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jueves, 11 de junio de 2026

Julian Barnes, el más audaz de la manada






El escritor Julian Barnes, en una imagen de archivo ABC

PREMIO PRINCESA DE ASTURIAS DE LAS LETRAS

JULIAN BARNES, 

EL MÁS AUDAZ


DE SU CAMADA

 LITERARIA

«El premio para todo lector siempre fue Julian Barnes 

y ahora al autor se lo ha ganado el Princesa de Asturias»



Rodrigo Fresán
10 dd junio de 2026

Títulos tan perfecta y prolijamente insertados dentro de la tradición británica como 'Metroland' (la novela generacional y de iniciación), el díptico 'Hablando del asunto' y 'Amor, etcétera' (la novela de parejas disfuncionales), 'Inglaterra, Inglaterra' (la novela satírica), 'Arthur & George' y 'El ruido del tiempo' (la novela histórica), 'El puercoespín' (la novela «extranjera» y alegórica) o la crepuscular y ganadora del Booker 'El sentido de un final' y 'La única historia' o 'Mirando al sol' (la novela íntimo-modernista à la Ford Madox Ford y E. M. Forster), hacen olvidar a menudo que Julian Barnes seguramente sea el autor más audaz en lo formal dentro de su camada literaria.

martes, 11 de octubre de 2022

Marlon James, a quemarropa


Marlon James


Marlon James, a quemarropa

BIOGRAPHY


Marlon James lo ha aprendido todo de los mejores (Faulkner, Ellroy), y eso se nota. No es extraño que su consagración haya llegado con «Breve historia de siete asesinatos»


RODRIGO FRESÁN
19 de mayo de 2016

 

Esto es verdad: el 3 de diciembre de 1976 –dos días antes de que tuviese lugar y sonido el festival Smile Jamaica– una banda de pistoleros entró en la casa de Bob Marley y abrió fuego contra el rey del «reggae», su esposa y su mánager. Hubo heridos, no hubo muertos, y se habló de que el motivo fue por cuestiones políticas . Cuarenta y ocho horas después, Marley cantó aquello de « I Shot the Sheriff » frente a ochenta mil fans. Enseguida, por las dudas, se autoexilió durante un par de años en Londres.

Cuatro décadas después de todo eso llega a España esta novela nada breve, cuyo punto de partida es ese turbio y nunca del todo aclarado incidente . Novela que ha significado la consagración internacional de Marlon James (Kingston, Jamaica, 1970), hijo de abogado e inspectora de policía y autor de dos títulos anteriores muy elogiados: «John Crow’s Devil» (rechazado por setenta editoriales antes de ser aceptado) y «The Book of Night Women».


Marlon James

Las zonas oscuras

El entusiasmo está justificado y la buena y justa noticia es que « Breve historia de siete asesinatos » ganó el último premio Booker. La mala e injusta noticia es que « Perfidia », de James Ellroy , publicada también en 2014, ni siquiera figuró en la «long list» del galardón. Problemas de ser considerado por el «establishment» apenas un escritor de género «noir» .

Porque –más allá de sus méritos más que obvios e incuestionables y aunque el autor señale a «Mientras agonizo», de William Faulkner , como antecedente– James le debe mucho a Ellroy y a su frenético método polifónico para compaginar lo público con lo privado, la verificado con el rumor, lo conspirativo con lo paranoide, y la manera en que las zonas oscuras de la Historia pueden resultar en luminoso territorio donde cultivar y fumarse adictivas ficciones mientras se dispara al aire y a quemarropa 


.

Bob Marley, cuya figura es invocada como si se tratase de un dios omnipresente, es una sombra primaria sobre un poderoso reparto coral

Más allá de todo lo anterior, lo interesante aquí es la astucia y la inteligencia con la que James se despega de los facilismos pintorescos y «folk» a los que suelen aferrarse los escritores caribeños (a James no le preocupa tanto la ya demasiado documentada influencia británica sino las corrientes más subterráneas que llegan a Jamaica desde Estados Unidos) para optar por una mirada tan visionaria como alucinatoria que lo acerca a otros especialistas en violencias y en violentos como V. S. Naipaul, Robert Stone, Don DeLillo Denis Johnson .

