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miércoles, 18 de septiembre de 2024

Japón ya tiene ministro contra la soledad

Retrato de Miyu Kojima y una de sus obras que representa una habitación tipo de las que tiene que limpiar tras hallar a ancianos que han muerto en soledad. FOTO DE HAJIME KATO

Japón ya tiene ministro contra la soledad

El 14% de las personas fallecidas en el país asiático que no compartían vivienda con nadie fueron halladas entre uno y tres meses después del deceso


GONZALO ROBLEDO
Tokio - 29 MAR 2021 - 03:49

La carencia de contacto social en Japón durante la pandemia ha provocado un repunte de los suicidios. Para atajar esta situación, el Gobierno nipón, siguiendo el ejemplo del Reino Unido, ha nombrado un ministro de la Soledad. En 2020, el país asiático registró 21.919 suicidios, de los que 479 eran escolares y 6.976, mujeres. Significó el primer ascenso en 11 años.

El nuevo ministro de la Soledad, Tetsushi Sakamoto, compaginará su trabajo con el de ministro de Revitalización de las Regiones, y coordinará una estrategia entre ministerios para hacer frente a un fenómeno agravado por el descenso de la natalidad y la masificación en las ciudades.


Según la revista digital Nikkei Asia, se espera que las medidas japonesas para ayudar a las personas solas sigan la senda de la estrategia del Reino Unido, que creo en enero de 2018 el primer departamento (en su caso una secretaría de Estado) para luchar contra una epidemia social que afecta a unos nueve millones de británicos.


Para Junko Okamoto, autora del libro Sekai ichi kodoku na Nihon no ojisan  (Los más solitarios del mundo: los hombres japoneses de mediana edad), uno de los primeros retos para el nuevo ministerio será recopilar estadísticas sobre una condición que pocos japoneses reconocen como un problema. “Muchas personas están solas, pero se niegan a aceptarlo. Es un estigma”, afirma en una entrevista telefónica.


Esta experta señala que los japoneses “rechazan la connotación negativa de la soledad”, y subraya que para el japonés medio la resistencia ante las adversidades es un deber, y la soledad es un reto que se asume sin aspavientos.


En un informe titulado Japón debería tener un ministro para la gente sola, el Instituto de Investigaciones Mizuho (MRI, por sus siglas en inglés), indicaba que en 2040, el 40% de los hogares japoneses serán unipersonales.

Aunque el teletrabajo ha generado un éxodo incipiente hacia el campo, en Tokio cada vez hay más publicidad de venta de pisos nuevos para personas solas. Los solitarios de todas las edades se han convertido en una apetecida categoría de consumidor, y la literatura que elogia la soledad es un rico filón que supera con creces las ventas de libros críticos como el de Okamoto.

Los supermercados venden raciones individuales de todo, y muchos restaurantes usan el término “ohitori-sama” (honorable señor solo; el término sirve también en femenino) para ofrecer mesas con un solo asiento y buenas vistas, pero situadas fuera del ángulo visual de las parejas y los grupos a la hora de la cena.


Uno de los programas televisivos de gastronomía más longevos se llama Solitary Gourmet (Gourmet Solitario), y consiste en un epicúreo monólogo recitado por un vendedor de muebles que siempre encuentra algún buen restaurante en Tokio para comer solo.


El aumento de muertes de ancianos solos que son hallados días, o a veces meses, después de fallecer, ha propiciado servicios especializados en la limpieza de habitaciones que quedan sepultadas bajo montañas de basura o manchadas con fluidos corporales.


Para mostrar una realidad visualmente menos perturbadora que la que podrían ofrecer las fotografías, una empleada de una de estas empresas, Miyu Kojima, empezó a crear detalladas miniaturas de las habitaciones después de retirado el cadáver. Sus maquetas fueron catalogadas en un libro titulado Toki ga tomatta heya  (La habitación del tiempo detenido), que muchos lectores han interpretado como una advertencia del riesgo latente de morir solos.

Aunque el Gobierno japonés no publica estadísticas de muertes en soledad, la ONG Asociación para Tomar Medidas para Prevenir la Muerte Solitaria en Japón, calcula que en 2020 un total de 4.448 personas fallecieron solas. El 14% fueron halladas entre uno y tres meses después de su deceso.


EL PAÍS





lunes, 2 de septiembre de 2024

El club de los poetas suicidas / Cicuta y cruces


Alejandra Pizarnik


El club de los poetas suicidas
CICUTAS Y CRUCES
Rebeca Viguri
4 de enero de 2013


No es lo mismo querer morir que querer matarse. Y hasta que los desahucios y el acoso escolar no se han cobrado sus víctimas en un sacrificio ritual que la sociedad posmoderna ofrece a sus dioses —como el minotauro se cobraba puntualmente sus jóvenes de entre lo más selecto de la sociedad cretense—, hemos mirado poco el suicidio de frente. Poco o nada. “Cuando se miran de frente los vertiginosos ojos claros de la muerte, se dicen las verdades: las bárbaras, terribles, amorosas crueldades”, escribió ese poeta eléctrico que fue Gabriel Celaya, a propósito de algo que no era el suicidio, pero que lo absorbía como el cosmos fagocita la vida y la muerte: la habitual capacidad del ser humano para bajar los párpados cuando descubre incertidumbre en lugar de pálpito caliente de carne. Ya lo sentenció Faulkner —y lo remarcó Laforet con marchamo patrio—, cuando imprimió que esexo y la muerte eran “la puerta de delante y la puerta de atrás del mundo”.

