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viernes, 21 de marzo de 2014

Chabrol / Tres películas


Claude Chabrol
TRES PELÍCULAS

Claude Chabrol (París, 24 de junio de 1930 - París, 12 de septiembre de 2010) ha sido un cineasta prolífico -¡creo que son 56 sus películas!- y venerado por quienes amamos el cine con los sentidos y con la razón. Más allá de etiquetas, el suyo es un estilo que mima el detalle en la mirada y en la composición de sus personajes; su honestidad le ha llevado siempre a huir de arquetipos morales y de simplificaciones, aunque sea conocida su aversión a la clase alta -la bourgeoisie- que con tanta frecuencia diseccionó en sus intrigas en clave negra.


Son tantas y tan buenas sus películas -no he visto todas, pero sí un buen puñado, en el cine y en televisión, cuando aún se emitían ciclos de calidad, años ha- que no sabía bien cuál elegir, pero repasando su filmografía he comprobado que entre 1992 y 1995 realizó tres películas seguidas que quizá sean mis favoritas.



BETTY
1992
Marie Trintignant

Marie Trintignant

Marie Trintignant
Marie Trintignant


Basada en una vibrante novela de Georges Simenon, esta película nos brindó la que quizá sea mejor interpretación de Marie Trintignant, quien se metió en la piel de una joven descastada -en el sentido de clase del término-, abandonada a su suerte por su implacable familia política. Betty es una heroína invertida que surca los mares del placer sin retorno, el que duele y descompone por dentro, cara a cara, sin hipocresía. Una gozada de principio a fin, también estéticamente, que no se deleita en el morbo gratuito que tantos réditos le hubiera dado.



L´ENFER 
(El infierno)
1993

Emmanuelle Béart

Emmanuelle Béart

Emmanuelle Béart

Muchas veces Chabrol se asomó a los abismos más siniestros que se conocen, los del alma humana -acordaros de Merci pour le chocolat, sin ir más lejos-. Quizá cuando dio el triple salto mortal en esta especialidad fue en 1993, con L´enfer, una película insoportable en el sentido de que no se puede resistir tanto dolor y tanta demencia sin solución como irradiaba este Otelo contemporáneo que encarnó François Cluzet. 

Como curiosidad, la película era una idea de Henri-Georges Cluzot -el director de Las diabólicas-, que comenzó a ser rodada por Romy Schneider y Jean-Louis Trintignant; pero Cluzot sufrió un ataque al corazón...

Por favor, no dejéis de ver la escena que he bajado, en la que el marido reconcomido por los celos persigue a su mujer sin que esta se dé cuenta, y sobre todo el momento en que dice para sí -Fait pas ça, fait pas ça, attention à toi / No lo hagas, no lo hagas, ten mucho cuidado...- rogando por que ella no entre en la casa de un supuesto amante. 

¿No es estremecedor?

Ah, se me olvidaba: pocas veces estuvo tan radiante y bellísima Emmanuelle Béart.





LA CÉRÉMONIE 

(La ceremonia)

1995









Detesto la costumbre de ciertos críticos o aficionados a tildar de obra maestra sus películas favoritas. Pero ya tan acostumbrado estoy a oírlo o leerlo que a la hora de acometer la escritura de unas líneas sobre este trabajo lo primero que me viene a la cabeza es "obra maestra".. pero no lo voy a decir. Simplemente opino que es una de las películas más importantes, a todos los niveles, que se hicieron en los años 90. Que adapta extraordinariamente a la ya de por sí talentosa Ruth Rendell.

Que te deja sin aliento, noqueado, sin capacidad de respuesta. Que quien visiona esta película ya nunca más la olvida. Que Sandrine Bonnaire, Isabelle Huppert y Jacqueline Bisset -¡ahí es nada!- están impresionantes. 

¿Algo más? Sí. Que no necesita forzar la tuerca ni introducir recursos espúreos tan en boga hoy entre los autores radicales -Haneke, Von Trier- para dar un verdadero recital de cine con un irresistible clima in crescendo y con el mérito innegable de haber actualizado en pantalla, en los años 90, la dialéctica de la lucha de clases.