La droga «du jour» es la letificante marihuana, sí; pero en más de un momento parece que se han repartido cargamentos de cocaína, de esa que te hace hablar sin parar, procedente de los Laboratorios Elmore Leonard Quentin Tarantino . Y, sí, «Breve historia…» –tan «The Wire» y tan Oliver Stone – ya está siendo adaptada para la HBO por el propio James mientras avanza en el manuscrito de « un “Juego de tronos” negro que transcurre entre los oscuros imperios africanos contemporáneos y la Edad Media europea ».

Sin rumbo fijo

Mientras tanto y hasta entonces, más próximo pero igual de mítico, James viaja sin rumbo fijo ( por momentos todo parece a punto de descarrilar en un exceso que, aunque pueda llegar a agobiar o confundir a un lector acostumbrado al más esquemático en estas lides Don Winslow , no es otro que el del excesivo entorno que describe) y se escuda, ya de entrada, en el epígrafe de un proverbio local: «Si no va así, anda muy cerca».

Y, sí, todo anda y suena marcando el ritmo firme pero sinuoso del «reggae». Y Marley (su nombre no aparece en toda la novela y su figura invocada, como si se tratase de un dios omnipresente, es la de «El Cantante») es una sombra primaria sobre un poderoso reparto coral de trece testigos principales y una avalancha de unos sesenta declarantes secundarios más o menos fiables. Entre ellos, los sicarios con pretensiones de samuráis que entran al santuario del clan Marley y a los que James dota de dicción espasmódica y nombres que van de la onomatopeya al dibujo animado pasando por el «western»: Bam-Bam, Josey Wales, Llorón, Demus, Heckle, Funky Chicken y algún otro. «I Shot the Singer», sí; y siete de ellos y unos cuantos más no van a llegar vivos al final del libro , dos décadas después de los disparos de salida, en una Nueva York que es una jungla.

La sensación es la de ser arrasado por un huracán de rastas y restos hacia un agujero negrísimo

Pero antes del definitivo recuento de cuerpos, todos ellos van a dar mucho de sí. Y a hablar demasiado mientras se les suman capos mafiosos, agentes de la CIA, periodistas de «Rolling Stone» (uno inspirado en el ahora director de cine Cameron Crowe ), políticos corruptos, contratistas de mano de obra para el cártel de Medellín, adictos, «groupies», un especialista en explosivos cubano, chicas en fuga, detectives salvajes y hasta un muerto comentando desde la tumba. Todos pasando de un inglés internacional a un «patois» jamaicano ( la decisión editorial de intentar reflejar esto cubanizando la traducción de Javier Calvo con los aportes de Wendy Guerra es tan arbitraria como irreprochable ).

La sensación es la de ser arrasado por un huracán de rastas y restos hacia un agujero negrísimo que –inventado por James sobre las calles verdaderas de Tivoli Gardens– se llama Copenhagen City y que no es otra cosa que la versión alternativa de esos guetos/suburbios de las afueras de Kingston con nombres como Tel Aviv, Gaza, Spain y Angola. Nombres lejanos importados e injertados en una geografía que no tiene mucho que ver con la original, a no ser en las marcas y calibres de esas armas a las que nunca se les dice adiós porque siempre te están diciendo hola mientras alguien te canta y te ordena aquello de « Get Up, Stand Up ».

Y más te vale obedecer mientras, en algún bajo fondo de L. A., el demoníaco James Ellroy ladra y muerde.


