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miércoles, 27 de mayo de 2026

Ida Vitale / El sapo sensible



Ida Vitale
EL SAPO SENSIBLE

Donde la escalera arranca del camino de piedra entre dos espacios de césped, en el último escalón, un sapo se le cruza a Byobu saltando de verde a verde. Lo sigue otro, igual de veloz. No hace mucho, Byobu leyó la lista horrorosa de pequeñas tragedias que podía padecer un inglés del siglo XIX: incluía posar en un camino a un sapo creyéndolo una piedra. Byobu no es inglés ni decimonónico, pero ahí está en un pie, como una garza, aunque por suerte para los batracios no lo sea. En una magnífica noche de verano como esta es común oírlos, pero verlos no es tan frecuente, pensó Byobu al aparecer el tercero. ¿Por qué el tercero? Bueno, porque tres es número sagrado, como todos sabemos, y porque, además, fueron tres.

Ida Vitale / La vida no es una línea recta

 


Ida Vitale
La vida no es una línea recta

Byobu se levanta temprano. No muy temprano, pero al no tener ningún trabajo urgente que hacer, su comienzo le parece siempre en exceso matinal. ¿Qué desayunará? ¿Jugo, té, yogurt, cereales? Simplifica, no sin inquietud: cereales y café. ¿Café, sí? Entre tanto, busca un disco compacto y a poco de empezar la música sabe que no es la que tiene ganas de escuchar en ese momento. La reemplaza dos veces mientras concluye el desayuno. Necesita comprar algunas provisiones. Elige cierto mercado, pero este es el menos selecto. Allí encontrará azúcar, pero no el té y el vinagre que prefiere. También debe poner una carta en el correo. Para eso tiene que tomar otro rumbo. ¿Qué es lo más urgente, entonces? Mientras se baña resolverá la duda. Pero, entre lavarse o no la cabeza y tras una idea atractiva que se le cruza, olvida lo que pensaba tener resuelto al terminar su ducha. Además, en el momento de vestirse vacila entre ponerse o no cierto pantalón o destinarlo al lavadero.

Ida Vitale / Una historia

 


Foto de Triunfo Arciniegas


Ida Vitale
UNA HISTORIA

Hay una historia. No se sabe con precisión cuándo ha empezado. Quienes podrían estar relacionados con ella en realidad ignoran que la historia no existe. No tiene un nombre que la identifique y no es claro si tiene un protagonista o dos. Puede ser la historia de A que B no acepta   o al revés. También puede ocurrir que ninguno sepa que la historia existe y les concierne. Es harto probable que uno muera sin saber que él es el verdadero protagonista de la historia y que el otro ha usurpado su lugar. De todos modos, la existencia de una historia, incluso si no está bien definida y bien atribuida, incluso si solo está en etapa de constitución, apenas a nivel de latencia, difunde emanaciones de estilo impreciso pero perentorio. Byobu, que sospecha su existir oscuro, se siente obligado a escrutar como un filatélico los bordes de su posible aparición. No es cosa de subestimar la desordenada densidad flexible: en cualquier momento puede adquirir una velocidad orientada que abata sobre él su irrespirable marasmo. Porque muchos sueñan con la aventura que cada día debería empollar para ellos. Para cuando asoma, perciben algún defecto, hasta los signos de una pavorosa lepra sobre la apariencia que suponían tentadora. Y se desentienden, aunque no olviden la llamada desoída. Pero la historia queda libre, sin ocupación, como rayo que ningún pararrayos ataja. Y Byobu sabe que él es el expuesto por excelencia. Por eso vigila, sin confianza, las historias que vagan libres, sin A ni B que las acepten.


