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domingo, 16 de enero de 2022

Gustavo Tatis / Una hija, el secreto mejor guardado de Gabriel García Márquez

 

Gabriel García Márquez


Una hija, el secreto mejor guardado de Gabriel García Márquez

Biografía

Who is Susana Cato, with whom Gabriel García Márquez had a daughter?


De Gabriel García Márquez se conoce su prodigiosa obra literaria y la historia de su vida, pero solo hasta hoy se revela al mundo la noticia de su hija.

Gustavo Tatis Guerra
16 de enero de 2022

En aquel amanecer de octubre de 1982, el teléfono de la casa de Gabriel García Márquez, en México, los despertó con la noticia del Premio Nobel de Literatura. Entre las llamadas de todo el mundo que le sorprendieron aquel día a Gabo, estaba la voz de Indira Gandhi, la primera jefa de Estado en felicitar al escritor por su premio. Indira acababa de leer la novela ‘Cien años de soledad’, y le contaba fascinada a García Márquez que no sabía si ella era la loca o la locura estaba en los personajes del novelista colombiano. Este episodio me lo acaba de contar el biógrafo de García Márquez, Dasso Saldívar.

sábado, 29 de agosto de 2020

El que hombre que no quiso ser Gabriel García Márquez





El periodista Eligio García Márquez.El periodista Eligio García Márquez.ARCHIVO DE MYRIAM GARZÓN


El hombre que no quiso ser Gabriel García Márquez

Periodista y escritor, el hermano del premio Nobel colombiano trató de esconder el parentesco familiar


Juan Cruz
Tenerife, 19 de agosto de 2020

Cuando, a los nueve años, el maestro le preguntó a Eligio Gabriel García Márquez (Colombia, 1947-2001) si de mayor querría ser un escritor como su hermano, el muchacho respondió: “No, porque a mí no me gusta meter mentiras”. Eligio fue bautizado Gabriel porque el padre de los García Márquez quería esa duplicidad en su familia, pero a lo largo de los años, hasta 2001, en que Eligio murió en Bogotá, ese descendiente que llevaba también el nombre del Nobel hizo todo lo posible para que no se supiera en público ni ese patronímico ni mucho menos el inmediato parentesco.
Así que Eligio, que sí terminó contando mentiras pues es autor de algunas novelas y fue un importante periodista en su país, firmaba Eligio García y así se presentaba ante los entrevistados (hizo grandes entrevistas literarias, como las contenidas en Son así. Reportaje a nueve escritores latinoamericanos, editorial La Oveja Negra, 1982; El Áncora Editores, 2002) y de esa manera pasó a la historia del periodismo y de la literatura de esta lengua.

De hecho, el reportaje que incluyó en ese libro en torno a la figura privada y pública de su hermano el Nobel apareció en prensa sin firma alguna, y solo se reveló la identidad del autor para la publicación de ese volumen que ahora se lee, en muchos aspectos, como una novedad sobre un fenómeno que él vivió de cerca sin más estridencia que la que podía desatar su trabajo.
Su amigo Gustavo Tatis, escritor que siguió su vida y su obra hasta el final y que escribió un libro ya célebre sobre Gabo y su familia, La flor amarilla del prestidigitador (Navona 2019), contaba esta semana desde Colombia: “Eligio luchó por ser él, no quería vivir de la fama de su hermano mayor; en algunos casos, como Vargas Llosa, con el que estuvo en Caracas cuando a Gabo le dieron el Rómulo Gallegos, no podía disimular, pero ante otros, como Guillermo Cabrera Infante o Alejo Carpentier, se presentaba como Eligio García, y como Eligio García firmaba luego esos reportajes”.
En el libro, que es ahora una rareza sobre el boom visto desde dentro cuando ya queda solo, en Vargas Llosa, un superviviente de la explosión, narra Eligio la extraña situación creada con el autor de Consagración de la primavera. Entonces Carpentier estaba en la cumbre antipática de la fama, le concedió a Eligio una entrevista que nunca se llegaba a celebrar, por distintas indisposiciones del genio cubano. Y así anduvo en peregrinación, sobre todo en París, Eligio García, sin que el reportaje tuviera lugar, hasta que, en esa ciudad, pareció que las cosas se enderezaban. Falsa alarma, porque de nuevo este hombre mucho más hosco que su literatura le dio portazo, aunque lo quiso obsequiar con un libro firmado. “¿Cómo se llama usted?”. Eligio le dijo su nombre propio, y Carpentier le pidió más concreción. Hasta que terminó por decirle sus dos apellidos. “¡¿Y por qué no me lo dijo antes?!” “Nunca a nadie le decía”, cuenta Tatis.


Los hermanos Eligio y Gabriel García Márquez.
Los hermanos Eligio y Gabriel García Márquez.