«Breve historia de siete asesinatos». Marlon James

Narrativa. Trad. de Javier Calvo (y Wendy Guerra). Malpaso, 2016. 25 euros

ABC



lunes, 3 de octubre de 2022

John Banville / "Escribir es un trabajo de temer, sudar y gemir"

 

John Banville


JOHN BANVILLE Los otros territorios literarios

"Escribir es un trabajo de temer, sudar y gemir"



Rodrigo Fresán
19 de diciembre de 2006

Cuando el año pasado subió a un estrado de Londres para recoger su Premio Booker por la novela El mar, las primeras palabras del "agradecimiento" de John Banville (Wexford, Irlanda, 1945) fueron: "Es bueno ver que una obra de arte ha sido reconocida". Muchos aplaudieron y algunos guardaron un silencio escandalizado. Y es que el magistral Banville -y sus formidables novelas que combinan lo mejor de Nabokov y Beckett con destellos criminales y en las que, casi siempre, un narrador poco confiable confiesa la culpa de un secreto o el secreto de una culpa perdiéndose y encontrándose por los pasillos de la memoria- no es un autor cómodo o complaciente. Así, hasta el éxito de El mar (Anagrama) -para muchos su libro más "sencillo"- el autor de El libro de las pruebas (1989), El intocable (1997), Eclipse (2000) e Imposturas (2002), entre otras, fue eso que, para bien o para mal, se conoce bajo el noble estigma de "escritor de escritores".

"Los escritores no somos otra cosa que bebés enormes, sentados en nuestras habitaciones, jugando a nuestros juegos mientras el gran mundo acontece en otra parte"

PREGUNTA. ¿Molesta esa suerte de "letra escarlata"?


RESPUESTA. "Escritor de escritores" es una desafortunada etiqueta que me han colgado del cuello o, mejor dicho, atado a mi cola, como una lata a un gato. Supongo que es lo que los críticos cansados dicen cuando no tienen tiempo para digerir un libro antes de reseñarlo. En lo que a los escritores como especie se refiere, diré que me aburren profundamente. Quiero decir que su compañía me resulta aburrida y, seguro, ellos piensan lo mismo de mí. En lo que hace a la variedad irlandesa, somos iguales que en cualquier otra parte: obsesivos, resentidos, celosos hasta la enfermedad y siempre pobres.


P. ¿Y un premio importante cambia algo de eso?


R. El Booker da miedo de tan influyente. Ganarlo es algo maravilloso, desde el punto de vista comercial, para todo escritor. Pero terrible para los que lo pierden. En lo personal, como escritor, no te cambia en nada salvo que tu banquero deja de tener pesadillas contigo. El Nobel no estaría mal en cuanto a lo económico, pero uno debería tener la opción de permanecer anónimo, como los que ganan la lotería. ¿Por qué ganó El mar y no El libro de las pruebas, que también fue finalista; o El intocable, para mí un típico "libro Booker"? Bueno, a la hora de la verdad todo es puro azar combinado con una gota de venenosa politiquería cultural, supongo.


P. A esta altura de su carrera, ¿qué piensa de un panorama editorial donde se busca con desesperación y se pagan sumas millonarias por primeras novelas y donde los escritores que entienden la literatura como "carrera de fondo" tienen cada vez menos chances de llegar a la meta?


R. Lo cierto es que no puedo responderlo. No tengo mucha idea de lo que sucede allí fuera. El mundo del libro siempre ha sido un lugar difícil poblado por ángeles y por seres poco angélicos. Yo me he preocupado en hacer lo mío sin esperar demasiado. La escritura siempre ha sido un trabajo de temer, sudar y gemir buscando el sitio exacto donde ubicar la palabra justa. El que varios de mis libros estén organizados en secuencias quizá tenga que ver con eso, con la triste esperanza de querer hacerlo mejor, de acercarme un poco más cada vez... Los escritores podemos escribir con gran sabiduría acerca de la vida, pero no somos muy buenos para vivir la realidad. Los artistas no somos otra cosa que bebés enormes, sentados en nuestras habitaciones, jugando a nuestros juegos mientras el gran mundo acontece en otra parte.


