lunes, 8 de junio de 2015

El Rómulo Gallegos consagra al colombiano Pablo Montoya


El Rómulo Gallegos consagra 

al colombiano Pablo Montoya

El escritor recibe el galardón de la 19ª edición por su novela ‘Tríptico de la infamia’


Pablo Montoya, ganador del premio de novela Rómulo Gallegos 2015. / A. AGUDELO
No hay obras de Pablo Montoya Campuzano en las librerías de Madrid. El escritor colombiano (Barrancabermeja, 1963), que ha ganado este jueves el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos, ha publicado casi veinte libros entre novela, cuento, poesía y ensayo. Pero hay que escarbar pacientemente en las estanterías de la capital española para conseguir por lo menos uno de sus relatos, publicado en una antología que ofrece la librería Juan Rulfo.Tríptico de la infamia (2014), la novela premiada, solo aparece en el catálogo de la Casa del Libro, pero en versión electrónica. Es un autor poco conocido porque no está inscrito en la tradición literaria vinculada al problema de la violencia, muy cultivada por los escritores de su país.

“Yo soy un escritor secreto, oculto, silencioso. También he sido muy crítico con la figuración pública del artista. Este premio me ha caído como un aguacero, pero intentaré capotearlo”, afirma Montoya en una llamada por Skype desde Argentina. El diario El Tiempo, el de mayor circulación en Colombia, tituló la noticia sobre el galardón como “El Rómulo Gallegos fue para un autor casi secreto”. El escritor peruano Iván Thays publicó en su blog (14.400 seguidores en Twitter) que “al parecer, el Rómulo Gallegos de estos últimos años está decidido a descubrirnos autores que no están en el radar de la literatura en castellano”.

domingo, 7 de junio de 2015

Nueve libros sobre el duelo




Nueve libros sobre el duelo

Una selección de títulos hijos de un género al que nadie querría dedicarse

LEILA GUERRIERO 16 AGO 2014 - 00:05 CEST


'La muerte y las máscaras' (1897), óleo de James Ensor.
Tiempo de vida (Anagrama, 2010): el español Marcos Giralt Torrente escribió acerca de un tema universal —la muerte del padre—, repasando la compleja relación que mantuvo con el suyo hasta el día de su fallecimiento.
Lo que no tiene nombre (Alfaguara, 2013): luego del suicidio de su hijo, la colombiana Piedad Bonnett escribió este libro en el que narra su propio duelo, y la vida y la muerte de ese joven con vocación de artista plástico.
La hora violeta (Random House, 2013): Pablo, el hijo del escritor español Sergio del Molino, falleció a los dos años por causa de una leucemia. Del Molino cuenta su vida como padre en un libro que funciona como una larga carta al hijo muerto.
Di su nombre (Sexto Piso, 2011): el estadounidense Francisco Goldman perdió a su esposa, Aura Estrada, cuando una ola le quebró el cuello en la costa mexicana. La vida de Goldman devino un infierno, y este libro da cuenta de ese tiempo transcurrido en completa oscuridad.  
Canción de tumba (Random House, 2011): a los pies de la cama en la que agonizaba su madre, el mexicano Julián Herbert comenzó a llevar esta suerte de diario que repasa los pliegues más difíciles de la relación entre ambos.
Mi libro enterrado (Mansalva, 2013): el argentino Mauro Libertella escribió este, su primer libro, después del fallecimiento de su padre, el prestigioso escritor Héctor Libertella, preguntándose cómo se puede escribir a la sombra de un padre genial.
Mi abuela, Marta Rivas González (Ediciones Universidad Diego Portales 2013): su abuela fue, para el chileno Rafael Gumucio, un personaje clave. Aquí cuenta su vida y su muerte, y la magnética influencia que ejercía sobre él.
El año del pensamiento mágico (Global Rythm, 2005) y Noches azules (Random House, 2011): la noche en que regresaban de visitar a la hija de ambos, que permanecía en coma en un hospital, el marido de la estadounidense Joan Didion cayó muerto a sus espaldas. Dos años después, su hija también murió. Estos dos libros funcionan en desquiciado espejo y cuentan esas experiencias.



