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miércoles, 10 de junio de 2026

Cortázar / Cartas

Julio Cortázar

Cortázar 

Cartas (1937-54), (1955-64), (1965-68)


Julio Cortázar
Cartas
Edición de A. Bernárdez y C. Álvarez Garriga 
Alfaguara, 2012, 3 volúmenes. 592, 671, 681 páginas

JOAQUÍN MARCO
19 de octubre de 2021


La primera edición de la correspondencia de Julio Cortázar (Bruselas,1914-París,1984) la publicó Alfaguara en Buenos Aires en 2000, al cuidado de su viuda Aurora Bernárdez y la del crítico Saúl Yurkievich, buen amigo de Cortázar, quienes compartían el mismo pueblo de descanso en la Provenza. Pero en aquella edición se suprimieron algunos pasajes que ahora se restituyen. En 2010, se editaron en España, por Alfaguara, lasCartas a los Jonquières, que comentamos en estas páginas y que aquí reaperacen. Pero esta nueva edición del epistolario casi completo, incluye, a diferencia de la primera argentina, otro millar de nuevas epístolas. Faltan por aparecer todavía los tomos cuarto y quinto. Aurora Bernárdez, también albacea de Cortázar y Carles Álvarez Garriga han corrido con el arduo trabajo de reunirlas y de anotarlas somera, pero de forma muy útil, porque casi nada se escapa a su atención. Fabuloso mecanógrafo, escribía casi siempre sus cartas a máquina con copia para su archivo personal. Tan sólo algunas proceden de textos manuscritos. Además de los especialistas que pueden descifrar algunas claves, los lectores del gran escritor argentino pueden rastrear su evolución, incluso estilística, desde sus inicios hasta la madurez de las de los años sesenta y siguientes. Les cabe, asimismo, la posibilidad de advertir la fraternidad de aquellos autores del llamado “boom” y el de sus maestros en la bulliciosa actividad de un Cortázar, viajero impenitente, que deambula entre los géneros, del cuento a la novela y al cine, cuando no los inventa, y que ofrece toda suerte de descubrimientos.

domingo, 10 de mayo de 2026

Sara Facio / Cortázar

Julio Cortázar


Sara Facio
CORTÁZAR

"El corazón se me salía del pecho mientras caminaba por la boca del Metro de la rue Vaugirard... 
hasta la casa de Julio Cortázar".
Sara Facio

Arte!
sara facio

"Julio Cortázar se radicó definitivamente en París en 1951. Tanto su obra literaria como sus testimonios para estudios académicos o sus reportajes periodísticos están colmados de referencias a Buenos Aires que, en definitiva, nunca fue realmente su ciudad. Sin embargo, así como en su momento Buenos Aires lo excedía, más tarde Buenos Aires, fue el sitio quimérico de su vida".

viernes, 8 de mayo de 2026

Aurora Bernárdez, viuda de Julio Cortázar

 

Aurora Bernárdez y Julio Cortázar




Iván Hernández
AURORA BERNÁRDEZ
VIUDA DE JULIO CORTÁZAR


Aurora Bernárdez escapa del silencio

Un libro recopila textos de la mujer de Cortázar, junto a una larga entrevista con el músico y cineasta Philippe Fénelon. A la sombra del escritor, nunca publicó su obra

martes, 31 de marzo de 2026

Cortázar / La vulgaridad del despreciable borracho

 



Julio Cortázar
LA VULGARIDAD DEL DESPRECIABLE BORRACHO

Cuando Cortázar llegó a Paris vendió su potente colección de discos de jazz para pertrecharse de fondos con que iniciar su vida. También se deshace de su selecta biblioteca, excepto de un volumen: Opio, de Jean Cocteau, obra que le sobrecoge porque “me hizo entrar de cabeza en la literatura contemporánea”. 

lunes, 14 de julio de 2025

Concurso Julio Cortázar 2025

 

XXVI Premio Internacional Julio Cortázar de Relato Breve de la Universidad de La Laguna 2025 – 2.000€

La Universidad de  La Laguna, a través del Vicerrectorado de Cultura y Extensión Universitaria con la intención de promover la creación literaria convoca la edición 2025 del XXVI Premio Internacional Julio Cortázar de Relato Breve Universidad de La Laguna.

