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martes, 25 de junio de 2013

Juan Cruz / Las mil vidas de la Rayuela infinita

Julio Cortázar, en el Pont Neuf sobre el Sena, en París. / ANTONIO GÁLVEZ

Las mil vidas de la ‘Rayuela’ infinita

La obra maestra de Cortázar cumple 50 años.

Una reedición actualiza un libro con un inagotable poder de seducción entre escritores y lectores de varias generaciones





Antes fueron Bestiario y Las armas secretas, dos libros que tuvieron una recepción muy limitada en Buenos Aires, igual que había sido limitada la aceptación del primer libro de Jorge Luis Borges. Pero aquellos dos primeros libros de Julio Cortázar le abrieron al gran escritor de Rayuela,que entonces era un muchacho todavía, las puertas de un conocimiento excepcional que marcaría su trayectoria editorial y la propia existencia de su novela más famosa. Ese editor era Francisco Porrúa, trabajaba en Minotauro, pero pronto se asoció con Sudamericana, donde Cortázar acabaría publicando esa novela hace ahora, esta semana, 50 años.

lunes, 16 de agosto de 2010

Gonzalo Melchor / Sobre Rayuela y su traducción al inglés


Gonzalo Melchor
SOBRE RAYUELA 
Y SU TRADUCCIÓN AL INGLÉS

[Los cambios introducidos por Gregory Rabassa en la traducción al inglés de Rayuela (Hopscotch), practicados en estrecha colaboración epistolar con Cortázar, no se limitan a las letras de blues y, de hecho, son tan profundas que puede hablarse de dos libros esencialmente diferentes. Puede, al menos, afirmarse que la aproximación a la novela por parte del lector angloparlante es radicalmente distinta de la de quien conoce la novela en su lengua original. El escritor y traductor español Gonzalo Melchor, que ha estudiado a fondo esta cuestión, comenta: “Aunque Rabassa es sin duda un magnífico traductor, creo que en Hopscotch la influencia de Cortázar puede haber llevado a ambos a escribir un libro distinto al original”. Evidentemente, esta observación se inserta de lleno en la antigua polémica traduttore, traditore. Ya Vladimir Nabokov escribía: “El francés de Beckett es de maestro de escuela, un francés preservado, pero en inglés uno siente la humedad de la asociación verbal y de la expansión de las raíces vivas de su prosa”. Aunque el objetivo ideal (inalcanzable, idílico) de un traductor es ser capaz de verter esa “humedad de la asociación verbal” e incluso la “expansión de las raíces vivas” de la prosa de un autor, mil capas del lenguaje —es decir de la distinta racionalidad lingüística en diferentes culturas— se interpone para cambiar las valencias incluso de la traducción que se propone ser lo más infiel posible para capturar, al final, la menor infidelidad posible al original. Presento a continuación el análisis de Gonzalo Melchor, a quien agradezco la autorización para reproducirlo aquí. (DGD)]
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Ya en el primer párrafo del cap. 1 de Rayuela se ve inmediatamente que aquí se está traduciendo, no el lenguaje y el “ser literario hispanohablante” del libro (intentando reproducir, dentro del inglés, el ritmo, la eufonía, y los sentidos inmanentes y transcendentes del original), sino la idea o historia de Rayuela —algo que un traductor sólo haría con el permiso o la colaboración del autor.
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El primer párrafo tiene tres partes: la pregunta inicial y luego dos conjuntos de oraciones separados por un punto y seguido. La pregunta “¿Encontraría a la Maga?” está perfectamente traducida: “Would I find la Maga?”. Pero ya con la siguiente oración empiezan los problemas. Por puro interés lingüístico, transcribo la traducción de Rabassa y luego ofrezco otra (“GM”) que considero más fiel:
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Cortázar: “Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua.”
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Rabassa/Cortázar: “Most of the time it was just a case of my putting in an appearance, going along the Rue de Seine to the arch leading into the Quai de Conti, and I would see her slender form against the olive-ashen light which floats along the river as she crossed back and forth on the Pont des Arts, or leaned over the iron rail looking at the water.”
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GM: “So many times, as I came along the rue de Seine, it was enough to look out through the arch leading into the Quai de Conti, and, as soon as I could make out the shapes by the olive-ashen light that floats over the river, her slender silhouette would be etched on the Pont des Arts, sometimes walking back and forth, other times standing by the iron rail, leaning over the water.”
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Conviene comentar por oraciones (con las ocho del original como guía):
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Oraciones 1-3
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“Tantas veces” (“So many times”) revela un matiz temporal importante, casi nostálgico, muy distinto al de “Casi siempre” (“Most of the time”). “Asomarse” no equivale a “put in an appearance”: esto último sería “hacer acto de presencia” o “dejarse ver”. Pero aquí me parece que la acción del narrador es más activa que pasiva —o, al menos, neutral, con una corriente sumergida de deseo: al asomarse (“look out through”), el narradorquiere encontrarse con la Maga.
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Oración 4
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Inexplicablemente, Rabassa/Cortázar (los trato como unidad) ignora o se salta una frase entera, “dejaba distinguir las formas”. En el original, la luz flota “sobre” el río, no “por” o “along the river” (no sé si la luz puede flotar así).
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Oración 5
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La atractiva “silueta delgada” se convierte en Rabassa/Cortazar en un “form” algo insípido; “etched” es controvertido, pero de cualquier manera “inscribed” sería mejor que el llano “against”.
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Oraciones 7-8
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El juego entre “a veces” y “a veces” es importante rítmicamente; “inclinada sobre el agua” (“leaning over the water”) no es lo mismo que “inclinada sobre el pretil mirando el agua” (“leaning over the iron rail looking at the water”), como lo traduce Rabassa/Cortázar; en todo caso, “leaning over the water” (“inclinada sobre el agua”) me hace abrir los ojos, no sé si porque temo que vaya a caerse, o porque intento inclinarme para ver lo que ella está viendo.
