La magia telegénica parece abandonar a Chávez  en favor de un joven y apuesto Goliath andariego con quien, al igual que  con Chávez hace veinte años,  nadie  contaba.

Hugo Chávez debe su carrera pública a los 47 segundos de televisión mejor aprovechados por político venezolano alguno durante el último siglo.
El hecho de que fuesen empleados en anunciar su rendición, luego de su fallida intentona golpista de febrero de 1992, no resta peso a la idea de que una sola frase – dos palabra apenas – que escapó de sus labios en un momento  de telegénica adversidad hizo más por su fortuna política que los doce años que llevaba conspirando arteramente contra la constitución que había jurado defender. La frase, hoy archiconocida y ajada, fue “por ahora”.