
Esta no soy yo
Tusquets, 2014
320 páginas. 20,90 euros


Como con todo fenómeno de éxito, con Sally Rooney sucede que las expectativas condicionan nuestra lectura. Así, en el caso de que ustedes busquen en ella una renovación para la novela del siglo XXI, me temo que no encontrarán tal cosa. De ahí, supongo, las bofetadas que han recibido sus libros por parte de no pocas voces críticas. Ahora bien, Rooney es una buena narradora, aseada (sé que suena a sarcasmo malvado, pero esa no es la intención: busco rebajar las dichosas expectativas, no tumbar a una autora), atenta al detalle. Y es cierto que sus obras son un buen observatorio de la contemporaneidad, con un acento generacional muy marcado.
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| Sara Mesa |
Nadal Suau
14 de septiembre de 2022
La familia es al cien por cien “un libro de Sara Mesa” (Madrid, 1976), aunque desde un lugar casi-otro que los anteriores, o quizás desde un ángulo ligeramente distinto. He aquí su talento de siempre para lograr que las atmósferas cotidianas engendren serpientes y que el tono lacónico anuncie fuego, aunque las unas y el otro acaben por revelarse como sucesivas formas (más soterradas) de la misma cotidianidad miserable, secreta, impronunciable.

La famila
Sara Mesa
Anagrama, 2022. 232 páginas. 18,90 €
He aquí los huecos y vacíos, la observación seca de situaciones ambivalentes, los diálogos fatales; todo lo que convierte a Mesa en una narradora cada vez más singular. Simultáneamente, la constelación de personajes se adensa y amplifica gracias al empeño por registrar cada rincón de la familia aludida en el título; las escenografías, aun escuetas, significan más que nunca; la trama lineal desemboca en retablo de perspectivas y evocaciones; y en la textura de su prosa medio sfumata medio metódica, cierta exactitud forense converge con el andar a tientas de la memoria. Una paradoja difícil de lograr, incómoda e hipnótica de leer. En fin: una novela buenísima.
Y luego, claro, a algunos nos ocurre lo siguiente: los miedos y máscaras de este padre, esta madre y estos hijos nos apelan de un modo tan íntimo que asusta. Pero no a causa de una jugada sentimental por parte de la autora, sino al contrario: debido a lo inextricable de los claroscuros que les atribuye, esos que compartimos pese a nuestra incapacidad de nombrarlos.
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| Sara Mesa |
Llevo casi una década comentando con los lectores las listas de lo mejor del año que elabora El Cultural, y en este tiempo me he divertido muchísimo buceando en los contrastes que se revelaban entre mis propias opiniones, las ajenas, el stablishment y las modas emergentes, la edición industrial y la artesanal, las agendas sociopolíticas y el devenir estilístico de la literatura, etc. Quiero decir que estos balances, con sus limitaciones, siempre regalan una oportunidad de comprender cuál es el panorama en el que nos movemos, quiénes somos en tanto que país lector: uno cargado de miserias, sí, pero también de intersticios por lo que se cuelan poderosas señales de vida…