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miércoles, 22 de julio de 2026

Diario de una alemana, de Hertha Nathorff

Hertha Nathorff

Hertha Nathorff

Historia personal de la destrucción


Diario de una alemana, de Hertha Nathorff (Libros de Trapisonda)  Traducción de Virginia Maza | por Juan Jiménez García

Hertha Nathorff | Diario de una alemana

Tantas aproximaciones al ascenso del nazismo, a la guerra. Tantos libros sobre Weimar, sobre Hitler. Tantos sobre los campos de concentración. Testimonios de aquellos que sobrevivieron o ni tan siquiera. Nunca suficientes. En Diario de una alemana, nos situamos en una posición extraña. Extraña porque no encontramos en él las convulsiones de Weimar ni las armas ni las bombas. No hay países invadidos, ni ciudades convertidas en escombros. Lo que hay, parafraseando a Sebald, es la historia natural de una destrucción, la propia. La de una judía que ni tan siquiera parece judía, alta y rubia, una médica, Hertha Nathorff. La historia de una asfixia, la de ella, pero también la de un mundo. Una historia de la impasibilidad alemana, pero también europea. De cómo llegar hasta las tinieblas más profundas del ser humano no fue cosa de un día ni el sueño de hombre convertido en pesadilla de otros, sino un camino arduamente construido, de cartas sobre la mesa y cobardía por todas partes. Me pregunto si estamos lejos de aquello, si hemos aprendido algo, alguna lección, reconocer algunos gestos. Y no, no hemos aprendido nada.

sábado, 16 de mayo de 2026

‘Diarios de un fumador’, de Simon Gray: envejecer, morir y reírse de todo un poco

 

'Diarios de un fumador' de Simon Gray.

Diarios de un fumador

Simon Gray  
Traducción de Álex Gibert
Gatopardo, 2025
304 páginas. 21,95 euros


‘Diarios de un fumador’, de Simon Gray: envejecer, morir y reírse de todo un poco

El novelista y autor teatral británico construye en este libro unas meditaciones erráticas, profundas y muy graciosas

lunes, 29 de septiembre de 2025

Triunfo Arciniegas / La vida




Triunfo Arciniegas 
LA VIDA
30 de septiembre de 2025

Así que aquí estoy desde hace una semana, en una puta lista, en la cama diez de una habitación colectiva, en URGENCIAS, con otros tres, esperando una habitación propia que no va a llegar. Toses, estornudos, lamentos, pedos, mierda, en fin, la miseria de la vida. Hace tres o cuatro días tuve que salir al pasillo a terminar de comer porque el vecino se estaba cagando. Esa misma tarde se llevaron sus 84 frágiles años a la Unidad de Cuidados Intensivos. Esta madrugada salí a respirar al pasillo porque no soportaba la maloliente atmósfera. El nuevo vecino, que llegó por un problema cardíaco y sin interés por lavarse, se está descomponiendo.

Entonces vi que la loca se arrancaba la aguja del brazo y sailpicada con su sangre las iluminadas baldosas del pasillo. 

Mass drogadicta que loca, en realidad, según me explican. Un pantalón rosado, estrecho, que apenas le llega a la rodilla, acentúa su delgadez. Una pieza negra, sostenida por dos cintas cruzadas, comprime sus pechos breves. 

“La comida del hospital es caliente”, grita en el pasillo, mientras roza el arma del vigilante. “La comida de la cárcel es fría”, dice. Y precisa que con esa arma podría matar al que la violó. Habla a toda velocidad y con acento pisa. “Tenemos que hablar”, le dice a uno de los médicos.

Aquí estoy y no es manera digna de enfrentar un mal.

Lleva horas gritando o al menos eso parece, el muchacho que mató a su novia. Iba en su motocicleta, con la novia como pasajera, perdió el control y la muchacha terminó degollada con la valla que protege la vía. Al muchacho, que ahora grita como parturienta, no le pasó nada.

Hace cinco días, en el cuarto de al lado, murió el que estaba en esta cama antes de mi llegada.

Y todo después de cotizar la vida entera, de pagar un millón de pesos mensuales o algo así, durante décadas. Y una vida de trabajo, por supuesto.

