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sábado, 7 de marzo de 2020

Toulouse Lautrec / El pincel de las bragas




Toulouse Lautrec: el pincel de las bragas

Juan Guillermo Ramírez
3 de mayo de 2015
"Yo pinto las cosas como son. No comento."Henri de Toulouse Lautrec
Toulouse Lautrec (1864-1901) perteneció a una de las familias más antiguas de la nobleza de Francia. Su padre fue conde y su madre, que ostentó también un linaje aristocrático, tuvo una influencia decisiva en la vocación futura de su hijo. Dotada de una amplia cultura y sensibilidad, la mujer lo alentó en su pasión por la pintura, comprendiendo que debido a las deformaciones físicas, él necesitaba encontrar esa íntima felicidad que produce la creación artística. Después de una tórrida infancia invadida por las calamidades: una caída por las escaleras y su baja estatura, Lautrec fue creciendo a pesar de todo y fue pintando, creando e inventando los carteles. Para él la noche fue tan importante como la existencia de ese París nocturno que lo cubría con su presencia femenina. Esta versión fílmica francesa realizada por Roger Planchon que no alcanza a equipararse a la versión de John Huston, Moulin Rouge, se reduce a sucesos nocturnos habitados por mujeres de cabaret y prostitutas. A Lautrec la vida nocturna le atraía cada vez más. En el Moulin de la Gaette conoció a una joven bailarina, la Goulue, cuya coquetería lo cautivó y lo sedujo. La persiguió cuando ella se fue a danzar en el Moulin Rouge. Era una lujosa casa de espectáculos, en cuya entrada había un enorme molino de viento pintado de rojo. La sala de baile era extensa, adornada con tapicerías multicolores, festivamente iluminada. Allí la gorda Louise Weber, más conocida como la Goulue, exhibía la carne voluptuosa de sus 16 años en bailes exóticos. Lautrec sintió admiración por sus habitantes usuales y los retrató en un gran lienzo.





“Pero el amor, mi querida y pequeña Yvette, el amor no existe”.
“Pero el amor, mi querida y pequeña Yvette, el amor no existe”.

A los 26 años de edad, Lautrec enfrentó el desafío de crear un nuevo cartel del Moulin Rouge y fue a buscar inspiración en la Goulue. Ya en los primeros esbozos descubrió el secreto de la publicidad e innovó la técnica del cartel: su propuesta trató de esquematizar el tema e impactar al espectador. Retrató a la fascinante La Goulue, esa mujer de monstruoso apetito, de falda blanca y blusa roja, exactamente en el centro de la composición, encuadrada por la silueta fantástica y casi etérea de Valentín y la forma casi abstracta de una lámpara de gas. Al fondo se insinúa apenas el recorte en negro de los frecuentadores entusiasmados. Lautrec se lanzó a vivir intensamente la esencia misma de las noches de aquel Montmartre que inmortalizó en sus cuadros para toda la eternidad. En las calles de mala fama de la Butte, los hombres se batían a cuchillo por una mujer llamada “La Casquivana”. La única luz que iluminaba el paso de los pocos peatones que se atrevían a cruzar esas calles por la noche, era la luz de gas. Dos siluetas sombreaban aquel lóbrego panorama: Lautrec, pequeña silueta, tal vez algo alargada por su inseparable bastón. Que sabía manejar si llegaba el caso y la de su primo Gabriel Tapie, que aquel año de 1891 había llegado a París para cursar sus estudios de Medicina.





Más allá de sus limitaciones físicas, que sin duda le hicieron sentirse diferente, Toulouse-Lautrec era un gran observador de profunda inteligencia y comprendió que la pintura debía bajar desde los cielos a ras de tierra para hacerse moderna. Desde los olimpos pseudomitológicos, pero también desde la pretensión de luminosidad simple de los impresionistas, a la carnalidad desenfrenada de los ambientes urbanos incipientes.
Más allá de sus limitaciones físicas, que sin duda le hicieron sentirse diferente, Toulouse-Lautrec era un gran observador de profunda inteligencia y comprendió que la pintura debía bajar desde los cielos a ras de tierra para hacerse moderna. Desde los olimpos pseudomitológicos, pero también desde la pretensión de luminosidad simple de los impresionistas, a la carnalidad desenfrenada de los ambientes urbanos incipientes.