Ida Vitale
El abc de Byobu
Lumen, Madrid, 2025, pp. 11-12

lunes, 27 de abril de 2026

Ida Vitale / La vida no es una línea recta

 


Ida Vitale
La vida no es una línea recta

Byobu se levanta temprano. No muy temprano, pero al no tener ningún trabajo urgente que hacer, su comienzo le parece siempre en exceso matinal. ¿Qué desayunará? ¿Jugo, té, yogurt, cereales? Simplifica, no sin inquietud: cereales y café. ¿Café, sí? Entre tanto, busca un disco compacto y a poco de empezar la música sabe que no es la que tiene ganas de escuchar en ese momento. La reemplaza dos veces mientras concluye el desayuno. Necesita comprar algunas provisiones. Elige cierto mercado, pero este es el menos selecto. Allí encontrará azúcar, pero no el té y el vinagre que prefiere. También debe poner una carta en el correo. Para eso tiene que tomar otro rumbo. ¿Qué es lo más urgente, entonces? Mientras se baña resolverá la duda. Pero, entre lavarse o no la cabeza y tras una idea atractiva que se le cruza, olvida lo que pensaba tener resuelto al terminar su ducha. Además, en el momento de vestirse vacila entre ponerse o no cierto pantalón o destinarlo al lavadero.

miércoles, 15 de diciembre de 2021

Los 50 mejores libros de 2021

 

Rafael Chirbes


Los 50 mejores libros de 2021

La primera entrega de los diarios íntimos de Rafael Chirbes encabeza una votación de 75 expertos. La novelista Sara Mesa analiza su cruda forma de acercarse a la vida y a la literatura. Además, siete autores latinoamericanos recomiendan un libro de estos 12 meses



BABELIA
10 DIC 2021 - 14:31
Actualizado:11 DIC 2021 - 14:32 COT


“Como me derrumbo y empiezo a pensar una vez más que esa idea de que puedo llegar a ser escritor es una fantasía de ególatra, vuelvo a la modestia de estos cuadernos, que no son para nadie, que no compiten con nadie. Ni están al albur del juicio de nadie. Ellos con ellos mismos, y yo a solas conmigo. Es de noche”. Esta nota de los diarios de Rafael Chirbes ―elegido libro del año de Babelia por un jurado de 75 expertos― podría servir como resumen literario de 2021: en un mundo que parece deshacerse cada noche y reconstruirse cada mañana abundan la primera persona, la sensación de cataclismo inminente (político y ecológico) y una mirada muy crítica al pasado.Al autoanálisis practicado sin paños calientes por Antonio Muñoz Molina, Emmanuel Carrère, Ida Vitale, Luis Landero, Fernando Aramburu o el propio Chirbes se le suma la revisión que autores como Javier Marías, Juan Gabriel Vásquez, Gabriela Wiener, Maggie O’Farrell o Leila Slimani hacen de la historia de España y América Latina y del papel de las mujeres en una tradición que durante siglos las ha considerado mudas o musas, es decir, invisibles.

martes, 14 de diciembre de 2021

Ida Vitale / “Respecto a mi abuela sí, soy joven”

 

Ida Vitale, retratada en el salón de actos de la Residencia de Estudiantes, en Madrid.DAVID EXPÓSITO


Ida Vitale: “Respecto a mi abuela sí, soy joven”

La poeta uruguaya habla de su lectura compulsiva desde niña y publica a los 98 años su nuevo poemario, ‘Tiempo sin claves’



Berta González Harbour
14 de noviembre de 2021


Con un siglo a sus espaldas, no hay desgracia que pueda tumbar la energía y vivacidad de Ida Vitale, poeta uruguaya que ha vivido dictaduras, exilios y pérdidas que no le borran el humor y la capacidad de escribir. Con 98 años, la premio Cervantes acaba de hacer una gira con un nuevo poemario a cuestas, Tiempo sin claves (Tusquets), en el que se va librando de todo lo que molesta. Da envidia.

