Samanta Schweblin, entre los cinco finalistas del millonario Premio AENA con su libro “El buen mal” (Foto: Alejandra López)
Samanta Schweblin, entre los cinco finalistas del millonario Premio AENA de literatura de habla hispana
La narradora argentina que reside en Berlín está nominada por su libro “El buen mal”. Compiten con ella Héctor Abad Faciolince, Nona Fernández, Marcos Giralt Torrente y Enrique Vila-Matas
18 de marzo de 2026
La escritora argentina Samanta Schweblin figura entre los cinco finalistas del Premio AENA de Narrativa Hispanoamericana, que distingue al mejor libro publicado en 2025 con una dotación de un millón de euros. Schweblin compite con su libro de relatos El buen mal (Seix Barral), obra que ha recibido elogios de la crítica y ha reforzado su posición como referente internacional de la literatura en español.
Con este libro reafirmé mi convicción de que Trías es una de las mejores autoras que tenemos en Latinoamérica en este momento, una narradora inteligente, diría incluso que sabia, por la manera en que dosifica el relato y va creando historias a veces muy violentas, pero al mismo tiempo, muy sutiles. La prosa, además, está atravesada de imágenes extrañas y bellas, que no espectacularizan ni subrayan, sino que acompañan desde su exactitud y tino, produciendo un magnetismo singular en la lectura. Un libro que es casi una meditación y que por algo ha recibido recientemente el Premio Sor Juana Inés de la Cruz.
La chilena Nona Fernández aglutina en 'Voyager' los temas fundamentales de su obra: la historia de Chile y la memoria de las víctimas de la dictadura
Javier Rodríguez Marcos 5 de junio de 2020
"La luz del pasado ilumina nuestro presente”, escribe Nona Fernández (Santiago de Chile, 1971) en un pasaje de Voyager. Esa frase serviría, de hecho, para resumir casi toda su obra, basada en la tensión —personal y política— entre identidad, memoria e historia. Muchas de las preocupaciones de sus tres últimos libros —Space Invaders, Chilean Electric y el magistral La dimensión desconocida (premio Sor Juana Inés de la Cruz)— confluyen ahora en una mezcla de crónica y ensayo autobiográfico que funciona como una espiral de historias encadenadas. La madre de la autora se desvanece en la calle y el escáner de su actividad cerebral le evoca a su hija un paisaje astral que, a su vez, la lleva al lugar de la Tierra con el cielo más limpio para ver las estrellas: el desierto de Atacama, un lugar sembrado de observatorios astronómicos pero también de huesos de víctimas de la Caravana de la Muerte (una forma subterránea de contaminación lumínica).
La mejor demostración de que la literatura se escribe con palabras y no con buenas intenciones es La dimensión desconocida, distinguido en 2017 con el premio Sor Juana Inés de la Cruz, de la FIL de Guadalajara a la mejor novela del año escrita por una mujer. En el caso de la chilena Nona Fernández, el galardón y el motivo se quedan cortos porque su libro es uno de los grandes de la literatura reciente en español. La potencia de su escritura es tal que por momentos da la impresión de que ni Truman Capote, John Le Carré y Emmanuel Carrère, a seis manos, podrían haber escrito algo así. ¿Por qué? Porque ninguno fue niña durante una dictadura militar. Basada en un caso real, La dimensión desconocida empieza en pleno régimen de Pinochet, el día de 1984 en que Andrés Antonio Valenzuela Morales, miembro del servicio secreto del ejército, acude a la redacción de una revista para confesar su oficio: torturador.
Lo que sigue es una mezcla de relato de espías y reflexión desde el presente sobre la memoria de unos años infames. Es imposible leer la historia del Quila Leo –un preso de mente indestructible capaz de imaginarse cuentos tocando las vetas de la madera del armario en el que está encerrado– sin levantar con espanto la vista del libro. Y es imposible no plantearse las preguntas que la autora le plantea, retóricamente, a su protagonista, que aún vive en secreto en Francia: “¿Por qué escribir sobre usted? ¿Por qué resucitar una historia que empezó hace más de 40 años? ¿Por qué hablar otra vez de corvos, parrillas eléctricas y ratas? ¿Por qué hablar otra vez del desaparecimiento de personas? ¿Por qué hablar de un hombre que participó de todo eso y en un momento decidió que ya no podría hacerlo más? ¿Cómo se decide que ya no se puede más? ¿Qué habría hecho yo?”.
La escritora chilena Nona Fernández prosigue su buceo en la memoria colectiva desde la crónica literaria ‘Chilean Electric’
Carlos Geli
22 de marzo de 2019
“Quizá sólo somos recuerdo; o la posibilidad de algo que contenemos en la memoria; o solo puro pasado”, reflexiona en voz alta Nona Fernández, poético compendio (y fiel diapasón verbal de su estilo escrito) de la evolución de su obra, siete libros de narrativa (y dos obras de teatro estrenadas por la compañía La Pieza Oscura, de la que es actriz), que ha ido deslizándose cadenciosamente de la novela a una ficción amarada en crónica que ha estallado conLa dimensión desconocida(Literatura Random House,premio Sor Juana Inés de la Cruz de la Feria de Guadalajara de 2017) y ahora en la envolventeChilean electric(Minúscula). El chispazo que lo generó lo explica todo: su abuela le contaba que estuvo en la ceremonia de la iluminación de la plaza de Armas de Santiago en 1883. Se lo detalló con lujo decenas de veces… Solo que era imposible, porque ella había nacido casi 25 años después, como descubrió Fernández (“polilla a la luz de los postes”) al investigar los hechos.
