Fotografía de Adriana LestidoMadre e hija de Plaza de Mayo, 1982
"La hice a la semana de entrar al diario 'La Voz', mi primer trabajo como reportera. El día anterior me habían robado los lentes en una protesta vecinal en Lanús, una zona del conurbano bonaerense, que fue duramente reprimida; solo me había quedado el lente normal. Es una Madre de Plaza de Mayo atípica, que no pide por su hijo. Siempre pensé que pedía por su hombre ausente, y que la nena que está con ella pedía por su padre. Pude contactar con ella recién el año pasado, después de 30 años, y entonces supe que el desaparecido es su hermano, no su marido. De todas formas, viéndola en perspectiva, creo que es la imagen fundante de todo mi trabajo, de todo lo que vino después. Me la pasé mirando mujeres, pero lo que atraviesa todo lo que hice es la ausencia del hombre".
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Adriana Lestido
Maneras de ver lo que no está
Separación y ausencia son dos temas clave en la obra y la vida de Adriana Lestido
De la calle a la intimidad, un libro recoge el trabajo de la fotógrafa argentina
LEILA GUERRIERO Buenos Aires 11 MAY 2013 - 00:15 CET
'Autorretrato' (Buenos Aires, 1995). / ADRIANA LESTIDO
Es algún día de 1982 y todavía gobierna el país la dictadura militar que ha comenzado en 1976. La fotógrafa argentina Adriana Lestido tiene, por entonces, 27 años, dos semanas de experiencia como fotoperiodista, y cubre, en un suburbio de la ciudad de Buenos Aires y para el periódico en el que trabaja, una manifestación de las Madres de Plaza de Mayo que reclaman por familiares desaparecidos. Ahora, en medio de la multitud, se ha quedado galvanizada frente a una nena de seis o siete años que lleva la cabeza cubierta por un pañuelo blanco anudado bajo el mentón, tomada de la mano de una mujer joven que lleva, también, la cabeza cubierta por un pañuelo blanco: el símbolo de las Madres de Plaza de Mayo. La nena llora y decenas de fotógrafos, atraídos por la potencia de la imagen, disparan. Pero Adriana Lestido no. No puede: le da pudor. Después de un rato, cuando los fotógrafos se van, ella se queda por ahí, rondando como quien no mira. Y, de pronto, la mujer alza a la nena, la calza sobre su cadera, levanta el puño y grita. Y la nena reproduce, con exactitud perturbadora, el gesto adulto: levanta el puño, grita. Adriana Lestido hace, entonces, lo que tiene que hacer: dispara. Al día siguiente la foto —la mujer, la nena— aparece en la portada del periódico.