Ida Vitale / "Siempre he pensado que el humor salva"




Ida Vitale

"Siempre he pensado que el humor salva": Ida Vitale, la poeta uruguaya en apogeo a los 96 años

Lección de humildad y erudición de Ida Vitale

Ida Vitale tras recibir el premio Cervantes.ANDRES BALLESTEROS


PREMIO CERVANTES

Lección de humildad y erudición de Ida Vitale

La poeta uruguaya ofrece una lección de espontaneidad y sabiduría al recoger el Premio Cervantes. Es la quinta mujer distinguida con el máximo galardón de las letras en español desde que se instauró en 1976


TEREIXA CONSTENLA
Alcalá de Henares - 

Un final improvisado lo dijo todo. Ida Vitale (Montevideo, 1923) había finalizado su discurso. Acalló los aplausos con un gesto. “Querría hacerme perdonar la audacia de venir aquí, a este lugar, y meterme a hablar de Cervantes”. Solo después descendió las escaleras del púlpito laico del paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, donde esta mañana ha recibido el Premio Cervantes 2018 de manos del rey Felipe VI. Había dicho lo que no estaba escrito y quería decir, una de esas “cosas absurdas y desacomodadas” que le salen del alma, como los besos que envió con la mano al público al recoger el premio y al Rey tras escuchar su discurso.

Ida Vitale / La dueña del infinito

 

Ida Vitale, en una lectura de poemas en junio en Buenos Aires.MARINA GUILLEN


Ida Vitale

La dueña del infinito

Ida Vitale lleva tres años acumulando premios. El de la FIL lo recibirá en Guadalajara semanas después de cumplir, el 2 de noviembre, los 95 años


Javier Rodríguez Marcos
4 de noviembre de 2018

Ida Vitale lleva tres años acumulando premios: el Reina Sofía, el Alfonso Reyes, el Max Jacob, el García Lorca... El de la FIL lo recibirá en Guadalajara semanas después de cumplir, el 2 de noviembre, los 95 años. A ese dato recurre ella, irónica, cuando se le recuerda tal sucesión de honores. “A muchos les debe parecer la mía una edad límite”, dice. Límite es una palabra muy de Vitale. Lo mismo que imposible. Su poesía, que se estrenó públicamente en 1949 con La luz de esta memoria, es una lucha constante contra esas dos ideas. Siempre ha dicho que su método de escritura es arduo pero sencillo: consiste en borrar. Algunos llaman a eso hermetismo cuando no es más que una forma de respetar el lenguaje, de no hablar en vano. No por casualidad su antología más famosa se titula ‘Reducción del infinito’. A eso se dedican los poetas como ella: a hacer un uso ilimitado de las limitaciones de la lengua.

Ida Vitale / Una abeja imprescindible



Miembros de la Generación del 45: en el centro sentada Ida Vitale, y tras ella, Juan Ramón Jiménez.
Miembros de la Generación del 45: en el centro sentada Ida Vitale, y tras ella, Juan Ramón Jiménez.

Una abeja imprescindible

Vitale es una poeta estricta, erudita, disciplinada, pero también alguien que puede pasar semanas habituando a una paloma a comer en la ventana de su casa


Leila Guerriero
15 de noviembre de 2018

In 2015, durante una entrevista para Babelia, el periodista Javier Rodríguez Marcos le preguntó a la poeta uruguaya Ida Vitale a quién le daría el próximo premio Cervantes. Vitale respondió: “Ay, Dios, ¡al mejor!”. Tres años después, la mejor resultó ser ella, quinta mujer en un premio con más de cuatro décadas de historia. Pero es probable que la respuesta, mirada desde la perspectiva del presente, le dé pudor. Porque una de las más grandes poetas de habla hispana es, también, una persona de modestia genuina, no pocas veces enmascarada en un humor que es síntoma de una inteligencia fulgurante: cuando el ministro de Cultura, José Guirao, la llamó para avisarle que había ganado el Cervantes ella respondió "Los españoles están igual de locos que en la época de la conquista".

jueves, 26 de septiembre de 2019

Annie Ernaux / Monstruos, SL

Annie Ernaux

Monstruos, SL (Sociedad Literaria)