P. ¿Y está al tanto de lo que se escribe en otra parte?


R. Si se refiere a la literatura en español, me avergüenza confesar que estoy muy mal informado. Pero también estoy poco al tanto de los contemporáneos en mi propio idioma. He leído a Roberto Bolaño, espero que se traduzcan más libros suyos, pero ya puedo afirmar que se trata de un grande. Borges, en cambio, ha dejado de ser para mí la figura que fue en los sesenta y setenta. Me temo que estoy de acuerdo con Nabokov cuando dijo que Borges nos parece en principio una maravillosa mansión pero acaba siendo tan sólo un vistoso pórtico.


P. Semanas atrás usted ha publicado su primer libro bajo el seudónimo de Benjamin Black: el policial Christine Falls (que publicará Alfaguara), primero de varios thrillers protagonizados por el patólogo Quirke. Una de las diferencias fundamentales es que ha dejado de lado su característica primera persona narradora. ¿Pero por qué la súbita necesidad de ser otro?


R. Esa primera persona -o última persona, según Beckett- es algo que arrastro desde mediados de los años ochenta y que, me parece, ahora voy dejando dirigiéndome hacia una luz al final del túnel. Christine Falls era, en realidad, un guión de televisión que no fue producido y que convertí en novela. No estaría mal que Benjamín Black ganase el Booker, ja, ja. Quirke surge de los romance durs -no los Maigret- de Simenon. Los leí por primera vez no hace mucho y me impresionó lo que conseguía con un estilo tan simple y una narración tan directa.


P. ¿El estilo es rey y la trama soldado raso? ¿O viceversa?


R. El estilo avanza dando triunfales zancadas, la trama camina detrás arrastrando los pies.


John Banville ha publicado en España El libro de las pruebas (Anagrama), Eclipse (Anagrama), Copérnico (Edhasa), Kepler (Edhasa), Imposturas (Anagrama), El mar (Anagrama).


EL PAÍS



martes, 12 de enero de 2021

Rodrigo Fresán / The Paris Review


The Paris Review es una fiesta
Por Rodrigo Fresán
Letras Libres, noviembre de 2004

"No está nada mal cumplir cincuenta años junto al descubrimiento del ADN y la galletita marca Oreo", sonrió George Plimpton el año pasado durante los festejos por el medio siglo de The Paris Review. El neoperiodista, novelista, habitual cameo (apareció tanto en Lawrence de Arabia como en un episodio de Los Simpson), alguna vez pitcher de beisbol, golfista curtido, biógrafo oral de Edie Sedgwick y Truman Capote e insuperable relaciones públicas, Plimpton —uno de los miembros fundadores y bohemios en la Ciudad Luz, junto a William Styron y Peter Matthiessen entre otros, de esta ya legendaria publicación trimestral con un tiraje de diez mil ejemplares, a menudo en problemas financieros y rescatada del cierre por un hijo del Aga Kahn— murió poco después. Murió mientras dormía en el piso alto de la misma casa donde se edita la revista, con la tinta todavía fresca en el sustancioso contrato de su muy esperada autobiografía, pero habiendo dejado a punto un contundente volumen celebratorio donde se destilan cinco décadas de esta revista con formato de libro que suele recibir veinte mil manuscritos originales al año con ganas de salir del cajón de los inéditos. Cuatro editoriales lucharon a brazo partido y cheque entero por el monstruo de más de setecientas páginas y finalmente se lo quedó Picador. El libro salió a la venta el año pasado con un título tan largo como apropiado. Aquí viene, tomen aire, lean: The Paris Review Book of Heartbreak, Madness, Sex, Love, Betrayal, Outsiders, Intoxication, War, Whimsy, Horrors, God, Death, Dinner, Baseball, Travels, the Art of Writing, and Everything Else in the World Since 1953. Y aquí lo tengo, desde hace meses junto a mi cama. Inagotable y perfecto para consumir en dosis homeopáticas. Un libro que es lo más parecido a la portada de Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band. Están todos los que tienen que estar —vivos y muertos e inmortales—, representados en relatos, poemas y fragmentos cuasi aforísticos de entrevistas: Faulkner, Nabokov, Hemingway, Auden, Borges, Cheever, Capote, Mailer, Márquez, Munro, Roth, Irving, Paley, Pinter, Naipaul, Updike, Erdrich, Franzen, Levi, Sontag, Lethem, Moody, McEwan. Y claro que alguien extrañará a alguien. Pero ésa es la función secreta de las antologías: generar oscuros dobles fondos, luminosa antimateria, nuevas antologías fantasmas donde se reúnen los que faltaron a la cita y los que no fueron invitados.