Era, sigue Tatis, “de una sencillez impresionante”. Y añade: “Ayudó a escritores jóvenes a sentirse cerca de Gabo, estudió Física para no acercarse a la literatura, o quizá para acercarse a Sábato, que fue su amigo [y es uno de los grandes retratos del libro], y acabó escribiendo uno de los libros clave sobre la escritura de su hermano, Tras las claves de Melquíades, además de La tercera muerte de Santiago Nasar, sobre la novela que Gabo situó en Sucre, el lugar de nacimiento de Eligio”.
Su pasión por hacer periodismo, “como los norteamericanos”, está presente sobre todo en el texto que dedica a su hermano en Caracas, en aquella ocasión del Rómulo Gallegos. Poseído por aquella aspiración de totalidad que tenían los contemporáneos de Norman Mailer o Truman Capote, y el propio Gabriel García Márquez, Eligio terminaba ese retrato con un monólogo que podría entenderse como una búsqueda psicológica de los orígenes literarios del autor de Cien años de soledad. “Entonces, ahí está él, el autor, como si no lo fuera, como si fuera otro y no él, su doble, sabiendo por boca de Carmen Balcells esas noticias, recordando quizás como ella esos recuerdos, cómo pasa el tiempo, madre mía, Bendición Alvarado, sabiendo también por boca del poeta Álvaro Mutis, quien anoche lo llamó de México y le gritó vociferante duerma tranquilo mi general porque hoy es una fecha histórica, esa cabrona obra me dejó sin aliento, sabiendo cómo los lectores devoraban el libro con muchísima más furiosa ansiedad con que fueron devorados vivos Leticia Mercedes María Nazareno y su minúsculo general de división por los sesenta perros iguales de mis desventuras”.
Ese reportaje de Eligio, que incluye otras crónicas de épocas concomitantes, tiene esta nota al pie: “Esta crónica fue publicada en la revista Flash de Bogotá, en febrero de 1971, sin firma y con el título de Gabriel García Márquez se hunde en la soledad de la gloria, y así también fue reproducida en Chile y en Venezuela. Esta es por lo tanto la primera vez que mi nombre aparece vinculado a este texto”.
De semejante envergadura, como estudio literario de un periodista que se sabe la lección antes de hacer preguntas, es el trabajo que hizo Eligio en Londres con Guillermo Cabrera Infante a finales de los setenta. El autor de Tres tristes tigres estaba saliendo aún de un nervous breakdown, ya era un exiliado molestado peligrosamente por la dictadura cubana y el joven García acudió a su casa y consiguió de él tal cantidad de detalles sumamente literarios que de ahí surge uno de los más hermosos retratos de Cabrera Infante como escritor. Cómo no, por algún lado sale el boom del que el cubano fue esquinado.
“¿Cómo se llama usted?”. Eligio le dijo su nombre propio, y Carpentier le pidió más concreción. Hasta que terminó por decirle sus dos apellidos. “¡¿Y por qué no me lo dijo antes?!” “Nunca a nadie le decía”, cuenta Tatis

Hablando del origen del término y también de sus integrantes, le dice Guillermo a Eligio: “La palabra boom aplicada a la literatura y no a la economía fue una invención argentina. Concretamente, de una revista de Buenos Aires: de ahí la atribución a Rayuela de su inicio. Creo que se comete una injusticia con Vargas Llosa. Fue La ciudad y los perros, que ganó el premio Biblioteca Breve y compitió por el Formentor en 1962, la novela que hizo interesar al público en España y en América Latina por una literatura de ficción escrita en español. Pero ese mismo año, no hay que olvidarlo, Jorge Luis Borges ganó ex aequo con Beckett el premio Formentor, que lo convirtió en una figura literaria internacional, llevando la literatura escrita en español más lejos que Vargas Llosa”.

Vargas Llosa, naturalmente, es objeto de los retratos de Eligio; y no, no sale aquí la famosa pelea. El reportaje se titula El bueno, el malo y el feo, está publicado en 1967 tras el paso del joven autor peruano por Bogotá y es, otra vez, un retrato veloz, pero profundo, de una de las personalidades claves del boom. “Trabajador incansable, peón de la literatura, como él mismo se califica, Vargas Llosa no se estuvo quieto un solo instante. (…) Tuvo tiempo para indagar todo lo referente a la obra de García Márquez anterior a Cien años de soledad, un libro que le habría gustado mucho haberlo escrito él, como lo confesó públicamente en un reportaje. Y también en privado sus elogios hacia el colombiano fueron aún mayores y entusiastas, ya que según Vargas Llosa esa novela convierte a García Márquez en una especie de Amadís de Gaula de América, el autor de una de esas novelas de caballería que tanto le gustan al escritor peruano”.

Eligio acompaña al cine al que luego sería Nobel, como su hermano, y va a ver una de Clint Eastwood. “Se oyen murmullos en la sala, alguien intenta aplaudir, otro silba. Pero un silbido más potente lo opaca: viene de la pantalla. Es la música de la película que se inicia: es Clint Eastwood, en compañía de otros dos forajidos, a la búsqueda de algunos dólares más”. Ennio Morricone poniendo silencio en la sala.

Este tesoro del nuevo periodismo hispanoamericano, compadre de Los nuestros, de Luis Harss, contiene otras delicias, como la conversación con Jorge Luis Borges, el retrato con Cortázar, el dibujo al desnudo de Carlos Fuentes o el impar relato de sus horas con Onetti en el apartamento que el uruguayo tuvo en la Avenida de América de Madrid. En ninguna de esas avenidas que transitó dejó Eligio García rastro de que hablaba desde una tribu, de un nombre o de un apellido que hiciera su voz más potente que las de cualquier otro. Era el hombre que no quiso ser sino Eligio García, un escritor, un periodista. El libro tendría que ser enseñado en las escuelas de los que quieren aprender a preguntar a los escritores.