Mientras tanto pasa uno con un brazo partido porque estrelló la moto, pasa otro con otra herida y otro riega su sangre en el pasillo donde otros esperan que alguien desocupe una cama en alguna habitación, y otros afuera se mueren por entrar. Llega a la cama de al lado un tipo con cara de malandro que me obliga a encalentar el celular, y al día siguiente, un presidiario, con su respectivo guardia, porque al que no quiere caldo se le dan dos tazas. Otro guardia está en la puerta con sus esposas pulidas. Voy con celular al baño, el único para los cuatro pacientes y los acompañantes. Un imbécil instaló la puerta al revés: con el seguro por fuera. 

Un baño sin ducha. Para lavarse hay que atravesar el pasillo y entrar al cuarto de los traperos y la ropa sucia. Hay una sola ducha para todo el piso, es decir, para los enfermos de los cuartos colectivos y los pasillos. El primer día me acompañó Alejandra, que montó guardia: la puerta no tiene ningún seguro. El segundo día me tocó solo y se me coló una enfermera. Venía dejar más ropa sucia. El tercer día madrugué y tranqué la puerta con dos sillas de ruedas. Ya estaba bajo la ducha cuando alguien empujó la puerta. “Está ocupado”, dije. Me preguntó si estaba solo y me dieron ganas de responderle que andaba de luna de miel. Siguió empujando la puerta pero las sillas resistieron. “Necesito sacar la ropa”, dijo la voz. “Estoy empeloto”, dije. Total, abrevié el baño y volví a al cuarto compartido pensando que estaba en la cárcel y había salvado el honor por poco

Esto no es más que el infierno. 

El personal hace todo lo que puede, con dedicación, pero faltan instrumentos, máquinas, reactivos, y hay que acudir a los laboratorios de otras ciudades. Y los resultados no llegan de un día para otro. Espero los míos.

En fin, el infierno. El infierno de nuestro descontento.

Uno que no está reservado a los que ganan cincuenta millones de pesos mensuales y se roban mucho más que eso. Uno que no está reservado a los que se mueven con diez o veinte camionetas blindadas.

Uno de esos tipos infames, no más uno, nos cuesta tres millones de pesos diarios en comida y ocho millones de pesos por noche de hotel cuando sale a recorrer el mundo con el pretexto de una foto con otro político de mierda o una conferencia de unos minutos. Una puta conferencua que nos llena de vergüenza e indignación.

En fin, la vida sabrosa en el país de la belleza.

¿O no era así?



martes, 5 de agosto de 2025

La publicación póstuma de Joan Didion genera debate / ¿Era justo revelar sus diarios más íntimos?




Joan Didion




La publicación póstuma de Joan Didion genera debate: ¿era justo revelar sus diarios más íntimos?

El lanzamiento de “Apuntes para John”, con confesiones personales de la autora estadounidense, propone una ola de preguntas sobre la ética de publicar escritos privados

Gemma Nisbet
16 de julio de 2025


Joan Didion falleció en 2021, a los 87 años. Cuando se anunció la publicación de un nuevo volumen de sus diarios, la expectación era enorme: sus obras de no ficción personal constituyen la base de su formidable legado literario. Sin embargo, a medida que se conocieron los detalles, los lectores comenzaron a cuestionar la ética de su publicación.

lunes, 3 de febrero de 2025

Carlos Boyero / Highsmith


Una imagen de 'Amando a Highsmith'.
Una imagen de 'Amando a Highsmith'.


Highsmith


Amo su obra, es mi escritora favorita. Siento adicción hacia sus imprevisibles tramas, me provoca angustia y miedo, bucea en el fondo de la mente, narra con estilo hipnótico



Carlos Boyero
CARLOS BOYERO
04 NOV 2022 - 23:15 COT

Veo en Filmin el documental Amando a Highsmith. Eso declaran varias de las novias y amantes de aquella mujer con gesto huraño, parca en su lenguaje oral, con bolsas en los ojos y expresión de machaque interno. Yo amo su obra, es mi escritora favorita. Siento adicción hacia sus imprevisibles tramas, me provoca angustia y miedo, bucea en el fondo de la mente, narra con estilo hipnótico. Y, por supuesto, no me la imagino en la actualidad firmando reivindicativos manifiestos, ni aprovechando convenientes empoderamientos, ni vacuas y oportunistas promociones. Le bastaba con poseer un cerebro tan poderoso como complejo para crear arte.

viernes, 25 de octubre de 2024

Reseña de Diarios de Franz Kafka / Una figura más desordenada, más sexual y compleja


Reseña de Diarios de Franz Kafka: desordenado, complejo, sexual

Este artículo tiene más de 5 meses.