Noche tras noche, en el Moulin Rouge, en el café concierto, o en el café de Bruant, cualquiera podía encontrar a la pareja, como un dúo inseparable, bajo la luz cegadora de los focos que iluminaban el espectáculo que se estaba desarrollando en la pista, bajo el brillo, ¿tal vez también cegador?, del alcohol, del sombrero hongo echado sobre los ojos de Lautrec. La imagen se hizo famosa. El enano sentado ante una mesa bien provista de botellas, con las breves piernas colgando por debajo de los blancos manteles, dibujaba, dibujaba febrilmente sobre un papel, un cartón, encima de la mesa, sobre el mantel. Y así Lautrec innovó en la estética de su tiempo. No era un artista cerebral que calculara y teorizara efectos y resultados. Era un artista que se volcaba sobre la práctica, que dio rienda suelta a su sensibilidad refinada, que encontró soluciones inusitadas mediante un nuevo ángulo de visión y una gran capacidad de componer el espacio en estructuras construidas para destacar el objeto de interés de sus obras. Era un compositor funcional que reinventó el mundo para hacerlo más comprensible, más real a los ojos de aquellos que lo habitan. Con eso valorizó su mensaje.





La pintura en el burdel permitía advertir la ausencia de alma del burgués, el vacío de su interioridad. Y, a la vez, su visión dual de la mujer, entre la fascinación y el miedo. Era el primer paso hacia la aparición del lenguaje plástico de nuestro siglo, abierto por Picasso con Las señoritas de Aviñón (1907). Una obra que él quería titular "El burdel filosófico".
La pintura en el burdel permitía advertir la ausencia de alma del burgués, el vacío de su interioridad. Y, a la vez, su visión dual de la mujer, entre la fascinación y el miedo. Era el primer paso hacia la aparición del lenguaje plástico de nuestro siglo, abierto por Picasso con Las señoritas de Aviñón (1907). Una obra que él quería titular “El burdel filosófico”.

Dejando a un lado los prejuicios, procuró quitar el velo que cubre la autenticidad del ser humano, en busca de la verdad que cada uno abriga por debajo de las convenciones, del ademán o de la actitud impuestos por las circunstancias sociales. Los retratos de las estrellas de la vida nocturna parisiense adquirieron en su arte un registro especial. Lautrec fue quien hizo la verdadera publicidad de Jane Avril, la esbelta y flexible vedette que él descubrió en el Moulin Rouge. Una mujer que danzaba como una orquídea en delirio. Lautrec fue la consagración de la belle époque, ese período histórico que pretendió ser de gran despreocupación de todos, pero que alcanza apenas una minoría ajena a los problemas más serios de la época. No obstante, Jane Avril es, para Lautrec, sobre todo una mujer elegante, de graciosos movimientos angulares, rostro triste y sufrido, que se presenta sola, sin cualquier provocación vulgar. Ella será su modelo constante, aislada o en conjunto con otras figuras, en las más diversas ocasiones. Lautrec se volvió un rebelde consciente que, aunque mantenga el apego hacia su madre, abomina la vida burguesa, sus ilusiones y prejuicios. Pasa cortos períodos en los burdeles de la calle des Moulins y de la calle d’Ambroise. La mano del amigo Bruant lo condujo a ese mundo y allí descubrió una nueva faz de la vida. De esa convivencia nace el álbum de dibujos Ellas, en el cual retrata a las prostitutas sin idealización ni concesión a la moral burguesa. Esos retratos no son el resultado de un juicio, sino el producto de una comprensión profunda, de un entendimiento que sólo ocurre entre amigos. Lautrec, de hecho vivió entre sus modelos, comió con ellas, escuchó pacientemente sus confidencias, participó de sus alegrías y de sus tormentos. En ellas encontró las cualidades y defectos comunes a todo ser humano.