Una vez concurrió a un premio literario. “Si no es bueno, no lo premien”, dijo su hermano. No lo premiaron. Cuando se le presentó el tumor que acabaría con su vida, Gabo le proporcionó toda su ayuda. “Él lo amaba”, dice Tatis, “y no quería ser él”. En todo caso fue, cuenta su amigo, “un puente hacia él”.

lunes, 17 de agosto de 2020

Mercedes Barcha y su rosa amarilla

Murió Mercedes Barcha, la viuda de Gabriel García Márquez ...
Mercedes Barcha y Gabriel García Márquez

Mercedes Barcha y su rosa amarilla

Gustavo Tatis Guerra
15 de agosto de 2020

Me sorprendió ver la rosa amarilla aún radiante en el escritorio donde escribía Gabriel García Márquez. Esa flor la colocaba ella muy temprano, antes de que su esposo se sentara a escribir a las nueve de la mañana, hábito que no perdió en los últimos sesenta años. Pero la rosa siguió allí más allá de la muerte, el 17 de abril de 2014. Y ha estado aún el mismo día en que falleció Mercedes Barcha, en Ciudad de México, el sábado por la tarde del 15 de agosto de 2020. En una reciente entrevista Gonzalo, el hijo menor de García Márquez, mostró la biblioteca personal de su padre, y la rosa seguía intacta allí.

viernes, 6 de marzo de 2020

Gustavo Tatis / “García Márquez tenía sus reservas con Chávez”

Gabriel García Márquez

Gustavo Tatis Guerra

“García Márquez tenía sus reservas

 con Chávez”


Un “Gabriel García Márquez humano“, el hombre cotidiano, cobra vida. El periodista colombiano Gustavo Tatis Guerra le ha dado una nueva voz en su libro La flor amarilla del prestidigitador (Navona People), desde una perspectiva personal a partir de encuentros accidentales, así como de tres grandes entrevistas hechas bajo el arropo del diario El Universal de Colombia, en 1992, 1993 y 1998.

Patricia Aymerich
15 de marzo de 2018

A
unque no es una biografía. Tatis, o “el poeta”, como lo llamaba Gabito, ha tomado para El Estímulo los zapatos del autor de Cien años de soledad con el fin de indagar sobre aquel hombre “protagonista del proceso de Paz en Colombia” y del “desarme de las FARC”. Sus vínculos con los regímenes de izquierda, especialmente con Fidel Castro, a quien conoció en enero de 1959 cuando García Márquez era corresponsal en Bogotá de la agencia de prensa Prela (Prensa Latina).

Tatis redescubre como un “estratega de paz” al hombre que tenía sus reservas con Chávez porque pensó que “detrás del caudillo podía gestarse un dictador”.

¿Esta es tu primera biografía?


Se han escrito dos biografías monumentales, la de Gerald Martin, llamada Gabriel García Márquez. Una vida, y la de Dasso Saldívar, El viaje a la semilla, ambos amigos que me han agradecido de esa entrevista con la que se inicia el libro, que yo la publiqué en 1992. Era una osadía que yo haya escrito un libro sobre García Márquez cuando ya existían las de ellos dos. Pero la mía no es una biografía, son encuentros con García Márquez y su familia.

El libro está basado en tres entrevistas muy personales que le hiciste a García Márquez para El Universal…


92, 93 y luego hubo otro encuentro del 92 al 2007 hubo varios encuentros que no eran entrevistas formales.

¿Coincidencias?


Si, por ejemplo un día yo estaba en el periódico, en El Universal, donde él empezó a escribir. Me llamó y me dijo: “Gustavo, te tengo una tarea, te habla Gabriel García Márquez”. Yo dije: “¿Será que me están tomando el pelo?”. Tatis o poeta, me decía. “Necesito que busques los periódicos del año 49, octubre 27, a ver qué pasó ese día, y me envías las fotos”. No sabía para qué era eso, y era para el prólogo de El amor y otros demonios.
Cuando le hice la entrevista también me puso unas tareas. Me pidió que le describiera su propia casa, cómo es por dentro, que preguntara si el letrero de Macondo aún existe entre los platanales de lo que era la United Fruit Company; y fui a recorrer eso. Me perdí entre los platanales y a los campesinos les preguntaba y me decían que hasta hacía poco estaba el letrero. “Macondo” era el nombre de la hacienda Nuestra Señora del Espíritu Santo de Aracataca que veía siempre cuando era niño y lo volvió a ver una vez que se ganó el Nobel.
Todos, en aquel momento, pedían que los dejaran en Macondo. Era una nomenclatura. Cuando le pregunté por Macondo me dijo que le gustó la palabra por la resonancia poética que tiene, después fue que supo que era un juego y una tribu africana.

¿Por qué te mandaba estas tareas? ¿Cuál era tu relación con él?