Sus diarios sin censura revelan una figura más desordenada, más sexual y compleja, y revelan mucho sobre el proceso de escritura.


Power Chris

Miércoles 24 de abril de 2024

 

IA finales del verano de 1917, tras los primeros síntomas de la tuberculosis que lo mataría al cabo de una década, Franz Kafka se fue a vivir con su hermana a la campiña bohemia. Durante este período inesperadamente tranquilo en una vida que, por lo demás, había estado siempre asediada, escribió una serie de aforismos. Uno de ellos dice: “El verdadero camino es el que se recorre a lo largo de una cuerda, no una cuerda suspendida en el aire, sino más bien justo por encima del suelo. Parece más un alambre trampa que una cuerda floja”.

domingo, 13 de octubre de 2024

Hanif Kureishi sobre su accidente / "Creía que me estaba muriendo, que me quedaban tres respiraciones. Parecía una manera miserable e innoble de morir"

 



Hanif Kureishi

Hanif Kureishi sobre su accidente: "Creía que me estaba muriendo, que me quedaban tres respiraciones. Parecía una manera miserable e innoble de morir"


Un extracto exclusivo de las nuevas memorias del escritorPor Hanif KureishiEl día de Navidad, en Roma, después de dar un paseo hasta la Piazza del Popolo, seguido de un paseo por la Villa Borghese, y luego de vuelta al apartamento, tuve una caída.

viernes, 15 de marzo de 2024

Triunfo Arciniegas / El robo del camión

 


Triunfo Arciniegas

EL ROBO DEL CAMIÓN 


Anoche robé un camión. Nunca había hecho algo así. Es algo que nadie espera de mí. Las caras de la moneda se han mezclado en una sola sopa donde resulta difícil separar los sueños de los hechos. Mi vida no volverá a ser lo que era. Debo contar el día para que se entienda la noche. Había una tarea pendiente, aplazada como tantas otras: aprobar y firmar la renovación de los contratos de dos libros de Fondo de Cultura Económica de México, Carmela toda la vida y El rabo de Paco. Como le hace falta mantenimiento a la impresora y me resulta difícil leer y desmenuzar un texto en pantalla, reenvío el correo con los archivos de los contratos a una papelería cercana y luego pienso que mejor los llevo en una memoria. Los bajo, los busco, los guardo después de asegurarme de no confundirlos con los que me enviaron a finales del año pasado con adelantos ridículos y porcentajes que pueden mejorarse. Voy a la papelería y me imprimen dos copias de cada contrato: veinticuatro páginas. Leo o trato de leer. Firmo dos copias y le pido a María que las escanee porque puede hacerlo en uno o dos minutos. Acaba de ocurrírseme la idea y me ahorro por lo menos dos horas de trabajo. Lo que hago en casa es tomar dos o tres fotos de cada página para seleccionar la más adecuada y mejorarla. Y así con todas las páginas. Más de dos horas: son doce páginas. Así que siento el alivio de volver a casa con los contratos firmados y listos para enviar. Y con cuatro botellitas de la miel de abejas que le traen a María de Herrán, pura, buenísima, para los mecánicos. En esta vida uno debe andar bien con el médico, el abogado y el mecánico.

