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domingo, 26 de octubre de 2025

Amon Göth / El carnicero de Cracovia

 

Amon Göth


Amon Göth, el "carnicero de cracovia" en el que se basó la lista de schindler

La escalofriante historia del depravado asesino del campo de concentración de Plaszow en Cracovia, Amon Göth, fue llevada a la gran pantalla de la mano de Steven Spielberg en la película "La lista de Schindler". El criminal nazi nunca se arrepintió y murió en la horca al grito de "Heil Hitler".

jueves, 8 de mayo de 2025

La necesidad de la memoria en la “era del testigo”

 


Fotografía tomada el 16 de abril de 1945 en el cuartel 56 del campamento chico. El superviviente Mel Mermelstein está en la cuarta fila (cuarto desde la izquierda).


La necesidad de la memoria en la “era del testigo”

Testimonios como el del recién fallecido Mel Mermelstein, que aportó pruebas de los crímenes que se cometieron en Auschwitz frente a los negacionistas del Holocausto, son fundamentales para completar el relato de la Historia

martes, 19 de noviembre de 2024

La ‘zona gris’ de Auschwitz: Primo Levi y el destino de los presos del Kommando 98


Primo Levi, en una imagen tomada en Como, Italia.
Primo Levi, en una imagen tomada en Como, Italia.LEONARDO CENDAMO (GETTY IMAGES)


La ‘zona gris’ de Auschwitz: Primo Levi y el destino de los presos del Kommando 98

Un libro de Sergio Luzzatto investiga por primera vez quiénes eran y qué suerte corrieron los compañeros del escritor italiano en el campo de concentración, especialmente aquellos a los que juzgó duramente en ‘Si esto es un hombre’ por colaborar con los nazis


Íñigo Domínguez
ÍÑIGO DOMÍNGUEZ
Roma - 16 NOV 2024 - 23:15 COT

Al poco tiempo de volver de Auschwitz, ya en marzo de 1946, Primo Levi escribió una carta a su antiguo compañero del campo de concentración Jean Samuel: “¿Sabes algo de Brakier, Kandel, Szanto, Arnold…?”, y enumeraba los nombres de otros que compartieron su suerte. El escritor italiano, autor de uno de los libros clave del siglo XX, de referencia sobre el Holocausto, Si esto es un hombre, sintió enseguida la necesidad de saber de los demás, si se habían salvado o no. Encontró a algunos, pero en muchos casos no logró averiguar nada. Nadie hasta ahora se había preocupado de saberlo, de indagar qué fue de las personas reales que estaban detrás de esos personajes del libro. Lo ha hecho el historiador Sergio Luzzatto, en un libro que se acaba de publicar en Italia: Primo Levi e i suoi compagni (Primo Levi y sus compañeros, editorial Donzelli).

domingo, 28 de julio de 2024

Xosé Manuel Núñez Seixas / “Los nazis siempre son los del pueblo de al lado



El historiador Xose Manoel Núñez Seixas.JUAN BARBOSA

Xosé Manuel Núñez Seixas, historiador: “Los nazis siempre son los del pueblo de al lado: ‘¿Adolf, qué Adolf?”

El ganador del Premio Nacional de Ensayo vuelve a la guerra germano-soviética para reconstruir cómo la recuerdan los países que la padecieron


José Andrés Rojo
7 de noviembre de 2022

Discursos, narraciones, monumentos, rituales, leyes, conmemoraciones. La memoria colectiva de cada país se arma con diversos procedimientos, aunque no siempre la compartan todos los ciudadanos. El historiador Xosé Manoel Núñez Seixas ha regresado en Volver a Stalingrado (Galaxia Gutenberg) al frente oriental en el que se batieron durante la II Guerra Mundial los alemanes contra los soviéticos entre junio de 1941 y mayo de 1945.