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Finalmente, en conjunto, el flujo sintáctico de la traducción de Rabassa/Cortázar crea algo de confusión: hay un momento en el que parece que la silueta de la Maga es la que está flotando sobre el río.
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Pero viene luego el segundo grupo de oraciones (que Rabassa/Cortázar convierte en dos conjuntos, con un punto y aparte muy desleal):
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Cortázar: “Y era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentífrico.”
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Rabassa/Cortázar: “It was quite natural for me to climb the steps to the bridge, go into its narrowness and over to where la Maga stood. She would smile and show no surprise, convinced as she was, the same as I, that casual meetings are apt to be just the opposite, and that people who make dates are the same kind who need lines on their writing paper, or who always squeeze up from the bottom on a tube of toothpaste.”
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GM: “And it felt so natural to cross the street, go up the steps of the bridge, enter its slender waist and approach la Maga, who smiled without surprise, convinced as I was that a random meeting was the least random thing in our lives, and that people who make fixed dates are the same who need lined paper to write each other, or who squeeze a tube of toothpaste from the bottom up.”
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Aquí las complicaciones de la traducción Rabassa/Cortázar son enormes, y la elección de vocablos a veces no tiene equivalencia alguna con el original.
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Oraciones 1-2
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Quite natural”, como comienza el pasaje de Rabassa/Cortázar, se traduciría al español como “bastante natural” o, estirándolo un poco, “muy natural”; pero el tono de voz se trastoca: suena despreocupado. Al igual que el narrador “se asoma” activamente al arco, aquí él siente que es “tan natural” (“so natural”) avanzar hacia la figura en el puente: “quite” no refleja la atracción o magnetismo que existe entre el narrador y la Maga. Otra vez Rabassa/Cortázar se come una porción de texto y de mundo narrativo (“cruzar la calle”).
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Oración 3
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El adjetivo “delgada” aparece por segunda vez, ligando esta descripción a la silueta de la Maga —un recurso (diría temático y estilístico) que no se puede omitir. La “cintura” del puente es (así me lo parece) muy metafórico en español, al igual que en inglés —el equivalente “waist” es chocante y bello (el mismo Cortázar, escribiendo en inglés, lo hubiese elegido, creo yo), y el verbo “entrar” (“enter”) hace surgir un mundo de connotaciones que entrevemos se han realizado (o se realizarán) entre el narrador y la Maga. Incluso si mi lectura es un poco arrojada, “narrowness” es un sustantivo terriblemente frío y abstracto (casi geométrico), y no capta ninguna de las connotaciones físicas y sensuales de la escena.
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Oración 4
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Esta oración es la que llevaría a cualquier traductor a echarse las manos a la cabeza: ¡cómo pudo hacer Rabassa/Cortázar esto con su propio texto! Emplear el adjetivo inglés “casual” como traducción del español “casual” es temerario, ya que la acepción primaria de “casual” corresponde a “informal”, “ocasional” o “despreocupado”; es un famoso “false friend” o “falso amigo” entre el español y el inglés, y no se puede entender que Rabassa/Cortázar cometiera este desliz.
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Igual de inexplicable es que Rabassa/Cortázar suprima la frase “lo menos casual en nuestras vidas”, dado que la casualidad (el azar,chancerandomness, pero no casualness o la informalidad) jugará un papel temático importantísimo en el libro.
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Oración 5
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No es a la gente que se da citas (“people who make dates”) —¿quién no se cita con otras personas?—, sino la gente que da “citas precisas” (“fixed dates”), a la que el narrador se refiere.
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El verbo reflexivo “escribirse” es clave si la Maga y el narrador mantienen una relación que no es simplemente ocasional o “casual”.
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Lined paper” existe en inglés, al igual que el “papel rayado” en español.
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Creo que la frase final (con esa imagen tan buena del tubo de dentífrico) puede traducirse con una eufonía más redonda.
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Pero mi propia versión, como puede verse, presenta dudas:
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—“convinced as I was” es ambiguo, y se podría leer como si sólo el narrador (y no la Maga) estuviese convencido; quizás otra opción, menos elegante, sería “both of us convinced that”;
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—“random meeting” debería ser, propiamente, “chance meeting”, pero entonces se pierde la repetición del vocablo —es una elección difícil pero, en mi opinión, la ganancia estilística con “random” justifica la pequeña pérdida semántica/idiomática;
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—tras otra lectura, el segundo grupo de oraciones sí parece ser bastante largo, y quizás Rabassa/Cortázar tomó la decisión acertada al cortar el grupo en dos con el punto y seguido, etcétera.
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Al final, todo es debatible. Sólo quería subrayar el hecho de que se pierde mucha riqueza en la traducción al inglés de esta novela. Aunque lo curioso es que decir eso es injusto, ya que el mismo Cortázar autorizó el hecho.
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[Siendo el propio Cortázar un traductor consciente de la “humedad de la asociación verbal” que siempre privilegió en sus versiones la “expansión de las raíces vivas” de la prosa de otros autores, no podía ignorar estas pérdidas. La única explicación posible es que no quiso o no pudo revisar a fondo cada línea (con excepción de los puntos que Cortázar y Rabassa discutieron en las cartas que se conservan) y que en general confió en el criterio de Rabassa para transmitir “lo menos infielmente posible” la riqueza de las atmósferas verbales de Rayuela. (DGD)]

