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lunes, 4 de noviembre de 2024
Las 10 mejores novelas del Premio Planeta en democracia
martes, 12 de enero de 2021
Entrevistas / ‘The Paris Review’ habla en español
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| Jorge Luis Borges |
‘The Paris Review’ habla en español
Seleccionamos unos cuantos fragmentos de las entrevistas a los nueve autores de nuestra lengua incluidas en la antología de Acantilado ‘The Paris Review. Entrevistas (1953-2012)'.
Jorge Luis Borges
(1967)
P.: ¿Diría usted que en sus cuentos ha intentado crear una forma híbrida entre el relato breve y el ensayo?
R.: Sí, y lo he hecho a propósito. El primero en decírmelo fue Bioy Casares: mis relatos breves estaban a mitad de camino entre el ensayo y el cuento.
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jueves, 7 de abril de 2016
Javier Rodríguez Marcos / Un hogar llamado Auschwitz
6 ABR 2016 - 04:41 COT
“No es cosa fácil ser una excepción”. Imre Kertész, que murió en
Budapest la semana pasada, repitió esta frase en varios de sus libros y en su discurso del Nobel de
2002. Se entiende la insistencia porque esas siete palabras explican bien la
angustia que subyace en su obra y en la de otros supervivientes del Holocausto.
Unos encontraron en la literatura un bálsamo. Otros, la vía hacia el suicidio.
Fue el caso de Tadeusz Borowski, que se quitó la vida tras escribir los relatos
de Nuestro
hogar es Auschwitz (Alba), decisivos para el propio Kertész.
El año pasado se cumplieron 70 del final de la Segunda Guerra
Mundial y de la liberación de los campos nazis y ambos hechos fueron
conmemorados dignamente. Hay, sin embargo, un capítulo de la literatura concentracionaria menos
trágico que el de los días de encierro pero casi tan desasosegante: la vuelta a
casa de los supervivientes. Primo Levi, que dedicó La
tregua (El Aleph) a la odisea de nueve meses que le llevó de
Polonia a Italia, cierra su libro contando cómo tardó en perder la costumbre de
andar mirando al suelo “como buscando algo que comer”. Lo que no consiguió fue
sacudirse un sueño que empezaba con él rodeado de amigos y terminaba
devolviéndolo al Lager.
Sonaba entonces una sola palabra “temida y esperada”, la orden del amanecer en
Auschwitz: “a levantarse, Wstawac”.
Levi se tiró por el hueco de las escaleras el 11 de abril de 1987. La semana
que viene hará 29 años.
Ese mismo día, macabra coincidencia, pero de 1945 las tropas de
Patton liberaron a los prisioneros de Buchenwald. Uno de ellos era Jorge
Semprún, que en La
escritura o la vida recuerda el impacto que le causó el
suicidio de Levi. Si él mismo, escribió, no hubiera esperado para narrar su
experiencia habría corrido la misma suerte: o escribir o vivir. Semprún, del
que acaba de publicarse Ejercicios
de supervivencia (Tusquets), acudió a la conmemoración
anual de la liberación de Buchenwald meses antes de morir en
2011. Estaba enfermo, sabía que era la última vez. Tomó allí la palabra y puso
su esperanza en los niños y los adolescentes del campo. A ellos les tocaba
seguir testimoniando. Uno de aquellos adolescentes era Imre Kertész, de ahí que
su muerte produzca la sensación de que algo va a perderse definitivamente. No
la historia de lo que sufrieron sino algo que obsesionaba a Semprún: el olor de
los crematorios. Es difícil que un libro transmita eso.

En Sin
destino, obra cumbre de Kertész, la
reclusión compite en crudeza con el retorno a casa y con la mezquindad de los
que le reciben. Traducidos recientemente, Y
tú no regresaste (Salamandra), de Marceline Loridan-Ivens,
o Quien
así te ama (Ardicia), de Edith Bruck,
retratan bien esa cara de la supervivencia. Bruck se autorretrató así en un
poema: “Nacer por casualidad / nacer mujer / nacer pobre / nacer judía / es
demasiado / para una sola vida”. Solo falta añadir el drama de ser una
excepción.
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viernes, 11 de marzo de 2016
Vargas Llosa / Ejercicios para sobrevivir
Jorge Semprún
Ejercicios para sobrevivir
En las reflexiones de Jorge Semprún sobre la tortura, que acaban de publicarse en Francia, no hay autocompasión ni jactancia y, sí, en cambio, un pensamiento que traspasa lo superficial y llega al fondo de la condición humana
FERNANDO VICENTE
Cuando, a los veinte años, Jorge Semprún decidió unirse a uno de los grupos de la Resistencia francesa contra el nazismo, el jefe de Jean-Marie Action, la red de la que iba a formar parte, le advirtió: “Antes de aceptarte, debes saber a lo que te arriesgas”. Y le presentó a Tancredo, un sobreviviente de las torturas a que la Gestapo sometía a los combatientes del maquis que capturaba. Las atrocidades que aquél le describió, las padecería Semprún dos años más tarde, cuando, por la delación de un infiltrado, los nazis le tendieron una emboscada en la granja de Joigny que lo escondía.