BIOGRAFÍA

Las Conversaciones Literarias de Formentor reúnen a escritores y lectores en torno a los mitos fantástico


IKER SEISDEDOS
Pollença 22 SEP 2019





La escritora Annie Ernaux, el viernes en Formentor.
La escritora Annie Ernaux, el viernes en Formentor.  EL PAÍS

En el cada vez más poblado bestiario de las citas con los libros, las Conversaciones Literarias de Formentor toman la forma de una sofisticada criatura bicéfala. Celebradas en el exclusivo hotel del mismo nombre, apartado del mundo en el extremo norte de Mallorca, sirven a dos fines: compartir lecturas y honrar la obra de un escritor veterano. Este año, por primera vez desde que el premio resucitó en 2011, tras un primer y heroico acto en los sesenta, el reconocimiento ha sido para una escritora: la francesa Annie Ernaux. Recibió el viernes a sus 79 años el Formentor de las Letras con un discurso feminista y combativo en el que, como en uno de sus libros autobiográficos, repasó sus lecturas y su vida, que es la de las mujeres de la generación del baby boom en las sociedades de la Europa occidental.

viernes, 16 de noviembre de 2018

Ida Vitale / Premio Cervantes 2018



Ida Vitale, premio Cervantes 2018

La escritora uruguaya de 95 años es representante de la poesía esencialista


Jesús Ruiz Mantilla
15 de noviembre de 2018

La poeta uruguaya Ida Vitale (Montevideo, 1923) ha sido galardonada con el Premio Cervantes 2018. El considerado como Nobel de literatura en castellano está dotado con 125.000 euros. Inscrita en la tradición de las vanguardias latinoamericanas, Vitale, cuya obra está caracterizada por poemas cortos, una búsqueda del sentido de las palabras y un carácter metaliterario, es representante de la poesía esencialista. El premio valora "su lenguaje, uno de los más reconocidos en español".

miércoles, 5 de septiembre de 2018

Ida Vitale gana el premio de la Feria del Libro de Guadalajara 2018

Ida Vitale


Ida Vitale gana el premio de la Feria del Libro de Guadalajara 2018

El galardón distingue la obra de la poeta y traductora uruguaya de 94 años, autora de 'La luz de esta memoria' y 'Procura de lo imposible'


Marién Kadner
Guadalajara, 4 de septiembre de 2018

La Feria Internacional del Libro de Guadalajara ha distinguido este año a una de las grandes maestras de la literatura latinoamericana viva, la poeta y traductora uruguaya Ida Vitale, de 94 años. La autora de La luz de esta memoria (1949) y Procura de lo imposible (1998) ha sido reconocida por su "capacidad inextinguible de revelarnos el mundo a través de su poesía" y se ha alzado con el 28º Premio FIL de la Literatura en Lenguas Romances, galardón que le será entregado el próximo 24 de noviembre, con motivo de la inauguración de la feria —uno de los encuentros más importantes de la narrativa en español—, que se celebra en la capital del Estado mexicano de Jalisco.

martes, 19 de mayo de 2015

Ida Vitale / Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana

Ida Vitale


La uruguaya Ida Vitale, premio Reina Sofía de poesía Iberoamericana

La escritora, que en 2010 publicó 'Mella y criba', prepara un nuevo poemario.

Hace unas semanas fue galardona en México con el Premio Alfonso Reyes.



La poeta uruguaya Ida Vitale. / BERNARDO PÉREZ
La poeta uruguaya Ida Vitale, de 91 años, ha ganado hoy el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. 