viernes, 20 de noviembre de 2020

Joseph Conrad y Hermann Hesse / Escritores suicidas frustrados

 

Hermann Hesse

Escritores suicidas frustrados

Joseph Conrad no tiene una sola página ridícula ni se permitió una zozobra. La vitalidad de Hermann Hesse entró en conflicto con la vida oscura de su familia


Manuel Vicent
6 de noviembre de 2020




El escritor Joseph Conrad, abordo del S. S. Tuscania en su llegada  a Nueva York, en 1923
El escritor Joseph Conrad, abordo del S. S. Tuscania en su llegada a Nueva York, en 1923BETTMANN / BPA
La nómina de escritores que prefirieron largarse al otro mundo por la vía rápida a seguir escribiendo es magnífica y prácticamente interminable. Desde los clásicos Sócrates, Séneca y Petronio, pasando por Larra, Ganivet y Gabriel Ferrater entre los nuestros, por los famosos Salgari, Jack London, Virginia Wolf, Stefan Zweig, Sylvia Plath, Cesare Pavese, Walter Benjamin, Hemingway, la lista no está cerrada porque este es un oficio siempre al borde del acantilado, que no es sino el propio ego por el que el escritor está siempre a punto de despeñarse. Pero hubo dos grandes literatos que pasaron a la gran historia de la literatura gracias a que en su atormentada juventud, pese a haberlo intentado, no lograron suicidarse: Joseph Conrad y Hermann Hesse.

Diez escritores suicidas


Yukio Mishima


Diez escritores suicidas 

26 de noviembre de 2013 | 22:49 CET

Dicen que para ser un escritor creativo hay que ser infeliz, arrastrar las cadenas de la melancolía, tener un futuro negrísimo como el betún, desprender misantropía (o misoginia) por los poros o sencillamente estar enganchado a alguna droga que te haga subir y bajar, estar bien y mal, de forma tan bipolar como las luces estroboscópicas de una discoteca.

El club de los poetas suicidas / Alfonsina Storni

Alfonsina Storni

El club de los poetas suicidas
ALFONSINA STORNI
Por Jenn Díaz
3 de marzo de 2013


“Nací al lado de la piedra junto a la montaña, en una madrugada de primavera, cuando la tierra, después de su largo sueño, se corona nuevamente de flores. Las primeras prendas que al nacer me pusieron las hizo mi madre cantando baladas antiguas, mientras el pan casero expandía en la antigua casa su familiar perfume y mis hermanos jugaban alegremente. Me llamaron Alfonsina, nombre árabe que quiere decir dispuesta a todo”.
Podría parecer la mezcla de los nombres de sus progenitores, Alfonso y Paulina, pero Alfonsina Storni le hizo más honor al significado árabe de su nombre, porque verdaderamente estaba dispuesta a todo. Sí, la niña que, en sus palabras, tenía un alma toda fantástica, viajera, estaba dispuesta a todo. A sus primeras mentiras, al amor, a la sensualidad, a la maternidad, a la soledad, a la poesía, al descaro, a la igualdad, a la lucha y también a la muerte. Las primeras veces que Alfonsina Storni empezó a parecerse a la Alfonsina Storni en la que se convertiría son muy tempranas. De niña, robó un libro. Sus padres, cuando no pasaban por una buena época porque Alfonso Storni sería, además de alcohólico, una persona deprimida y apartada de la vida, no tenían dinero, así que la niña que se convertiría en una gran poeta empezó robando un libro. No tenía dinero para comprarlo: pidió un libro escolar y, una vez en las manos, pidió otro. Aprovechando que unos jóvenes entraron al establecimiento y el encargado se fue a la trastienda, Alfonsina echó a correr con el libro. Después, y este es el segundo rasgo destacable, dijo, mintiendo, que había dejado el dinero encima del mostrador. Así lo recuerda ella:
“A los seis años robo con premeditación y alevosía el texto de lectura en que aprendí a leer. Mi madre está muy enferma en cama; mi padre, perdido en sus vapores. Pido un peso nacional para comprar el libro. Nadie me hace caso. Reprimendas de la maestra. Mis compañeras van a la carrera en su aprendizaje. Me decido. A una cuadra de la escuela normal a la que concurro, hay una librería; entro y pido: El nene. El dependiente me lo entrega; entonces solicito otro libro, cuyo nombre invento. Sorpresa. Le indico al vendedor que lo he visto en la trastienda. Entra a buscarlo y le grito: “Allí le dejo el peso”, y salgo volando hacia la escuela. A la media hora las sombras negras, en el corredor, de la directora y de aquél, encogen mi corazoncillo. Niego, lloro, digo que dejé el peso en el mostrador; recalco que había otros niños en el negocio. En mi casa nadie atiende reclamos y me quedo con lo pirateado”.