4 DE JULIO DE 2010
http://danielgonzalezduenas.blogspot.com/2010/07/un-texto-de-gonzalo-melchor-sobre.html



miércoles, 11 de agosto de 2010

Daniel González Dueñas / El carpetazo a Rayuela

Daniel González Dueñas
EL CARPETAZO A RAYUELA


¿Cuántas veces, a lo largo de las décadas, se ha dicho que “dan el ‘carpetazo’ a Rayuela” ciertas novelas que hacen ruido fugaz y luego se olvidan? Esa expresión, “dar el carpetazo”, significa que por fin la novela de Cortázar se ha dejado atrás, que ha sido “superada”, que ya no es significativa en el terreno de las vanguardias, que ha sido desbancada de su sitio y, finalmente, que se ha detenido su influencia, como en una suerte de venganza, de ulterior culminación de una espera angustiosa. ¿Cuántas veces la carpeta se ha cerrado con el gesto de un entierro, de una eliminación, de un rencor por fin saciado? Y ¿por qué el “superar” a Rayuela se ha vuelto parte del destino manifiesto de numerosos escritores? ¿En qué sentido se dice a cada tanto que Rayuela ha envejecido o ha sido superada por fin?
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La idea de la literatura como competencia es gemela a cualquiera otra idea occidental: los individuos son entrenados para competir entre sí y “distinguirse” —distinguirse, precisamente, a través de la habilidad por medio de la cual compiten. En el lenguaje cotidiano abundan expresiones de esta mentalidad; así, se dice “competente” como sinónimo de “hábil” o “capacitado”.
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En un mundo que se basa en ese paradigma, no resulta difícil entender por qué la literatura es virtualmente concebida como competencia entre escritores. Nos parece lo más “natural” asistir a la contienda literaria lo mismo que a un torneo atlético. Las Olimpiadas tienen la más alta consideración como muestrario internacional de “excelencia física”; del mismo modo asistimos día con día a las olimpiadas literarias. Unos libros superan a otros y la “juventud” de unos depende del “envejecimiento” de otros. Como diría Charles Fort, si no hay exclusión, no hay inclusión.
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Se llama “clásicos” a los autores que se han retirado luego de presentar una lucha ejemplar, una competencia modélica. Son aquellos a quienes se homenajea convirtiéndolos en bustos que adornan las pistas en donde compiten los más capaces, es decir los que han llegado más lejos en su desesperada búsqueda de “superar a los demás”. La mera presencia de los bustos en el “salón de la fama” condiciona las vocaciones y ambiciones de los que “vienen detrás”. Porque el tiempo mismo se concibe como la gran carrera, la más tremenda de las competencias. Todos están “en carrera contra el tiempo” y anhelan el podio de los vencedores coronados con laureles; nadie ignora que, por cada coronación, quedan “detrás” (o más bien, debajo) multitudes enteras de competidores anónimos que no lograron siquiera llegar a las Olimpiadas, ya no se diga a los lugares subsidiarios al del “ganador”. Sin embargo, esa certeza no impide, sino fomenta, el acto social por excelencia al que Antonio Porchia denunció con todas sus letras: “A veces pienso en ganar altura, pero no escalando hombres”.