Leila Guerriero / Erase una vez el fin
Eliane Brum / Nuestro mundo muere antes que nosotros
Joan Didion / El año del pensamiento mágico
Joan Didion / La experiencia del dolor fue obsesiva para mí
Joan Didion / El año del pensamiento mágico / Entre dos muertes
Joan Didion / El año del pensamiento mágico / Precaria cordura




Leila Guerriero / Érase una vez el fin


Ilustración de Fernando Vicente
Érase una vez el fin

El poder de la literatura se erige frente al dolor de la ausencia

Repasamos grandes libros escritos después del desgarro

LEILA GUERRIERO 16 AGO 2014 - 00:06 CEST

Escritos dos meses después, o dos años más tarde, o al pie de la cama donde yace la carne querida. Amparados en la piedad de las elipsis, o repletos de detalles drenados al recuerdo. Bajo la forma de diarios, de epístolas, de canciones de cuna con ardiente error de paralaje. Erizados de esquirlas de un incendio que no cesa. Hijos de un género al que nadie querría dedicarse. Libros. Libros que cuentan el fin (la muerte del padre, el tormento del hijo, la agonía tapizada de metotrexato) y que, para contar el fin, deben empezar por el principio. Y, para empezar por el principio, hay que recordar.
Y recordar duele.
“Tu hijo ha muerto y debes empacar una maleta para viajar hasta donde te espera su cadáver. Y lo haces. Alguien te ayuda, dice un pantalón negro, dice es mejor meter los zapatos en una bolsa”, escribe la colombiana Piedad Bonnett en Lo que no tiene nombre (Alfaguara).
“Me sigo preguntando cómo se escribe eso”, dice Piedad Bonnett desde su casa en Bogotá. “Por momentos me digo: ‘¿Qué ser humano soy yo, que soy capaz de eso?’. Cuando tuve la idea de escribir este libro me escandalicé, me aterroricé. ¿Cómo puede ser que a los dos meses de la muerte de Dani yo estuviera pensando en escribir esto?”.

Adriana Lestido / Maneras de ver lo que no está

Fotografía de Adriana Lestido

Madre e hija de Plaza de Mayo, 1982

"La hice a la semana de entrar al diario 'La Voz', mi primer trabajo como reportera. El día anterior me habían robado los lentes en una protesta vecinal en Lanús, una zona del conurbano bonaerense, que fue duramente reprimida; solo me había quedado el lente normal. Es una Madre de Plaza de Mayo atípica, que no pide por su hijo. Siempre pensé que pedía por su hombre ausente, y que la nena que está con ella pedía por su padre. Pude contactar con ella recién el año pasado, después de 30 años, y entonces supe que el desaparecido es su hermano, no su marido. De todas formas, viéndola en perspectiva, creo que es la imagen fundante de todo mi trabajo, de todo lo que vino después. Me la pasé mirando mujeres, pero lo que atraviesa todo lo que hice es la ausencia del hombre".

Adriana Lestido

Maneras de ver lo que no está

Separación y ausencia son dos temas clave en la obra y la vida de Adriana Lestido