La escritora chilena Nona Fernández, en Barcelona.MASSIMILIANO MINOCRI
Cada vez que recordamos algo lo iluminamos y lo fijamos y ese proceso siempre es enigmático y tramposo, de ahí la imposibilidad de una memoria colectiva: hay una trampa de arbitrariedad en ello y eso nos obliga a mirar con suspicacia las verdades oficiales que se nos entregan
“Iba a ser un libro de crónicas sobre Santiago, que empezaba con esa ceremonia de la luz, pero, claro, ya no podía serlo y se convirtió en material literario alrededor de qué es un recuerdo en nuestra vida, cómo la condiciona, cómo y por qué olvidamos, la nula posibilidad de que el recuerdo sea objetivo…”, explica como trastienda del texto. Si a ese planteamiento se añade la trama de La dimensión desconocida (un militar acude a una revista para contar sus labores sucias durante la dictadura de Pinochet), podría decirse que la filosofía, la misión literaria de Fernández parece pasar por “guardar pedazos de ayer que no sabemos recordar”, como se escribe en Chilean Electric. “Cada vez que recordamos algo lo iluminamos y lo fijamos y ese proceso siempre es enigmático y tramposo, de ahí la imposibilidad de una memoria colectiva: hay una trampa de arbitrariedad en ello y eso nos obliga a mirar con suspicacia las verdades oficiales que se nos entregan, antes y ahora”. Por ello, compendia: “No voy a consolidar una memoria colectiva, pero aporto desde el rincón, añado trocitos para el palimpsesto de mi país”.
Nona Fernández posa en Guadalajara.HÉCTOR GUERRERO
Nona Fernández: “No quiero que el lector pase un buen rato”
La escritora chilena muestra en su libro ‘La dimensión desconocida’ las emociones de toda una nación
Hay dos constantes en la obra literaria de Nona Fernández (Santiago de Chile, 1971). Una es la memoria de la dictadura chilena; la otra, la FIL. En 2011, la feria de Guadalajara celebró su primer cuarto de siglo con un programa titulado Los 25 secretos mejor guardados de América Latina y destinado a presentar el trabajo de narradores consolidados en sus respectivos países pero poco conocidos fuera de ellos. Junto a nombres como Emiliano Monge, Fernanda García Lao o Fabián Casas estaba Nona Fernández, que por entonces había publicado el libro de relatos El cielo y las novelas Mapocho y Av. 10 de Julio Huamachuco. Luego vendrían Fuenzalida, Space Invaders y dos obras de teatro estrenadas por la compañía La Pieza Oscura, de la que es actriz.
ngrid Ingrid Rojas Contreras, Nona Fernández y Sara Jaramillo Klinkert
De Nona Fernández a Mariana Enríquez: las escritoras que revolucionan las letras latinoamericanas
De Colombia a Argentina, Chile o México, la pujanza de las autoras marca una nueva normalidad literaria. Hablamos con cinco de ellas sobre sus obras y temas comunes.
ANA FERNÁNDEZ ABAD
22 ABR 2020 23:59
Nona Fernández: «Reclamamos visibilidad, que no se nos catalogue»
«Tenía dos años cuando llegó el golpe militar. Crecí en ese tiempo oscuro y extraño que fue la dictadura, y salí al mundo entre marchas, velorios, helicópteros y funerales. Soy parte de una generación medio perdida, que no fue protagonista de nada, pero que observó con ojos adolescentes, e intentó a sus pocos años movilizarse. Costaba entender lo que ocurría porque los adultos estaban con la cabeza en otra parte, porque nos protegían con su silencio. Crecí pensando que ese mapa incompleto en el que viví iba a aclararse con la llegada de la democracia, pero no fue así. Entonces quedé frustrada, con la sensación de que había episodios de mi propia vida que se me estaban clausurando», explica la chilena Nona Fernández (Santiago, 1971). De ahí que la realidad se cuele en sus ficciones. «Comencé, sin plan, una investigación escritural sobre todo aquello que vivencié, que escuché, que vi, que no tuvo lugar en la Historia oficial. He estado en eso veinte años: en revelar y contar esas vivencias que se me cruzaron y sentí que merecían un espacio de memoria», subraya.
La chilena Nona Fernández aglutina en Voyager los temas fundamentales de su obra: la historia de Chile y la memoria de las víctimas de la dictadura. La autora vuelve una y otra vez a ese periodo no para instalarse en el pasado sino para revelar el modo en que su luz sigue guiando nuestro presente: ya sea en la forma crítica de eso que llamamos memoria histórica, ya sea en la forma acrítica de una herencia a la que no ponemos nombre porque la aceptamos como algo natural. Suele ocurrir cuando un dictador muere de viejo en su cama.