miércoles, 16 de septiembre de 2020

Tolstói al ataque y atacado (de nuevo)

La Guerra y la Paz: una mirada desde el presente a la obra de Tolstói

Tolstói al ataque y atacado (de nuevo)


Rodrigo Fresán
14 de junio de 2016

Lev Nikoláievich Tolstói (1828-1910) vuelve a presentar batalla sin haber dejado de estar en el frente y en primera línea de combate. Una reciente encuesta entre compatriotas lectores volvió a colocarlo en lo más alto (seguido de Dostoievski, Chéjov y Pushkin), revelando que la actual autoconcepción de la literatura rusa es más bien clásica-vintage-retro. El resto de la lista (donde no hay ni una mujer como las ahora de moda Ulítskaya o Alexiévich) se completa con los nombres de Gógol, Shólojov, Bulgákov, Turguéniev, Gorki y Lérmontov. Tampoco nadie vivo y peleando aquí y ahora, ningún rarito y moderno for export como Pelevin o Sorokin o comprometido y denunciante con la actualidad (como Shishkin). Y está claro que a aquel que mejor supo fundir tradición con vanguardia (un tal Vladimir Nabokov) aún no le perdonan aquello de “soy un escritor norteamericano nacido en Rusia”.

martes, 7 de abril de 2020

Anne Tyler / Propios y extraños / Reseña de Rodrigo Fresán


Anne Tyler

Vidas adoptadas

Rodrigo Fresán
10 de febrero de 2007

Anne Tyler ha escrito una sátira sobre el casi siempre forzado mundo de la corrección política en Estados Unidos y su multiculturalidad a través de una historia muy doméstica
En una entrevista, a una pregunta acerca de cuál era su escritor de literatura popular y/o best sellers favorito, John Updike respondió así: "Yo leo a Anne Tyler. ¿Es ella el tipo de novelista al que se refieren, no?". La respuesta de Updike era tan ingenua como maliciosa porque, de acuerdo, esta autora vende mucho en su país pero, para el autor de Corre, Conejo, también es lo que, se supone, debería ser toda firma de éxito: alguien con buena prosa, excelentes tramas y un perfecto dominio de técnica y estructura novelesca. Aclarado esto, no hace falta decir que, por lo general, quienes suelen coronar las listas de ventas de cualquier país del mundo no acostumbran a tener y gozar del nivel de Tyler (Mineápolis, 1941) y que probablemente nunca lo tengan.

martes, 29 de octubre de 2019

Lucian Freud / Posar


POSAR

Por Rodrigo Fresán
Desde Barcelona
26 de julio de 2011
UNO 
El retrato es a la pintura lo que todas esas historias based on a true story son al cine. Con una atendible diferencia: el celuloide y la pantalla suelen desteñir al modelo. Mientras que el óleo y el lienzo –si hay talento de por medio– no sólo enaltecen el original sino que también lo inmortalizan. Para decirlo de otra manera: poco y nada me importa a mí quién fue –hombre o mujer– el modelo para La Gioconda. Me importa, sí, la sonrisa. Y la sonrisa es la de Leonardo. Aclarado esto, sorprende el poco material ensayístico que hay sobre la naturaleza del modelo y del posar. Abundan, en cambio, relatos y novelas (por lo general relacionados con lo fantástico o lo criminal) donde los cuadros ejercen un a menudo fatal influjo sobre quienes los posan o los contemplan. Bram Stoker y H. P. Lovecraft y E. A. Poe, Henry James y Oscar Wilde, Steven Millhauser y la serie televisiva Night Gallery. Pero no recuerdo no-ficción que se ocupe exclusivamente de lo que siente un modelo mientras posa para que el artista se pose sobre él y lo cree, para que después todos puedan creer en él.

