
Una imagen de 'Cónclave', con Ralph Fiennes (derecha) y Brían F. O'Byrne.
‘Cónclave’: la intriga funciona pero el final es un disparate
A medida que se va acercando el desenlace, percibes que este va a ser complicado, que al prestidigitador ya no le quedan palomas o conejos debajo del sombrero
Carlos Boyero
19 de diciembre de 2024
Admito la trascendencia y el permanente interés que mantiene el universo católico hacia los asuntos humanos y divinos que transcurren en el Vaticano. Imagino que allí ocurren cosas fascinantes, relacionadas con el espíritu y con las siempre turbias cosas terrenales, y que en ese opulento Estado al servicio de Dios ocurren las mismas historias siniestras que marcan el funcionamiento de todos los gobiernos, de los mecanismos del poder, de las grandísimas empresas. Pero mi atea existencia y mi inquina con causa desde que era pequeñito hacia todo tipo de iglesias logran que las temáticas que se desarrollan en la Santa Sede inicialmente me despierten indiferencia. No tengo demasiado interés en pasar horas de mi vida ante una pantalla habitada por gente ensotanada, o ataviada con capelo cardenalicio y birreta roja. Pero, dejando aparte ese ambiente tan poco grato para mí, admito que las cosas que ocurren allí puedan estar narradas con talento, imaginación o suspense.