El primer proyecto estrictamente autobiográfico de Rafael Reig, era algo previsible: casi una consecuencia lógica de su escritura, aunque se haya hecho esperar. Y el resultado es tan satisfactorio, tan decantado en las dosis exactas de ironía, humor, tristeza, amargura y empatía, que el lector siente que ha jugado a su favor el paso del tiempo. La maravilla de este libro, un doloroso drama familiar articulado como novela de aprendizaje, está en la ausencia de victimismo.
Todo en este libro parece una preparación para la muerte en general y para el suicidio en particular, al que se alude como pasado: “Aquella vez me habría suicidado a gusto, de una manera u otra…”, pero también como futuro: “… Solo tengo treinta años… / Morir es un arte como todo / y yo lo hago excepcionalmente bien”. Hay un raro equilibrio en Ariel. Quizás proceda de una absoluta falta de miedo y de un sentimiento profundo de liberación ante la idea de darse muerte a una misma.
En Ensayo sobre lo que no se ve, el filósofo Enrique Lynch recorre la historia de las imágenes atendiendo a la evolución de la percepción, desde las pinturas prehistóricas hasta las fotografías de Jeff Wall. El ensayo es iluminador (es difícil soltarlo, cada capítulo ensarta una y otra clase magistral) pero ¡qué contra-tiempo!, es también el rayo verde de nuestro ocaso cultural-patriarcal tal y como lo clausuró el siglo XX.
‘Slasher’ y ‘Caninos’ son dos excelentes cuentos de Las voladoras que invitan a taparse los ojos con la mano. Dan calambre. Hay que atreverse a leer a esta sabia escritora ecuatoriana de ambición telúrica. Un clima de mal sueño impera en relatos que expresan una dañada vivencia de mujer a través de la exploración lingüística. Se retuercen sensaciones y códigos como reflejo de la violencia, la contractura histórica, económica y cultural padecida por los cuerpos de la mujeres desde tiempos inmemoriales.
46. The Paris Review. Entrevistas (1953-2012) Varios autores. Traducción de María Belmonte, Javier Calvo, Gonzalo Fernández Gómez y Francisco López Martín. ACANTILADO
La revista The Paris Review convirtió la conversación en un género literario. De William Faulkner a Javier Marías, pasando por Nadine Gordimer o Margaret Atwood, este libro recoge ahora 100 de esos míticos encuentros con escritores. Como los buenos clásicos, estas largas conversaciones no suenan caducas ni están estancadas en el tiempo. En el apartado de literatura en español, el volumen incluye también encuentros con Mario Vargas Llosa o Javier Marías.
No tuvo por qué ser así el sangriento siglo XX europeo. No fue inevitable el Holocausto, ni el terror estalinista, ni el genocidio de los armenios, ni las masacres en Yugoslavia. Tras esos fenómenos había circunstancias favorables al desastre, sí, pero también personas que decidían y élites que apostaron por las soluciones equivocadas. Es el siglo de la “brutalización” de la política y de la guerra. El historiador Julián Casanova disecciona en Una violencia indómita: El siglo XX europeo quiénes y cómo gestaron ese odio, esas matanzas, esos sistemas totalitarios, esa represión militar o paramilitar.
48. Historia de la imaginación
Juan Arnau
ESPASA
Se propone Juan Arnau (Valencia, 1968) recorrer en su Historia de la imaginación. Del antiguo Egipto al sueño de la ciencia los momentos más altos de fertilidad mitológica, filosófica y científica, aunque básicamente se ocupe del pensamiento mítico, mágico o mistérico. “Magia e imaginación han ido siempre de la mano”, dirá celebrando a los neoplatónicos renacentistas y señalando al todavía influyente cientifismo decimonónico como principal enemigo de la imaginación.
49. El peón
Paco Cerdà
PEPITAS
Los apasionantes perfiles de Bobby Fischer y Arturo Pomar, dos genios encumbrados por los Gobiernos de sus países, y abandonados después cuando necesitaban ayuda, encarnan bien las miserias y grandezas de Estados Unidos y España. Paco Cerdà toma como percha en El peón la primera partida entre ambos ajedrecistas, en 1962, y sobre ella cuelga historias impactantes de otros peones tan desdichados como necesarios para el progreso del mundo.
50. Barrios, bloques y basura
Julia Wertz. Traducción de Regina López Muñoz
ERRATA NATURAE
La autora de Barrios, bloques y basura es Julia Wertz, una inquieta ilustradora nacida en San Francisco hace 38 años que vivió entre los 24 y los 34 en Nueva York, sin dinero pero con tiempo. El volumen es el resultado de los paseos interminables que dio por la ciudad, tras los que compuso este libro de ilustraciones que viaja por el pasado y el presente de la Gran Manzana. En él recoge la transformación de los rótulos y los carritos que venden pretzels, pero también la de la red de metro o la limpieza de la ciudad: durante casi todo el siglo XIX, hasta que se creó el departamento de limpieza en 1881, Nueva York fue un vertedero.