Cuando yo era un niño conocí al papá de García Márquez y me cogió mucho cariño. En los años 80 Gabriel Eligio me invitó a conocerlo. Y mis abuelos maternos eran sus vecinos, eran amigos y contemporáneos. Cuando me conoció, le pregunté por su hijo, por Gabo. Y me dice: “No, Gabo soy yo, Gabito es mi hijo”. En ese entonces, empecé a descubrir la faceta del papá como competitiva con el hijo porque el papá también escribía. Era un personaje dicharachero y bonachón. Le gustaba escribir versos.

¿Era adverso al hijo?


Había una gran competencia del padre al hijo. Gabriel Eligio decía que su hijo era un embustero. Siempre pensé que tenían un conflicto.

¿Siempre fue así?


Cuando le dieron el Nobel, le pregunté al padre qué sentía y me respondió: “Ese es como el primer dulce, el primer confite que le dan a un niño”.  Minimizaba todo lo de Gabo.¿Por qué?
Es probable que él también tenía talento para escribir y en su momento se sentía el mejor poeta de la región.

¿En tu libro vemos estos conflictos de García Márquez?


Sí, claro. El libro realmente empieza a ocurrir el día que conozco a García Márquez después de conocer al papá, que me dice: “yo conozco a tus abuelos, son mis amigos Ricardo Ulises Guerra y Escolástica Flores son mis amigos”. Ahí le dije que lo quería conocer. Por eso el libro está dedicado a mis abuelos. En 1980 lo conocí en una casa en Arjona cuando estaba con su suegra y esposa, yo era solo un muchacho que quería estudiar derecho. Fue García Márquez el que me dice: “Ojalá no estudies derecho, mi papá quería que yo fuera abogado y decía que si era periodista me iba a morir comiendo papel, ese fue el conflicto con mi padre”.
En 1982 cuando se gana el Nobel ya tenía confianza con los papás y pasan 10 años y coincidimos en un evento por la celebración de la llegada de Colón a América y llegaba un barco que se llamaba Melquíades. Mis sospechas eran ciertas, tenía que ver con García Márquez. Y él estaba allí.

Te convertiste en alguien afín a él…


Si, éramos como familia. El hecho de que nacimos en la misma región Caribe y la cercanía de mis abuelos con sus padres. La madre de García Márquez le dice un día: “A esta casa han llegado miles de periodistas pero este muchacho parece familia nuestra”. Me sentí muy acogido por ellos y cuando entré al barco, él se acordaba de mí. Yo respondí: “Si, pero ahora soy periodista y lo quiero entrevistar”. Me preguntó cuándo y le respondí “cuando quiera maestro”, y me citó el Jueves Santo de ese año a las 4:00 de la tarde en la casa de su mamá. Esa fue la primera entrevista formal con García Márquez de tres horas y media que es la que inicia el libro.

¿Por qué un Jueves Santo?


Pues al año siguiente me citó otro Jueves Santo. Él murió un Jueves Santo. Úrsula Iguarán murió un Jueves Santo. Hay una particularidad con esa fecha. Y después hasta que murió pasaron muchas cosas en Jueves Santo. Yo nunca lo perseguía.

¿Nunca entablaron una relación de amistad?


Un día me preguntó qué estaba haciendo, yo estaba trabajando en el periódico y me invitó a escaparme y a tomar una limonada con él. Tuvimos un encuentro de cercanía y no llevaba ni cámara ni grabadora.

¿Cómo lo describes?


Era un hombre tímido que con su sentido del humor conjuraba la timidez. Un hombre de gran intuición y muy supersticioso, llegaba a un lugar y percibía si algo tenía una energía o situación adversa. Era clarividente. El hecho de que intuyera que él mismo perdería la memoria, algo que refleja en Cien años de soledad, que era algo que pensaba porque la madre y la abuela también habían perdido la memoria. O que intuyera el orden en que morirían sus amigos porque, en el libro, los personajes que los representan mueren en el mismo orden que en la realidad. Por ejemplo: Álvaro Cepeda Samudio, Germán Vargas, Alfonso Fuenmayor o ‘el sabio catalán’ inspirado en el escritor Ramon Vinyes. El último que queda es Gabriel, él mismo.

¿Clarividente frente a su sociedad?


García Márquez era un descifrador de la realidad, o de las realidades, porque no hay una sola. Descifraba la realidad de su vida o la realidad política e histórica. De niño tuvo una memoria prodigiosa y estaba conectado con el siglo XIX en Colombia, las guerras civiles, todas las guerras que vivió su país a lo largo de ese siglo. Entramos al siglo XX con la guerra de los 1.000 días, el armisticio, la firma de paz y luego la masacre de las bananeras en 1928. El magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán y luego el asesinato de su amigo Cayetano Gentile, que es el Santiago Nasar de Crónica de una muerte anunciada. García Márquez era además un estratega de paz, que pongo en una frase del libro, un hombre protagonista de lo que hoy Colombia celebra del desarme de las FARC. García Márquez estaba de acuerdo con que la guerrilla, la más antigua de América, se desarmara y se convirtiera en grupo político.


¿Qué pensaría de la situación en la que ha derivado el acuerdo de paz y los últimos ataques del ELN, aún activa?


García Márquez se sentó con líderes del ELN, que enfrentaba al gobierno y a la población civil con sus ataques terroristas. Por supuesto que pensaría que lo que están haciendo es un retroceso. Es un retroceso a lo que ya vivimos con las FARC que ya se desarmó.