Los episodios resultan lejanos, pero lo que entonces sucedió todavía pesa, y basta ver cómo durante estos últimos meses Vladímir Putin ha procurado justificar la invasión rusa de Ucrania con la excusa de “desnazificar” el país vecino. “He intentado recuperar lo que sucedió en la guerra germano-soviética”, dice Núñez Seixas, “la lucha a muerte entre dos dictaduras totalitarias en un marco inmenso e inhóspito, con millones de muertos (el mayor conflicto terrestre de la historia), y ver qué memoria, pública y social, ha quedado de todo aquello en los distintos países que padecieron sus efectos”. El Holocausto tuvo lugar en esas tierras y “pudo ponerse en marcha porque antes el Tercer Reich se aseguró el control de un amplio territorio”. El libro se divide en cinco partes y en cada una de ellas muestra “los patrones de la política de la memoria” que se fueron construyendo en lugares como Alemania, la Unión Soviética (y después Rusia), los países del Este, Finlandia y en aquellos países nórdicos y mediterráneos (Italia y España) que enviaron a voluntarios a colaborar con el Eje para derrotar a los bolcheviques.

sábado, 19 de junio de 2021

Operación Barbarroja / El día en que Hitler perdió la Segunda Guerra Mundial

 



Operacion Barbarroja

Tropas alemanes durante la Operación Barbarroja, en el verano de 1941.IMPERIAL WAR MUSEUMS

Operación Barbarroja: el día en que Hitler perdió la Segunda Guerra Mundial

El 22 de junio se cumplen 80 años del principio del fin para el régimen nazi: la decisión de invadir la URSS


Guillermo Altares
19 de junio de 2021

El día en que Hitler ordenó que las tropas alemanas invadiesen la URSS, en la madrugada del 22 de junio de 1941, hace 80 años, perdió la Segunda Guerra Mundial. La Operación Barbarroja, como se bautizó aquella invasión en homenaje al emperador Federico I, hizo inevitable la derrota del nazismo, aunque también llevó la guerra a un nivel de salvajismo desconocido hasta entonces: el objetivo del Tercer Reich no era vencer a sus enemigos, sino exterminarlos. Los cuatro años que quedaban de conflicto se encuentran entre los más sangrientos de la historia, no solo en los frentes de batalla, sino también en la retaguardia porque fue entonces cuando comenzó el asesinato sistemático de los judíos europeos.

sábado, 20 de marzo de 2021

Dacia Maraini hace memoria de los campos de concentración


Dacia Maraini
FOTO DE GORKA LEJARCEGI


Dacia Maraini hace memoria de los campos de concentración

La italiana reaviva la memoria del Holocausto en su novela 'El tren de la última noche'

De niña, la autora pasó dos años encerrada en un campo de concentración en Japón


TOMMASO KOCH
Madrid 2 JUN 2012 - 10:55 COT


Solo 18 dijeron que no. El régimen japonés, aliado de Mussolini y Hitler, exigió a todos los italianos que allí residían que se adhirieran a la recién forjada Republica de Saló, el Gobierno fascista que los alemanes habían instaurado en el Norte de Italia bajo el mando del dictador transalpino. Era 1943 y casi todos contestaron que sí. Salvo esa veintena escasa. Entre ellos, estaba la familia Maraini. El precio del rechazo fue el campo de concentración en el que acabaron tanto Fosco Maraini y Topazia Alliata como su hija Dacia.