(Perdonadme, de verdad, si me he pasado de pomposo. Pero amo de veras el cine de Claude Chabrol y lo que representa. 

¡Muchas gracias, Claude, y no sólo por el chocolate!).



Cabrera Infante / Los Primos, de Chabrol, o la fuerza del mal



Guillermo Cabrera Infante
Biografía
LOS PRIMOS, DE CHABROL,
O LA FUERZA DEL MAL

7 DE FEBRERO DE 1960

Los Primos (Cofram). Decía Néstor Almendros (Almendros es un joven cineasta cubano que puede dar mucho que hablar: de hecho su corto  1958-1959 es la mejor película experimental realizada hasta ahora por un cubano: lo que no deja de ser gracioso, si se aclara que se hizo en Nueva York), decía que era curioso que varios críticos diferentes mencionaran la palabra fábula al hablar de Los Primos. Decía: “Jordán habló de la cigarra y la hormiga. Este muchacho de Time hablaba del ratón del campo  y el de la ciudad. Y tú” dijo y señalaba al cronista, dijo: “hablaste de Caín y Abel”. Almendros había leído la crónica del periódicoRevolución, en que se  hablaba de los términos estrictamente morales del director Claude Chabrol. Por supuesto que Almendros no es católico, ni pertenece a una de las 666 sectas protestantes, ni mucho menos lector del Talmud. Si no, no habría hablado de Caín y Abel como una fábula. Tampoco Almendros había leído a George Sadoul, el crítico francés (decía, “Quisiera leer Cahiers du Cinema o cualquier otra revista francesa”, decía: “Creo que hay más claves de las aparentes en esta película), Sadoul que hablaba del “lastimoso Mefistófeles que dirige estadanse macabre… sus sentimientos de odio racial que se recalcan repetidamente”. Sadoul se refería a Paul -Caín, la cigarra, el ratón: Caín prognato, la inconstante cigarra, el ratón urbano- que siente una fementida pasión por Wagner, que habla alemán a diestro y siniestro y que en el medio del camino de la cinta, se pierde en un largo parlamento que es el viaje de un Sigfrido nazi por un Rin lleno de dementes meandros bélicos. Sadoul es un crítico stalinista con tanta visión como Mr. Magoo y casi la misma molesta senilidad: por fue incapaz de ver (Sadoul es incapaz de ver muchas cosas: una de ellas, que el Technicolor, americano y todo, es un maravilloso sistema de color) el despreciativo humor que hay en todos los actos –acciones para un tercero- de Paul, que es una personalidad trastrocada y el verdadero héroe de Los primos.

jueves, 20 de marzo de 2014

Claude Chabrol / La mujer infiel


Claude Chabrol
La mujer infiel 
1969


Claude Chabrol, uno de los más ilustres representantes del cine francés, del cine europeo, durante la década de los 50s (finales) y 60s nos brindó, película tras película, genialidad tras genialidad, fueron décadas repletas de obras maestras, un auténtico apogeo del cine francés, personificado en una agrupación de prodigiosos realizadores que maduraban y cuajaban cada vez más su refinado estilo, haciéndolo referencia del séptimo arte mundial, eran los años de la Nouevlle Vague, la Nueva Ola francesa. Es Chabrol uno de los más brillantes exponentes de esa generación, y es esta una de sus películas mayores, uno de sus máximos trabajos. Este filme es Chabrol en estado puro, Chabrol a su máxima potencia, todas las directrices, obsesiones, especialidades y recursos del realizador son plasmados en esta cinta, que forma parte de su primera etapa, probablemente la más hermosa visualmente y una de las más profundas en cuanto a tratamiento de personajes se refiere. Esta cinta también es un bellísimo homenaje a la mujer que volvió loco al maestro, la no menos bella Stéphane Audran, una mujer imperial, hermosa, de la realeza del cine francés, tantas veces utilizada por los más prestigiosos cineastas europeos, pero que encontró en su esposo, Claude Chabrol, al artista que sería capaz de sacar lo mejor de ella, y la mutua colaboración de estas figuras produciría muchas de las piedras angulares del cine de este país.