Leo los contratos en la cama. No han atendido todos mis requerimientos, aunque sí los fundamentales del adelanto y los porcentajes. No quiero dilatar la diligencia. Me avergüenza hacerlos esperar más. Envío los contratos a México diciéndome que del ahogado el sombrero. Son las once de la mañana. Pienso almorzar fuera. Es temprano. Voy con la camioneta para que Manuel le revise las luces porque anda tuerto. René y yo trajimos la Ford Explorer de Cuatrovientos el sábado. Subió bien a pesar de que estuvo guardada como tres años. Fuimos a La Mancha el domingo en la mañana y todo bien. Subió la montaña como si nada. Hace una semana aprobó el examen técnico mecánico. El único lío son las luces. Manuel deja la tarea en manos de su hijo, que nunca había visto antes. La confianza es con Manuel. El hijo da vueltas. Dice que se debe cambiar una cosa y la otra. Da una solución y luego otra: ambas caras. Al fin le pido que deje las luces como estaban. Cierra, asegura y le pregunto cuánto. Diez mil pesos y todo sigue igual que antes. Manuel me aconseja que vaya donde el Rayo, su antiguo aprendiz, pero le replico que es un tirano. “Anda enfermo”, dice. También Carmelo, su ayudante, que acaba de pasar por el taller. ¿Quién no anda enfermo a estas alturas? Mirando hacia el río, Manuel habla de la terrible circunstancia de envejecer y enfermarse. Ya estamos viejos. Si envejecieron criaturas tan divinas como Jessica Lange y Jodie Foster en el país de los sueños, qué se puede esperar de los pobres mortales en el culo del mundo. Me despido. Le escribo a René que aprovechemos el viaje de Jairo el próximo domingo para que revise el sistema eléctrico no solo de la Hammer sino de la Explorer. Ya es más de mediodía. Darío no abrió el restaurante. Tal vez viajó a una cita médica. Ya es más biónico que yo, que tengo ojos de vidrio, pata de palo y corazón de piedra. Voy en la Explorer a un restaurante que quiero conocer y encuentro que tampoco abrieron. Sigo hacia mi casa y me preparo un café. Me siento bien, con los contratos salvé el día. Jairo resolverá el problema de las luces. Cambiará el amasijo de cables. Tengo la tarde libre para Netflix pero me duermo casi de inmediato. La noche anterior fue breve. Me despierto preguntándome si Alejandra pasó o no. Le escribo. Nos vimos cuando estaba donde Manuel. Apareció de camino a casa de su madre, donde va a comer todos los días, y conversamos un rato de asuntos prácticos. Se encarga de mis pagos. Me pregunta si ya llegó el recibo del agua y queda de pasar por mi casa más tarde. No lo hace. Lo sabré más tarde por un mensaje suyo. Netflix queda pendiente porque se me va el resto de la tarde y parte de la noche en dos textos: uno sobre la arrogancia de los críticos a propósito de En agosto nos vemos y otro para responder los insultos de un petrista. Voy a la cocina por más café y un huevo. Aparece un asunto con otra editorial. Me enviaron un formato para elaborar dos cuentas de cobro y se me olvidó. Volvieron a escribirme y me puse a la tarea. Las envié y dijeron que no. Que el pago estaba incluido en el adelanto. Y ahora otra persona de la misma editorial me escribe para decirme que siguen esperando las cuentas de cobro. ¿En fin qué? Dejo el asunto para mañana. Converso con Susana, que perdió a su padre el sábado, le envío una broma a mi querida y vieja amiga Ana Beatriz y adelanto un asunto sagrado con Piedad. La negra Eufemia cumple años la semana entrante. ¿Qué voy a hacer? La madre de Alejandra cumple el mismo día, pero ya no tengo velas en ese entierro. Lamento que tampoco en el de Tana, otra del mismo día. Uno de los espectáculos más bellos de mi vida. Me duermo viendo un documental sobre una pintura de Da Vinci, un descubrimiento reciente. El televisor se enciende y se apaga solo una y otra vez y en la madrugada lo descubro debajo de mí. Ha contribuido a la zozobra del robo del camión.

No es el único percance. Tengo otra vez la más horrible de las pesadillas: soy profesor. Y termino haciendo lo que se me da la gana. He repartido pizza y cerveza entre los estudiantes. La rectoría se incomoda. Recogemos cajas y botellas para borrar los rastros del banquete. No se trata en realidad de un banquete sino de una humilde comida. Pero los muchachos la han pasado bien y eso me alegra. Creo que las evidencias terminan en el camión. Voy de delito en delito. Hace un momento recordaba más cosas del camión y no sabía nada del banquete. Busco un sitio para dejar el camión. Todos los alumnos se han ido. En algún momento saltaban como cabras. ¿ A dónde han ido? Tienen sus asuntos. Sus cuentos propios. Necesito saber qué tan complica es la situación. Qué posibilidades tengo. ¿Cómo me metí en este lío? No puedo precisar los detalles del robo. Estoy preocupado por algo más que el camión. Tiro hilos de la madeja de los sueños como si fuesen los cables de la Explorer. ¿Habrá una explosión? Se ve todo tan tranquilo pero nunca se sabe. La ciudad se parece a Montevideo. Estaciono el camión en una calle tranquila y más tarde me acerco en una moto. Veo policías por todas partes. Unos doce, por lo menos. Empujan el camión como si fuese un juguete. Tengo el casco y lentes oscuros. Paso desapercibido. Me alejo. Necesito un teléfono público para advertirle a René que no me llame. Como todo bandido, voy a desaparecer mientras se calman las cosas.