Reflejó los ambientes marginales en que vivió: salones de bailes, burdeles, vida galante... De forma paralela al itinerario que Baudelaire recorrió en la literatura, Toulouse-Lautrec protagonizó una especie de descenso de la pintura a los infiernos.
Reflejó los ambientes marginales en que vivió: salones de bailes, burdeles, vida galante… De forma paralela al itinerario que Baudelaire recorrió en la literatura, Toulouse-Lautrec protagonizó una especie de descenso de la pintura a los infiernos.

Por esta razón las retrató sin la sensualidad que convencionalmente se espera de las prostitutas. Al contrario, ante los ojos espantados de la sociedad burguesa, las muestra no como máquinas especializadas en exaltar los placeres del sexo, sino como personas de carne y hueso que desempeñan una profesión y que poseen momentos de ingenuidad y de intimidad absolutamente naturales. Lautrec sufre una crisis de delirium tremens; en la excitación cae y se rompe la clavícula. No presenta rasgos de locura, pero la familia lo interna en una clínica psiquiátrica. Durante la primera semana es sometido a la fuerza y recibe enormes cantidades de calmantes. Cuando recobra la consciencia, implora a su padre que lo libere. Es en vano. Su padre no se atreve a intervenir a favor del hijo que lo desilusionó. Abandona la clínica y dos años después muere en brazos de su madre a las dos y cuarto de la mañana.

PRESENCIA DE TOULOUSE LAUTREC EN EL CINE
Moulin Rouge (1952) de John Huston
Lautrec (1998) de Roger Planchon
Moulin Rouge (2000) de Baz Luhrmann
La última aparición cinematográfica de Toulouse-Lautrec, hasta ahora, ha sido en Midnight in Paris (2011) de Woody Allen.

Toulouse-Lautrec / Carmen Gaudin

Toulouse-Lautrec
La lavandera


  • Título original: La Blanchisseuse
  • Colección particular
  • Técnica: Óleo (93 x 75 cm.)

Miguel Calvo Santos

Tenía 23 años Toulouse-Lautrec cuando pintó a esta maravillosa lavandera. Era un jovencito inseguro, un tío bajito que todavía no confiaba en sus habilidades como artista. Por ello todavía no era un rebelde y seguía al pie de la letra los consejos del que era su maestro de pintura, Fernand Cormon. De ahí el relativo clasicismo de esta pintura.

Por algún motivo, Cormon aconsejó a su alumno que dejara por un momento los aburridos y repetitivos dibujos de monumentos y que se fuera a Montmartre a hacer bocetos rápidos.

En el barrio parisino, el artista se enamoró perdidamente de la vida que había en este lugar en plena ebullición. Se sintió entusiasmado. Había encontrado no sólo su hogar, sino su fuente de inspiración.

Por la calle, Lautrec vio a una chica delgada con el pelo rojo alborotado. Era Carmen Gaudin y se convertiría en modelo de varios de los mejores retratos del postimpresionista, entre ellos esta fabulosa pintura.

Carmen posa con una expresión de cierta melancolía, y quizás un cierto cansancio, mirando por la ventana al mundo externo. Lautrec dignifica su profesión dándole ese título al cuadro (recordemos que en la época ser lavandera era el oficio más bajo para las mujeres, después de prostituta) y dignifica también su figura iluminando su cara con una especie de resplandor angelical, a modo de virgen o santa.

Se ve que Lautrec estaba un poco enamorado de Carmen. Con sus pinceladas vibrantes retrata además a toda una clase trabajadora.

En 2005 un comprador anónimo pagó por esta lavandera la cantidad de $ 22 millones en una subasta.