La pesadilla se convirtió en realidad: la inmersión en las aguas heladas de una bañera llena de basuras y excrementos; la privación de sueño; las uñas arrancadas; el crujir de todos los huesos del esqueleto al ser colgado del techo de los talones amarrados a sus manos; las descargas eléctricas y las palizas salvajes en las que el desmayo resultaba una liberación.
martes, 7 de noviembre de 2006
'Les bienveillantes', de Jonathan Littell, gana el Premio Goncourt
'Les bienveillantes', de Jonathan Littell, gana el Premio Goncourt
"Es una de las grandes novelas de los últimos 50 años", dice Semprún
París
El fenómeno Jonathan Littell sigue creciendo. Este americano de 39 años, nacido en Nueva York pero que escribe en francés, es un fenómeno por muchas razones y así lo reconoció el jurado del Premio Goncourt, que coronó ayer su novela Les bienveillantes como la mejor de entre las publicadas en francés a lo largo de 2006, es decir, de una cosecha que sobrepasa ampliamente los 600 títulos. "Pero no sólo es la mejor del año sino del decenio y una de las grandes novelas de los últimos 50 años", declaró Jorge Semprún, miembro del jurado. "Littell reelabora novelescamente un material histórico de calidad. Tiene un gran personaje, ese protagonista, Max Aue, que es plausible y horrendo".
Semprún: "Los jóvenes sabrán qué pasó mediado el siglo XX gracias a una novela como ésta"
En Les bienveillantes, Littell invita a sumergirse en la lógica del Mal de la mano de Max Aue, un oficial de la SS cultivado, inteligente y de una absoluta frialdad. Su único amor conocido es el que siente por su hermana, del que parecen haber nacido mellizos y que, al no poder continuarse, se transforma en una homosexualidad gimnástica. Aue participa en varias de las grandes operaciones nazis destinadas al exterminio del pueblo judío. "Dentro de una, dos o tres generaciones, los jóvenes sabrán qué pasó mediado el siglo XX gracias a una novela como ésta". Para Semprún, "no es una novela francesa sino una novela escrita en francés. Su modelo es la gran novela rusa del XIX, Tolstói o Dostoievski. Para la cultura francesa lo que es importante es que el autor haya elegido el francés como idioma. Eso prueba que sigue siendo una gran lengua de expresión cultural".
Les bienveillantes es un volumen de 900 páginas, editado por Gallimard y del que se han vendido, en dos meses, 250.000 ejemplares y 90.000 más van a llegar a las librerías de inmediato. En España lo publicará RBA el año que viene. "La leí antes de que estuviera en las listas, al comenzar el verano, y me convertí en uno de sus grandes defensores", dice Semprún, "hay quienes critican a Littell porque aseguran que se identifica con su protagonista y retrata a Aue haciéndolo atractivo. No es cierto. O si lo es, entonces hay que decir que Dostoievski también se identifica con Raskolnikov en Crimen y castigo. Los jurados del Goncourt hemos coincidido todos en ello. Esta vez no hemos tenido que recurrir al voto secreto. Enseguida se ha visto que nadie le podía disputar el premio a Littell".
Jonathan Littell no acudió a la lectura de la decisión del jurado y no se prestó a la habitual conferencia de prensa del ganador. Este pelirrojo judío recién afincado en Barcelona huye como puede de la curiosidad periodística. Antes de escribir -a mano- Les bienveillantes, sólo había publicado, apenas cumplidos los veinte, una novela de ciencia-ficción de la que hoy se avergüenza. Durante más de diez años ha trabajado en una ONG dedicada a la lucha contra el hambre. Eso le ha supuesto viajar a Chechenia, Bosnia o Ruanda. "Es una experiencia que me ha permitido empezar a comprender qué es lo que convierte a las personas en verdugos, en asesinos. Ése es el tema central de mi novela", ha dicho Littell quien, hace apenas dos semanas, ganó el gran premio de novela de la Academia Francesa.
Tres de los grandes premios literarios franceses han recaído este año en autores cuyo idioma materno no es el francés. Es el caso de Littell, como ya queda dicho, pero también de la canadiense Nancy Houston, que ha obtenido el Femina por Lignes de fuite, y el del congoleño Alain Mabanckou, quien ganó ayer el premio Renaudot. con sus Mémoires de port-épic.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 7 de noviembre de 2006
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