DOS 
De ahí que hace ya unos meses no dudase en comprarme el libro Man with a Blue Scarf: On Sitting for a Portrait by Lucian Freud de Martin Gayford (Thames & Hudson, 2010). Lucian Freud es, se sabe, el titán que acaba de partir. Martin Gayford fue crítico de arte y de jazz para The Spectator y The Sunday Telegraph y en la actualidad escribe en Bloomberg News. Gayford también –y por encima de todo– es desde 2003 un cuadro de Lucian Freud titulado Hombre con bufanda azul. Y es por eso que será recordado de aquí a la eternidad. Hombres y mujeres se detendrán frente a él, se preguntarán quién habrá sido. Pero enseguida se dirán –como me sucede a mí con La Gioconda– que eso no es lo que importa, que lo que importa no es quién fue sino en qué se convirtió.

domingo, 2 de diciembre de 2018

James Salter / Todo lo que sé




James Salter
Poster de T.A.

James Salter 





Todo lo que sé
Hombre de acción, piloto de la fuerza aérea, escritor de culto de otros escritores, guionista y director de Hollywood, en 2015 James Salter dio tres conferencias en la Universidad de Virginia a los ochenta y nueve años, pocos meses antes de morir. Ahora esos tres textos llenos de evocación sincera sobre el propio aprendizaje en la escritura, las lecturas y los tropiezos del amateur, se publican en castellano. Breve y luminoso, El arte de la ficción permite, más que asistir a un cierre, una puerta de entrada a la obra de un escritor norteamericano muy influyente a partir de mediados de los años 70, y paradójicamente secreto.

Rodrigo Fresán
28 de julio de 2018


A esta altura, la historia real de James Salter (New Jersey 1925-2015) ya es muy bien conocida por todos aquellos a los que les interesan las verdaderas buenas ficciones. De hecho, el propio Salter la narró en una ardiente memoir de 1997 titulada Quemar los días: hombre de acción y piloto de caza hemingwayano (a propósito de la Fuerza Aérea escribió que “yo me la comí y me la bebí, estuve a su lado sin considerar el día o el clima, recité su discurso infinito, le entregué mi corazón”), posterior bon vivant fitzgeraldista (moviéndose entre Manhattan y las grandes capitales europeas y sets de filmación como guionista con un aire entre Paul Newmann y Don Draper), y celebrado “escritor de escritores” por nombres que incluyen los de Graham Greene, Susan Sontag, Richard Ford, John Irving, Julian Barnes, Michael Ondaatje, Joseph Heller, Harold Bloom y todo aquel más o menos preocupado por comprender el misterio y el don de la construcción de frases perfectas sin por eso dejar de indignarse por su privilegio/estigma de ser “el más secreto de los escritores secretos”. Por el camino, obras maestras como Juego y distracción, Años luz, los cuentos perfectos de Anochecer y La última noche (reunidos en inglés con prólogo de John Banville con quien Salter compitió cabeza a cabeza por el premio Príncipe de Asturias de 2014) y la despedida triunfal con esa extraña a la vez que clásica –y hoy, seguro, para muchas y muchos, demasiado “masculinista”– novela de título tan honesto como transparente, tan humilde como soberbio: Todo lo que hay.

lunes, 9 de julio de 2018

Shirley Hazzard / El gran incendio / El extranjero

Shirley Hazzard


 EL EXTRANJERO

Shirley Hazzard
The Great Fire
Farrar, Straus & Giroux
Nueva York, 2003
278 págs.
Por Rodrigo Fresán