Toulouse-Lautrec / Biopic

In bed,
Toulouse-Lautrec
Toulouse-Lautrec
BIOPIC

Dentro del genero del biopic en el cine, los artistas impresionistas y postimpresionistas de finales del siglo XIX han suscitado un gran interés. Por lo general, sus vidas intensas, sus caracteres fuertes, cuando no violentos, sus formas de vida bohemias, los ambientes en los que se movían tales como salas de fiestas y burdeles los convirtieron en objetivo para el cine.


Según palabras del director de la película “Tolouse-Lautrec” Roger Planchon: “Los pintores de finales del siglo XIX son auténticos héroes, gente admirable. Hacían una pintura que en ese momento era rechazada por todos y encontraron valor, la fuerza para pintar doce horas al día cuadros que nadie quería ver. Eran personajes heroicos. Guerreros, verdaderos héroes que tuvieron la fuerza de traer la modernidad a la pintura cuando nadie la quería.”


De todos los artistas de este periodo, Henri de Toulouse Lautrec (1864-1901) es, quizás, uno de los que mejor se adapta a la imagen del artista marginado por la sociedad, más en el caso de este pintor, cuya deformidad física como consecuencia de un accidente que tuvo en su infancia, acentúa la dimensión del artista cuya imagen de persona de carácter uraño, incomprendido, solitario, refugiado en el alcohol y en su arte adquiere casi dimensiones épicas. Así John Huston realizó una adaptación de la vida del pintor Tolouse-Lautrec en la película "Moulin Rouge" de 1952. Interpretado por José Ferrer la imagen que se transmite del artista es la de un pobre artista tullido enfrentado con su padre que le considera un fracaso en su larga línea de familia aristocrática, y que sólo se codeaba con alcohólicos y prostitutas. La imagen de un Tolouse-Lautrec como un enano misántropo, amargado caló hondo entre el público que sintió lástima por el artista tullido más que admiración por el genio.
Esta visión se vio contestada  por la nueva versión que sobre la vida de este pintor realizó en 1998 el director Roger Planchon. El guión de “Lautrec” parte de la auténtica correspondencia del pintor y la imagen que transmite del pintor se aleja bastante de la leyenda. A pesar de su corta estatura y enfermedad, aparece un Lautrec joven, vital, rodeado de amantes y amigos aunque muere a edad temprana. Así mismo, en la película de Planchon se cuenta la relación pasional y destructiva que tuvo con la pintora Suzanne Valedori y se suma la novedad de encontrarnos a un Lautrec en su ambiente familiar frente a la ruptura familiar insinuada en el film de John Houston.
            Sin embargo, no hay que menospreciar la primera, magníficamente ambientada. Desde el punto de vista didáctico hay que diferenciar dos partes muy claramente marcadas en “Moulin Rouge”. La primera mitad del metraje tiene como elemento de mayor interés el accidente que provocó los problemas físicos de Toulouse-Lautrec y que, en cierta forma, explican parte de su trayectoria pictórica e incluso el propio hecho de que se dedicase al arte bajo la protección materna. Sin embargo, en su conjunto esta primera parte de la película se centra en su relación sentimental con una prostituta parisina sin aportar elementos de interés artístico. Por el contrario, es en la segunda parte de la película cuando la narración se centra en el trabajo artístico de Toulouse-Lautrec. Le vemos entonces pintando las escenas de baile y burdel tan características de su producción. Además, le oímos en algunas interesantes reflexiones sobre arte e incluso en una clara, aunque breve, secuencia sobre su trabajo en la litografia. 