De la calle a la intimidad, un libro recoge el trabajo de la fotógrafa argentina

LEILA GUERRIERO Buenos Aires 11 MAY 2013 - 00:15 CET


'Autorretrato' (Buenos Aires, 1995). / ADRIANA LESTIDO







Es algún día de 1982 y todavía gobierna el país la dictadura militar que ha comenzado en 1976. La fotógrafa argentina Adriana Lestido tiene, por entonces, 27 años, dos semanas de experiencia como fotoperiodista, y cubre, en un suburbio de la ciudad de Buenos Aires y para el periódico en el que trabaja, una manifestación de las Madres de Plaza de Mayo que reclaman por familiares desaparecidos. Ahora, en medio de la multitud, se ha quedado galvanizada frente a una nena de seis o siete años que lleva la cabeza cubierta por un pañuelo blanco anudado bajo el mentón, tomada de la mano de una mujer joven que lleva, también, la cabeza cubierta por un pañuelo blanco: el símbolo de las Madres de Plaza de Mayo. La nena llora y decenas de fotógrafos, atraídos por la potencia de la imagen, disparan. Pero Adriana Lestido no. No puede: le da pudor. Después de un rato, cuando los fotógrafos se van, ella se queda por ahí, rondando como quien no mira. Y, de pronto, la mujer alza a la nena, la calza sobre su cadera, levanta el puño y grita. Y la nena reproduce, con exactitud perturbadora, el gesto adulto: levanta el puño, grita. Adriana Lestido hace, entonces, lo que tiene que hacer: dispara. Al día siguiente la foto —la mujer, la nena— aparece en la portada del periódico.

sábado, 6 de junio de 2015

Piedad Bonnett / Dos poemas

Fix You
Daria Endresen
Piedad Bonnett
DOS POEMAS

Las cicatrices 
No hay cicatriz, por brutal que parezca,
que no encierre belleza.
Una historia puntual se cuenta en ella,
algún dolor. Pero también su fin.
Las cicatrices, pues, son  las costuras
de la memoria,
un remate imperfecto que nos sana
dañándonos. La forma
que el tiempo encuentra
de que nunca olvidemos las heridas.

Lugares
Hay lugares
en donde  todo lo que exitosamente nos habita
pareciera adensarse, ganar peso.
Nuestra carne es más viva, los oídos
creen oír cantar en el oscuro fondo.
Crece un bosque feliz en nuestro adentro
cargado de raíces. Nos amamos.

Hay lugares, en cambio, en los que  alumbran
como piedras de sangre los fracasos.
Y somos, de repente,
ínfimos,
grises,
torpes.
Ballenas que se asfixian en la playa

o un paisaje
en que lucimos tristes como cardos.
Feos junto a los bellos. O cobardes
junto a los audaces.

Expuestos.
Sin sabernos. Y  jurando
nuestro desconocido nombre en vano.  

Piedad Bonnett
Explicaciones no pedidas
XI Premio Casa de América de Poesía Americana
Visor Libros, Madrid, 2011



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Piedad Bonnett / Ahora que ya no soy más joven



Piedad Bonnett

AHORA QUE YA NO SOY MÁS JOVEN

Ahora que ya remonto la mitad del camino de mi vida,
yo que siempre me apené de las gentes mayores,
yo, que soy eterna pues he muerto cien veces,de tedio, de agonía,
y que alargo mis brazos al sol en las mañanas y me arrullo
en las noches y me canto canciones para espantar el miedo,
¿qué haré con esta sombra que comienza a vestirme
y a despojarme sin remordimientos?
¿Qué haré con el confuso y turbio río que no encuentra su mar,
con tanto día y tanto aniversario, con tanta juventud a las espaldas,
si aún no he nacido, si aún hoy me cabe
un mundo entero en el costado izquierdo?
¿Qué hacer ahora que ya no soy más joven
si todavía no te he conocido?




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Piedad Bonnett / Ni los sueños

Der Morgen Danach
Daria Endresen

Piedad Bonnett
NI LOS SUEÑOS

Ni los sueños, donde tu rostro tiene todas las formas de la dicha,
ni el sol que tanto amo sobre mi cuerpo desnudo,
ni la grata canción del antiguo trovero enamorado,
ni el verso de Darío ni el verso de Quevedo,
ni esta luna que brilla con brillo de alcancía,
ni tu nombre por otros pronunciado,
ni el eco de mis pasos en la inmensa catedral solitaria,
ni el rosal que yo siembro con mis manos y me sangra los dedos,
ni las noches insomnes,
ni tu dulce retrato mentiroso,
ni el tiempo --ese falsario de mil rostros--
pueden calmar mi pena de no verte.