lunes, 24 de febrero de 2025

Cortázar / Rayuela y el diccionario

Cortázar según David Levine


‘Rayuela’ y el diccionario

Francisco M. Carriscondo Esquivel

21 de febrero de 2025 22:35 h

1

Hubo alguna ocasión en que la Real Academia Española dejó de ser y llamarse Real. Fue, por ejemplo, en la Segunda República, de 1931 a 1939. Durante aquellos años, la corona de su emblema pasó a ser mural, de murallas con torreones intercalados. Podemos verla en la portada del malogrado Diccionario histórico de la lengua española (1933-36) —que solo llegó a ver dos tomos, los correspondientes a las letras ce— y también si vamos a la Biblioteca de la Docta Casa y solicitamos la consulta de las signaturas d 0-83 y d 0-84, que pertenecen al Diccionario de la lengua española en su decimosexta edición, publicado en 1936 por los talleres de Espasa Calpe.


lunes, 24 de junio de 2024

El hotel de Montevideo donde Cortázar se inspiró para escribir “La puerta condenada”



El hotel de Montevideo donde Cortázar se inspiró para escribir “La puerta condenada”

 


Gabriela Cicero
PARA LA NACION
29 de abril de 2021


”A Petrone le gustó el Hotel Cervantes por razones que hubieran desagradado a otros. Era un hotel sombrío, tranquilo, casi desierto. Un conocido del momento se lo recomendó cuando cruzaba el río en el Vapor de la Carrera, diciéndole que estaba en la zona céntrica de Montevideo”. Así comienza el cuento de Julio Cortázar La puerta condenada. El escritor se alojó en el hotel durante un viaje por la capital uruguaya, entre noviembre y diciembre de 1954, convocado a reuniones de la Unesco. El cuento fue publicado en Final del juego, en 1956.

La actual habitación 205 del Esplendor by Wyndham Montevideo Cervantes, que no tiene puertas ocultas, es en la que se alojó Cortázar.
La actual habitación 205 del Esplendor by Wyndham Montevideo Cervantes, que no tiene puertas ocultas, es en la que se alojó Cortázar. 


El hotel fue construido por el arquitecto Leopoldo Tosi e inaugurado en 1927. Cortázar no fue el único huésped ilustre. Alojó a Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Norah Lange, José Luis Romero, Carlos Gardel, Atahualpa Yupanqui.

Cortázar / Carta a Juan José Arreola

Julio Cortázar


CARTA DE JULIO CORTÁZAR A JUAN JOSÉ ARREOLA


París, 20 de septiembre de 1954

Querido Arreola: Hace varias semanas Emma me mandó sus dos libros, y al abrirlos me encontré con unas dedicatorias que me llenaron de alegría. Pero todo eso es nada al lado de la alegría de leer los cuentos, a toda carrera primero y después despacio, tomándome mi tiempo y sobre todo dándoles a ellos su propio tiempo, el que necesitan para madurar en la sensibilidad del que los lee. Ya habrá observado que uno de los problemas más temibles de los cuentos es que los lectores tienden a leerlos con la misma velocidad con que devoran los capítulos de una novela. Naturalmente, la concentración especial de todo cuento bien logrado se les escapa, porque no es lo mismo estirarse cómodamente en una butaca para ver “Gone with de Wind” que agazaparse, tenso, para los dieciocho minutos terribles de “Un chien andalou”. El resultado es que los cuentos se olvidan (¡como si pudiera olvidarse Bliss, como si pudiera olvidarse El prodigioso miligramo!). ¿No deberíamos fundar una escuela para educación de lectores de cuentos? Empezando por quitarles de la cabeza todas las ideas recibidas que existen desgraciadamente sobre la materia, rehaciéndoles la atención, la percepción y hasta los reflejos. Ya es tiempo de que en las universidades se cree la cátedra de cuentos, como suele haberla de poética. ¡Qué estupendas cosas se podrían enseñar en ella! Por lo demás los primeros colaboradores de la cátedra (como alumnos o profesores) deberían ser los mismos cuentistas.