“Una de las razones por las que los hombres van a la guerra es porque la guerra parece simplificarlo todo. La paz nos obliga a inventarnos nuestro futuro yo”, reflexiona Aldred Leith en las primeras páginas de The Great Fire, ya desde su mismo y extraño nombre, un héroe a la antigua en una de esas novelas que ya no se escriben. Esto, claro, no le importa en absoluto a la escritora australiana Shirley Hazzard quien –luego de haber publicado el clásico moderno The Transit of Venus– se pasó los siguientes veintitrés años escribiendo The Great Fire para ganar con ella el último National Book Award a finales del año pasado. Las acusaciones de “anticuada” no le importan a Hazzard porque ella, también, es una escritora a la antigua: una defensora del Viejo Orden y de lo que se supone debe ser la Gran Literatura. Lo que no impide que –al mismo tiempo– The Great Fire sea una novela romántica en el sentido más estricto y noble de la palabra: romántica como ciertos libros de Fitzgerald y de Hemingway, y romántica como ciertas películas que pueden llamarse Casablanca o El paciente inglés.

domingo, 8 de julio de 2018

Rodrigo Fresán / Elogio de Penelope Fitzgerald




Elogio de Penelope Fitzgerald

Rodrigo Fresán
16 de marzo de 2016

Penelope Fitzgerald (Lincoln, Reino Unido, 1916-Londres, 2000) es una escritora raramente normal o normalmente rara. Nadie la definió mejor –tanto a ella como a lo suyo– que Sebastian Faulks cuando dijo que “leer una novela de Penelope Fitzgerald es como que te lleven de paseo en un auto muy peculiar. Todo en él es de la mejor calidad: el motor, la carrocería y el interior; todo te llena de confianza. Entonces, luego de dos o tres kilómetros, alguien arroja el volante por la ventanilla”.

lunes, 25 de junio de 2018

John Cheever / El paraíso recuperado



John Cheever


John Cheever
EL PARAÍSO RECUPERADO
Por Rodrigo Fresán

Página 12
Suplemento Radar Libros
Domingo, 27 de Noviembre de 2005

Después de años de ser figurita difícil en librerías de viejo (quienes los tenían no los vendían, quienes los querían no los conseguían), los libros de John Cheever empiezan a ser reeditados por Emecé, con epílogos de Rodrigo Fresán. A continuación, reproducimos el que cierra Esto parece el paraíso, recientemente distribuido junto a Falconer, primera tanda de un plan que terminará devolviendo a las librerías argentinas hasta los cuentos y los diarios de uno de los más grandes escritores norteamericanos del siglo XX.

jueves, 7 de septiembre de 2017

Pablo Escobar / Un asesino como icono de ficción

Pablo Escobar
Fernando Botero


Pablo Escobar: un asesino como icono de ficción

El más famoso narcotraficante, abatido a tiros, gana otras vidas en el cine, las series y los libros




JESÚS RUIZ MANTILLA
27 AGO 2017 - 15:13 COT




Fotografía policial de Pablo Escobar.
Fotografía policial de Pablo Escobar.  EL PAÍS


Cuando el próximo 1 de septiembre se estrene la tercera temporada de Narcos, Pablo Escobar sólo será una sombra en alta definición. Sangrienta, pero una sombra con una herencia de cadáveres, familias rotas y millones de billetes sin lavar. El protagonista que dio inicio a las dos primeras entregas de la serie producida por Netflix moría abatido en un barrio de Medellín al final de la segunda. Así fue en la pantalla y así también ocurrió en realidad. Pero, en medio, el personaje más exprimido por la literatura, el cine, la televisión y hasta los videojuegos en lo que llevamos de siglo, ha ofrecido y sigue lo haciendo, todos los prismas, las polémicas, los enfoques… Tras una vida de exceso y crimen, Escobar pervive en otra: la de toda una oscura leyenda de ficción.