viernes, 23 de marzo de 2018

Imre Kertész / La cifra de Auschwitz



Imre Kertész
BIOGRAFÍA

La cifra de Auschwitz




CECILIA DREYMÜLLER
31 MAR 2007

"Cuando escribimos sobre Auschwitz, hemos de tener en cuenta que, al menos en cierto sentido, Auschwitz ha dejado la literatura en suspenso". Imre Kertész constantemente plantea paradojas de este calado y los libros presentes se sitúan en los polos opuestos de la respuesta del escritor húngaro a ese dilema aparentemente irresoluble. En Un relato policíaco se manifiesta el fabulador, el profesional de la mano ligera, mientras La lengua exiliada pertenece a un pensador implicado y de expresión concisa. Cuando Kertész escribió, en 1976, Un relato policiaco, aún no había precisado la fórmula que pronunciaría en su discurso del Premio Nobel de 2002: "De Auschwitz sólo se puede escribir una novela negra". Tras el título irónico se esconde una áspera parábola política, condicionada por la anemia de los personajes y la trivialidad de los diálogos. Sin embargo, dentro de su corte esquemático, la historia del torturador arrepentido de un imaginario país suramericano, depara una introspección lúcida de la mente del verdugo convertido en víctima. La cínica lógica del poder acaba por enmarañar y destruir al policía igual que al niñato idealista y al oligarca intocable; donde no existe derecho rige "la fatalidad", un mecanismo que Kertész ha explorado a fondo en sus novelas. Como ensayista, Kertész es conocido del lector español por los ensayos de Un instante de silencio en el paredón (publicado por Herder en 1999), donde asombraba tanto por el vigor de su análisis como por la argumentación diáfana y la concreción de su pensamiento. Pero si aquellos artículos y conferencias se centraban en el análisis escrupuloso de los procesos psicológicos y sociales que condujeron a los cambios paradigmáticos del siglo XX, la experiencia de Auschwitz y del totalitarismo, La lengua exiliada pone el acento más sobre cuestiones literarias e identitarias. En unos apuntes de viajes entre Viena y Budapest confronta con ironía el apocamiento del ciudadano del este de Europa con la prepotencia del capitalismo ("quien es humillado en su país también es humillado en el extranjero"); en Jerusalén, Jerusalén el judío contra su voluntad descubre emocionado conceptos hasta entonces inaccesibles para él: "Nación, patria, hogar", un lujo puntual que se permite una mente esencialmente escéptica, incapaz de disimular el creciente extrañamiento con su país y el "racismo democrático".



LA LENGUA EXILIADA

IMRE KERTÉSZ
TRADUCCIÓN DE ADAN KOVASCICS
TAURUS. MADRID, 2007
168 PÁGINAS.
20 EUROS

UN RELATO POLICIACO

IMRE KERTÉSZ
TRADUCCIÓN DE ADAN KOVASCICS
ACANTILADO. BARCELONA, 2007
104 PÁGINAS. 12 EUROS

Con una refrescante amplitud de registros, los artículos y discursos surgidos a partir de 1989 trazan una línea de pensamiento directa desde la experiencia del campo de concentración a la realidad política de hoy y esto resulta incómodo. "Odio y mentira: probablemente éstos han sido los dos componentes más importantes de la educación política que recibió el hombre del siglo XX". Verdades como ésta, perteneciente a La libertad de autodeterminación, tan escuetas como evidentes, colocan las vergonzosas prácticas políticas actuales en un contexto universal: con Auschwitz se ha roto el consenso cultural humanista y sus consecuencias corruptoras nos alcanzan aquí y ahora.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 31 de marzo de 2007







Imre Kertész / “En la dictadura, la literatura te devuelve a tu propia existencia”

Imre Kertész
Ilustración de Loredano


Imre Kertész: “En la dictadura, la literatura te devuelve a tu propia existencia”

BIOGRAFÍA
CECILIA DREYMÜLLER
31 MAR 2007
Desde Berlín, donde reside y siente la libertad, el Nobel húngaro evoca la vida bajo una dictadura y reflexiona sobre lo que significa crear bajo su dominio. El escritor, sobreviviente del Holocausto, que publica un libro de ensayos y recupera una de sus primeras narraciones, repasa la historia de su país en el siglo XX y habla de lo que significa tomarse en serio la escritura.