miércoles, 21 de febrero de 2024

María Teresa Andruetto / Cortázar



Cortazar

María Teresa Andruetto


“Leí Rayuela, si mal no recuerdo, en el 71, mi primer año de vida en la ciudad y en la universidad. Yo ya había leído algunos libros de Cortázar, a Bestiario y Final del juego los leí, seguro, en tiempos de la secundaria. A Rayuela la leí en el momento de idolatría a Cortázar e hice por entonces, en paralelo, un seminario sobre su escritura (lo daba un profesor que era amigo de él y tenía cartas personales, discos en los que lo escuchábamos leer con ese rastro francés en el castellano, libros firmados, todo lo cual nos sumergía en el mito) y otro sobre la de Borges. Por ese tiempo yo había empezado a militar en una organización de izquierda y recuerdo discusiones campales a favor del primero y en contra del segundo, y oscilaba entre uno y otro, más allá de sus posiciones ideológicas. Con Cortázar era fácil acordar, lo leíamos como un escritor de izquierda, en tiempos ‘prefeministas’ aunque ya para entonces me hacía mucho ruido eso de lector hembra (que lee pasiva/convencionalmente) y lector macho. Pero igual, como casi todos por entonces, leí esa novela con entusiasmo y tuve una postal de Cortázar (la foto de Sara Facio) entre mis papeles. En rigor de verdad, de Rayuela, ya por entonces, aunque no me animaba a sostenerlo a viva voz, me gustaban (solo) ciertos fragmentos, no la novela entera (ni leída como hembra ni leída como macho), sobre todo porque ya entonces me parecía muy sesentista (muy centrada en el hedonismo, la valoración de la pereza, lo puramente individual y una cierta atmósfera de romanticismo psicointelectual) y yo era claramente setentista, con las preocupaciones sociales y la militancia tan fuerte de entonces.

martes, 6 de febrero de 2024

Julio Cortázar / Burla burlando ya van más de seis delante

 



Julio Cortázar
BURLA BURLANDO YA VAN MÁS DE SEIS DELANTE

Más allá de los cincuenta años empezamos a morir poco a poco en otras muertes. Los grandes magos, los shamanes de la juventud parten sucesivamente. A veces ya no pensábamos tanto en ellos, se habían quedado atrás en la historia;other voices, other rooms nos reclamaban. De alguna manera estaban siempre allí pero como los cuadros que ya no se miran como al pirncipio, los poemas que sólo perfuman vagamente la memoria.

sábado, 13 de enero de 2024

Julio Cortázar / Instrucciones para cantar

 


Julio Cortázar 

INSTRUCCIONES PARA CANTAR


    Empiece por romper los espejos de su casa, deje caer los brazos, mire vagamente la pared, olvídese . Cante una sola nota, escuche por dentro. Si oye (pero esto ocurrirá mucho después) algo como un paisaje sumido en el miedo, con hogueras entre las piedras, con siluetas semidesnudas en cuclillas, creo que estará bien encaminado, y lo mismo si oye un río por donde bajan barcas pintadas de amarillo y negro, si oye un sabor de pan, un tacto de dedos, una sombra de caballo.
    Después compre solfeos y un frac, y por favor no cante por la nariz y deje en paz a Schumann.




Julio Cortázar

Historias de cronopios y de famas



Julio Cortázar / Instrucciones para llorar

 


Julio Cortázar
INSTRUCCIONES PARA LLORAR


    Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente.
    Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca.
    Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia dentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos.

Julio Cortázar

Historias de cronopios y de famas


Julio Cortázar / Manual de instrucciones

 