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Pablo Montoya / Un autor casi secreto y silencioso

Pablo Montoya
Pablo Montoya 
UN AUTOR CASI SECRETO Y SILENCIOSO

El Rómulo Gallegos fue para un autor casi secreto y silencioso.


Pablo Montoya ganador del prestigioso galardón con su obra Tríptico de la infamia. Cuentista, novelista, ensayista y poeta, Pablo Montoya tiene formación musical.

Hablar con Pablo Montoya es fascinante. Es sencillo, cálido, dueño de un gran sentido del humor. Te cuenta anécdotas de su tiempo de estudiante de música, en Tunja, y cuando menos lo piensas te está adelantando el tema del libro que está escribiendo o de su siguiente obra.
Este es el comentario del escritor Esteban Carlos Mejía, quien más que un amigo muy cercano, cree que lo ha llegado a conocer por la lectura de sus obras.
Ahora, cuando Pablo Montoya recibe el Rómulo Gallegos por su Tríptico de la infamia, los escritores colombianos se regocijan de saber que la literatura colombiana gana, puesto que sigue siendo destacada en el panorama de las letras hispanas.

viernes, 5 de junio de 2015

Antonio Muñoz Molina / Ancianos despidiéndose


Ancianos despidiéndose

En estos viejos tremendos hay una celebración incondicional del mundo, no la amargura de estar cerca de dejarlo

"No hay mejor despedida que una obra maestra"

ANTONIO MUÑOZ MOLINA
5 JUN 2015 - 10:44 COT




Ampliar foto
John Huston, en el rodaje de Jaguar vive en 1988. J. AMESTOY

Hay una parte de desvergüenza y de temeridad en la maestría sin apariencia de esfuerzo del artista muy viejo, o el que no siéndolo todavía mira de cerca a la muerte. John Huston dirigió The Dead en una silla de ruedas, respirando por una mascarilla el oxígeno que apenas llegaba a sus pulmones enfermos. The Dead es una novela corta que trata del paso del tiempo y del modo en que se borra el recuerdo de los que se llevó una muerte prematura, pero fue escrita, asombrosamente, por un joven de veinticinco años. James Joyce la escribió con la lucidez adivinatoria que tiene a veces la juventud, como la que tuvo Scott Fitzgerald para escribir The Great Gatsby apenas a los 28. Estremece la sabiduría en alguien tan joven, pero más aún la inventiva fervorosa y la entrega apasionada en un viejo; y las dos, cuando suceden, muestran algo que de otro modo no se habría podido descubrir, un hallazgo que no es del todo de este mundo, porque traspasa y parece desmentir la inexperiencia del que todavía ha vivido apenas, la fragilidad y el cansancio del anciano.

Nueva York / Empire State



Patrick Vale
Empire State of Pen

¿Cómo luce la ciudad desde el Empire State? Se ve la imponente Nueva York de altas construcciones y luces cegadoras. El piso 86 del enorme edificio que alguna vez fue considerado el más alto de la ciudad de los rascacielos, ofrece una impresionante vista de 360°. Se observa la 5ta avenida y la West 34th Street, se mira Wall Street, Times Square y se dejan ver el MoMA y el Madison Square Garden. Si nunca has visitado Nueva York, así se ve Manhattan.

Patrick Vale te muestra Manhattan en un papel. El ilustrador británico es el creador de un dibujo al que nombró Empire State of Pen en el que recrea, completamente a mano, la isla y sus alrededores vistos desde el Empire State.