¿Pensaría eso?


Sentiría una gran frustración al ver que después de una guerrilla desarmada otra se esté armando hasta los dientes para involucionar un proceso que ya Colombia había conquistado después de más de medio siglo.

Pero lo han acusado de apoyar a la guerrilla y de ser amigo de Fidel Castro


Era un gran admirador de Fidel. Hay un capítulo del libro donde está la cercanía de Fidel y García Márquez, dos hombres Caribe con el mismo sentido del humor, la misma percepción de algunas de las realidades del mundo, pero a García Márquez no le perdonan en Colombia esa amistad, ni que haya donado el premio Rómulo Gallegos a la guerrilla venezolana, ni la cercanía que tuvo en los 70 y 80 con los movimiento armados de Latinoamérica. Pero sí dejo revelar su frustración de Nicaragua, del Frente Sandinista de Liberación Nacional que se enfrentaron a una dictadura como la de Anastasio Somoza, y hoy ellos son tan parecidos a la dictadura que atacaron. Este señor Daniel Ortega no es un revolucionario, es un dictador, Nicaragua ha involucionado con este señor.

¿Y del chavismo o madurismo?


Tuvo sus reservas con Hugo Chávez. Todo caudillismo, populismo, dictador, aunque sea de izquierda o derecha, es negativo. Todo fundamentalismo u ortodoxia política nos conduce a la violencia. Cuando no hay flexibilidad en las ideas y hay una actitud cerrada frente a los otros seres humanos, ahí lo que hay es un germen de violencia.
Creo que García Márquez tendría un sabor muy amargo de lo que le está pasando a Colombia y a Venezuela. Con los dos millones de venezolanos que están tratando de sobrevivir en Colombia. Y también con un sabor amargo con las decisiones del actual presidente que parece estar en un asunto de fronteras cuando los problemas internos de la nación no están siendo resueltos, como los asesinatos a líderes sociales. O cuando los niños de La Guajira se están murieron de hambre. El problema de la frontera no es el único problema, que es de lo único que habla Iván Duque. Es solo uno de los tantos problemas. Creo que García Márquez se sentiría con muchos sabores amargos de que luego de haber alcanzado lo que se logró con el ex presidente Santos, que fue un proceso largo para lograr el acuerdo de paz, hoy estuviéramos involucionando con una guerrilla armada que sigue ejecutando, que sigue poniendo bombas. Es una involución.


¿Y de los movimientos populistas en Europa?


Intentar meterse en una conciencia política universal como la de García Márquez después de muerto, sería una subjetividad. Pero con su actitud frente al mundo se negó a toda forma de intolerancia, de crear fronteras, muros. García Márquez era abierto y estratega de paz que siempre estuvo abogando por la liberación de presos políticos. Fue el hecho de que pensar de manera diferente no condujera a alguien a que lo ejecutaran o metieran preso. Siempre estuvo a favor de los derechos humanos y hoy tendría otro sabor amargo. Es lo que ha pasado con estos presidentes, que en vez de tender puentes de reconciliación y diálogo con el mundo, estamos conduciendo al mundo hacia el camino de la guerra y de la discriminación.

¿Ese es su legado después de 100 años de su nacimiento?


Sí. Ese García Márquez. El que creció con las historias de sus abuelos de la violencia en Colombia del siglo XIX y que se sentiría frustrado al saber que Colombia y el mundo no han evolucionado en estos temas de intolerancia. Muchos están cerrados. Toda dictadura, sea de izquierda o derecha, es cuestionable. Está plasmado en sus libros.Pero siempre estuvo relacionado a los hombres de poder…
Pero no porque quisiera tener poder sino porque quería conocer la condición humana desde los hombres de poder. El otoño del patriarca es una síntesis de cuando el poder autócrata cree que puede decidir la vida o la suerte de un pueblo. Conoció muy a fondo a los hombres del poder porque quería descifrar la condición humana.

¿A Maduro lo conoció?


No lo conoció. Pero conoció a Hugo Chávez y tuvo sus reservas, porque sospechó que detrás del caudillo podía gestarse un dictador o una persona desastrosa para el gobierno.

¿La violencia que García Márquez permea en sus libros sigue siendo la misma de nuestra sociedad actual?


No hemos salido de esa violencia. García Márquez vivió la violencia contada por el abuelo y luego, al año de nacer, la masacre de las bananeras. Cuando él responde a ese tipo de preguntas es muy probable que sea impreciso. Era más preciso en la ficción cuando en el libro dice que fueron 3.000 muertos. La realidad ha superado la ficción en Colombia. Cuando aniquilaron a 3.000 líderes de la oposición, de izquierda. Colombia ha vivido de masacre en masacre. En el 2000 hubo la masacre del Salado entre guerrillas y paramilitares, con gente decapitada. Eso es una historia espantosa. Los paramilitares que cometieron esa atrocidad hicieron un partido de fútbol con las cabezas de los degollados.

¿Cuál es el Macondo de la actualidad?


García Márquez decía que no era solo un lugar, sino un estado de ánimo. En la realidad es un árbol o un juego. Pero en realidad es una metáfora del mundo, un mundo que hoy está entre la ortodoxia, la intolerancia y los que realmente tienen la flexibilidad para la reconciliación, el perdón o una convivencia pacífica.