El filme, desde el inicio, empieza de manera excelente, con una clara advertencia del director, al mostrarnos una entrañable imagen de familia perfectamente feliz, pero esa imagen se desvanece, mientras la música también nos advierte de que lo que ven nuestros ojos no es todo lo que hay ahí, nos advierte de que algo trágico, siempre latente, está a punto de estallar. Hélène Desvallées (hermosa la Audran) yCharles Desvallées (Michel Bouquet) son un matrimonio burgués francés, tienen un pequeño y brillante hijo, que prefiere leer libros en vez de mirar la estupidizante televisión. Los esposos se encuentran en una pequeña crisis, que se encargan de esconder muy bien, él sospecha tibiamente de que ella lo está engañando. Pero, teniendo una más que atractiva y elegante mujer en su cama, Charles se muestra indiferente con ella, la ignora casi, mientras su mujer se muestra aparentemente no tan distante. Pero él parece querer enmendar la situación, querer acercarse a ella, le propone una salida a un night club con unos amigos, y pasan un buen rato ahí, pero en realidad sus dudas no hacen más que acrecentarse. No soportando la desconfianza e incertidumbre, pide a un amigo detective que siga a su mujer, y que averigüe la identidad del amante, cuya existencia ya casi no duda. Inicia su misión el clandestino sujeto, y averigua que ciertamente tiene un amante, un escritor llamado Victor Pegala (Maurice Ronet), poseedor de considerable fortuna con el que ella se cita frecuentemente, y le da a Charles una fotografía de él con su dirección.







Hélène sigue frecuentando a su amante, sigue manejando su doble vida, mientras sorpresivamente, Charles va a visitar a Victor, afirmando que sabe de su existencia pues la misma Hélène se lo contó, con lo que, pasada la sorpresa, logra cierta confianza y obtiene datos de parte del amante. Es una secuencia maestra, el engañado esposo habla con el amante que ignora la verdad, charlan como dos camaradas, beben whisky, pero al saber más detalles, la presión y humillación abruman a Charles, que elimina a Victor de un golpe en la cabeza, limpia la escena del crimen, la casa del propio muerto, envuelve el cadáver en unas sábanas, y lo saca en auto, frío, ensimismado. En su huida, tiene un pequeño accidente de tránsito, lo que aumenta la tensión al acercarse la policía, y él con su fatal carga, pero sale de ello y arroja el cadáver en una laguna pantanosa. El matrimonio prosigue con su vida, mientras la policía va a interrogarla, uno de ellos es el oficial Duval (Michel Duchaussoy, que ese mismo año sería protagonista de Que La Bête Meure), por encontrar su dirección en la agenda del presuntamente desaparecido escritor. Hélène se ve obligada a narrarle a Charles, solo hasta cierto punto, por supuesto, que conoce a Victor, mientras él escucha lo que le cuenta, atento, inquisidor, conocedor silencioso de todo, son secuencias de tensión. El matrimonio se va desmoronando, y ese deterioro se hace notar en el trato a su hijo, que siente cómo se va descomponiendo el núcleo familiar. La policía parece no encontrar nada, pero la que sí encuentra algo es ella, la foto de Victor que el detective le dio a Charles, ahora ella lo sabe todo, quema la imagen y en una secuencia memorable, ella camina, va pensando en todo lo sucedido, y a su inicial expresión de sorpresa e incredulidad, le sigue una extremadamente fría y distante sonrisa, ella lo sabe todo y lo acepta, mientras ve en silencio que la policía se está llevando a Charles, todo está consumado. 