Convocado por Patrimonio Nacional y la Universidad de Salamanca y dotado con 42.100 euros, se trata del galardón más prestigioso de un género que la escritora ha simultaneado con la prosa, la traducción y la enseñanza. De hecho, actualmente vive en Austin (Texas), donde recaló en 1989 para enseñar literatura. Antes había pasado una década en México, donde hace unas semanas recibió otro premio grande, el Alfonso Reyes. La escritora lo considera su país de adopción desde que se instalará en él en 1974, cuando huía de la represión militar en Uruguay.
Pese a los avatares y mudanzas que han marcado su vida, la poesía de Ida Vitale se ha mantenido al margen de toda anécdota biográfica. Como suele repetir, no necesita más que una biblioteca y un aeropuerto para sentirse en casa. Así, desde que se estrenó en 1949 con La luz de esta memoria, sus versos han buscado la esencia, rozando el hermetismo pero sin perderse en abstracciones retóricas:Expectantes palabras, / fabulosas en sí, / promesas de sentidos posibles, / airosas, / aéreas, / airadas, / ariadnas. // Un breve error / las vuelve ornamentales. / Su indescriptible exactitud / nos borra”.
No es casual que el libro que la dio a conocer tardíamente en España se titule Reducción del infinito (Tusquets, 2002). Hace unos meses, a su paso por Madrid para formar parte del jurado del premio Loewe, Ida Vitale explicaba a este periódico su obsesivo método de trabajo: “A veces me sale un poema largo, más hablado de lo necesario, pero mi tendencia natural es abreviar. Aunque admiro profundamente a los que se dejan llevar por esa locura ingobernable, cada uno nace no con un guion sino con una escuadra a mano, y la mía es borrar y borrar. Corregir es como arreglar cajones: sacas lo que está de más".
Libros como Cada uno en su noche (1960), Oidor andante (1972),Parvo reino (1984) o Procura de lo imposible (1998) la han consagrado como una de los grandes nombres de la literatura latinoamericana contemporánea. Siguiendo la línea que lleva del barroco español al modernismo americano y pasa por el simbolismo francés, hace tiempo que Ida Vitale desbordó el marco de la conocida en Uruguay como Generación del 45, la de autores tan distintos Mario Benedetti e Idea Vilariño. Junto a la influencia que ejerció en ella la obra de dos de sus compatriotas, María Eugenia Vaz Ferreira y de Delmira Angustini, Vitale no pierde ocasión de reconocer el magisterio de dos enemigos íntimos: Juan Ramón Jiménez y José Bergamín. Al primero lo trató fugazmente cuando pasó por Montevideo. Del segundo fue alumna devota en clase de literatura durante el exilio que siguió a la Guerra Civil. “Era de los que decían: ‘Tienen que leer este libro’, y te lo regalaba”, recuerda la poeta, que tiene al autor español por uno de sus temas favoritos de conversación.
Hace cinco años la editorial Pre-Textos publicó Mella y criba, su último poemario hasta ahora. Ella afirma, sin embargo, que ya tiene otro -“otros, y eso es lo peor”- en marcha. Por lo pronto, tendrá que preparar la antología que tradicionalmente acompaña el premio Reina Sofía. Hoy se ha sumado a un palmarés en el que figuran ya autores como Antonio Gamoneda, José Manuel Caballero Bonald, Juan Gelman, Gonzalo Rojas, José Hierro, Nicanor Parra –todos ellos laureados luego con el Cervantes- , Ernesto Cardenal, Claudio Rodríguez, José Ángel Valente, Blanca Varela, Fina García Marruz, Nuno Júdice o María Victoria Atencia, galardonada el año pasado.
El jurado de esta edición estuvo compuesto por el presidente de Patrimonio Nacional, José Rodríguez-Spiteri Palazuelo, el rector de la Universidad de Salamanca, Daniel Hernández Ruipérez, y la citada María Victoria Atencia. El jurado lo completaron el director de la RAE, Darío Villanueva, Pilar Martín Laborda, Ana Santos Aramburo, José Manuel Mendes, Luis Antonio de Villena, Noni Benegas, Pilar del Río, Ana María Martins Machado, Luis Alberto de Cuenca, Miren Itziar Taboada Aquierreta, Miguel Ángel Recio Crespo, Carmen Millán de Benavides, María Angeles Pérez López y Javier San José Lera.