Kertész recibe en el lujoso café -"es mi oficina"- del hotel Kempinski de Berlín, ciudad donde mantenía un piso de trabajo y a la que acaba de trasladarse. La suavidad de su voz concuerda con la finura de sus modales y la delicadeza de su expresión en un alemán culto y algo quebrado. Aunque atiende con amabilidad, se diría que se ha propuesto atajar definitivamente las servidumbres periodísticas, ya que acaba de publicar en Dossier K. Una investigación (que saldrá en otoño en Acantilado) una irreverente y muy sagaz "autoentrevista", donde un Kertész socarrón interroga a un Kertész remiso sobre su obra y su vida. La vida de un hombre (Budapest, 1929) que a los 15 años fue internado en Auschwitz y después trasladado a Buchenwald. El autor húngaro publica en España el libro de ensayos La lengua exiliada y Un relato policiaco.
PREGUNTA. Un relato policiaco nace, en 1976, como una especie de relleno, para la publicación de otra novela.
RESPUESTA. Así es. El editor era un gran conocedor de la literatura universal. Tiene que haber un mínimo de diez octavillas, dijo. Para completar el volumen de mi novela El rastreador necesitaba otro texto de una determinada extensión. Yo, entonces, desde hacía mucho tiempo, rumiaba la idea de Un relato policiaco y, de repente, se presentó esta emergencia. Lo tuve que escribir con extrema celeridad, porque en el llamado socialismo un libro tardaba dos años en ser publicado, y si uno se quedaba fuera del plan, había que esperar cuatro años. De modo que me instalé con mi proyecto en una casa de escritores, y en dos semanas lo terminé; así aparecieron los dos textos juntos.
P. Lo que no se explica es cómo semejante historia pudo pasar la censura.



"Todo es ficción, el ser humano es ficción. Si contemplo mi vida, veo que me hago escritor cuando nada indicaba que lo fuera"

R. Mire, en Hungría, en aquella época -estamos hablando de 1977- teníamos lo que se llamaba el "comunismo gulash", una versión blanda del comunismo anterior y, de hecho, la censura no era la misma. Cada redactor jefe o director de una editorial era responsable de su propia empresa. Una censura central, tal como la había en Polonia o en la antigua Checoslovaquia, no existía en Hungría. Se trataba de una historia seudo-suramericana. Todo era ficción; no había un Estado suramericano así. De modo que el editor lo podía leer como algo completamente inocuo, incluso dijo: ¡pero si es como aquí! (risas). Y así fue como se publicó. No llamó mucho la atención, como todos mis libros, y después desapareció.
P. En su ensayo de 1990, Budapest, Viena, Budapest, llama a la literatura "el único sentido de la vida". ¿Opina hoy igual que entonces sobre la importancia de la literatura?
R. Mi actitud no ha cambiado, pero me he dado cuenta de que la literatura ahora no posee, ni por asomo, la importancia que tenía entonces en Hungría. Pero eso me da igual. Aunque la literatura resulte superflua, para mí es esencial. Esto es todo; no quiero y no puedo valorar de forma objetiva si vale lo que escribo. Simplemente escribo porque me apetece.
P. Me refería a que en una dictadura la literatura constituye un canal para el desarrollo de una actividad mental.
R. Ah, sí, desde luego. En la dictadura la literatura adquiere una relevancia existencial, al menos cuando uno se toma en serio la escritura. La literatura te devuelve a tu propia existencia, ya que ocuparse cada día con uno mismo sirve para aclararse la vida. Es triste, pero imprescindible.
P. En Ensayo de Hamburgo afirma ser un escritor que saca su inspiración exclusivamente de lo negativo. ¿Cómo logra inspirarse en la actualidad?
R. (Risas) Bueno, hoy escribo más desde lo positivo. Mi último libro, Dossier K.,probablemente sea mucho más alegre que mis otras obras. Es algo que he disfrutado mucho. Pero en aquel entonces -hay que trasladarse mentalmente a los años setenta, ochenta- no había ninguna esperanza de que se produjera un cambio. No era previsible que esta superpotencia, ese mamut, ese elefante, se derrumbase algún día. Fue un milagro.



