Me explicó que, por ejemplo, no se dice “el París”, ni “la Francia”. Yo le respondí a carcajadas que sí se utiliza, en cambio, “los Estados Unidos” o “las Bahamas”. Quedó cabizbaja e insistió que ese “la” te hace pensar en un país remoto, fantástico, irreal, inferior y, en definitiva, poco moderno. Que usarlo resulta peyorativo y que es propio del colonialismo y del imperialismo de siglos pasados. Sobre los fascismos, que vuelven, no añadió nada.