miércoles, 4 de febrero de 2015

Ida Vitale / Soy poeta por pereza

Ida Vitale
Ida Vitale

“Soy poeta por pereza e irresponsabilidad”

La autora uruguaya, eterna candidata al Cervantes y superviviente de la generación del 45, la de Mario Benedetti o Idea Vilariño, repasa a sus 90 años una vida y una obra consagradas a la pureza del lenguaje y marcadas por el exilio


Ida Vitale, retratada recientemente en Madrid. / SAMUEL SÁNCHEZ
El exilio ha marcado la obra de Ida Vitale (Montevideo, 1923). Aunque no en sentido negativo. Dejó Uruguay en 1974 rumbo a México y, 10 años después, se instaló en Austin (Texas), donde vive desde entonces. Profesora de literatura, ensayista y, sobre todo, poeta, vive embarcada en la búsqueda infinita de la precisión, esa lucha de gigantes que dota de absoluto misterio su frágil obra. Ella dice que su poesía despegó gracias a su aterrizaje en México y que luego encontró la tranquilidad necesaria para seguir madurando en su hogar actual: “Me basta un buen aeropuerto y una maravillosa biblioteca para estar bien”. Enmarcada en la llamada generación del 45 —la de Benedetti, Idea Vilariño o Carlos Maggi, la que miró con fascinación y distancia al paterOnetti—, Vitale, de nombre familiar para los amantes de las quinielas del Cervantes, pasó por Madrid hace unas semanas para ofrecer un recital en el festival Poemad. Desplegó su milagrosa energía, su exquisita educación y su ejemplar fortaleza y sencillez, siempre riéndose y sin darse importancia.
“Soy poeta por pereza y por irresponsabilidad”, asegura con elegante coquetería. “La novela exige una concentración distinta. ¡Yo llevo años con una novela que nunca acabo! La poesía nace de otra manera, me gusta su inmediatez. Yo no hago poemas largos y cuando los hago me siento insegura, como si la prolongación fuese algo indebido. Juan Ramón [Jiménez] me dijo algo que no olvido: lo mejor que se puede hacer es escribir y guardar. Guardar en un cajón y sacarlo con el tiempo. Me hablaba de no olvidar nunca la objetividad, la autocrítica. Y yo lo hago. Lo guardo todo hasta olvidarlo”. Para ella escribir esconde siempre un gran fracaso, quizá por eso le cuesta hablar de un acto que en el fondo considera profundamente íntimo. “En el primer plano de la poesía debe estar el lenguaje, ese es el tema. Lo que me mueve a escribir es él, la búsqueda de lo que ya no se va a dar”.

Juan Ramón me aconsejó no olvidar nunca la capacidad autocrítica"
Cuando salió de Uruguay, empujada por la dictadura, ya era una poeta reconocida y una mujer “crecida”. “Pero el exilio me puso más en actividad y me ayudó a despegar. Me amplió el campo”, explica. “El exilio puede ser una experiencia dramática y terrible o una cosa maravillosa. En mi caso me dolió mucho alejarme de mi gente, lo pasé muy mal, pero al poco tiempo me sentí mucho más enriquecida. México me dio no solo la comodidad de un mundo agradable, sino la oportunidad de sentirme útil con traducciones, con clases… y eso es algo que jamás dejaré de agradecerle a ese país, su enorme apertura hacia el que venía de fuera”.
Vitale se había criado en una familia culta y cosmopolita que forjó, en su pequeño cuerpo, a una mujer con seguridad y determinación. “Yo me formé en un núcleo de mujeres que trabajaban y leían, jamás sentí a ningún hombre por encima. Mi marido, que es uruguayo, dice que yo nunca me he dado cuenta de lo machista que es Uruguay porque en mi casa no lo eran, muy al contrario. En mi familia los libros eran importantes y nosotras siempre estuvimos rodeadas de ellos. Adoro a Virginia Woolf, pero yo tenía un cuarto propio y enorme libertad de lectura. Mi tarea los sábados era limpiar una biblioteca”.
Cuarta generación de emigrantes italianos, guarda recuerdos vivos de la casa familiar, del altillo donde estaban sus libros favoritos, “leíaGuerra y paz, libros de historia, de Napoleón, me gustaban esas cosas”. Dos poetas uruguayas del siglo XIX, María Eugenia Vaz Ferreira y de Delmira Angustini, determinan su tradición (“me siento más cerca de María Eugenia, era diferente, despojada. Era la escéptica, la feminista, la que sintió la necesidad de imponerse”), pero sus dos grandes referentes fueron españoles: su profesor José Bergamín y Juan Ramón Jiménez. “Juan Ramón llegó a Montevideo en una gira que hizo por América para recuperar el español. Aquel viaje suyo fue su resurrección, una gira triunfal. Recuerdo un recital en el teatro Solís donde la gente se colgaba de los palcos para escucharlo, no cabía un alfiler. Era una conferencia sobre el Cancionero y el Romancero, una maravilla… Pero Bergamín fue otra cosa, no puedo explicar su importancia en mi vida. Nos contagiaba cada día su entusiasmo, siempre con sus libros, los prestaba, los regalaba para que leyéramos a los románticos alemanes, a Juan de la Cabada, a Juan Ramón, a ¡todos! Podías estar de acuerdo o no, pero no te podías resistir a su personalidad”.