Los gatos se impacientan. Son más de las cuatro de la mañana y estoy escribiendo con el índice derecho en el celular desde antes de las tres. Voy a darles el desayuno. Netflix sigue pendiente.

15 de marzo de 2024


miércoles, 24 de enero de 2024

Patricia Highsmith: «Soporto el hambre y el frío, pero no al prójimo»

Patricia Highsmith


Patricia Highsmith: «Soporto el hambre y el frío, pero no al prójimo»

Se publican los diarios de la escritora, un retrato en primera persona de sus obsesiones, preocupaciones y sentimientos que ayudan a comprender mucho mejor a una de las escritoras más esquivas de la literatura

Patricia Highsmith / Ripley y la obsesión por los caracoles

 



Ripley y la obsesión por los caracoles

Por Jesús Ferrer

En 1951 se estrenaba una de las mejores películas de Alfred Hitchcock, «Extraños en un tren». Se basaba en la novela de una joven escritora primeriza, Patricia Highsmith (Fort Worth, Texas, EEUU, 1921 - Locarno, Suiza, 1995), quien pronto sería conocida como la celebrada narradora de suspense psicológico que con tanta admiración continuamos leyendo en la actualidad. Su obra se ha revalorizado con los años, a medida que se iban considerando en ella vertientes literarias que iban mucho más allá de la trama policial, ahondando en los oscuros entresijos de la condición humana. Obsesivas pulsiones sexuales, conciencia amoral del crimen, el protagonismo del imprevisible azar y una deprimente cotidianidad conforman, entre otros, los referentes de esta original narrativa. Tras su muerte se encontraron en un armario de su casa casi ocho mil páginas de anotaciones personales que ahora ven la luz en modélica edición, selección y prólogo de Anna von Planta, con el título de «Diarios y cuadernos. 1941-1995». A juzgar por lo ordenado y corregido que se encontraba el material original, parece indudable la voluntad de la escritora de que se publicara, de que conociéramos las claves de su literatura a través también de su compleja intimidad. 

Patricia Highsmith / Diarios / 1947



Un testimonio de 1200 páginas, en el que se muestra visceral y descarnada, con una incansable pasión por escribir y vivir

"Diarios y cuadernos", donde Patricia Highsmith se quita todas las máscaras

Son sus escritos privados, 18 diarios y 38 cuadernos que recorren toda su vida, de los que se seleccionó el tomo que acaba de publicar Anagrama. Radar presenta un extracto del año 1947, en el que se debate entre amores y trabajos mientras escribe su primera novela, Extraños en un tren.   

martes, 23 de enero de 2024

Patricia Highsmith / Diarios / Citas perversas

 



Patricia Highsmith
MATAR ES COMO HACER EL AMOR

 “A Buffie le encantaría tenerme como única amante en lugar de su marido. Quizá mantengamos nuestras citas de los miércoles”.

Patricia Highsmith / Estoy hecha de dos apetitos

 



Patricia Highsmith

Diarios y cuadernos

«Estoy hecha de dos apetitos: amor y pensamiento»

Por Amatulláh Hussein
15.9.2022


El personaje de Tom Ripley no puede ser la creación de una escritora que esté plenamente satisfecha con su vida y que profese una moral intachable. «Hacen falta dos espejos para tener la imagen correcta de uno mismo», anota Highsmith en uno de sus numerosos cuadernos.

Patricia Highsmith / Soy un ángel, un demonio, un genio

 


Patricia Highsmith

Diarios y cuadernos

“Soy un ángel, un demonio, un genio”


Mireia G. Sanz

24 de septiembre de 2022


Patricia Highsmith (EE. UU., 1921-Suiza, 1995) recoge una cita de Tom Ford en la que afirma que el hombre que lleva un diario consigo lo hace porque teme decir lo que escribe. Podría ser este su caso: hermética, misántropa y entrevistada imposible, Highsmith se descobija completamente en sus diarios y cuadernos.