¿Cuáles son los aspectos claves de la vida de García Márquez para entenderlo?


El libro tiene muchas facetas de la vida humana de García Márquez. Aspiro a retratar en estas 200 páginas al humano detrás del genio, de conocerlo para saber cómo construyó los personajes a través de las personas de su familia y amigos; y cuando los convertía en personajes literarios. Toda su familia es parte de los Buendía. Cuento cómo hace suyo el mundo. Desde muy temprano él decía que va a escribir un libro mejor que El Quijote o de La Biblia, y aquello parecía la osadía de un joven. Pero escribió un libro en el que todo lo sobrenatural podía ser natural, hay muchas claves allí.
De cómo Úrsula Iguarán se parece mucho a su propia madre, o cómo la historia de los amores contrariados de su papá y mamá están en El amor en los tiempos de cólera,pero también la historia de Cartagena de Indias.




lunes, 11 de marzo de 2019

Cuando los padres de Gabo se dieron cuenta de que tenían un hijo mentiroso

GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ


Cuando los padres de Gabo se dieron cuenta de que tenían un hijo mentiroso

Gustavo Tatis recorre el universo de García Márquez y sus secretos de familia, íntimamente ligados a la obra que Netflix adaptará a la pantalla





JESÚS RUIZ MANTILLA
Madrid 
De pequeño, a doña Luisa y a don Gabriel les preocupaba que Gabito parpadeara tanto. Su padre llegó a darle unas gotas homeopáticas, pero apenas sirvieron. Años después, cuando aquel tic parecía habérsele evaporado, su madre se atrevió a preguntarle: “Me dijo que lo hacía para ver las cosas mejor”, contó ella. “Para recordar…”, puntualizó Gabriel García Márquez a quien lo trajo al mundo en Aracataca (Colombia) durante una de las visitas que le hizo Gustavo Tatis Guerra, periodista, escritor, amigo de la familia y autor de La flor amarilla del prestidigitador (Navona People).
El libro lo presenta este jueves en la Casa de América de Madrid junto a Dasso Saldivar, autor del prólogo, y Juan Cruz, justo cuando Netflix acaba de anunciar que rodará Cien años de soledad. En sus páginas, el autor desgrana secretos de familia y claves ocultas de su obra: todo un constante malabarismo entre realidad e invención a provecho del autor para crear uno de los mundos literarios propios más ricos de la literatura universal. Los testigos de todo aquello, sus padres, solían desnudar el imaginario de García Márquez con un chorro de realidad que colocaba la magia en su justo término.

lunes, 18 de mayo de 2015

Gustavo Tatis / El tesoro que nos deja Óscar Collazos

Óscar Collazos con su esposa Jimena Rojas
Foto de Maruja Parra

El tesoro que nos deja 

Óscar Collazos


Por GUSTAVO TATIS GUERRA
Cartagena
18 de Mayo de 2015 12:00 am


Óscar Collazos (1942-2015) nos deja una obra maravillosa como narrador de ficciones y como analista de las realidades políticas de Colombia y el mundo. A sus veinte años fue celebrado por Gabriel García Márquez y Álvaro Cepeda Samudio, cuando publicó su libro de cuentos “El verano también moja las espaldas” (1966). En ese primer libro ya estaban cifradas las obsesiones del joven escritor y el talento de un narrador para contar las historias de Bahía Solano, su aldea natal: su descubrimiento del sexo, la música, el habla popular, los dramas sociales. 

jueves, 25 de julio de 2013

Gustavo Tatis / Ahí viene Raúl Gómez Jattin

Raúl Gómez Jattin
en Cartagena de Indias


Ahí viene Raúl Gómez Jattin

Por Gustavo Tatis Guerra
Cartagena de Indias, 9 de junio de 2013

Yo Raúl Gómez Jattin, natural de Cartagena, 
portador de la Cédula de Ciudadanía No. 6.582.5623 de Cereté,
declaro que mi última voluntad es que al morir 
sea incinerado en Cartagena. 

Cartagena, septiembre 9 de 1995

Raúl Gómez Jattin



En Cereté cerraban las puertas y las ventanas cuando veían pasar al poeta Raúl Gómez Jattin. En aquel entonces un ser genial como Raúl, no solo era incomprendido por sus contemporáneos y por la sociedad colombiana, sino por su propia familia. Casi todos, al final, sin saber qué hacer y  cómo sobrellevar su enfermedad mental, decidieron huir  de él. Aquella alarma convertida en susurro en la resolana del verano, fue una señal de lo que vendría: “Ahí viene Raúl”.

Dieciséis años después de su muerte, las puertas y las ventanas de Cereté, se abren al espíritu y la obra poética de Raúl. Es el poeta más famoso de Cereté y de todo su departamento, y uno de los mejores de la historia literaria de Colombia. El que más allá de su muerte trágica, convoca al mundo hasta su aldea. Las peregrinaciones a la tumba de Raúl no cesan y siempre hay alguien que lleva flores y enciende una vela para recordarlo.