Ida Vitale / Los poetas hablan de Batman


Ida Vitale

Ida Vitale 

“Antes los poetas hablaban de Hércules; 

ahora, de Batman”

La escritora uruguaya recuerda las enseñanzas de su maestro, José Bergamín, habla de su obsesión por corregir y afirma que la poesía ha cambiado de referentes culturales

La poeta uruguaya Ida Vitale. / BERNARDO PÉREZ
Ida Vitale es, con 91 años, una de las grandes maestras de la literatura latinoamericana viva, pero disfruta, más que hablando de su obra, recordando a aquellos que, ilustres o anónimos, le enseñaron a leer y escribir. Entre los anónimos había, en el Montevideo de su infancia, una profesora que le hacía imitar el estilo de Azorín, de Gabriel Miró, de Ortega o de Rafael Barrett: “Cada mes, un autor distinto. Era una buena práctica: te obligaba a mirar de modo diferente”. Entre los ilustres estaba José Bergamín, verso suelto de la Generación del 27. “Fue un excelente maestro”, cuenta. “No sé si acá se tiene la imagen del Bergamín profesor a tiempo completo. Sabía mucho de literatura española, pero también del romanticismo alemán. Era de los que decían: ‘Tienen que leer este libro’, y te lo regalaba. Perdió su biblioteca al marchar al exilio tras la guerra y había resuelto que la solución era el desinterés completo”. La autora de Reducción del infinito (Tusquets) recuerda la soledad del escritor español en Uruguay hasta que llegaron sus hijos: “Decía que era el último orejón del tarro. No era muy halagador para nosotros, pero era verdad. Terminábamos cenando con él después de las clases. Era joven pero lo veíamos como un viejito”.
Su maestro en la poesía fue, sin embargo, un enemigo íntimo de Bergamín, Juan Ramón Jiménez, a quien también conoció cuando pasó por Montevideo. Con él comparte la obsesión por corregir: “De Juan Ramón me impresionó que le dieran un libro para que lo firmara y se dedicara a corregir los poemas. Decía que un poema hay que escribirlo y guardarlo hasta que a uno se le olvide. Yo lo he seguido en la medida de lo posible”.
Ida Vitale se marchó a México en 1974 con su marido, el poeta Enrique Fierro. La dictadura militar empezó persiguiendo a los tupamaros y luego a todos los que parecieran remotamente izquierdistas: "Nosotros no estábamos en eso, pero andábamos entre libros, algo que siempre inquieta a los militares”. Adiós a un Uruguay que, según la poeta, fue durante décadas “la democracia perfecta”: laico, con una gran educación pública gratuita, sin grandes desigualdades sociales y sin nacionalismo alguno. “¿Qué nacionalismo iba a haber si éramos la mitad italianos y la mitad españoles?”.