Julio Cortázar

MANUAL DE INSTRUCCIONES

La tarea de ablandar el ladrillo todos los días, la tarea de abrirse paso en la masa pegajosa que se proclama mundo, cada mañana topar con el paralelepípedo de nombre repugnante, con la satisfacción perruna de que todo esté en su sitio, la misma mujer al lado, los mismos zapatos, el mismo sabor de la misma pasta dentífrica, la misma tristeza de las casas de enfrente, del sucio tablero de ventanas de tiempo con su letrero «Hotel de Belgique».
    Meter la cabeza como un toro desganado contra la masa transparente en cuyo centro tomamos café con leche y abrimos el diario para saber lo que ocurrió en cualquiera de los rincones del ladrillo de cristal. Negarse a que el acto delicado de girar el picaporte, ese acto por el cual todo podría transformarse, se cumpla con la fría eficacia de un reflejo cotidiano. Hasta luego, querida. Que te vaya bien.
    Apretar una cucharita entre los dedos y sentir su latido de metal, su advertencia sospechosa. Cómo duele negar una cucharita, negar una puerta, negar todo lo que el hábito lame hasta darle suavidad satisfactoria. Tanto más simple aceptar la fácil solicitud de la cuchara, emplearla para revolver el café.
    Y no que esté mal si las cosas nos encuentran otra vez cada día y son las mismas. Que a nuestro lado haya la misma mujer, el mismo reloj, y que la novela abierta sobre la mesa eche a andar otra vez en la bicicleta de nuestros anteojos, ¿por qué estaría mal? Pero como un toro triste hay que agachar la cabeza, del centro del ladrillo de cristal empujar hacia afuera, hacia lo otro tan cerca de nosotros, inasible como el picador tan cerca del toro. Castigarse los ojos mirando eso que anda por el cielo y acepta taimadamente su nombre de nube, su réplica catalogada en la memoria. No creas que el teléfono va a darte los números que buscas. ¿Por qué te los daría? Solamente vendrá lo que tienes preparado y resuelto, el triste reflejo de tu esperanza, ese mono que se rasca sobre una mesa y tiembla de frío. Rómpele la cabeza a ese mono, corre desde el centro de la pared y ábrete paso. ¡Oh, como cantan en el piso de arriba! Hay un piso de arriba en esta casa, con otras gentes. Hay un piso de arriba donde vive gente que no sospecha su piso de abajo, y estamos todos en el ladrillo de cristal. Y si de pronto una polilla se para al borde de un lápiz y late como un fuego ceniciento, mírala, yo la estoy mirando, estoy palpando su corazón pequeñísimo, y la oigo, esa polilla resuena en la pasta de cristal congelado, no todo está perdido. Cuando abra la puerta y me asome a la escalera, sabré que abajo empieza la calle; no el molde ya aceptado, no las casas ya sabidas, no el hotel de enfrente; la calle, la viva floresta donde cada instante puede arrojarse sobre mí como una magnolia, donde las caras van a nacer cuando las mire, cuando avance un poco más, cuando con los codos y las pestañas y las uñas me rompa minuciosamente contra la pasta del ladrillo de cristal, y juegue mi vida mientras avanzo paso a paso para ir a comprar el diario a la esquina.

Julio Cortázar 

Historias de cronopios y de famas



jueves, 11 de enero de 2024

Julio Cortázar / Tango de vuelta


Julio CortázarBIOGRAFÍA

Tango de vuelta

EL TANGO DE LA VUELTA

Le hasard meurtrier se dresse au coin de la première rue.
Au retour l’heure-couteau attend.

MARCEL BÉLANGER, Nu et noir.


         Uno se va contando despacito las cosas, imaginándolas al principio a base de Flora o una puerta que se abre o un chico que grita, después esa necesidad barroca de la inteligencia que la lleva a rellenar cualquier hueco hasta completar su perfecta telaraña y pasar a algo nuevo. Pero cómo no decirse que a lo mejor, alguna que otra vez, la telaraña mental se ajusta hilo por hilo a la de la vida, aunque decirlo venga de un puro miedo, porque si no se creyera un poco en eso ya no se podría seguir haciendo frente a las telarañas de afuera. Flora entonces, todo lo que me fue contando de a poco cuando nos juntamos, por supuesto ya no trabajaba en la casa de la señora Matilde (siempre la llamó así aunque ahora no tenía por qué seguirle dando esa seña de respeto, de sirvienta para todo servicio) y a mí me gustaba que me contara recuerdos de su pasado de chinita riojana bajando a la capital con grandes ojos asustados y unos pechitos que al fin y al cabo le iban a valer más en la vida que tanto plumero y buena conducta. A mí me gusta escribir para mí, tengo cuadernos y cuadernos, versos y hasta una novela, pero lo que me gusta es escribir y cuando termino es como cuando uno se va dejando resbalar de lado después del goce, viene el sueño y al otro día ya hay otras cosas que te golpean en la ventana, escribir es eso, abrirles los postigos y que entren, un cuaderno detrás de otro; yo trabajo en una clínica, no me interesa que lean lo que escribo, ni Flora ni nadie; me gusta cuando se me acaba un cuaderno porque es como si hubiera publicado todo eso, pero no se me ocurre publicarlo, algo golpea en la ventana y así vamos de nuevo, lo mismo una ambulancia que un nuevo cuaderno. Por eso Flora me contó tantas cosas de su vida sin imaginarse que después yo las revisaba despacito entre dos sueños y algunas las pasaba a un cuaderno, Emilio y Matilde pasaron al cuaderno porque eso no podía quedarse solamente en un llanto de Flora y pedazos de recuerdos; nunca me habló de Emilio y de Matilde sin llorar al final, yo la dejaba tranquila unos días, le alentaba otros recuerdos y en una de ésas le sacaba de nuevo aquello y Flora se precipitaba como si ya se hubiera olvidado de todo lo que me llevaba dicho, empezaba de nuevo y yo la dejaba porque más de una vez la memoria le iba trayendo cosas todavía no dichas, pedacitos ajustables a los otros pedacitos, y por mi parte yo iba viendo nacer los puntos de sutura, la unión de tanta cosa suelta o presumida, rompecabezas del insomnio o de la hora del mate delante del cuaderno; llegó el día en que me hubiera sido imposible distinguir entre lo que me contaba Flora y lo que ella y yo mismo habíamos ido agregando porque los dos, cada uno a su manera, necesitábamos como todo el mundo que aquello se completara, que el último agujero recibiera al fin la pieza, el color, el final de una línea viniendo de una pierna o de una palabra o de una escalera. Como soy muy convencional, prefiero agarrar desde el principio, y además cuando escribo veo lo que estoy escribiendo, lo veo realmente, lo estoy viendo a Emilio Díaz la mañana en que llegó a Ezeiza desde México y bajó a un hotel de la calle Cangallo, se pasó dos o tres días dando vueltas por barrios y cafés y amigos de otros tiempos, evitando ciertos encuentros pero tampoco escondiéndose demasiado porque en ese momento no tenía nada que reprocharse. Probablemente estudiaba despacio el terreno en Villa del Parque, caminaba por Melincué y General Artigas, buscaba un hotel o una pensión baratieri, se instalaba sin apuro, tomando mate en la pieza y yendo a los boliches o al cine por la noche. No tenía nada de fantasma pero hablaba poco y con pocos, caminaba sobre suelas de goma y se vestía con una campera negra y pantalones terrosos, los ojos rápidos para el quite y el despegue, algo que la dueña de la pensión llamaría furtividad; no era un fantasma pero se lo sentía lejos, la soledad lo rodeaba como otro silencio, como el pañuelo blanco en el cuello, el humo del faso pocas veces lejos de esos labios casi demasiado finos.