Gregorio Belinchón / Nueva York de balazos y muertos

Nueva York de balazos y muertos

Un libro recorre las zonas de la Gran Manzana donde se rodaron los mejor filmes de mafiosos

GREGORIO BELINCHÓN Madrid 15 MAR 2012 - 19:33 CET

La mansión Corleone, en el 110 Longfellow road de Staten Island. / MARÍA ADELL / PAUL LLAVADOR
“I believe in America”, y el mundo nunca volvió a ser igual. El 15 de marzo de 1972 los privilegiados que asistieron a su estreno en Nueva York —nueve días antes de su estreno comercial— oyeron por primera vez a Bonasera en su discurso inicial ante el Don. Cuarenta años después, sus palabras atruenan en el alma de los cinéfilos: “I believe in America. America has made my fortune…”. Y entre esos fans están María Adell y Pau Llavador, autores del libro El Nueva York del Padrino y otras películas de la Mafia (Lunwerg), un recorrido visual y actual por las localizaciones en las que se rodó esta película, otras como The French Connection, Uno de los nuestros, Cotton Club o Érase una vez en América, y que se acaba con un recorrido por el Nueva Jersey de los títulos de crédito de Los Soprano. “Para nosotros”, cuenta Adell, “Los Soprano tiene una relación directa con el mundo de El Padrino: David Chase, creador de la serie de televisión, absorbe esa tradición, se apropia de ella y la actualiza”.
Durante tres meses y medio, los autores se patearon Nueva York buscando los lugares, cotejándolos y fotografiándolos. “Nuestro anterior libro El Nueva York de Woody Allen nos llevó seis meses. Ahora aceleramos. A cambio conoces gente muy curiosa, que charlan, te abren sus casas y te dan más pistas”. Adell reconoce que casi llora cuando entraron en Holsten’s Brookdale Confectionary, el bar donde se rodó la última secuencia de Los Soprano; y que se emocionó en Staten Island, en la mansión Corleone. “Nueva York ha cambiado mucho. Ya nos dimos cuenta con las localizaciones de ‘Hannah y sus hermanas’, que fueron muy complicadas. Por ejemplo, estuvimos bastante tiempo encontrar dónde matan a Luca Brassi, porque el exterior y el interior son sitios distintos. Otra que nos volvió locos fue el bar donde se reúnen los policías de King of New York, porque en la vidriera de su fachada no se lee su nombre, Teddy’s, sino el de la cerveza que servían en sus inicios, Peter Doelger’s. También chequeamos con mucho cuidado toda Elizabeth Street hasta localizar el número 255, donde Vincent Mancini asesina a Joey Zasa en ‘El Padrino III”.


El Mietz Building, en el 128 Mott Street. En 'El Padrino' se convierte en la Genco Olive Oil. / MARÍA ADELL / PAUL LLAVADOR
La ciudad ha cambiado: lógico. El Padrino se rodó en la primavera de 1971, aunque la película transcurre de 1945 a 1955. “Otras ciudades tardan más en transformarse, pero Nueva York muta muy rápidamente. Eso complica la labor. Queremos seguir por este camino, mezclando ciudades y cine, realizando unas guías muy útiles para el cinéfilo muy fan que quiera conocer zonas urbanas como Roma, Londres o Berlín a través del séptimo arte”. En cambio Nueva Jersey, con “su decadencia y su zona industrial”, sigue tal cual grabaron Los Soprano… también, obviamente, más reciente. “Cuando llegamos al bar Holsten’s no había duda: allí está la mesa donde se sienta la familia Soprano porque es la única en que hay un jukebox que dejaron de atrezzo de la serie. En los alrededores puedes palpar el ambiente de los proletarios de la Mafia”.
La conexión Los Soprano-El Padrino no es únicamente espiritual: el Bada Bing!, el local de Tony Soprano, se llama así por la expresión que usa Sonny Corleone. Al final, como Adell confiesa: “Nueva York nunca se acaba”. El Padrino tampoco.



Ciudades / Devid Shetchbook / New York City


NEW YORK CITY by Devid Sketchbook





NEW YORK CITY GIF MADE BY DEVIDSKETCHBOOK

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DIRECTOR OF PHOTOGRAPHY RON CHAPPLE
EDITOR SUSAN DEMPSTER
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