El club de los poetas suicidas / Nika Turbiná




El club de los poetas suicidas
NIKA GEORGIEVNA TURBINÁ
Por Sergio Andrés Pérez
12 de abril de 2012

Cada dos años leemos que en Argentina ha aparecido el heredero de Maradona y en Brasil el de Pelé. De tanto escucharlo terminamos por ignorar esas afirmaciones. Sobre todo cuando, invariablemente, terminan por esfumarse a la espera de nuevas promesas. Algo parecido sucede cuando hablamos de niños prodigio, aquellos que en edades muy tempranas manifiestan actitudes creativas impropias de su edad. Lo primero que sentimos, además de sorpresa, es la duda que nos manifiesta pensar que quizá se trata de una casualidad o de una valoración exagerada por nuestra parte. Pocas veces pensamos que los niños prodigio son, esencialmente, trágicos, porque renuncian por un don a su propia infancia.

jueves, 24 de octubre de 2019

El club de los poetas suicidas / Sylvia Plath


Sylvia Plath 1

El club de los poetas suicidas
Sylvia Plath
Por Jenn Díaz
25 de abril de 2013

Sylvia Plath en YorkshireNunca volveré a hablar con Dios. Esa es la respuesta que Sylvia Plath le da a su madre cuando esta le comunica que su padre ha muerto. La infancia de la poeta, hasta que su padre muere, es bastante común en la medida que las familias felices son comunes. Los padres eran personas inteligentes: Otto, un erudito bastante más preocupado por su carrera y sus publicaciones que de su familia; Aurelia, capaz de renunciar a su carrera y su intelecto, quedar en un segundo plano para tener lo que ella entiende por hogar feliz. La madre, que ayudaba en las divulgaciones científicas a su marido y se hacía cargo de la pequeña Plath, hablaba así de su primer año de matrimonio, muy diferente de lo que fue el primer año del matrimonio Hughes-Plath: Comprendí que si quería un hogar tranquilo (y así era) tendría que hacerme a la idea de ser más sumisa, aunque no iba con mi carácter. Así, el hogar Plath era tranquilo gracias a la renuncia de la madre. Otto, en cambio, se encerraba en su estudio a trabajar, con un rol mucho más autoritario y respetuoso, pero también distante: él era el centro de la familia y los miembros de esta debían adaptarse a su condición de hombre culto y académico. El primer problema con el que se enfrenta Sylvia Plath, con dos años, es que ha nacido su hermano Warren. Un bebé. Odio a los bebés. Yo, que durante dos años y medio había sido el centro de un tierno universo, sentí que el eje se torcía y que un frío polar me paralizaba los huesos. Ese tierno universo se lo debía, en parte, a sus abuelos maternos, a los que convirtió en refugio y en recuerdo perfecto a lo largo de los años. Además de que el abuelo la tenía endiosada —una diosa y una mujer en miniatura—, con las recurrentes enfermedades del hermano y, más tarde, del padre, Sylvia Plath se vio agradablemente obligada a pasar más tiempo con ellos. Entonces, Aurelia le mandaba cartas a su hija, a la casa junto al mar en la que se había instalado: Estoy muy orgullosa de lo bien que coloreas los dibujos. Procura escribir tan bien como coloreas. Procura escribir las palabras en vez de imprimirlas.

miércoles, 7 de agosto de 2019

George Trakl / Incesto y cocaína en un gran poeta


Georg Trakl
Ilustración de T.A.


Georg Trakl, incesto y cocaína en un gran poeta

El novelista Claude Louis-Combet revive en 'Hiere, negra espina' la relación erótica del poeta alemán con su hermana Gretl, que marcó sus trágicas vidas y su escritura
Antonio Lucas
29 de julio de 2019

Para qué más, si a los 27 años había acumulado la dosis de infierno necesaria para escapar del mundo dando un portazo. El poeta Georg Trakl fue un hombre de su tiempo, pero más aún una tiniebla. Cayó fulminado en 1914 por un exceso de cocaína. Vino y cocaína. Entonces ya había acumulado poemas que instauraban otra forma de intervenir en el expresionismo: poderosos, dañados, feroces, inquietantes, cargados de una bruma capaz de calar hasta lo hondo del hueso.





El poeta Georg Trakl, de niño, junto a su hermana Gretl en la primera década del siglo XX. Y, al lado, Gretl dos años antes de suicidarse.
A tan alta cumbre de intemperie no llegó solo. Las averías que llevaba de serie, la sensación de estar fuera de sitio en cualquier situación, las lecturas de Karl Kraus, la amistad con el arquitecto Adolf Loos, los insomnios. El alcohol. Las drogas. Los desastres de la Primera Guerra Mundial en la batalla de Grodek (Galitzia ucraniana), donde tuvo que asistir sin recursos a 90 heridos graves como oficial médico. Qué gran poeta y qué difícil le fue serlo. Estaba bien acondicionado para la vida, pero escogió el camino selvático de existir a destajo, con un temple espiritual fuera de lo común. Junto a Rilke y Stephan George fundó la nueva senda de la poesía alemana de los primeros compases del siglo XX.