Julio Cortázar / Clone

 


Julio CortázarBIOGRAFÍA

Clone



         Todo parece girar en torno a Gesualdo, si tenía derecho a hacer lo que hizo o si se vengó en su mujer de algo que hubiera debido vengar en sí mismo. Entre dos ensayos, bajando al bar del hotel para descansar un rato, Paola discute con Lucho y Roberto, los otros juegan canasta o suben a sus habitaciones. Tuvo razón, se obstina Roberto, entonces y ahora es lo mismo, su mujer lo engañaba y él la mató, un tango más, Paolita. Tu grilla de macho, dice Paola, los tangos, claro, pero ahora hay mujeres que también componen tangos y ya no se canta siempre la misma cosa. Habría que buscar más adentro, insinúa Lucho el tímido, no es tan fácil saber por qué se traiciona y por qué se mata. En Chile puede ser, dice Roberto, ustedes son tan refinados, pero nosotros los riojanos meta facón nomás. Ríen, Paola quiere gin-tonic, es cierto que habría que buscar más atrás, más abajo, Carlo Gesualdo encontró a su mujer en la cama con otro hombre y los mató o los hizo matar, ésa es la noticia de policía o el flash de las doce y media, todo el resto (pero seguramente en el resto se esconde la verdadera noticia) habría que buscarlo y no es fácil después de cuatro siglos. Hay mucha bibliografía sobre Gesualdo, recuerda Lucho, si te interesa tanto averigualo cuando volvamos a Roma en marzo. Buena idea, concede Paola, lo que está por verse es si volveremos a Roma.

Julio Cortázar / Graffiti

 



Julio CortázarBIOGRAFÍA

Graffiti 

A Antoni Tàpies


         Tantas cosas que empiezan y acaso acaban como un juego, supongo que te hizo gracia encontrar el dibujo al lado del tuyo, lo atribuiste a una casualidad o a un capricho y sólo la segunda vez te diste cuenta de que era intencionado y entonces lo miraste despacio, incluso volviste más tarde para mirarlo de nuevo, tomando las precauciones de siempre: la calle en su momento más solitario, ningún carro celular en las esquinas próximas, acercarse con indiferencia y nunca mirar los graffiti de frente sino desde la otra acera o en diagonal, fingiendo interés por la vidriera de al lado, yéndote enseguida.