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También tiene injerencia la idea del parricidio, a la que Octavio Paz llamó “la tradición de la ruptura” (un término que si no se entiende a fondo parece apostar por el más conservador de los determinismos modulares). Resulta “tradicional”, pues, que el hijo se vuelva contra el padre; en otros términos, que toda vanguardia significativa se convierta a su vez en tradición y sea, por tanto, “rota” por la siguiente. Toda modernidad se vuelve contra los clásicos desde el momento en que los convierte en bustos, es decir, metafóricamente los rompe y sólo rescata de sus cuerpos la cabeza y un poco más (los bustos suelen “cortarse” en la línea del corazón): son sus ideas las que nos interesa rescatar, y por ello los volvemos ideas. La ruptura es, pues, “tradicional”, es decir, previsible y hasta necesaria: forma parte del proceso ineludible no por otra cosa llamado “tradición”. (La suprema humillación de ver a alguien ganar altura usándonos como escalones se vuelve incentivo: la sed de venganza nos vuelve más fríos y resueltos escaladores de hombres. El “apto” sobrevive; el más apto alcanza la inmortalidad.)
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Tradicionalmente, pues, se volverá a cada tanto a hablar de Rayuela con cualquier pretexto y, luego de “reconocer sus valores”, se procederá a decretarla “envejecida” para que rejuvenezca automáticamente todo aquel que enuncia el decreto. También se la llamará “superada” para que la tradición, ineludiblemente predatoria, fragmentaria, parricida y competitiva hasta la antropofagia, sea al menos tolerable en cuanto el hijo que mata sabe que a su tiempo será matado por su propia descendencia. Es, de hecho, la única forma que tiene para eludir la penosa conciencia sobre su propio destino: la fuerza invertida en el parricidio será duplicada cuando el parricida tenga hijos y ellos a su vez cumplan su destino ineludible. Es casi como si el parricida estuviera diciendo a su descendencia: “Me matarás pero, si me matas bien y haces escuela, tal como lo hice yo, serás matado con una saña mucho mayor a aquella con la que me matas”. Máxima venganza: quien logra llevar a cabo el parricidio de manera “excelente”, convierte a sus futuros detractores en bufones cumpliendo papeles estereotipados, fatales y ridículos.
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Rayuela fue la inusitada vanguardia compuesta por un solo libro que “movió el piso” a los demás vanguardistas del momento y les mostró, por comparación, la debilidad y precariedad de sus propuestas, a las que ellos consideraban poderosas y arriesgadas. En este sentido, Rayuela se salió del “destino inamovible”: su parricidio fue una incorporación más que un degüello, y en todo caso su gran logro (lo que en el fondo no le han perdonado las generaciones subsiguientes) fue no usar a la vanguardia como un enésimo apoyo a la “tradición”; no hacer de la revuelta contra el poder una forma de perduración de ese poder; tomar de la tradición no lo que tenía de previsible y manipulado para renovar tradicionalmente los medios de prever y manipular, sino introducir la duda en cada uno de sus elementos, y hasta en el modo usual de dudar. Rayuela dejó de ser tradición en ese sentido “tradicional”. A la vez, reveló, por una vez, la verdadera tradición: la del ser humano que busca salidas más allá de las contradictorias y asfixiantes imposibilidades que él mismo ha inventado para no permitirse buscar demasiado lejos.

5 DE JUNIO DE 2010
http://danielgonzalezduenas.blogspot.com/2010/06/el-carpetazo-rayuela.html


sábado, 10 de enero de 2009

Cortázar / Rayuela / Tapas


Julio Cortázar
TAPAS
Rayuela













Edición en inglés, 1967

Edición en italiano, 1969


'O Jôgo da Amarelinha' (Rayuela), de Julio Cortázar, edición en portugués de 1970

Edición en gallego

Edición en coreano

Edición en ruso

Edición en hebrero

Edición en turco

Edición en polaco
Edición en japonés, 1978

Edición en francés, 1979

Edición en alemán, 1981

Edición en neerlandés, 1996
Edición en rumano, 1998

Edición en búlgaro

Edición en japonés

Edición en húngaro

Edición croata, 2009

Edición  conmemorativa, 2013