Chabrol nos da una de las muestras más puras de todo su talento, donde plasma gran cantidad de los recursos y obsesiones que pondrá en escena el resto de su carrera. Empiezan a tomar forma ya los integrantes de su célebre trío, Charles, Hélène y Paul, integrantes perennes del triángulo amoroso siempre presente en las obras del francés, que muchas veces ni siquiera cambiarán de nombre pues simplemente variarán matices de sus personajes, el engañado, el amante y la mujer adúltera. Esta trilogía empieza a tomar forma definitiva por estos años, y nos entregará más memorables películas en los próximos. Es muy remarcable que en esta cinta Chabrol utiliza, como en muy pocas otras, la música de manera magistral, para generar un ambiente que sirve de providencial apoyo a la narración, pues se convierte la bella y clásica música en un elemento narrativo, a la vez que expresivo. Ese acompañamiento musical nos puede transmitir la sensación de que, aunque no esté pasando nada malo, parece que sí sucederá, sobre todo en la parte inicial, cuando el hermoso cello y el piano crean un ambiente de tensión, de que definitivamente algo está mal, de que hay mucho más entre los protagonistas de lo que vemos. En otros momentos, la música es utilizada para retratar un momento demencial, de desquicio, como lo es el momento post asesinato de Victor, la huida de Charles, es representada como el punto de no retorno, una música demencial y desquiciante nos ilustra el viaje del asesino, y es que la música siempre persigue un propósito: reforzar determinado momento, y vaya que lo logra.





Otro punto alto de la cinta es la impresionante interpretación de la bella Stéphane Audran, que nos entrega una de sus mejores actuaciones, y todo esto potenciado de magistral manera por su esposo. Chabrol realiza un casi endiosamiento de su mujer, ella es la dueña total de sus escenas, se pinta las uñas, muestra sus largas piernas, por momentos se siente que no actúa para nosotros, sino actúa para Chabrol, la genuina pasión entre ellos se siente. La cinta es un homenaje a ese bello monumento de actriz, tan hermosa, el director hace una magnificación de su presencia, de su belleza, ella es el motor de todo, con su piel muchas veces al descubierto, es la dueña indiscutible de la pantalla. Asimismo, mencioné que Chabrol utiliza a su máxima expresión muchos de sus recursos omnipresentes en su carrera, como el estudio abrumador de la psicología de sus personajes, esto se retratará en la soberbia e inverosímil secuencia de ambos hombres conversando en la casa del amante, el rostro de Charles es un poema, interacción con el amante de su mujer, situación tan inverosímil pero a la vez que se siente como algo mundano, de la vida real, durmiendo con el enemigo. Chabrol lo retrata con mano maestra, y finaliza esta impresionante secuencia con algo a la altura, el rápido asesinato, con un busto, que, por cierto tiene cierto parecido a la Audran. Plasma también tópicos que se quedan para siempre con el francés, como la admiración por la vida en el campo, alejada del mundanal ruido de la ciudad, y la consideración de la televisión como una caja idiotizante, inútil. Y claro, en el fondo de todo, al retrato de una familia burguesa francesa, a la que Chabrol durante las décadas no se cansó de desmenuzar, de analizar, y en esta oportunidad es un estupendo retrato de las relaciones matrimoniales burguesas, el adulterio, y la preocupación de esta clase por mantener la imagen, pues Chabrol presenta la doble vida de ambos, pero se cuida de no romper la delicada foto familiar; por el contrario, nos la muestra excelentemente encuadrada por la silla mecedora del jardín, se mantiene la mentira de cristal. El segmento final muestra cómo la gradual descomposición, el desmoronamiento y ruina de esa burguesía es total, hasta el extremo de arruinarle la vida al hijo, que es testigo de esa descomposición, afectado por la explosión de todo. Como dije, el filme es Chabrol en estado puro, Chabrol a su máxima potencia, y tiene a una diosa en su reparto. ¡Imperdible!













Lea, además
BIOGRAFÍA DE STÉPHANE AUDRAN
BIOGRAFÍA DE CLAUDE CHABROL


domingo, 1 de abril de 2001

Isabelle Huppert admite que se le dan bien los papeles de perversa


Isabelle Huppert


Isabelle Huppert admite que se le dan bien los papeles de perversa

La actriz francesa interpreta a una malvada en 'Gracias por el chocolate', de Chabrol