Las diez obras más importantes de Toulouse-Lautrec


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Toulouse-Lautrec

LAS 10 OBRAS MÁS IMPORTANTES DE TOULOUSE-LAUTREC

Te presentamos un listado de las piezas más representativas de uno de los pintores post-impresionistas del siglo XIX
Alejandra Torales
11 de agosto de 2016
El pasado 10 de agosto se inauguró en el Palacio de Bellas Artes la exposición El París de Toulouse Lautrec, Impresos y carteles del MoMA, la cual a partir del 11 de este mes y hasta el 27 de noviembre exhibirá más de 100 obras -entre ellas dibujos, litografías, carteles y fotografías- del artista francés.
A continuación te presentamos una selección de las 10 piezas más representativas de Lautrec que te ayudarán a conocer y reconocer su trabajo post impresionista.
1. Au Moulin Rouge (1890)
Cuando el cabaret de Moulin Rouge abrió en 1889, Toulouse-Lautrec fue el encargado de producir una serie de pósters. No le importó que otros artistas lo criticaran por realizar un trabajo tan comercial, que más tarde se convirtió en una de sus obras más icónicas y por supuesto, del venue.


2. La Blanchisseuse (1889)
Esta pintura impuso un nuevo récord mundial en 2005 cuando en una subasta en Nueva York, fue vendida por 22.4 millones de dólares.

3. Marcelle Lander dansant le boléro dans Chilpéric (1895)
Toulouse-Lautrec era un apasionado del teatro en todas sus formas. Era un espectador y participante de los diseños de pósters, programas, escenario, vestuario y producción.
Una de sus personas predilectas era la actriz Marcelle Lender, con quien se encontró -y enamoró- en el Théâtre des Variétés en París, lugar en el que ella interpretaba la opereta de Hervé "Chilpéric", por lo que decidió impregnar su esencia al óleo. Esta obra es considerada como una de las más elaboradas que hizo Lautrec en su vida.
  

4. Portrait of Vincent van Gogh (1887)
Esta pintura la realizó Lautrec cuando tenía 23 años. 
  

5. Salon de la Rue des Moulins (1894)
La joven en esta pintura es Mireille, una de las prostitutas del burdel de la rue d’Abolse. La pieza es una de las pinturas más famosas que hizo Lautrec de los lupanares de París.
  

6. La Goulue arrivant au Moulin Rouge (1892)
La Goulue -cuyo nombre real es Louise Weber- fue la más exitosa bailarina de cancán de sus tiempos. Su sobrenombre significa "glotona", y le fue adjudicado gracias a su voraz apetito. Ella era una de las estrellas de Moulin Rouge.
  

7. Aristide Bruant dans son cabaret (1892)
Aristide era una cantante, comediante y artista de cabaret de Montmartre, donde Lautrec comenzó a ver asiduamente sus interpretaciones. Ambos se hicieron amigos y en su honor, el artista francés decidió pintar un póster que le hiciera publicidad.
Se dice que las pinturas que Toulouse pintó de Aristide influenciaron "inconscientemente" a James Acheson y sus diseños de vestuario para Tom Baker, actor encargado de interpretar al cuarto Doctor Who.
  

8. Moulin Rouge: La Goulue (1891)
Este póster servía como publicidad para las apariciones de La Goulue en el Moulin Rouge, que también se convirtió en uno de los trabajos más famosos del francés.
  
9. Reine de Joie (1892)
La representación de un banquero entretenido por una cortesana, sirvió para promover una novela con el mismo nombre, que en español significa "reina de la alegría".
  

10. Jane Avril, Jardin de Paris (1893)
Jane fue una bailarina de cancán de la que Lautrec se convirtió en un fiel seguidor. Hija de una "semi-mundana" y un aristócrata italiano, Avril se dio a conocer por los carteles que el pintor francés creó en su honor.
  