"Me tomo las cosas alejándome de la realidad; no siempre puedo diferenciar los distintos niveles y menos cuando escribo. Me sorprendo a mí mismo con algunas frases"

P. ¿Cree que "el intelectual superfluo" del que habla en su ensayo del mismo título ha desaparecido?
R. No, creo que sigue estando allí. En Hungría, por descontado. Y, desgraciadamente, desempeña un papel importante en la sociedad y en la política. Hungría está pasando por una crisis y en esta crisis se dan muchos problemas artificiales de rasgos superfluos que simplemente no pertenecen a la época actual: nacionalismo, antisemitismo, derecha e izquierda, no son conceptos que ayudan a un país a vivir. Pintan problemas de hace cien años, se lo aseguro, ya que el pasado histórico no asumido de Hungría empieza con la Primera Guerra Mundial. Al final de aquella guerra, Hungría pierde dos tercios de su territorio y el resentimiento que surge entonces sigue vigente hoy. Después, la época de entreguerras, el papel de Hungría en la Segunda Guerra Mundial, la alineación del comunismo después de 1956, nada de esto será asumido. Son cuestiones muy difíciles que representan una pesada carga para una sociedad; además, fueron hábilmente eludidos. No sé cómo ha sido en España; al principio, después de la dictadura de Franco, parecía más difícil, pero hoy no se percibe ninguna dificultad.
P. ¿En qué dirección se mueven las nuevas generaciones de intelectuales húngaros?
R. No lo sé muy bien, no tengo demasiado contacto con mi país para pronunciarme con certeza, pero hay mucha extrema derecha. Un joven, que me encontré casualmente en el avión, me contó que estudia en la Universidad de Budapest y le llamaba la atención, al conocer otras universidades en Occidente, que en todas los jóvenes son de izquierdas, mientras que en Budapest la mayoría tiende a la derecha. Y esto es fruto del resentimiento, la incapacidad de superar el pasado. Es como una enfermedad que brota una y otra vez, igual que en Yugoslavia y Polonia. Es una señal muy significativa de que Europa todavía está lejos de estar unida; existen, como mínimo, dos Europas.
P. En su obra reelabora siempre experiencias vividas. ¿Por qué se opone al término "ficción autobiográfica"?
R. Porque todo es ficción, el ser humano es una ficción. Si contemplo mi vida, veo que me hago escritor cuando nada indicaba que lo fuera. No contaba con nada, no conocía nada, no tenía un proyecto, y los que emprendía eran completamente irreales, imposible vivir de ellos o verlos publicados en una sociedad como la de la Hungría comunista. Pero me atenía a esta ficción que me había inventado y llevaba una doble vida: una vida secreta, grandiosa y una vida muy estrecha en la superficie. Me decía entonces que vivía como un escritor inglés: me levanto, reflexiono, escribo algo; lo único que no hago es jugar al golf y al tenis y no conduzco un coche. Me atenía firmemente a esta ficción y así me convertí en una ficción. Lo que me permite escribir de mí mismo como de un extraño, como en Dossier K.: es un diálogo, aparentemente es un diálogo entre yo y mí mismo, pero poco a poco aparece una tercera persona que observa discutiendo a estos dos, controlando que, como en una partida de pimpón, intercambiamos correctamente la pelota. Un juego curioso.
P. La ficción está estrechamente relacionada con un tema muy recurrente en su obra: el concepto de la realidad, la realidad construida interiormente y la realidad en un sistema totalitario.
R. Yo creo que siempre vivía en la irrealidad, siempre fui una invención, hasta que me empezaron a doler las muelas. El dolor de muelas me hizo comprender que existía (risas) e iba al dentista. Pero, aparte de esto, me tomo las cosas alejándome de la realidad; no siempre puedo diferenciar los distintos niveles y menos cuando escribo. Me sorprendo a mí mismo con algunas frases. Cuando estuve trabajando en Yo, el otro, una frase fue muy importante para mí: "La libertad no se puede experimentar en el mismo lugar donde uno ha sido esclavo". Esto, simplemente, lo había escrito así, como una frase clara con un ritmo, y diez años más tarde se había convertido en una profecía. Fue mi verdad existencial: tenía que marcharme de allí.