Era casi un niño cuando fui a visitarlo por primera vez en su casa de Mozambique que tenía un patio infinito bajo la sombra de unos mangos. El poeta acababa de salir de una clínica mental en una de sus primeras crisis de los años setenta. Y permanecía en un cuarto casi aislado de la casa, durmiendo en una hamaca. Toqué la puerta y me abrió la señora Lola Jattin, su madre, quien me dijo que era imposible ver a su hijo, porque el día anterior había recaído y había salido desnudo por las calles de Cereté. Le dije que solo quería saludarlo. La madre me preguntó mi nombre y fue a darle la razón. El poeta se levantó de la hamaca y le pidió a su madre que me dejara entrar. Aún conservaba en aquel entonces la melena de vikingo en tierra y los dientes intactos con que se reía a carcajadas de este mundo y sus estupideces. Me saludó con un abrazo gigantesco y me llevó a la cocina de su casa. Le dijo a la niña que cocinaba: “Échale dos vasitos de agua a esa sopa que él se quedará a almorzar”. Me puso las quejas de su madre que había quemado según él lo mejor de aquel patio: las hojas amarillas del mango que habían forjado una alfombra sonora al sol. Lo que siempre me impactó de él, además de su memoria de elefante para recordar nombres de poetas y dramaturgos, eran los episodios históricos. Muchos lo recuerdan aún en Cereté como profesor de historia en el Colegio Marceliano Polo. No llevaba apuntes. Dictaba su clase guiado por su memoria. En los días de reclusión en el manicomio, hizo dibujos a mano alzada que aún recuerdo. Trazos de rostros, pájaros y espirales de luz. Detrás del alma sensible y atormentada de Raúl, había un ser exquisito y sublime, con una aristocracia de espíritu y una gran devoción por los seres de su infancia que aún le sobreviven como esa bella y bondadosa mujer que es Sara Ortega de Petro, con su piel de cobre y su alma finísima.  Y la niña Isabel, su vecina de juegos de infancia, que ha visto caer en un invierno aquel mamoncillo cantado en el poema. Toda la locura de un ser maravilloso como Raúl, hoy es una escueta anécdota ante el tamaño infinito de su bella y eterna poesía. Al poco tiempo de trabajar en El Universal publiqué tres páginas del suplemento Dominical con algunos de los versos de aquel primer poemario titulado a secas Poemas, publicado en 1980. Un viernes le dije a  Raúl que me permitiera publicarlos y él aceptó. Los textos iban acompañados de unas fotos singulares de Jorge Carcioffi, en la que aparecía Raúl encaramado en los altos árboles de la orilla del río Sinú.  Los poemas se publicaron el domingo, y ya a primera hora del lunes, fuimos sorprendidos por una inesperada recaída de Raúl en la puerta de El Universal, buscándome para que le pagara treinta mil pesos por la publicación de las tres páginas. No hubo maneras de convencerlo de que él mismo me había autorizado publicar esas tres páginas tres días antes. Tuve a lo largo de quince días la persecución del poeta. Llegar al periódico se me convirtió en una verdadera pesadilla, porque Raúl había intentado agredir al portero y al recepcionista. Todo terminó una noche en que Edgardo Olier y yo salimos hambreados de la redacción a compartir un patacón y un jugo de zapote. Cuando nos sentamos a esperar que hicieran el jugo, sentí al instante unas manos enormes que me agarraron por el cuello. Era el poeta. Solo dijo: “Aquí me pagarás las tres páginas”. Le dijo al señor de los jugos que no hiciera nada para nosotros, y le explicamos con señas la situación. Raúl pidió dos jugos de milo y se comió la tártara de fritos. El señor de los jugos lo entendió cuando me vio el índice sobre la manzana de Adán: “Deje que se coma todo. Usted me cobra después en el periódico”. Era preferible deberle al señor de los jugos, que a Raúl Gómez Jattin.



Raúl Gómez Jattin


EPÍLOGO

Poco antes de morir atropellado por un bus de Zaragocilla el 22 de mayo de 1997, le pregunté a Raúl qué quería hacer con su vida en los diez años venideros. Y me dijo que deseaba comprar un pedazo de tierra en Turbaco para sembrar berenjenas.

Raúl hizo del Sinú su paisaje emocional y a él le consagró sus poemas en las que se mezclaban la naturaleza y sus criaturas y su evocación mítica de los personajes del mundo.

Iba a cumplir en nueve días sus 52 años. Intensa y perdurable es  su voz y su irradiación en la poesía de Colombia para el universo.  Allí están su libros que hipnotizan a sus lectores: “Poemas” (1981),  “Retratos” (1980-1989), “Amanecer en el valle del Sinú” (1983-1989), “Del Amor” (1982-1987), “Hijos del tiempo”(1992), “Esplendor de la mariposa” (1993), “Los poetas, amor mío...” (2000), es un verdadero tesoro.

Los campesinos de Cereté tenían meses esperando la llegada del invierno. El cadáver del poeta fue llevado de Cartagena hasta Cereté. Y sepultado en el cementerio de su pueblo, junto a los restos de sus padres. No había llegado el cadáver de Raúl a la plaza de Cereté, cuando se desgajó del cielo una lluvia incontenible. Los campesinos atribuyeron aquel milagro al corazón generoso e inusitado del poeta.