Patricia Highsmith / Diarios y cuadernos

 




Patricia Highsmith

Diarios y cuadernos

Un acontecimiento literario: los demoledores diarios y cuadernos de una escritora que en vida fue muy celosa de su intimidad.

Patricia Highsmith, que en vida se ganó fama de misántropa y mantuvo un aura de secretismo sobre su vida privada, al morir dejó unos diarios y cuadernos personales guardados entre la ropa en un armario. Su editora, Anna von Planta, se ha sumergido en las más de ocho mil páginas de anotaciones y ha realizado una meticulosa selección, que ahora sale por fin a la luz. Sin duda, un acontecimiento literario.

Los diarios de Patricia Highsmith y el exceso

Los diarios de Patricia Highsmith, la autora que "se zambulló en exceso en la vida y en escribir"

Las mil páginas de "Diarios y cuadernos 1941-1995" son un "lacerante, puntiagudo y desgarrador" volumen formado por los escritos más íntimos de Patricia Highsmith

EFE

30 de agosto de 2022

Con fama de misántropa y una aura de secretismo, prácticamente nada se sabía de la vida íntima de Patricia Highsmith hasta que se han dado a conocer las más de mil páginas de "Diarios y cuadernos 1941-1995", un libro que publica ahora Anagrama en castellano y que "desencripta" a la escritora norteamericana.

domingo, 10 de diciembre de 2023

Lo escrito escrito queda / Los diarios de Virginia Woolf

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Virginia Woolf. Foto: Cordon.

Lo escrito escrito queda: los diarios de Virginia Woolf


Yolanda Morató
31 de mayo de 2020

Una escritora se pone de moda (recordemos que la moda no es otra cosa que el reflejo de los gustos pasajeros de cierta colectividad y, por tanto, durante un tiempo, pueden despreciarse de manera sistemática los matices que presente cualquier juicio crítico). De repente, el hecho de decir que no te gusta lo que publica, o lo que simboliza en público, se convierte en un pecado, en una reacción supuestamente motivada por algún tipo de envidia o en pura insolencia. Si, además, dicha escritora comienza a adquirir cierto papel contestatario —esté o no justificado, con mayor o menor éxito— disentir resulta aún más grave. ¿Cómo oponerse a un icono? ¿Cómo jugar a ser David contra Goliat?

Cuadernos de delicada locura (y 2)

Cuadernos de delicada locura
Patricia Highsmith. (Cordon)

Cuadernos de delicada locura (y 2)

Literatura, cuadernos escritos a mano, enfermedad mental y redención. Esto es la segunda parte de «Cuadernos de delicada locura (1)».

Susan Sontag tenía diecisiete años cuando se casó con Philip Rieff, su profesor de sociología en la universidad. Rieff era once años mayor que Sontag.

Cuadernos de delicada locura (1)

 

Cuadernos de delicada locura
Sylvia Plath. 

Cuadernos de delicada locura (1)



Antonio Yelo
17 de febrero de 2022

El detective de homicidios Somerset, de la policía de Nueva York, entra en una habitación. Las paredes están ocupadas por estanterías que llegan hasta el techo. En ellas se apilan miles de cuadernos. Somerset coge uno. Portada sin etiqueta. En el interior se apelotonan las frases escritas a mano, diminutos y borrosos dibujos y fotos pequeñas, aparentemente recortadas de la sección de contactos del periódico. Los dibujos, imágenes y textos ocupan cada pulgada de las páginas. Somerset toma otro cuaderno y lo hojea. Igual que el primero, lleno hasta el borde. Somerset se acerca a otro estante y saca otro cuaderno. Lo mismo. El detective mira a su alrededor. Están en el domicilio del asesino. Su compañero, el detective Mills, entra en el cuarto.

miércoles, 19 de abril de 2023

Triunfo Arciniegas / Los últimos días de mi padre

 


Hombre con bombín, 1964
René Magritte



Triunfo Arciniegas
LOS ÚLTIMOS DÍAS DE MI PADRE

Mi padre murió hace apenas unos meses, casi nonagenario. No asistí al velorio ni al entierro, pero entiendo que sus otros trece hijos sí lo hicieron. Sobrevivió veintidós años a mi madre. Cuando estábamos empujando el cajón en la bóveda, recuerdo que mi padre se acercó y le dijo a mi madre: "Nos vemos pronto". Aunque no la escuchamos, mi madre seguramente exclamó desde el más allá: "Señor, ten piedad".