Cuestión de gustos

1. ¿En qué libro se quedaría a vivir? Las mil y una noches no estaría mal. Sin duda no la Divina comedia, aunque me la conozco muy bien, pero para vivir… Quizás en el Orlando furioso: tiene magia, viaje y paisaje.
2. ¿A qué escritor de todos los tiempos invitaría a cenar? A Borges. Lo hubiera querido tratar más.
3. ¿Cuál ha sido el mejor momento de su vida intelectual? Alguno de mi formación, esos momentos secretos en que uno logró entender algo.
4. ¿Qué encargo no aceptaría jamás? Dirigir un país.
5. ¿Qué libro no pudo terminar? En una época, muchos. Después resolví que tenía que terminarlos. Soy paciente no sé si por espíritu venenoso: para ver cómo se derrumba el libro cuando no me gusta.
6. ¿Qué está socialmente sobrevalorado? La comunicación, aunque decirle esto a un periodista… Me da la impresión de que la gente está dentro de casa y fuera del mundo.
7. ¿A quién daría el próximo Premio Cervantes? Ay, Dios…, ¡al mejor!
Desde 1989 vive en Austin (Texas) aunque viaja con regularidad a su país, a México —“fueron muy generosos con nosotros”—, e incluso a España. En Madrid formó parte del jurado que concedió el último Premio Loewe al chileno Óscar Hahn. “Había libros tremendos de gente que uno nota que tiene en la poesía la última esperanza”, cuenta sobre su experiencia en un jurado por el que ya pasó su amigo Octavio Paz. “Uno busca lo literario, pero a veces se pone en el alma de quien escribió esos versos y empieza a pensar en el ser humano, no en el escritor. Al final hay que ponerse de nuevo en el frío cargo de lector desinteresado”. Otra de las conclusiones de esa experiencia es que los referentes de la poesía están cambiando: “Las alusiones mitológicas se han ido perdiendo. Antes los poetas hablaban de Hércules; ahora, de Batman. No digo que eso dé una poesía inferior, pero marca una orientación distinta, sobre todo por los mundos que arrastran y lo que uno y otro te permiten entender”.
Más intensa que extensa, su poesía es, sin embargo, escasa en referencias. Las palabras son nómadas y los malos poemas las vuelven sedentarias, dicen unos versos suyos. ¿Cómo reconocer ese cambio de estado? “Instintivamente. En la medida en que son nómadas las sujetamos o seguimos su movimiento natural. ¿Por qué hay palabras que nos gustan y otras que no? No sé. A mí me choca profundamenteconstatar. Sin embargo, procrastinar me gusta”. Traductora de autores como Gaston Bachelard, Simone de Beauvoir o Luigi Pirandello, Ida Vitale cuenta que traducir le ha enseñado a mantener la atención aunque “la traducción conspira contra la poesía porque es un trabajo muy absorbente”. La poeta uruguaya publicó Mella y criba (Pre-Textos) en 2010 y ya tiene un libro nuevo. “Uno no, varios, y eso es lo peor”, aclara riendo. La prosa le divierte —la suya ha dado lugar a maravillas como Léxico de afinidades (El Cobre) y De plantas y animales (Paidós)—, pero sabe que la extrema esencialidad de sus versos podría terminar por llevarla al silencio, “la reducción total”. Con todo, huye de la metafísica —“estas cosas, cuando se sintetizan, quedan dramáticas”— para meterse en la cocina de la escritura: “A veces me sale un poema largo, más hablado de lo necesario, pero mi tendencia natural es abreviar. Aunque admiro profundamente a los que se dejan llevar por esa locura ingobernable, cada uno nace no con un guion sino con una escuadra a mano, y la mía es borrar y borrar. Corregir es como arreglar cajones: sacas lo que está de más".