lunes, 20 de diciembre de 2010

Henri Toulouse-Lautrec / El amigo de las putas



Henri Toulouse-Lautrec
EL AMIGO DE LAS PUTAS

Henri Toulouse-Lautrec nació en Francia, en Albi,  el 24 de noviembre de 1864, hijo de un matrimonio entre dos primos hermanos de una familia aristócrata, costumbre ésta de la endogamia, practicada con asiduidad para evitar la disgregación del patrimonio y que posiblemente fue la causa de la muerte del hermano menor de Henri y de que él mismo fuera un chico enfermizo y débil.Cuando tenía diez años comenzó a desarrollar una enfermedad que le afectaba los huesos. La enfermedad que padecía Henri era totalmente desconocida en el siglo XIX, la picnodisostosis, un desorden genético provocado por la consanguinidad de los padres que afecta al desarrollo de los huesos. A los catorce años tropezó y se fracturo el fémur izquierdo, y al poco tiempo volvió a tropezar y se quebró el derecho, ambas fracturas nunca soldaron bien, y sus piernas no volvieron a crecer, pero sí lo hizo el resto de su cuerpo, por lo que con apenas metro y medio de altura, su desproporción física se hizo evidente y le ocasionó graves problemas y traumas.

Desde niño siempre mostró interés por el arte, cantaba todo el día, estudiaba inglés y latín y demostraba mucha afición por el dibujo, así que sus padres le pusieron un profesor particular, años más tarde se inscribiría en una academia de arte del pintor Fernand Cormon. donde conocería a Vincent Van Gogh, pero ésta fue toda su formación no autodidacta. Sus padres se separaron cuando Henri tenía diez años, y eso le afectó bastante. Su madre era absorbente y sobreprotectora, y Henri creó un vínculo dependiente con ella. Su padre, el conde, era en cambio un sibarita extravagante, que gustaba de organizar reuniones en las que solía travestirse para ostentar su lujosa y extravagante colección de atuendos. Además era cazador, y Henri a causa de su pobre salud no podía seguirlo en esos menesteres a pesar de que lo admiraba. Su padre comenzó a rechazarlo porque no podía asumir que su tullido hijo no le siguiera en las cacerías.

domingo, 6 de noviembre de 2005

'La lavandera', vendida por 18,6 millones, bate el récord de Toulouse-Lautrec

La Blanchisseuse (1889)
Henri de Toulouse-Lautrec


'La lavandera', vendida por 18,6 millones, bate el récord de Toulouse-Lautrec


Barbara Celis
Nueva York, 3 de noviembre de 2005


Las subastas de arte neoyorquinas comenzaron el martes en Christie's estableciendo un nuevo récord para Toulouse-Lautrec. Su cuadro La lavandera (1886-1887) fue adquirido por un comprador anónimo por 18,6 millones de euros, marcando el precio más alto de una noche dedicada al arte contemporáneo y superando con creces los 12,1 millones de euros en los que estaba su récord anterior por Danseuse assise aux bas roses, (1890), un dibujo a pastel claramente influido por Degas que se vendió en 1997.
La del martes fue una noche "triunfal" para Christie's, según Christopher Burge, quien presidió una subasta en la que se recaudaron 134,1 millones de euros, la mayor cifra conseguida por colecciones privadas de diferentes propietarios desde hace 15 años. De las 63 obras que se ofrecieron a la venta, sólo cinco de ellas quedaron sin comprador. "El mercado está hambriento de obras de los impresionistas", declaró Burge al finalizar las ventas. La obra de Monet Nympheas (1907) fue la segunda más cara de la noche: se vendió por 11,6 millones de euros.

Sin embargo, el cuadro más disputado fue Buste de femme (1939), el retrato de Dora Maar de Picasso, por el que pujaron seis compradores. Fue finalmente la galería Helly Nahmad, de Londres y Nueva York, la que consiguió la obra por 5,6 millones de euros. También se vendieron las obras Sylvette au faunteuil vert (1954), por 6,6 millones, y Buveuse accoudeé (1901), por 600.000 euros, ambas de Picasso.
El cuadro que ofrecía el MoMA de Nueva York Port de cette, les tartanes (1892), de Theo Van Risselberghe, se vendió por 2,5 millones de euros, alcanzando un nuevo récord para el artista.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 3 de noviembre de 2005