MIGUEL ÁNGEL VILLENA
Madrid 1 ABR 2001

Tiene un aire ingenuo y casi místico, pero con un leve cambio de mirada en sus ojos almendrados puede revelar todos los misterios de una despiadada asesina. Recién cumplidos los 46 años, Isabelle Huppert acaba de estrenar en España Gracias por el chocolate, su último papel de dulce perversa a las órdenes de Claude Chabrol. Una de las mejores actrices francesas ha declarado esta semana: 'Debo admitir que se me da bien hacer el mal en la pantalla'.
El Instituto Francés de Madrid dedica un ciclo durante los meses de marzo y abril a la filmografía de esta intérprete menuda e intensa que ha desfilado por películas como La encajera, Madame Bovary o La ceremonia y que ha trabajado a las órdenes de algunos de los mejores realizadores europeos en una lista que va de Bertrand Tavernier y Jean Luc Godard a Joseph Losey y los hermanos Taviani. En un coloquio con periodistas españoles, Isabelle Huppert manifestó que los actores son 'como animales, como caballos que saben en qué sentido quiere el director que vayan'.
A pesar de que en algunas de sus más brillantes creaciones ha encarnado a mujeres perversas, Isabelle Huppert -que ha rodado 62 películas en 30 años- no muestra predilección por un tipo de papel concreto. 'Al fin y al cabo', señaló, 'las películas o los papeles obedecen más a una cuestión de ritmos que de géneros. Así pueden darse comedias lentas o dramas rápidos'.
En la cima del cine europeo desde hace años, Huppert ha rodado poco en Estados Unidos. 'He trabajado en tres o cuatro películas en América, pero ninguna ha sido un éxito precisamente. De todos modos, Estados Unidos no representa una obsesión para una actriz francesa. El sueño americano existe, pero es muy relativo'. Al hilo de esta reflexión, Huppert confesó que le apetecería más trabajar en el cine asiático. 'El mapa del mundo cambia', dijo, 'y algunas de las propuestas más interesantes ahora vienen de Asia'.
Su reciente visita a Madrid ha significado la primera vez en que Isabelle Huppert ha presentado una película en nuestro país. 'Lo cierto', explicó, 'es que las actrices francesas trabajan poco en España. Durante mucho tiempo ha funcionado un eje de coproducciones entre Francia e Italia, pero esa colaboración no ha incluido a España'. Esta actriz, premiada y adorada en media Europa, nunca ha recibido una oferta para trabajar en una película española.
Estrenado el pasado viernes en las salas españolas, Gracias por el chocolate es un filme de intrigas e historias ocultas en un ambiente burgués de Suiza. Su director, Claude Chabrol, ha definido así el espíritu de la película: 'Intentamos ilustrar esta idea de la perversidad desmontando las certidumbres más evidentes de nuestra sociedad. La idea fundamental de Gracias por el chocolate es que todas las certidumbres se van desvaneciendo a medida que el relato avanza'.
La ironía como salsa
A su vez, la Huppert califica su personaje como el de una mujer triunfadora, rica y aparentemente feliz. 'Pero en el fondo', apostilla la actriz, 'se siente vacía y huérfana porque no puede acceder al mundo de sensaciones creativas de su marido, que es un famoso pianista. En realidad, se comporta como una niña que no hubiera crecido'. A juicio de Isabelle Huppert, Gracias por el chocolate traza dos mundos, el de aquellos que tienen acceso a la creación artística y aquellos que no.
La película, en cuyo reparto acompañan a Huppert el veterano Jacques Dutronc y la debutante Anna Mouglalis, contaba con otro título en una fase inicial. 'Pero al final', contó la protagonista, 'Chabrol optó por Gracias por el chocolate. La ironía de Chabrol a lo largo del filme es como la salsa del chocolate. A mí me gusta el título, porque el chocolate es el hilo conductor y cada uno puede soñar lo que quiera con el chocolate. Se dice que es afrodisiaco, se puede preparar con leche, negro, con almendras...'.
A orillas de un plácido lago suizo, Isabelle Huppert interpreta a la propietaria de una fábrica de chocolates, una sustancia tan dulce como indigesta. Siempre depende de las combinaciones en su elaboración. Esa dualidad eterna es la que, una vez más, ha bordado esta actriz francesa.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 1 de abril de 2001