DE OTROS MUNDOS

jueves, 21 de abril de 2011

Triunfo Arciniegas / Tatis, poeta santo, pintor lujurioso

Tatis con Mary
Cartagena de Indias, 17 de marzo de 2011
Fotografía de Triunfo Arciniegas

Triunfo Arciniegas

TATIS
POETA SANTO, PINTOR LUJURIOSO

Como poeta, Tatis es un santo, pero como pintor es un absoluto lujurioso. Los extremos no sólo se tocan sino se alimentan. Creo que precisamente la santidad del poeta alimenta la lujuria del pintor, esta desbordada voracidad por el color y la luz.
La pintura era el as bajo la manga de Tatis. En mi último viaje a Cartagena de Indias tuve la suerte y el regocijo de contemplar la obra pictórica de Gustavo Tatis  en su propia casa. Su mujer, Mary Serrano, es una maravilla en la cocina. Gustavo trata de igualarla en el resto de la casa. Según se sabe, ha pintado hasta la tapa del inodoro. Ya no es la casa de paredes desnudas donde nació su primogénito, Leonardo, que ahora es un músico que se abre paso en Nueva York.
Tatis cuenta la historia muerto de risa. Cuando nació Leonardo, en 1986, la familia vivía en la calle de La Factoría, en el casco histórico de Cartagena, y no había una sola pintura en la casa. Tatis le envió una carta a Alejandro Obregón para  solicitarle una de sus preciosas obras. Obregón no contestó. Pero no importaba porque Tatis había decidido hacerse pintor, clandestino pero pintor al fin y al cabo. En todas partes y a cualquier hora, en secreto, pintaba. El reverso de las tarjetas de invitación que llegaron al periódico durante este último cuarto de siglo fueron sus lienzos. También el cartón y la madera, en pequeño y mediano formato.  Ahora su casa es tan bonita que debería cobrar la entrada.
Peces, cangrejos, monstruos del agua y de la tierra, bestias sin nombre, se han hecho ciudadanos de este universo recién inaugurado, concretando en Tatis el profundo y antiguo deseo de pintar. Confiesa en una entrevista reciente: “He visto muchas veces pintar a algunos de los artistas que he entrevistado. Además, pintar es una experiencia familiar porque en mi casa los fines de semana comprábamos cartones y todos nos poníamos a pintar en el suelo”.
Ahora pinta de madrugada, cuando todo mundo duerme, y lo hace con el sigilo de un amante, hasta cuando la casa se despierta. Entonces todo está impecable, no hay una sola mancha en el piso ni rastros de la magia en los pinceles, y el pintor se va en el cuerpo del escritor al periódico a enfrentar los afanes cotidianos y ese asunto de ganarse la vida.  
El 23 de marzo de 2011, en el Hotel Hilton, de Cartagena de Indias, Tatis inauguró “Ofrenda”, una muestra de 40 acrílicos en diverso formato, y esa misma noche vendió la mitad. El éxito ha sorprendido al mismo pintor. Sobre esta exposición dice el poeta John Jairo Junieles: “Parece que Gustavo Tatis Guerra pintara a escondidas de Dios. En sus pinturas, uno siente el latido de figuras encarnándose, vemos germinar un universo repentino. El mar no es el mismo mar, los árboles son otra cosa, las camisas en los alambres alcanzan su cielo profundo. Lo que vemos está vivo como nuestros pensamientos: un ciego puede paladear el bullicio de estos peces, olfatear las crines que lleva el viento. Se advierten palpitaciones, gracias a extraños sentidos. La aguja de nuestra brújula se mueve, opera esa magia que guía las aves en sus largas migraciones. La poesía que antes representaba en palabras, este fogueado escritor y periodista, resucita, tiene un nuevo pulso en esos colores estremecidos. Nuestra sed llega a estas orillas, limpia el polvo de sus alas, se arrodilla, y vislumbra el temblor de las estrellas allá arriba".
         La pintura de Tatis ha sido una sorpresa para todo el mundo. Si en mi próximo viaje a Cartagena, Tatis me confiesa que asalta bancos, y con todo éxito, no lo dudaré por un segundo.

Triunfo Arciniegas
Pamplona, 21 de abril de 2011



Cíclope del Caribe
Gustavo Tatis
Fotografía de Triunfo Arciniegas


El acecho
Gustavo Tatis
Fotografía de Triunfo Arciniegas


El pez linterna
Gustavo Tatis
Fotografía de Triunfo Arciniegas

El vuelo, detalle
Gustavo Tatis
Fotografía de Triunfo Arciniegas

Metamorfosis, detalle
Gustavo Tatis
Fotografía de Triunfo Arciniegas


Sombra del cangrejo
Gustavo Tatis
Fotografía de Triunfo Arciniegas


Tentaciones del bosque
Gustavo Tatis
Foto de Triunfo Arciniegas

Urdimbre del tejedor, detalle
Gustavo Tatis
Fotografía de Triunfo Arciniegas


Víspera del pájaro, detalle
Gustavo Tatis
Fotografía de Triunfo Arciniegas


Hojas del Edén, detalle
Gustavo Tatis
Fotografía de Triunfo Arciniegas


Mar de marzo, detalle
Gustavo Tatis
Foto de Triunfo Arciniegas