P. ¿Es ésa la razón por la que vive ahora en Berlín?
R. Sí, así es. Durante cuarenta años yo no he tenido pasaporte. Ni siquiera podía viajar a un país vecino. Yo soy un hombre de la gran ciudad, me siento a gusto en un entorno extraño, me encanta estar rodeado de una lengua extranjera. Y vivía atado a mi tierra como un hombre de la Edad Media. Ésta es una de las razones por las que vivo aquí, aunque también me siento a gusto en Berlín. Es una ciudad interesante, liberal, abierta, donde vivo con más libertad y, sobre todo, no tan cargado de problemas que no me importan. No tengo que repetir como un loro mi fidelidad a Hungría o que soy escritor; ya no me tengo que ocupar de los problemas de mi país.
P. En su discurso del Premio Nobel señala que tal vez el lenguaje ya no sirva para "representar los procesos reales, los conceptos que en otros tiempos eran inequívocos". ¿Qué puede ofrecer el lenguaje al escritor del siglo XXI?
R. Ésa es la cuestión en la que hay que ahondar. En todos mis libros el lenguaje es diferente. Eso se manifiesta de forma muy marcada en Sin destino. La cuestión era ¿se puede crear un "lenguaje atonal"? Empleo este término musical para caracterizar un lenguaje que no posee tónica, no tiene tonalidad de do mayor o de si bemol menor, lo cual significa que no existe un consenso entre los seres humanos, que no hay una cultura válida; en otras palabras, los términos han cambiado por completo. Crear un lenguaje atonal suponía para mí desentenderme del todo de los significados originales de las palabras; todas las palabras han adquirido un contenido nuevo en la situación en la que tiene lugar mi historia. Este "lenguaje atonal" implicaba en Sin destino que la novela no debe narrar, una técnica en la que siempre hay un presente, pero nunca una narración. La manera en que se vive el presente, mediante momentos discontinuos, muestra el desgarramiento, lo inconcebible, el falso orden del mundo. Es una técnica que hay que variar en cada libro.
P. Su "lenguaje atonal" recuerda mucho el lenguaje de Kafka.
R. Kafka se publicó muy tarde en Hungría. El primer libro de relatos de Kafka lo pude leer alrededor de 1964. Tenía un diario de Kafka que pude comprar en Budapest en alemán, pero mi alemán entonces no era lo suficientemente bueno para leerlo sin dificultades. En realidad, Kafka no ha tenido tanta influencia en mí, lo cual fue una suerte para mí. No sé si hubiera podido escribir mi obra bajo la influencia de una cabeza tan excepcional y, sobre todo, un talento literario tan extraordinario. Su forma de representar pequeñas cosas, cómo describe a un hombre, es fantástico. En cambio, un libro que sí quería urgentemente leer, cuando trabajaba en Sin destino, del que me enteré por los periódicos húngaros que hablaban del proceso de Eichmann en Israel, porque trataba del mismo tema que me ocupaba a mí, la banalidad del mal, fue Eichmann en Jerusalén, de Hannah Arendt. Tampoco lo conseguí.
P. ¿Quiénes fueron sus maestros literarios cuando decidió ser escritor?
R. Sobre todo, Thomas Mann y Camus, dos puntos estelares completamente distintos; ellos fueron mis pilares. A Thomas Mann, gracias a Dios, lo leí relativamente pronto; en 1954 se publicó un libro de relatos con La muerte en Venecia, etcétera, y me hizo un gran efecto. Esa monotonía literaria del estalinismo, esas novelas soviéticas con su mala literatura: encontrarme, de repente, con un texto existencial fue grandioso. Después de 1956 leí El extranjero,de Camus. Eso lo he descrito en Dossier K.: ambos escritores acabaron conmigo, pero cuando resucité me sentía feliz de haberlos conocido.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 31 de marzo de 2007